Cubadebate y Ocean Sur convocan al III Concurso de Microrrelatos (+ Video)

Ilustración: Edilberto Carmona Tamayo/ Cubadebate.
Cubadebate y la casa editorial latinoamericana Ocean Sur convocan a la tercera edición de nuestro Concurso de Microrrelatos, que desde 2017 este sitio web dedica al advenimiento de la Feria Internacional del Libro en Cuba.
¡Participa! Demuestra en un relato corto tus capacidades como poeta, guionista o narrador. El ganador obtendrá una colección de libros, cortesía de Ocean Sur, los tres textos que compilan los artículos más destacados de Cubadebate que presentamos en nuestro aniversario 15, y la oportunidad de publicar su obra en este sitio web.
Si quieres ser el ganador, solo tienes que escribir un texto, que no exceda los mil (1 000) caracteres (sin espacios), que nos permita descubrir al escritor que eres. Inspírate y echa a volar tu imaginación, escribe un poema, un cuento, una décima, el inicio de una novela o testimonio…
Deja tu microtexto como un comentario en esta entrada, el plazo de admisión vence el jueves 7 de febrero, el día que iniciará la XXVIII Feria Internacional del Libro de La Habana.
El jurado estará integrado por reconocidos escritores y periodistas cubanos. Nos comunicaremos con los ganadores a través de la dirección de correo electrónico que escriban al enviar el comentario con su obra.
Ocean Sur y Cubadebate quieren premiar a los amantes de las letras con este concurso dedicado a la microliteratura.
En video, la convocatoria
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“Las condicionales”
Un grupo de estudiantes recibe una clase en la Alianza Francesa de Cuba. En el
aula, hay jóvenes de todas las provincias del país. La profesora imparte contenido
nuevo: las condicionales. Ella pide que abran el libro de texto y les orienta un
ejercicio. Este consiste en completar varios enunciados de forma oral. Escoge un
inciso para comenzar. Imagina que resultará atractivo. Si je gagnais au
loto…—propone. Enseguida varios alumnos, ansiosos por responder, levantan la
mano.
Ella manda a Patricia, una muchacha de Santiago:
—Si je gagnais au loto, je pourrais m´acheter une maison au Vedado.
Las risas inundan el lugar.
—Très bien—le dice la profesora. Después, al ver que varias manos continúan
levantadas, le da la palabra a otra estudiante. — ¿Et toi?—
Marta, quien vive actualmente en El Vedado, responde: Si je gagnais au loto, je
pourrais voyager le monde.
Autor: Agustín Enrique Ortiz Montalvo
Mi padre, fresco tras su afeitado de la tarde, me dijo:
-¿Dieras una vuelta por Holguín en el auto? Tengo dos o tres gestiones que hacer allí y no quisiera ir solo.
-¡Si claro! No tengo nada que hacer y nos vendría bien unas horas de carretera.
Llegamos a la ciudad a eso de las dos de la tarde. No nos llevó mucho tiempo las gestiones que mi padre debía hacer.
Sin darnos cuenta se hiso oscuro y nos alistamos de inmediato y emprendimos el regreso.
Después de subir la pendiente de la primera elevación e iniciar el descenso, algo grande y brillante salió de las hierbas altas de la cuneta derecha, y se proyectó contra la defensa del auto.
En cuanto nos repusimos del asombro nos bajamos y miramos debajo del auto, ¡cual no sería nuestra sorpresa al ver un caballo blanco brillante con un cuerno en la frente! comenzamos a asociar el animal con algo.
-¿Qué animal es ese, Fernando?
-¡No puede ser!... ¡Es un Unicornio!
-Por favor, déjate de bromas; Los Unicornios no existen.
Pudimos apreciarlo en toda su dimensión, era como un caballo pequeño, más bien un potrillo, era evidente que no era adulto, blanco luminoso y con un extraño cuerno, ¡Era un Unicornio!
-¿Está..., está muerto?
-Sí, está muerto del todo –le conteste.
