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No pueden detener la historia

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La Jiribilla

La campaña iniciada por Forbes es muy significativa y tiene características que implican un problema grave, no solo para Cuba, sino para todos los países del mundo. Este tipo de ataque está muy ligado a la política de acumulación de riquezas que está privatizando al mundo -y que corresponde al llamado neoliberalismo- por la cual se desnacionalizan una gran cantidad de bienes que pertenecían a la República, que eran bienes públicos y bienes nacionales, y que pasan a manos privadas en procesos que en un tiempo muy corto acaban con las victorias de los trabajadores, de los ciudadanos y de los pueblos que costaron muchos años y mucha sangre. La forma de lograr este desmantelamiento de la República, de los derechos y servicios sociales, de las empresas nacionales, consiste precisamente en utilizar la corrupción de los dirigentes políticos, quienes entonces se encargan de hacer ese tipo de privatizaciones y de venta de los bienes y recursos nacionales a las megaempresas, ya sean de tipo bancario, de tipo agrícola, industrial o comercial. Corresponde a una forma de gobernar el mundo porque, al quedar implicados en actos de corrupción, hay una política de control sobre todos aquellos que aceptaron perder su dignidad y negociaron los bienes de la República -en esa vuelta al capitalismo de estados que habían iniciado pasos importantes hacia el socialismo. A esos individuos se les tiene muy bien controlados y en el momento en que hacen algo que no les conviene a quienes los compraron, o a quienes los convirtieron en sus cómplices, son atacados duramente. Esto tiene implicaciones para todos nosotros, todos aquellos que, encabezados por Cuba -y ahora desde otras partes del mundo- estamos luchando por otro modelo, otro sistema, otro modo de dominación y de acumulación de la riqueza y el poder en que valores fundamentales para la emancipación humana orienten la economía, orienten la política, orienten la cultura y orienten nuestra sociedad.

Por ejemplo, para todos nosotros es una lección cuando Fidel, el año pasado por el mes de noviembre, en la Universidad, pronunció un discurso acerca de cómo solo Cuba puede acabar con Cuba, si no controla la corrupción. Discursos como ese, que es un discurso maravilloso que habría que rescatar, nos indican hasta qué punto quienes hablamos constantemente de vincular la moral y la política no estamos hablando de “moralina”, como diría Benedetti con razón, sino que hablamos de una fuerza especial que la moral tiene en la lucha por el interés general, en la lucha por el bien común, por las naciones, por los pueblos, por las ciudadanías, por el proletariado, por los trabajadores, que es parte absolutamente de nuestra fuerza al vincular lo que decimos que vamos a hacer con lo que hacemos, al tener un control sobre el uso de los recursos que se nos encargan y estar listos en cualquier momento a dar prueba de que estamos manejando bien esos recursos.

Ahora, ¿por qué este ataque violento contra Cuba y por qué ahora? Porque, precisamente, uno de los casos de resistencia más notables a las agresiones del capitalismo, del imperialismo, es Cuba. Y de un capitalismo y un imperialismo particularmente agresivos y particularmente corruptos y corruptores. Cuba, en casi 50 años, ha resistido este tipo de políticas y sus dirigentes han sido fieles a los motivos del 26 de julio, a Martí, a Céspedes y a una serie de héroes que invocan, no solo de forma retórica, sino como parte de sus creencias ciudadanas, democráticas, liberadoras y socialistas. Esta noción de cómo la moral es parte del poder, del interés general, social y nacional, quieren destruirla ahora, pues ellos están acostumbrados a hacer precisamente lo contrario. La prueba está cuando Fidel les dijo que le probaran que tiene un dólar -ya no millones de dólares, ni 100, ni 10, ni 5, ¡un dólar!-, y que está dispuesto a renunciar a lo que ellos quieren quitarles a los cubanos a base de una invasión militar; les sale gratis la invasión militar. ¿Por qué puede decir eso Fidel? Porque precisamente una de las características de Fidel y de la dirección de esta Revolución es que asumieron, sobre todo en los primeros años de aquella -aunque después también-, una responsabilidad que todos tenemos: Al principio de la Revolución la dirigencia tuvo una responsabilidad moral e intelectual muy grande porque encabezaron a pueblos de analfabetos que no sabían leer el mundo ni transformarlo, y lo primero que tuvieron que hacer fue enseñarles a ello, y a entender que la moral es parte de la lectura y de la transformación del mundo, a través de la práctica de esta en vinculación con las clases, con las naciones, con los pueblos, con los trabajadores, con los ciudadanos. Y eso es algo que no entienden quienes creen que el ser humano es de por sí corrupto, que es otra de las finalidades que tienen estos desgraciados de Forbes. Hacen creer que todos somos corruptos y no es cierto, los corruptos son ellos y no les importa que los acusen, han llegado a un momento en que ya no mienten para engañar, que es otro problema, ya la mentira entró en crisis y no engañan a nadie, pero sí encuentran cómplices y están creando mentiras para buscar cómplices incluso en los líderes sindicales, en los líderes de los movimientos sindicales, en los líderes de los movimientos civiles, etcétera. Este es un problema que nos afecta a todos los seres humanos.

¿Por qué lo hacen en este momento? Tenemos que estar muy preocupados, muy alertas: creo que en gran parte lo hacen ahora porque en América Latina ya está surgiendo la conciencia, cada vez más extendida, de que no es posible seguir tolerando las políticas neoliberales del imperialismo, no solo norteamericano, sino del gran capital que se ha asociado para controlar y saquear el mundo. Y esta creciente conciencia, con la pérdida del miedo o del conformismo que muchas gentes sufrían, los tiene altamente preocupados. Lo que quieren es que otra vez nos volvamos conformistas, escépticos, cínicos y que aceptemos su dominio del mundo, su saqueo, como una forma natural de vivir; un mundo que se convierte en una selva y en el que hay unos animales mucho más agresivos y mucho más fuertes que son los que ganan; un mundo en el que cada quien lucha por sus intereses particulares y todo lo demás son ilusiones y son mentiras. Las falsas ilusiones y las mentiras son las de estos grupos e individuos que creen que pueden detener la historia, porque la historia se los va a comer, los va a enterrar, y creo que no me equivoco.

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Pablo González Casanova

Pablo González Casanova

Sociólogo y crítico mexicano condecorado por la Unesco en 2003 con el Premio Internacional José Martí por su defensa de la identidad de los pueblos indígenas de América Latina.