Cubadebate y Ocean Sur convocan al III Concurso de Microrrelatos (+ Video)

Ilustración: Edilberto Carmona Tamayo/ Cubadebate.
Cubadebate y la casa editorial latinoamericana Ocean Sur convocan a la tercera edición de nuestro Concurso de Microrrelatos, que desde 2017 este sitio web dedica al advenimiento de la Feria Internacional del Libro en Cuba.
¡Participa! Demuestra en un relato corto tus capacidades como poeta, guionista o narrador. El ganador obtendrá una colección de libros, cortesía de Ocean Sur, los tres textos que compilan los artículos más destacados de Cubadebate que presentamos en nuestro aniversario 15, y la oportunidad de publicar su obra en este sitio web.
Si quieres ser el ganador, solo tienes que escribir un texto, que no exceda los mil (1 000) caracteres (sin espacios), que nos permita descubrir al escritor que eres. Inspírate y echa a volar tu imaginación, escribe un poema, un cuento, una décima, el inicio de una novela o testimonio…
Deja tu microtexto como un comentario en esta entrada, el plazo de admisión vence el jueves 7 de febrero, el día que iniciará la XXVIII Feria Internacional del Libro de La Habana.
El jurado estará integrado por reconocidos escritores y periodistas cubanos. Nos comunicaremos con los ganadores a través de la dirección de correo electrónico que escriban al enviar el comentario con su obra.
Ocean Sur y Cubadebate quieren premiar a los amantes de las letras con este concurso dedicado a la microliteratura.
En video, la convocatoria
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La vida suele ser dura, a veces. Heriberto nació con una discapacidad severa: no podía caminar. Cuando era un adolescente, soñaba con que, en un futuro, los bastones no estarían más. Nadie pudo explicarle que eso era imposible. Pero el persiste joven seguía soñando: era cubano, y Cuba es un país de esperanzas. A los 14 años, en pleno periodo especial, un amigo llegó a tocar las puertas de su alma solitaria: llego a través de aforismos, que fueron un hermoso bálsamo para sus días tristes: era José Marti, a quien ya conocía por los cuentos de la infancia, pero ahora calaba hondo en sus entrañas, como un padre salvador, como el madero recio para un marino en naufragio.
Y fue tanto su amor que Heriberto decidió, desde entonces, ser Historiador para consagrar su vida, sus pocas energías, al Apóstol, como un sacerdocio humano, como un acto de fe irreverente, que mitigue el dolor de los otros, todos juntos en un parnaso de amor martiano tangible: esta Patria. Pero Heriberto no era bueno en matemáticas, Le faltó solo un punto y dos décimas en el primer intento, en su promedio, para coger Historia. Era tan malo en matemáticas, y le dieron Contabilidad; pero Heriberto no quería ser Contador, quería ser Historiador. Y aunque quedaron tres plazas vacantes para la Facultad anhelada, nadie lo ayudó, no le cambiaron la carrera, tuvo que seguir luchando. Pero Heriberto no guardó odio a nadie.
Estuvo ocho años, cada junio, intentando vencer el examen de matemáticas. Era en la CUJAE, y el vivía en Centro Habana. Cuando el elevador estaba roto, lo más frecuente, había que cargarlo cuatro pisos: llegaba con las manos temblando, un mar de sudor en la frente, y sin poder aguantar la micción. . Pero en el octavo intento, Heriberto venció. Demoró, batalló como un verdadero gladiador durante los cinco años de carrera, y hoy lleva su pergamino orgulloso, cuya copia levanta, cada vez que no le creen su proeza. Heriberto existe: soy yo. No puedo caminar, pero camino con los pasos del Apóstol. Si yo hubiera estado en "Dos Ríos", habría puesto mi cuerpo frente a esas balas, para morir en su lugar.
Te voy a contar un cuento, basado en un hecho real,
sobre una enemiga mortal
que no respeta edad, sexo, color, ni capacidad mental
y debes conocer al menos lo elemental:
es una picadora persistente
por eso mucha gente
no la puede matar,
se necesita unión para poderla controlar
sin ninguna compasión,
basta con la protección
del agua que conserves y utilices,
así Aedes aegypti no podrá reproducirse
y reduciremos su infestación, con solo la prevención
cuidaremos la salud del familión
y actuando así todos los latinos, de forma permanente
protegeremos el ambiente
y la economía de todo el continente.
Plenitud
Anda bien mi país
retomando trincheras,
moviendo voluntades,
cantando a su bandera.
Anda bien mi país
trotando por su historia,
recordando el camino
que llevó a la victoria.
Hoy siento que el orgullo
de vivir el presente
y saberme cubana
invade mi simiente,
palpita en mis sentidos,
acúnase en mi vientre.
Este octubre me marca
por razones sobradas,
con pasado y futuro
en la misma tonada:
gallardos los jinetes
segura la mirada.
Deja que los incrédulos
no canten este canto.
O que los paliduchos
de credos corrompidos
apuesten a rupturas
o vuelos sin sentido
Anda bien mi país:
Hay pasión y firmeza,
¡eso me alcanza!
Plenitud
Anda bien mi país
retomando trincheras,
moviendo voluntades,
cantando a su bandera.
Anda bien mi país
trotando por su historia,
recordando el camino
que llevó a la victoria.
Hoy siento que el orgullo
de vivir el presente
y saberme cubana
invade mi simiente,
palpita en mis sentidos,
acúnase en mi vientre.
Este octubre me marca
por razones sobradas,
con pasado y futuro
en la misma tonada:
gallardos los jinetes
segura la mirada.
Deja que los incrédulos
no canten este canto.
O que los paliduchos
de credos corrompidos
apuesten a rupturas
y vuelos sin sentido
Anda bien mi país:
Hay pasión y firmeza,
¡eso me alcanza!
Para el concurso de Cubadebate
"Un Historiador: una historia"
La vida suele ser dura, a veces. Heriberto nació con una discapacidad severa: no podía caminar. Cuando era un adolescente, soñaba con que, en un futuro, los bastones no estarían más. Nadie pudo explicarle que eso era imposible. Pero el persistente joven seguía soñando: era cubano, y Cuba es un país de esperanzas. A los 14 años, en pleno periodo especial, un amigo llegó a tocar las puertas de su alma solitaria: llego a través de aforismos, que fueron un hermoso bálsamo para sus días tristes: era José Marti, a quien ya conocía por los cuentos de la infancia, pero ahora calaba hondo en sus entrañas, como un padre salvador, como el madero recio para un marino en naufragio.