-Ahora te diré lo que debemos hacer –Espero doblar en la esquina del parque, y prosiguió. –Ahora llegamos a la casa, metemos el carro en el garaje, sacamos el animal y lo llevamos para la despensa, como la noche está fresca no le pasara nada; y mañana le cuento a tu madre y regresamos a Holguín.
En cuanto lo pusimos sobre la mesa de la despensa, apagamos la luz y cerramos la puerta, mi padre me dijo:
-Fernando…esto es grande…realmente grande.
-No te preocupes con la gente que contactaré en Holguín, mañana se encargaran de todo esto y buscaran todo lo que se necesite para la publicidad.
-Se van a reír de nosotros, pensaran que es un fraude –Esto último que dije parece que disgusto a mi papa.
Se echó a reír y me dio una palmada en la espalda. Se sentía seguro, para él no estaba haciendo nada malo.
Me encontraba en un duerme vela cuando escuche el ruido. Me envaré y aguce el oído. Otro sonido se produjo. Ahora no tenía la menor duda provenía de la despensa. Mi padre con el rostro congestionado, se me quedo mirando y me dijo en un susurro:
-¿Lo has oído, Fernando? Viene de la despensa. Es...
-… ¿Sabes que pienso?... que está vivo… ¡no estaba muerto!… ¡el animal está vivo!…y ahora está dando vueltas por el patio.
-¿Qué vamos a hacer? No sabemos nada de él. Quizás sea peligroso...
-No exageres… vivo es mucho más valioso… vamos a la despensa con cuidado… no encenderemos la luz hasta que sea seguro…
-Vamos rápido, el animal se va a escapar.
Entro al garaje y quedo petrificado, frente a él había tres Unicornios inmensos, resplandecientes, majestuosos; uno de ellos tenía los ojos rojos como fuego y vislumbraba una ira contenida; los otros dos llevaban el cuerpo del pequeño.
-¡Estamos en peligro, hijo mío! –solo dijo mi padre, interponiéndose entre los animales y yo.
Las criaturas nos miraron sin el menor asomo de miedo. Parecía haber desprecio en sus rostros, se dejaba sentir el dolor, la pena y la rabia.
Entonces de tres golpes fuertes y secos; el auto había sido agredido por la parte frontal, por una coz de la parte trasera del más robusto de los animales, y ahora tenía una considerable abolladura en todo su frente.
-No están enojados con nosotros. Creen que fue el auto quien lo hizo; están castigando al coche por matar a su prole.
-Creo que tienes razón. ¡Es increíble! ¿Cómo pueden ser tan ingenuos?
-No lo sé. Mejor salgamos de aquí y dejemos que se vayan en paz con su muerto.
Un explosivo suspiro de mi padre rompió el silencio.
-Creo que hemos tenido una tremenda suerte –dijo – por lo menos nos perdonaron la vida.
Regresamos a la casa y en un cuarto de hora más los dos estábamos totalmente dormidos, como quien tiene el alma tranquila y no tiene de que preocuparse.
Los toques en la puerta me despertaron y sentí como mi madre la abría. Dejo pasar a dos personas y llamo a mi padre.
-Viejo aquí está el jefe de la policía y un oficial del municipio.
-Buenos días –escuche el saludo de mi padre – ¿que se les ofrece?, ¡vieja tráeles un poco de café!
Los dos policías se pararon rápidamente. Uno de ellos le interrumpió en seco:
-No se moleste...usted todavía tiene el Ford 56 negro.
-Si –contestó mi padre.
-¿Salió en el anoche y regreso a eso de la media noche?
-Bueno sí, fuimos a Holguín a unas gestiones…-escuche dudar a mi padre -¿Por qué?
-¿Cree usted que el cuerpo no iba a ser encontrado?
-¿Pero cómo pueden?... ¿Qué cuerpo?
-El cuerpo del molinero del central. Donde el coche lo aplastó contra un árbol y lo mató. Por lo que sabemos, nadie paso por esa carretera a esa hora de la noche excepto usted y su hijo.
-¿Quiere decir usted que el molinero fue encontrado muerto en la carretera?
-Exacto. Podemos estar equivocados, por supuesto. Pero el coche que lo atropello debe de estar bastante estropeado por delante. Debemos echarle una ojeada a su coche...
