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Allende, como el CID, ganó su batalla tras la muerte

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  Lisandro Otero, Premio Nacional de Literatura  

Este once de septiembre se cumplirá el trigésimo aniversario de la caída de Salvador Allende, combatiente hasta el final, fiel a su destino de mártir y paladín del pueblo chileno. Con los años su estatura aumenta y los múltiples intentos de denigrarlo y desfigurar su obra de gobierno han fracasado ante el incremento del culto popular a su memoria. Lo demuestran los numerosos actos programados para honrarlo. Nadie, sin embargo, recuerda al traidor sanguinario que en su oscura ancianidad se finge demente para escapar a la justicia y ve espantado como cada día se abren nuevas tumbas que descubren episodios de su infamia homicida.

Cuando Salvador Allende asumió el poder tres grandes empresas dominaban los destinos de Chile. La Anaconda y la Kennecot en el rubro del cobre y la ITT en las telecomunicaciones. La gran riqueza chilena estaba concentrada en la extracción cuprífera y el mineral se hallaba en las minas de Chuquicamata y El Teniente. La Anaconda realizaba ganancias de un 3% sobre la inversión en los demás países del mundo y en Chile ingresaba un 10% de utilidades. La Kennecot obtenía un provecho del 10% en sus demás inversiones mundiales y su operación chilena le dejaba el 50% de rendimiento. El cobre fue nacionalizado.

La meta esencial de Allende fue alcanzar la redistribución del producto social y devolver a la nación chilena su propio patrimonio, esquilmado por las transnacionales. Quiso respetar las reglas del juego burgués y mantener la institucionalidad establecida. Nunca pretendió ser marxista, ni siquiera socialista, sino intentó establecer las bases que permitirían en un futuro un reparto equitativo de la hacienda nacional. A ello se le llamó "la vía chilena al socialismo". Igual que ahora en Irak, Estados Unidos inventó una patraña, en aquél caso el de una Unidad Popular que intentaba imponer una dictadura estalinista (palabras del propio Kissinger), y financió un vasto movimiento subversivo de fascistas del patio para derrocar al gobierno popular.

Tras el golpe, Pinochet se entregó a una salvaje carnicería para exterminar a demócratas y liberales con la excusa de que emprendía una cruzada anticomunista. Siguió un régimen policial de ilimitadas coerciones totalitarias. A la vez un grupo de simpatizantes del franquismo español, formados en las aulas de la Universidad Católica, constituyó un grupo de poder que le dio una vertebración ideológica al régimen. Aspiraban a constituir lo que llamaron una "democracia protegida". Fueron ellos los impulsores de la Constitución de 1980. Prevaleció un núcleo de economistas apodados los "Chicago boys" porque todos hicieron estudios de posgrado en la Universidad de Chicago, quienes diseñaron el modelo económico neoliberal de la dictadura militar.

En los primeros tiempos de la dictadura se habló de la preservación de la seguridad nacional y el rescate de la identidad propia, como si todo ello se hubiese resquebrajado bajo Allende. La nueva derecha chilena proporcionó el cuerpo doctrinario, en la década del setenta y pretendió combinar el autoritarismo político con una economía liberal, una sociedad jerarquizada y una cultura conservadora.

En 1974 se promulgó una declaración de principios, seguido de un documento llamado Objetivo Nacional Los derechistas católicos, dirigidos por Jaime Guzmán, y los Chicago Boys, liderados por Miguel Kast, ingresaron al gobierno con su figura más visible, Jorge Cauas, y al año siguiente Sergio de Castro asumió el Ministerio de Economía. Ahí comenzó la política de privatizaciones.

La incorporación a este equipo del conocido economista norteamericano, Milton Friedman favoreció a quienes pensaban que lo apropiado era descabezar la izquierda y "despolitizar" el país durante un lapso prolongado. Progresivamente fueron eclipsando el papel del Estado en la protección social. Desde la salud pública hasta las jubilaciones pasaron a manos de compañías privadas.

Mientras tanto la Dirección de Inteligencia Nacional, la pavorosa DINA, responsable de asesinatos y desapariciones, continuaba su acción intimidante y represiva bajo la dirección del coronel Manuel Contreras. Tras el golpe solamente el MIR continuó oponiendo resistencia militar pero recibió un fuerte golpe en octubre de 1974 cuando su dirigencia fue eliminada. La acción policial se dirigió, entonces contra el Partido Comunista y llegaron a eliminar, sucesivamente, dos comités centrales.

En la Constitución de 1980 se estableció que no habría elecciones antes de 1985 y que seguiría el gobierno sin parlamento y con facultades dictatoriales hasta 1989. En la década del ochenta el proyecto económico neoliberal demostró su fracaso. El desempleo subió a un 20%, el PIB cayó en un 14%. y el Estado tuvo que socorrer con millones de dólares el aparato financiero en quiebra, lo cual significó la desaparición de Pinochet. El plebiscito de 1988 fue el punto final del despotismo represivo.

Ahora, treinta años después, Salvador Allende surge inmaculado de las tergiversaciones y cabalga de nuevo como el Cid Campeador, inmaculado y esplendente, venciendo en la batalla popular que los perjuros no le permitieron, entonces, llevar a cabo.

gotli2002@yahoo.com

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Lisandro Otero

Lisandro Otero

Novelista, diplomático y periodista. Ha publicado novelas y ensayos, traducidos a catorce idiomas. Falleció en La Habana en 2008.