Y fue tanto su amor que Heriberto decidió, desde entonces, ser Historiador para consagrar su vida, sus pocas energías, al Apóstol, como un sacerdocio humano, como un acto de fe irreverente, que mitigue el dolor de los otros, todos juntos en un parnaso de amor martiano tangible: esta Patria. Pero Heriberto no era bueno en matemáticas, Le faltó solo un punto y dos décimas en el primer intento, en su promedio, para coger Historia. Era tan malo en matemáticas, y le dieron Contabilidad; pero Heriberto no quería ser Contador, quería ser Historiador. Y aunque quedaron tres plazas vacantes para la Facultad anhelada, nadie lo ayudó, no le cambiaron la carrera, tuvo que seguir luchando. Pero Heriberto no guardó odio a nadie.
Estuvo ocho años, cada junio, intentando vencer el examen de matemáticas. Era en la CUJAE, y el vivía en Centro Habana. Cuando el elevador estaba roto, lo más frecuente, había que cargarlo cuatro pisos: llegaba con las manos temblando, un mar de sudor en la frente, y sin poder aguantar la micción. . Pero en el octavo intento, Heriberto venció. Demoró, batalló como un verdadero gladiador durante los cinco años de carrera, y hoy lleva su pergamino orgulloso, cuya copia levanta, cada vez que no le creen su proeza. Heriberto existe: soy yo. No puedo caminar, pero camino con los pasos del Apóstol. Si yo hubiera estado en "Dos Ríos", habría puesto mi cuerpo frente a esas balas, para morir en su lugar.
¡LA VIDA DE UN MÁRTIR!
Literato ya de niño,
Joven sabio era Martí,
Destinado a ser un mártir
Y a luchar como un mambí.
Desde niño fue modesto,
Modesto el lecho y el hogar,
Las estrellas en el cielo,
Lo guiaban al pasar.
Ya pequeño vio al esclavo
Azotado hasta expirar,
Y por esa sangre esclava
Nació el ansia de luchar.
Grande el niño justiciero
Más dichoso el luchador,
El noble, con saña y fiero,
El estudioso, el escritor.
Obras de grande, era pequeño,
Mas ya era gigante el justiciero,
Todo un patriota
Sobre dos pies frescos.
Llenóse de gloria ante el jurado,
Con frente alta miró al traidor
Guardó prisión su cuerpo joven,
Mas siempre amaba, jamás odió.
Era el quijote en su resurrección,
Pues no callaba ante la injusticia,
Y erguía su adarga
Ante la opresión.
Murió luchando sobre su caballo,
Voló en el llano como un crisol,
Cayó en los campos su cuerpo inerte,
Como quería, de cara al sol.
SE QUEMA MI PURO
La noche del jueves 24 de abril parecía una noche como otra cualquiera, tranquila, un poco calurosa debido a una débil brisa que soplaba producida por los vientos del sur, y en el cielo la luna esa hermosa dama, que esa noche no quería irse a acostar, como si pretendiera que iba hacer testigo de una noche llena de emociones.
En la calle 23 de Playa todo transcurría como de costumbre, Miguel hacia su guardia en la bodega y de vez en cuando sonaba su arma de defensa, un bastón de aluminio, como para que se supiera de su presencia o para alejar un poco el sueño que en la madrugada se hacer más cebero. El perro del Chino el zapatero que vive en los bajos del apartamento A del edificio 3404 no era capaz de despertarse no por el tránsito de los gatos arrabaleros, claro, el no se imaginaba la sorpresa que el rey Vulcano le tenía preparada a su vecino de los altos.
Pasada la media noche, como de costumbre en los días que tiene trabajo por su puesto, Orlando regresa a su casa en su bicicleta después de parquear el carro en el Hotel de 41, saludó a Miguel y biciclo en mano subió las escaleras. Entró a la casa y fue directo a la cocina a revisar los calderos, comió algo y decidió darse un baño para despojarse del cansancio del día.
Se dirigió al baño y con una maestría de un especialista, puso a calentar el primero de los tres cubos que utiliza para bañarse, no es que Orlando sea muy grande que necesite tanta agua, sino que de dar tanta vuelta se le evaporan alrededor de dos cubos siempre, después de concluir con este ritual, pensó, lo mejor que hago ahora es recostarme un ratico y fumarme un delicioso popular, por supuesto no de la Chopin sino de los que dan en la bodega que saben más sabroso.
Con la velocidad de un ninja calló en la cama y se dispuso a saborear el aromático manjar, todavía no le había dado la segunda bocanada y ya Orlando pasaba de la realidad al mundo de los sueños, por supuesto sin apagar el cigarro.
Pasados alrededor de quince minutos Orlando ya no dormía en una cama como el pasaba, sino que estaba nada más y nada menos que en una parrillada asándose a fuego lento como si quisiera que por dentro no le quedara ni un pedacito crudo.
De pronto se despertó y pensó que coño es esto!?, estaré soñando!?
Nada de sueño. El colchón estaba echando candela por todas partes y Orlando sin saber qué hacer. Hasta que decidió ir para el baño y jarrito a jarrito tratar de sofocar aquel inesperado siniestro que quería devorárselo igual que la canción.
En calzoncillos daba vueltas de un lado para el otro del cuarto y mientras más agua echaba más candela aparecía.
Pensó: Esto se judío!!
En ese momento se despertó Damián el hijo más pequeño de Orlando y con los ojos que se le querían salir grito: SE QUEMA MI PURO
La preocupación de Damián era lógica, pues él sabía que si con la curda que tenía el padre, cogía candela, la explosión se oiría en Hon Kon.
Orlado rugía y decía constantemente con voz de cocodrilo
-Que es esto!? Que es esto!?
A lo que Damián contestaba.
-Esto es candela Puro y no des más viajes para el baño con el jarrito que ya te puse un cubo con agua en el cuarto.
Le tiro el cubo de agua, finalmente apagaron el colchón y por suerte no se quemó el Puro.
Aquí les va lo que escribí en solo 4 minutos…
Se esconde entre versos y tonadas, se esfuma y vuelve como nada divirtiéndose entre los labios de aquel que la recita bailando al compás del Son de una guitarrita. Puede que en muchos se note ausente y en otros sea presente, pero en mí por ser renuente, (confieso), a dejar los pensamientos en el olvido, siento la necesidad de llevar al papel lo que susurra el corazón dentro de mis oídos.
Que podremos decir de aquel que va por la vida sin tener y sin querer detenerse a ver como nos hablan los días a través de sus sonidos que nos muestran la salida, salida que no da cabida a los arrepentimientos ni a pasar malos momentos sin que llegue después la alegría de continuar el camino y disfrutar el día a día soñando con el corazón entre tonada y tonada mostrando al ser
“*La pasión* en la poesía cantada”
#Rap_poesía
Libertad
Así es de libre, como lo es de hermosa,
aúnque pequeña, pero con un corazón gigante
desborda de ternura ante sus visitantes,
sin diferencias alguna y sin pisca de arrogancia;
suave, fresca, dulce, amable es en toda su estructura,
firme, invariable en sus conceptos, segura.