-Pero eso es absurdo, oficial…fue..., fue...
-No se altere, mire, todo lo que tenemos que hacer es comprobar su coche. Si no está dañado...
Entonces comprendimos lo que los hermosos animales habían hecho..., cuál era su auténtico propósito. Habían matado al molinero, habían preparado la escena..., habían arreglado el colosal montaje.
-¡Pensamos que estaban locos atacando al coche!... Pensamos...
-¿De qué está usted hablando? -dijo el policía.
-Bueno, había un Unicornio blanco brillante, que salió de la alcantarilla procedente de… no sé de dónde, y mi hijo y yo lo…atropello cuando...-dejó de hablar cuando vio la expresión en el rostro del policía. Entonces comprendió lo estúpidas que sonaban sus palabras..., lo absolutamente increíbles que eran. Volvió la vista hacia los policías y se echó a reír. Pero no había ninguna alegría en su risa. Sólo miedo y desesperanza.
Fantasmal.
¿Soy un fantasma?, llegué a pensarlo y descubrí que aún viva podía serlo. Nadie me veía, escuchaba, aceptaba. Mi vida transcurría y no serena, para nada…se rompió la bicicleta; los niños siempre sin dar tiempo siquiera a dejar volar la imaginación o desperdiciar la realidad; el trabajo más intenso después del trabajo y el amor en su montaña rusa luego de seis años. Pérdidas y adquisiciones de las más sublimes a extremos. No sabía que mi realidad irracional era más concreta que las placas tectónicas y al fin me encontré. Había perdido el camino incierto de mi existencia y me encontré en mis letras; siempre he tenido alma de poeta, de loca, de niña angelical, de leona y mi alma sigue aquí y allí junto a los míos de verdad. Y es que no me importa no existir para las multitudes porque no tengo celular.
Artificial mente inteligente
Nació en la década del treinta y atravesó todas las etapas de los cambios tecnológicos del siglo XX y comienzos del XXI.
Como casi todos sus contemporáneos, se adaptó y adquirió conocimientos en el manejo del teléfono de línea, el fax y los primeros aparatos celulares con botonera.
Aprendió a utilizar el radiollamado y también se le animó, aunque con resultados menos satisfactorios, al correo electrónico.
Hasta que llegó el día de la obsolescencia programada, el fin de la vida útil de su teléfono. Entonces se dirigió a la tienda para comprar un aparato y, para su sorpresa, el mundo se había convertido en táctil y digital. Los teléfonos inteligentes irrumpieron en la vida cotidiana. Computadoras manuales que escriben, hablan, intercambian mensajes, informan sobre el clima, las cotizaciones de monedas y también permiten controlar a madres, padres, hijos, maridos, esposas y mascotas.
Intentó aprender el manejo del artefacto una y otra vez. Los intentos fallidos aumentaban la frustración a la que se sumaban las recriminaciones de sus allegados. Mordía el polvo de la derrota y, por primera vez, su espíritu tenaz se derrumbó ante la catástrofe.
No podía descifrar porqué lo mortificaba tanto esta batalla desigual .
El fracaso era un fantasma que permanecía encerrado y latente durante toda una vida sobrepasada por obligaciones adquiridas en unas cuotas que nunca había solicitado.
Ese día sintió que el mundo ya no le pertenecía. El futuro en forma de bytes le daba un golpe de knock out.
Quería retirarse pero no irse. Ese era el plan.
Tomó el aparato, lo apagó y lo dejó sobre la mesa. Lo miró y lo guardó en el cajón de la alacena donde estaban las variedades de té importadas. Infusión que, por otro lado, jamás consumía.
Se calmó y se sirvió la medida nocturna de su whisky.
Recordó a los amigos y compañeros que ya no están, aquellos con los que había librado verdaderas batallas.
Su memoria los veneró y los revivió para dormir el sueño de quien ha sido enaltecido.
Esa fue su victoria final.
Primeros días del adiestramiento
–Espérate, mamá, acumulo moneditas para desbloquear mundos nuevos.