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El "dedazo" de Aznar

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  El führercito y su elegido al dedo  

Durante muchos años el orbe democrático criticó la muy mexicana costumbre de perpetuar, con un sucesor cómodo y supuestamente dócil, al mandatario en el poder. Era un hábito autoritario de los autócratas aztecas que les permitía escapar, en el siguiente ejercicio del poder, de las tropelías que había cometido. Se conocía esa práctica como el "dedazo". Tradición política que ha tenido ahora una repercusión internacional en España, cuando el Primer Ministro José María Aznar acaba de designar omnímodamente a su posible sucesor.

El heredero no es otro que Mariano Rajoy, actual vicepresidente del gobierno y vocero del régimen neofranquista. En las elecciones del 2004 Rajoy será el portaestandarte del Partido Popular. Aznar cuenta con que su legatario continuará la política servilista, de aventurerismo belicista y abdicación de la soberanía que ha seguido la camarilla derechista española bajo el gobierno en Washington.

En el año 2000 Rajoy fue el director de campaña del PP y logró la victoria para su partido, aunque también le ayudaron los desaciertos del Partido Socialista Obrero Español. La derrota de la izquierda española en 1990 fue causada por la corrupción y las ilegalidades cometidas por el PSOE. Ello permitió la ascensión de la dictadura falangista, encarnada en Aznar, vestida con nuevos ropajes para encubrir su sombría entraña nazifascista. La metamorfosis de la Falange en el Partido Popular se debió a la habilidad política de Fraga Iribarne.

Bajo el régimen de Aznar, el gobierno español actuó como los cipayos para el imperio británico, sirviendo de carne de cañón, de esbirros que sacaban las castañas del fuego a la potencia distante y ajena a sus intereses. Numerosos son los ejemplos de la infame sumisión del aznarismo. Dos buques de la Armada española, la fragata Navarra y el buque Patiño, interceptaron en el Océano Índico un mercante que transportaba misiles, actuando bajo las órdenes del Pentágono petrolero. Después tuvieron que dejarlo ir.

Cuando las costas de Galicia se vieron embarradas con la peor marea petrolera que se ha conocido en los últimos tiempos a causa del naufragio del Prestige, el Presidente del gobierno español no acudió a la zona del desastre causado por su negligencia ecológica y dejó a los pescadores gallegos abandonados a su infortunio. Con un total desprecio de la opinión pública el arrogante y presumido Aznar ha estimulado los separatismos vasco y catalán que en la hora actual fragmentan España.

Mariano Rajoy es un exponente integral del régimen neofranquista. Ahora Aznar lo designó antidemocráticamente como secretario general del PP. Falta el ritual hueco de la consagración por los 560 miembros del comité director del partido pero la sucesión ya está hecha. Los observadores del panorama español estiman que esta abdicación temprana de Aznar, rehusando servir en un tercer mandato, se debe a sus ambiciones europeístas, aspirando a un puesto en la OTAN, quizás, o en el parlamento continental. Rajoy deberá enfrentarse ahora a José Luis Rodríguez Zapatero, líder del PSOE, quien encabeza la oposición y será su rival más importante en los comicios del año próximo.

Las últimas elecciones marcaron un retroceso del PP y un auge del PSOE, pese a que el jefe del gobierno español se empeñó en negar el hecho fundamental: su partido retrocedió en número de votos efectivos y los socialistas ganaron doscientos mil votos más que los conservadores. Si a ello se suman los casi 800 mil votos de Izquierda Unida, el neofalangismo fue superado con un millón de votos. Aznar celebró con una gran fiesta su escape de la soberana paliza que todos esperaban y salió con rasguños menores y disfrazando de victoria lo que fue una calamidad menor.

La reacción internacional coincidió en que Aznar fue castigado por su pésima actuación y su papel de satélite menor de Estados Unidos. No cabe duda que las inmensas manifestaciones de rechazo a la guerra, con millones de manifestantes desfilando por las calles de las ciudades españolas, eran indicadoras de repudio que bien pudo haberse convertido en un descalabro aún mayor para el PP. Los rotativos más influyentes del mundo destacaron que aquellos comicios fueron un termómetro de lo que puede suceder en las elecciones generales del próximo año

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Lisandro Otero

Lisandro Otero

Novelista, diplomático y periodista. Ha publicado novelas y ensayos, traducidos a catorce idiomas. Falleció en La Habana en 2008.