Presta siempre al mas fiel pretendiente, porque su figura
junto a la seguridad de ese amor que brinda, seduce,
convence y enamora al mas racio que por sus intimidades ande.
Vuelca cada energia en aquel que la ame, lo cuida, le abriga si puede
lo enartese y lo embriaga con su firme mirada;
no vacila ante lo malo, se desprende raudaz de las tempestades.
Entonces tambien protege poque es libre,
enseña de sí sus mejores vivencias,
sin olvidar jamás las amargas,
y es ese amasijo de experiencias que en el torbellino del alma,
une lo bueno y lo malo que hace mejor a esa madre,
que todos llamamos Patria.
La triste melodía
En un pueblo de un estado de un país, nació hace mucho tiempo un hombre sin nada en especial, realmente era la persona más común que te podías imaginar. Su madre murió al traerlo al mundo y su padre fue linchado, como tantos otros cuyo único crimen aparente es haber nacido negro. Vivía en casa de sus tíos, ellos nunca fueron buenos con él, le quitaban lo poco que ganaba, era una vida horrible. Su consuelo fue la música que había aprendido de su padre.
En su cumpleaños 24 salió del pueblo, dejando atrás todo lo que conocía, llevando el sombrero en la mano derecha y la guitarra en la izquierda, dispuesto a todo, al final no podía estar peor que ahora, o al menos era lo que pensaba. Tras caminar unas horas llego a un pueblo, acepto trabajar en un bar “El Martillo” como músico, era una oportunidad de ganar dinero. Le fue bien unos días. El quinto de estar en el pueblo ya había ganado lo que, en 5 meses, se dio cuenta que podía vivir de su música. Cierto día, se encontraba descansando en la barra de la posada, cuando entraron cuatro hombres al salón, el olor a alcohol llego hasta la nariz de nuestro amigo, sabía que nada bueno podía pasar. Hablaban en voz baja. Sin ninguna razón los cuatro se levantaron y fueron hacia él lo agarraron por los brazos y lo arrojaron a la calle, y con el martillo que daba nombre a la taberna, un enorme trozo de hierro oxidado le destrozaron los dedos contra el borde de la acera. Le arrastraron hasta la salida del pueblo amarrado a un caballo. Lo echaron guitarra incluida con una frase que le perseguiría hasta el último de sus días, “No queremos negros, ustedes nunca debieron salir de las plantaciones, basura”
Una vez más en el camino, pero ahora con los dedos rotos, lleno de moretones y cubierto de polvo ya no tenía nada. Se encontró en el cruce de unos caminos con una piedra en el medio. Se sentó en ella y con sus dedos sangrantes empezó a tocar una melodía triste y melancólica a la par que se hacía de noche. Mientras más oscurecía más triste se hacía su tonada hasta quedar todo negro. Sin ninguna explicación empezaron a salir luces azules corrían alrededor de él, asemejaba un baile, y entre todas ellas una gran luz roja. No sé decir que eran esas luces, pero algunos me dirán que era el diablo, tampoco lo tengo claro, pero; en un momento se juntaron todas las luces y de ellas salió el joven. Sin rastro de las heridas en sus dedos, con un traje blanco y una guitarra del mismo color, ambos brillaban, eran espectaculares.
Después de unas horas llego a otro pueblo y se detuvo en medio de la plaza con una sonrisa y empezó a tocar una de sus canciones, alegre, feliz, diferente. Todos acudían a su encuentro a arrojarle monedas, en grupo se amontonaban frente a él para verle tocar y cantar. El dinero le llovía las personas al oírlo cantar sentían lo que él, lloraban y reían al antojo de sus acordes.
Los años que siguieron fueron los mejores, grabó sus canciones, era aclamado por todos desde blancos ricos hasta sus compatriotas. Se casó con una joven y tuvo 4 hijos George, John, Elizabeth y Dalton, era muy feliz. Pero todo llegaba a su fin, tuvo que ver morir a esposa e hijos culpa de una epidemia, nadie lo vio llorar, tras muchos años viviendo solo, regreso a aquel cruce de caminos y se sentó en la misma piedra y toco la misma melodía que aquel día hace años sintió desde el corazón y con las mismas luces. Con lágrimas resbalando por sus mejillas y una sonrisa en el rostro se desvaneció cual polvo de camino. En ese lugar fue donde encontraron esta guitarra, es extraño que después de tantos años siga entera, sabes, si la tocas aun puedes sentir la voz de ese hombre, sentir el blues dentro de ella, es casi como si su espíritu viviera dentro de la madera y que me dices tú quieres comprarla, la fortuna y la fama te acompañaran solo tendrás que darme a cambio tu alma y todo lo que ames y amarás. Al final la cuestión es ser feliz.
Firma: David Yoel Molina Socorro Edad 16 años
Dirección: Edificio 9 apartamento 7
Calle novena, entre calle A y Republica
Reparto Díaz Pardo, Municipio Ciego de Ávila
Provincia Ciego de Ávila, Cuba.
La inocencia del amor
Javier escucha Radio Reloj mientras quita migajas de pan de su boca. A la hora acostumbrada sale para la calle acompañado de su mamá, y pasados cinco minutos están a quince metros de distancia de la escuela. Entre tanto que Esperanza conversa con otras madres, él dirige sus pasos hacia un jardín, donde sobresale una rosa blanca que le parece inalcanzable, no obstante, trepa por uno de los dos pilares que forman una uve en el portal de la casa. En su empeño por alcanzar su objetivo se pincha un dedo, y un pétalo se tiñe de rojo, luego desciende de manera violenta hasta que su pierna queda atrapada entre las columnas. Enseguida se aglomeran las mujeres alrededor del estudiante del grado preescolar, entre ellas su progenitora, quien llora al no poder liberar la extremidad inferior del infante.
—Por favor déjeme ayudarla —un médico que transitaba por allí le habla a Esperanza—, pues usted está muy nerviosa —casi corre entre la multitud.
La mujer observa como el hombre eleva a su hijo, y en el momento en que el niño fue puesto en el suelo, el doctor afirmó que éste estaba bien cuando lo vio caminar de prisa hacia una niña.
Una vez frente a su compañera de aula, Javier estiró su brazo hacia ella, y lentamente abrió su mano menuda, mostrándole una flor marchita.
Intermitencias
Lleva días así: asustada, gris, escurridiza. Queriendo escuchar y no; queriendo gritar y no; queriendo olvidar y no… sencillamente queriendo algo, sin saber qué exactamente. Esperando el más mínimo ronroneo del aparato para saltar sobre él y escuchar, solo escuchar, aunque a veces no atine a murmurar ninguna idea coherente.
— ¿Diga?
— ¡¿Hola?! Espera… No cuelgues…Soy yo…
Parpadea. Respira. El zumbido de esa voz… Sí. Lo conoce. ¿Cómo no hacerlo?
— Es temprano para llamar… o tal vez no, tal vez demasiado tarde… ¿Qué qui…?
— Lo sé. Ha sido demasiado tiempo, demasiadas noches, demasiadas tempestades… tengo demasiadas nostalgias…
Silencio. Es un silencio frío, errabundo. Tiene las manos crispadas alrededor del aparato. Sus nervios no son de acero como él piensa. Un silencio oscuro y espantoso se ha apoderado de ambos lados de la línea.
— ¿Qué quieres?
— Te extraño… solo eso… quería que lo supie…
Pip… pip… pip… pip… Un tono intermitente les martilla en las entrañas. Cuelgan casi al unísono. Silencio. Una vez más el silencio.
Cada uno en su extremo mira el dichoso aparato como queriéndolo exprimir para que otra vez ‘cante’. “Si ronronea otra vez…”, piensan. “Si ronronea…” Pero no lo hace.
Los segundos se vuelven eternos, incontables. El aparato no suena. Ninguno de lo dos llama. Simplemente esperan. Y con esperar, a veces, no basta.
¡Aquí les va lo que escribí en solo 4 minutos!
Se esconde entre versos y tonadas, se esfuma y vuelve como nada divirtiéndose entre los labios de aquel que la recita bailando al compás del Son de una guitarrita. Puede que en muchos se note ausente y en otros sea presente, pero en mí por ser renuente, (confieso), a dejar los pensamientos en el olvido, siento la necesidad de llevar al papel al papel lo que susurra el corazón en mis oídos.
Que podremos decir de aquel que va por la vida sin tener y sin querer detenerse a ver como nos hablan los días a través de sus sonidos que nos muestran la salida, salida que no da cabida a los arrepentimientos ni a pasar malos momentos sin que llegue después la alegría de continuar el camino y disfrutar el día a día soñando con el corazón entre tonada y tonada mostrando al ser
“*La pasión* en la poesía cantada”
#Rap_poesía
Microtexto: "La primera vez"
Las manos comienzan a temblarle y la transpiración se hace más intensa, con solo dar la media vuelta pudiera alejarse de todo ese desasosiego. Se detiene unos segundos ante la puerta de cristal y echa una rápida mirada al interior, unas seis personas están sentadas, un hombre trata de convencer de algo a la pelilarga detrás del buró que niega impasible con la cabeza.
- “No puedo…me voy”.- dice para sus adentros la joven sudorosa, sin embargo sus próximos pasos la llevan justo dentro del local. Balbucea un “buenas” y se sienta junto a un hombre que le parece cercano a los 50 años. Por un pasillo se acerca un muchacho que se le antoja pálido, del brazo de una mujer vestida de verde que no puede definir bien su edad.
Cierra los ojos y piensa: “Tengo que hacerlo, ya no hay vuelta atrás.”
-¿Es tu primera vez?.- le pregunta el cincuentón y ella solo asiente. La cálida mano en su hombro le devuelve, como por arte de magia un poco la tranquilidad, y sonríe.
“No tengas miedo, no duele…-añade el canoso y agrega: ya verás como la sensación de complacencia te borra todo nerviosismo, y hasta lo disfrutas, ¡te lo digo yo, esto no se compara con nada!”
Ante el comando de “el próximooo”, se pone de pie resueltamente y se dirige a la mujer detrás del buró, la del cabello largo y con voz firme le dice:
- Bueno días, quiero donar sangre.
Memorias del abuelo (cuento infantil, fragmento)
La pequeña finca no producía lo suficiente y casi toda el área se dedicaba al cultivo de la caña de azúcar cuyo importe apenas alcanzaba para pagar la renta al verdadero dueño de la tierra que vivía en una mansión de la capital, pero aquella familia había que alimentarla todo el año con desayuno, almuerzo y comida
Entonces el ingenioso abuelo, como siempre hacía antes las dificultades, se sentó en su taburete bajo el portal que miraba a la frondosa ceiba la que aún permanece erguida en el mismo lugar como testigo cómplice de los miles de pájaros que han anidado en sus rama durante sus más de cien años de existencia. Allí encendió un tabaco a la luz de la luna y pensó en una solución. Al día siguiente el abuelo salió en su caballo azabache y regresó trayendo amarrada por una vieja soga una vaquita flaca de color blanco con manchas amarillas que se la cambió al vecino por dos sacos de maíz seco.
Para sorpresa de todos, al día siguiente cuando el abuelo ordeñó su vaquita llenó un cubo de 12 litros de leche. A partir de ese día todo el mundo comenzó llamarla “La vaca buena” y con aquella leche la abuela pudo darle a cada hijo un jarro de leche en el desayuno, hacer dulces y sobraba un poquito.
francscoj.estevez@nauta.cu
Te hablará mi silencio
mucho más que mil palabras
la brisa de mi amor lejano
tu alma despertará
mi recuerdo inoportuno
a visitarte vendrá
en ausencia y en olvido
esta historia vivirá
y puede que por un tiempo
parezca que pereció
pero el amor verdadero
eterno lo hizo Dios.
Barbera en La Habana.
La Habana de los años ´50. Casinos, bares y gánsteres de verdad. Ciudad de orates apilados por doquier y no de una “pila de locos” como entona hoy una febril canción popular. Era el dibujo en el que muchos querían pintar su historia, pero nadie como Barbera para recrear la suya.
Por suerte para su “audiencia”, a la altura de los ´80 del siglo pasado, no había perdido un ápice de su histrionismo.
“Recuerdo que antes de llegar al parque de la Fraternidad, entré a un bar y me metí un fajo de falsos billetes de periódicos en el bolsillo para que los pícaros se fueran con la de trapo en caso de un facho… era mi carná para aquella batalla…”, contaba reverberante a la sombra de los árboles frente a la iglesia.
“El hombre tenía un sombrerito parecido al mío, pero no del mismo color. Me miró y yo también lo miré, tantarantan…” y ponía la música de suspenso en su boca libertina, relajada de tanta mímica…: “En su cara vi el resplandor de una espada y lo era, pero yo no me quedaba atrás. Caminamos al encuentro…”
“Miré su camisa donde brillaba una pluma dorada… una buena pieza. Nos dimos un encontronazo y ya tenía la pluma en mis manos, pero supe al momento que me había levantao el fajo de “billetes”. Pensé: ´lo jodí´ , pero cuando estaba metio entre el tumulto, me paré…, y de la pluma, solo el casquillo era dorado, el resto era un lápiz de esos bastos que tiene cualquiera…, él me jodió también…caramba” y con una sonrisa astuta sentenció: “verdad que eran espadas.”
Los que lo escuchaban alelados en el mismo parque que hoy lo recuerda y hacían las mismas muecas seducidos por su mímica, despertaron entre risas e interrogantes maliciosas que lo descubrían como otro matrero, pero respondió con urgencia:
“Sí, pero yo estaba en La Habana buscando santos y almanaques que vendía aquí y esas ratas, estaban siempre pillando al guajiro que llegaba a la capital.”
Cierto, nadie nunca ha podido decir que Manuel Pérez, alias Barbera y Pantaleón como solía llamarse a sí mismo, era capaz de robarle siquiera un pelo al carnero. Su mente rebosada de ideas, perturbadas unas y ponderadas otras, no lo dejaban en paz para bien de los que se divertían con sus extravagancias.
Por cierto, alguien en una ocasión le preguntó sí podía dejarle a plazo uno de aquellos calendarios que por entonces vendía a veinte centavos y le respondió con soltura peculiar:
“Sí como no, me das ahora 19 kilos y cuando puedas…, el otro.”
Sus anécdotas eran fantasiosas y cercanas también a la realidad. Tanto como la de aquel día que llegó a pernoctar a una casa de huéspedes, entre lacras y gente de escasa plata…
“Llegué y miré alrededor. Entre columbinas viejas, prietos con el pelo estirao y blancos que bebían y fumaban, encontré una cama donde estirar los huesos. Me quité la chaqueta bei de hilo que llevaba. La colgué frente a mí y decidí dormir, siempre con un ojo cerrao y el otro de guardia. Y aunque no lo crean, en un cambio de ojo me la llevaron…, ratas, puras ratas era lo que había en aquel antro, caballero.” Chillaba y gesticulaba hasta la asfixia. Solo un largo jipido lo sacaba de la zozobra y continuaba…
“Las mujeres de La Habana y las de aquí…, como el día y la noche. En Malas Aguas o en cualquier otro punto, pides agua y es muy probable que te la den en una latica, pero limpia, brillante, te puedes hasta peinar en el culo de la lata. Ahora vas al pueblo y te la traen en un vaso to empañao, bajeao… en fin la mugre, compadre.
“Las guajiritas se visten con pantaloncitos de saco e harina y camisetas de tela de mosquitero, pero limpias, blancas como coco. Llegas a La Habana y te encuentras a esas mujeres apretás por la cintura que parecen tamales, llenas de colorete y con el ojoelculocagao….” Y hasta él mismo, como pocas veces, reía con verdadero entusiasmo.
Su pensamiento irracional lo conducía por laberínticos pasajes hasta de humor negro como aquella vez que el chino Jo, uno de sus amigos, estaba ingresado en el hospitalito de Minas y fue Barbera a visitarlo como cualquier otra persona haría.
En la sala, un médico bregaba porfiadamente con una mujer deshecha en llanto. Se oponía a transfundir con sangre a su hija, debido a inalterables causas sobrenaturales. El galeno también le repetía que de no ser así la niña podía morir, pero ella insistía…
Barbera, --¿quién lo puede criticar? --se levantó del sillón que ocupaba junto a su compadre y con nobles ademanes pidió permiso, se dirigió a la muchacha y le dijo en tono grave:
“Mi amor, hazle caso al médico y acaba de ponerle la sangre a tu niña y si no quieres después, cuando llegues a tu casa, le das dos puñalá y se la sacas otra vez…”
Dicen que a la mujer se le secaron las lágrimas y sacaron a Barbera del hospital, porque algunos pacientes no sabían si reír, llorar o apalearlo.
Así eran las formas y quién sabe si los contenidos de aquella imaginación perturbada de un hombre que lógicamente no estudió, pero cuando le preguntabas te respondía tajantemente:
_Yo tengo sexto grado, ya soy universitario….y echaba un vistazo al suelo, con una mirada triste que dolía.
Por eso lo redescubro a cada rato en los recuerdos de la gente que no lo olvidará nunca. ¿Que alguien me diga si Barbera está o no en la médula del folklore y el carácter de su pueblo?
Nadie me lo va a creer, pero él me llamó hace unos días, y me susurró al oído:
_No tenga pena. Escriba lo que sepa de mis recuerdos, porque de nosotros se acuerdan poco y aquí arriba no son muy dados al chiste y la jarana.
2de Enero de 1332
Paris
En donde me quede así contándote mí querido Max de cuando yo o perdón me refiero al pequeño llamémoslo Brandon cuando vivía en el convento y nos quedamos eeee… no recuerdo… mmm… recuérdame Max…. Responde… Max, MAX a si jajaja se me volvió a olvidar que eres solo un libro bueno ya recuerdo.
El pequeño fue abusado no una sino en repetidas ocasiones per el llamado cura o obispo -depende de cómo quieras llamarlos
Para mí son hijos de puta por igual- bueno siguiendo con la historia el pequeño paso la mitad de subida sufriendo maltratos
Por casi todas la personas menos una chica muy joven entre 16 o19 Sandra ese era su nombre dulce sincera hermosa era casi sublime cuando sonreía, al noche no era tan oscura y sus temores se desvanecían con solo su presencia incluso se le olvidaba su temor de que fueran las 4.00 de la tarde y el cura lo llamase a su oficina todo eso se le olvidaba incluso que no ha comido en cuatros días y tenía hambre Podía pasar horas conversando con ella la amaba la adoraba pero había un problema es que el tena 8 años él era muy joven para saber que es el amor. Ese día algo ocurriría que quebrantaría el alma del pequeño y marcaria para siempre su corazón y mente,
Un domingo ya de tarde el pequeño estaba aterrorizado porque estaba por terminar la clases de ese día -te preguntaras Máx porque tenía tanto miedo que se acabaran las clase debería estar feliz bueno es que serían las 4.00 de la tarde y el cura lo llamaría a su oficina y sabes lo que va a pasar hasta tu tendrías miedo– pero ese día fue diferente no lo llamaron y ya eran las 5.00 era raro él no lo entendía siempre era puntual.
Algo había pasado, pronto su miedo había sido cambiado por curiosidad quiso ir a ver qué pasaba y fue a su oficina -te preguntaras Max porque cojones se atreve ir al lugar que más teme bueno es muy estúpido ya que berra algo que no quería ver ni en sus más horribles pesadillas- se acercó poco a poco el sentía un ruido como un gemido que se asía fuerte entre se acercaba más y más pronto estaba en la puerta en pujo un poco la puerta dejando una pequeña rendija por donde podía ver clara mente lo que pasaba, su corazón se paró al ver lo que pasaba que dándose paralizado sin poder explicarse porque sucedía aquello el no entendía- claro que no entendía je pequeño niño tonto– él no podía comprender como el amor de su vida estuviera disfrutando lo que el mas odiaba ,aquello lo que llamaban , sexo, ese acto tan ruin y doloroso por lo que el paso, porque a ella le gustaba tanto no ,no comprendía y odiaba ver esa sonrisa del cura estaba hirviendo de rabia a tal punto que quería arrancarse las venas . De pronto la puerta se abre de un golpe dejando expuesto al pequeño cuando ella lo be se angustia no quiere que la vea; así que le ase una seña de que se valla el llora de la rabia, el cura se da cuenta de que el niño los mira y le grita fuerte mente –que miras pervertido también quieres disfrutar un poco más tarde te tocara ya sabía que le cogerías el gusto jajajajaja ahora largo- el pequeño se fue con un nudo en la garganta deseando verlos muertos repitiendo una y mil bese malditos los matare atados . -Max creo que seguiré más tardé o otro día ya es muy tarde hasta mañana-
4 de Enero de 1332
Paris
El pequeño resentía miserable, asqueado de la vida queriendo morir sintiendo que no tenía una razón para vivir ya que lo único que lo mantenía convida le a vía destrozado el corazón –me dolía mucho Máx mucho que diga al pequeño pero lo que paso después agüita con eso-- tal era su dolor que no tardo en pasar por la enfermería y tomar el frasco mas grande de medicamento que vio y sélo tomó sin pensarlo dos beses. Pensamientos voces vinieron ala cabeza del niño y muchas imágenes dolor sufrimiento y nada de alegría vio pasar su infancia su cruel y despiadada infancia .y después todo negro, había entrado en coma --pobre pequeño dirás Máx tanto era su dolor que se quito la vida pues mi querido Máx si que sufrió pero lo hizo fuerte –el pequeño entro en un sueño profundo donde se encontraba en un salón de clases ,era extraño se paresia al del pensó el chico y al frente una extraña profesora era alta de cabello extendido y sedoso era bella hermosa y catibo su corazón aquella profesora extraña se acercó poco a poco a el y le dijo suavemente en el oído –me ama crees que soy bonita-- a lo que el respondió –si eres glamorosa perfecta pero me abandonaras por que soy insignificante—a lo que ella dijo –no te abandonare mi pequeño te amare toda la vida para siempre pero tu complacerás mis caprichos--y el respondió –los complaceré todos, sin rechistar—ella sonreí majestosa mente y le dice –perfecto ara despiertas mi pequeño y cumple mis deseos—el chico Brandon
Despierta y se asusta por una multitud radiándole y de rostros que no reconocía y entre ellos se en compraba aquella pequeña que amaba en un pasado Sandra y de tras de ella el monstruo que lo había torturado el cura eso lo lleno de terror pero escucha una vos entre todas aquellas personas era melódica y dulce que decía –mi pequeño no tengas miedo aquí estoy yo para protegerte— el sefija en una mujer que se encuentra al final del pasillo con un gran sombrero y un vestido de seda era preciosa, se encontraba de espalda cundo sebota el seda cuenta que es ella y una sonrisa viene a su rostro pero es interrumpido por el obispo disendo le –mírame cuando te hablo pequeño mocoso—el chico serie perversa mente como sádico asesino
Ícaro:
Quería volar, todos los días le pedía a los seres sobrenaturales que le permitieran alcanzar las alturas. Un día amaneció con unas alas enormes y sin pernsarlo emprendió el vuelo hacia las nubes, regresó en pocos segundos y se echó a llorar; descubrió que le tenía demasiado miedo a las alturas.
El regreso.
La fría brisa de la madrugada le golpeaba el rostro. Aunque le molestaba no quiso cerrar la ventanilla. Le gustaba respirar ese olor de campo que nunca había olvidado. A su lado su hijo dormía como solo saben hacerlo los niños. Lo miró, se sonrió y lo acarició. Comprendía la razón de su cansancio. Lamentó que este viaje no había sido todo lo feliz que hubiese querido. Se alegraba por volver, abrazar a los conocidos, ver la vieja casa de los abuelos, caminar por las calles. Pero le dolía reconocer que ese ya no era “su pueblo”. Las imágenes de su infancia habían chocado con la realidad. Todo parecía raro, las casas descoloridas, el liceo en ruinas, el cine clausurado, el parque sin sillas, el copelita cerrado. Solo el reloj y el edificio del ayuntamiento se parecían a sus recuerdos. Esto laceraba su corazón. Pero lo que más sufrió fue no poder probar nuevamente aquellas fritas que cocinaban en el quiosco de madera frente a la terminal de trenes. Hacía veinte años que las añoraba, con su salsa de tomate, su pan suave y su pepino encurtido. Le dolía el alma por la decepción del niño, hijo del exilio que él voluntariamente buscó en 1994. Para él, que detestaba las hamburguesas y los perros calientes, no ver el viejo quiosco al llegar fue un mal presagio. No entendía. Si había subsistido en los primeros años del período especial, con mayor clientela. De pronto comprendió. No se había adaptado a la dura Miami. No había olvidado su cálido Bolondrón, al cual, sin embargo, no pertenecía ya. Había cambiado él, había cambiado todo. Su dura realidad no era esta ni aquella. Sintió frío, en la piel y en el alma. No tenía alternativa, no quería, pero tuvo que cerrar la ventanilla.
Frente y corazón
Siempre se ha asociado el corazón con los sentimientos y la frente con la inteligencia; no tener dos dedos de frente según el refranero popular equivale a ser casi estúpido, es por eso que en estos tiempos sería conveniente agrupar a los seres humanos según el tamaño de sus corazones y sus frentes. Atendiendo a sus dimensiones extremas, se puede decir que las personas tienen el corazón grande o pequeño y la frente amplia o estrecha, por tanto haciendo las combinaciones pertinentes resultarán diferentes grupos con características semejantes.
Hay un grupo de personas de corazón pequeño y frente angosta, que son los seres enajenados de este mundo. Otro grupo de corazón pequeño y frente amplia, son los perversos, los que solo generan maldad. Un tercer grupo de corazón grande y frente estrecha como el filo de una navaja, son los que hieren muy profundo, los que merecen compasión, los que sin querer causan mucho dolor.
Los de Corazón grande y frente amplia, esos son los buenos, los necesarios, los que aman y construyen, a este grupo deberíamos pertenecer todos los humanos.
No hablo de los que no tienen corazón, porque sencillamente esos no son personas.
Bipolaridad:
Buscaba alguien para ser feliz, alguien que la abrazara, espantara sus miedos y la hicieran sentir segura. Nadie le hacia caso, llevaba una camiseta con el texto "I´m fine thanks".
“Dudas”
Recién caía la oscuridad, el Sol lentamente ondulaba sus rayos hacia el Este, cuando un viajero que, gracias a la dirección del viento, logró escapar por segundos de los brazos de la muerte, convirtiéndose en náufrago, pacientemente esperó, flotando entre las olas, hasta que estuvo más cerca de él, la costa. Con tercos movimientos, mareado, se levantó y lanzó su pesado cuerpo, sudoroso de esfuerzos, de los cuales ya no se sentía orgulloso o –mucho menos– esperanzado, cubriéndose de arena y rasguños. Pocos transeúntes dirigían su rumbo, ambientando la playa de una atmósfera, ya nocturna, pacífica. Llegaron a los pies del no sobresaliente navegante perdido, preguntas… ¿Quién es?... ¿De dónde viene?... ¿Hacia dónde va, o iba?... pero esas interrogantes son diarias, incluso en primera persona, aunque jamás hayas perdido el control (o el timonel) de tu vida.
Tierras Gloriosas
Las tierras gloriosas reverdecen, con el sudor que asoma al aclarar el día, para dejar ese aroma de acrecentadas jornadas, en las fatigadas sombras de los que marchan entre los surcos, saltando las horas, doblando los muslos, con brazos que giran a empellones, para a la postre, recoger el fruto.
Las tierras gloriosas reaparecen, con las honras de sus labradores, marcados de tradiciones y traspiraciones sepultadas, de aquellos que dejaron los caminos arados por siempre, salvando su llanura feraz profanada, para que otros recogieran el néctar, de la mejor cosecha producida y bregada.
Las tierras gloriosas retoñan, por la continuidad de sus segadores y el semillero de las innegables beldades que florecen en sus zanjas, plantadas con las simientes de sus precursores, perpetuando la riqueza de sus cepas, como un monumento histórico acreedor de seguidores.
Las tierras gloriosas se redimen, con el denuedo de los más altos valores, de los héroes de labrantíos y los verdaderos cosechadores, los que han esgrimido su osadía para que no perezca el plantío y resurjan del suelo fértil, las próvidas semillas de preciados cultivos.
Las tierras gloriosas fructifican, sin que lo impida el árbol caído, los retoños no urgirán de las sombras ni del sol ardiente para su sembradío, pues de sus raíces germinará la siega, el nuevo fruto del tallo florecido, que encumbrará el predio fecundo, glorificando para siempre su destino.
¿Que has hecho de mi corazón?
Me lo has destrozado luego de inflamarlo con tu mirada
te amaba. Te amaba como solo un hombre puede amar y desdeñaste mi cariño.
No te voy a decir lo que he perdido.
solo yo se lo larga que son las noches sin dormir
pensando en ti, en la joven que me había iluminado el alma
a quien veia a cada instante bella y orgullosa como a una diosa.
Pero no importa
Te digo adiós aunque me duela el alma
y no voy a perder la calma a causa de este dolor
porque me sobra valor y con mi pecho dolido
voy lanzarte al olvido
y buscarme un nuevo amor.
Mi amiguita
La guagua que recoge a los pioneros no es la misma. Nao está callada. Nadie puede deleitarse con sus pláticas interminables.
Finalmente nos da la oportunidad de disfrutarla. Habla con su pelo largo, que se menea al ritmo de los contoneos de su cabeza, sus manos y sus ojos vivos:
A mí me encantaría tener una muñeca que hablara. También se la enseñaría a todos como hace Lía.
Hum, seguro que mi mamá no me dejaría. Ella habla lindo de mí cuando me porto bien y dice: Nao, sólo los que tienen poca alma necesitan mucha tienda.
Lía no es mala, pero le gusta creerse mejor que los demás porque tiene juguetes bellos. Su papá y su mamá se los mandan de otro país. Lía vive con su abuela porque ellos están trabajando para comprarle más. Yo no sé cómo no se cansa cuando los tiene que recoger. Yo organizo los míos solita y mi mamá me da un beso cuando termino. Sus besos me hacen sentir bien.
¿A Lía le darán besitos antes de dormir? Los juguetes son muy divertidos, pero no dan besitos. ¡Pobre, sus padres no le dan besos porque están lejos!
El ómnibus para. Los adultos se quedan atentos e inertes.
Está decidido. Nunca me voy a poner brava con ella, mejor solo le doy un beso. Quizás extraña a sus papás.
Estoy dispersa, confusa, desorientada, las ideas salen de mi boca sin esperar orden alguna, hago movimientos espasmódicos, involuntarios, mantengo una actitud errante, desequilibrada… ¿Que está mal conmigo? ¿Por qué estoy tan perdida? ¿Será producto de algún desorden del pensamiento? O la falta de propósitos, de metas sólidas y tangibles, la falta de contenido real de mi vida que termina por aplastarme. ¿Y es que puede acaso la ausencia, aplastar? ¿Es posible que la nada sea más pesada que el resto? ¿Que la banalidad de las cosas cause tanto dolor?
Y entonces pienso en Milán Kundera y en “La insoportable levedad del ser” ¿Es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad? La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real solo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes. Entonces… ¿qué debemos elegir el peso o la levedad? Parménides en el siglo sexto antes de cristo, respondió esa interrogante, afirmando que el peso era lo negativo y la levedad lo positivo. ¿Tenía razón?
Cuando se lleva una vida sin ataduras, sin responsabilidades ni propósitos, cuando la libertad es tan absoluta que comienza a carecer de significado, nuestras acciones ligeras e intrascendentes se desvanecen casi al instante. Y la incapacidad de dejar huella en el mundo, de marcar de alguna manera la diferencia, termina por ser desgarradora. Cuando se duda de todo, cuando no existe ningún pilar en nuestro mundo, nada de lo que tengamos absoluta certeza, se vive como en un sueño, perdidos, como meras sombras de la realidad, sin disfrutar ni padecer por nada en realidad, sin ser capaces de conectar con nadie de verdad, si poder sentir. Nada me destroza más que la levedad de mi vida, casi soy capaz de verla flotar sobre mi cabeza, ajena, vacía, de un color gris tan claro que puedo ver a través de ella, y el tiempo se hace cómplice de la nada para dilatar por siempre la tortura de flotar. Miro alrededor pero solo el vacío llena mis pupilas y la soledad me atormenta como el monstruo más terribles de mi armario, la evito desesperadamente pero siempre termina por alcanzarme, me reduce y aniquila convirtiéndome en niña otra vez, y como una niña cierro la puerta, enciendo la luz, pongo la música bien alta y lleno la cama de peluches, sus ojos de plástico me miran inertes, y sus sonrisas cosidas casi son escalofriantes, al apretarlos con fuerza consigo calmar por un rato mi corazón y sentirme a salvo, pero con el tiempo la textura fría deja de reconfortarme, empiezo a sentir el burdo relleno que me advierte de la ausencia de vida y entonces lo comprendo, comprendo que sin importar lo coloridos y brillantes que sean, realmente no me aportan alegría. No importa lo mullidos y suaves que se sientan, realmente no me aportan seguridad o confort, y no importa con cuántos de ellos me rodee, realmente no me están acompañando. Sigo estando sola. Solo insisto en llenar esos vacíos con una dicha fabricada de colores e ilusiones falsos. Con objetos, ruidos, momentos, que me hagan olvidar mi situación real. Y cuando esos simuladores de humo desaparecen de manera fatídica, caigo en picada irremediablemente, pero me obligo a fabricar otros, y a aferrarme a ellos como quien se aferra a un clavo ardiendo, porque la otra opción que me queda es enfrentarme a la soledad mirándola directamente a los ojos, y soy demasiado cobarde, demasiado frágil, aunque no paro de intentar aparentar lo contrario. Y me horroriza la posibilidad de caer, de caer de verdad y hacerme pedazos contra la vida real. Por eso prefiero continuar simulando, intentando mantener el equilibrio y fingiendo que no necesito nada más, cuando la necesidad de más es casi física, y tan dolorosa que me cuesta demasiado mantener la sonrisa. No consigo articular más que una mueca casi tan escalofriante como las sonrisas cosidas de los peluches inertes que llenan mi cama.
Despierto en una habitación a oscuras, una que por más que la miro sé que no la conozco. Es de madrugada lo se porque al mirar el reloj que está cerca de la cama pude ver la hora que era. Pero ¿qué siento? Es como un escalofrío que recorre todo mi cuerpo y me estremece toda la piel es lo más extraño que me ha sucedido jamás y además tengo el corazón tan acelerado que pareciera que hubiese corrido toda la noche. Estoy confusa no sé si trata de una pesadilla o de una broma de mal gusto solo sé que es muy extraño y pienso en lo que pasó en la tarde, en como llegué a esta situación. Recuerdo que fue un día normal como otro cualquiera me bañé, comí, jugué con mi hermana pequeña y me acosté a dormir, esta era mi rutina diaria, pero y entonces como llegue a esto, eso no lo sé todavía. Me intento levantar, pero algo me lo impide es como si estuviera atada o algo y es ahí cuando escucho a mis padres hablar los oigo, aunque no entiendo muy bien lo que hablan. Intento gritar, pero las palabras no me salen no puedo hacer nada, hasta que entra un señor de bata blanca el que infiero que sea un doctor y ahora sí que lo comprendo todo, al leer en una hoja que llevaba en su mano en letras significativamente grandes la palabra morgue.
chire dijo:
Vegas
Tus calles resplandecientes hoy son las mas apagadas,tus madres preocupadas, hoy son las mas dolientes,El pueblo impaciente grita a toda voz, o tu mi gran dios, porque no te haces presente . Llevanos a nosotros gritan los padres haucentes .Solo como respuesta andan las nuves precentes ,los pajaros cierran el pico ,la gente esconde los dientes.y corren por sus mejillas dos perlas ardientes, enserrando el dolor de los Vegueros presentes.El alma sube hacia el cielo, la carne queda en la tierra.
Temo al amor.
Dios es capas de dar paz y felicidad suprema, amor y fe para existir. Si cres en el siempre hallaras una puerta abierta para agarrar de brases la vida. El nos enseña a reir, nos enseña a llorar , nos enseña a sufrir ,nos enseña a soñar. Por eso es que tu eres mi dios, la persona capaz de hacer que los sentimientos mas reconditos de mi personalidad salgan al viento cual fuerzas emanadas de un bolcan. Lo que te combierte en la nesecidad de mi vida, en la dueña de mis sentimientos y la reina de mi corazon.Te deceo mujer y le temo al amor.
Una mirada, un recuerdo, una brisa
Ve el cielo, lo mira, contemplándolo fervientemente, ella, dulce humana flor, como quien queda en éxtasis ante la pecosa bóveda celeste, llena de esos maravillosos astros que reflejan la luz de soles ocultos tras la penumbra. De pronto, el que en ciernes era idílico encuentro con el cosmos, ahora se torna contexto donde una esfera que cual bólido cae atravesando, envuelto en llamas, sucesivas capas del escudo atmosférico y al llegar a una estalla en varios pétreos fragmentos, que se dispersan por la zona. Ella, contempla la bola de fuego con el pavor de quien percibe lo desconocido, no tanto pavor sino una impresión conmovedora, luego se tranquiliza, entonces, recuerda aquel pretérito día, en que fortísimos vientos se tornaron en un cuerno de batalla que llamaba a una fuerza ventosa que arrasaba lo que a su paso estuviese, mientras ella y su familia desde su casa y los vecinos desde la suya, contemplaban como si un estruendo recorriera sus personas el terrible espectáculo de un revoltijo conoide que tragaba como la boca de un divino ser, lo que el esfuerzo humano había hecho. Luego, una vez deshecho el fenómeno, dispersado en aires menos terribles hasta quedar en la mansa circulación gaseosa del día a día, sus congéneres y ella se dedicaron a restaurar lo derruido, haciendo patente que las obras humanas, mientras haya hombres y mujeres tenaces, pueden ser rehechas, renaciendo éstas como el ave fénix, mejores, con mayor lumbre y gracia. Entonces, del recuerdo su ser, de ella, volvió a lo real, disfrutando del plácido ambiente, que quedó tras el fuerte estallido, luego se enteraría de que un fragmento cayó en las cercanías, su corazón latiría fuerte al saberse salvada por poco, pero los cánticos de los grillos, la suave brisa ondeando en su rostro y un violín, o un arpa, tocada cerca de allí por un músico que cantaba como ángel de un coro divino, junto al otro cantor, el gallo del amanecer, la instaron a quedarse y bailar la danza de un alma embriagada de la cura natural, calmante de la agitación tras los vaivenes de momentos convulsos. La naturaleza estalla en manifestaciones de intenso furor, pero luego cual mansa caricia calma las ansiedades del alma de cualquiera que a contemplarla se dedique, se entregue, y se enriquezca con el descubrimiento de sus secretos, o toca, como una madre a su hijo distraído, ingrato o indiferente, a los que por la vida andan como vagando sin rumbo, sin brújula, aunque ella, la magna naturaleza toca a cada uno de los que de ella se sirven; pues ¿quién no le debe su ser a la Naturaleza?; independientemente de su actitud, sea como un torrente desolador o como la sueva brisa en el rostro de quien contempla el mar.
La voz de mi esperanza
Aturdida entre los escombros me encontraste, a donde se fue todo, que no me llevo el viento. Era un susurro o la voz de mi esperanza que me invitaban a seguirte, sin realidad aparente me deje llevar por tu sonrisa, por tus bellos ojos. Me incorporé como pude y me arrastre por debajo de una lámpara que me era conocida, colgaba aún del techo sobre mi espalda. Mostraste tu brazo desnudo para que lo tomara, el dolor de mi cuerpo mal herido me detuvo, desfallecía a ratos, pero tú no estabas dispuesto a perderme, no por tan poco. Cerré los ojos por un instante, y la luz parpadeante me obligó a mirarla, me sobrevino fuerza y la determinación de alcanzarte. Ahora te escuchaba a pesar de la algarabía, tu voz no era un susurro, era grito apremiante, una invitación a la vida.