Las determinaciones para el final de la vida: Eutanasia vs. muerte digna (I)

En los primeros días del mes de noviembre, fue publicado en el sitio de la Asamblea Nacional del Poder Popular el anteproyecto de Ley de la Salud Pública, texto que ha sufrido posteriores precisiones como resultado de las opiniones recibidas de especialistas y pueblo en general sobre sus previsiones, por lo que puede no coincidir con el que finalmente sea llevado este mes a discusión y aprobación en la sesión del Parlamento.
Unos días después, en Cubadebate, el ministro de Salud Pública, doctor José Angel Portal Miranda, ofreció una amplísima entrevista a la periodista Lisandra Fariñas sobre las motivaciones y los más importantes aspectos que se incluyen en la nueva ley.
Por su vasto contenido, es imposible abarcar el análisis de todas sus previsiones. En esta ocasión solo nos detenemos en una de sus más notables novedades: las determinaciones para el final de la vida. Dividiremos nuestras reflexiones en dos partes: una primera para colocarnos en contexto sobre temas como el bien jurídico a proteger ante las decisiones sobre la muerte, las nociones sobre la eutanasia y su distinción con la de la muerte digna, y, en una segunda parte, la manera en que la Ley de Salud Pública finalmente lo asuma.
Pudiera pensarse que es por primera vez que este tema se maneja en Cuba. Quizá lo sea en el debate público, pero no en el más estrictamente personal y familiar de muchos cubanos ni en el docente o el académico.
Desde lo jurídico, durante varios años se han impartido cursos de pre y posgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana para conocer qué implicaciones se derivarían del reconocimiento explícito de los derechos de la personalidad en Cuba y su visión desde la bioética, en los cuales los estudiantes fueron informados sobre un tema que no tiene consenso en el mundo, pero que es impostergable afrontar por las razones que me atrevo a aventurar.
Empecemos por las primeras. A partir de la vigencia de la Constitución de 2019, quedó claramente definido que el camino que abonaría toda la vida sociojurídica del país sería la dignidad, reflejo de lo cual encontramos expresamente consagrado en el artículo 40, inciso f) del artículo 13 y en las esencias de todo su articulado.
Igualmente, consagra otros derechos que, por encontrarse en el plano constitucional, adquieren la condición de fundamentales, pero que llevados a la persona en su desenvolvimiento cotidiano son conocidos como derechos de la personalidad.
¿Qué son los derechos de la personalidad?
Con los llamados derechos de la personalidad se hace referencia a un conjunto de bienes e intereses que son tan propios de los seres humanos, que se llegan a confundir con ellos mismos y constituyen las manifestaciones explícitas de su personalidad. Son una institución puesta al servicio de la persona para hacer valer su dignidad como tal, manifestaciones esenciales de su condición humana que, por su importancia y relevancia, son merecedoras de un ámbito especial de protección en el derecho.
Nada obsta para que los derechos de la personalidad puedan, a su vez, ser reconocidos como derechos humanos y constitucionalmente reconocidos; por el contrario, es nuestra convicción que así debe ser y ha sido desde la ley primera de 2019, pues su garantía primigenia está en su reconocimiento en la letra constitucional.
Según se trate de derechos que incidan en la esfera espiritual-psíquica del individuo o en la esfera corporal-física, los derechos de la personalidad son aquellos que protegen el honor, la intimidad personal y familiar, la propia imagen, el nombre, la identidad personal; el derecho a la vida, a la libertad y a la integridad física del propio cuerpo vivo o muerto.
Para nuestro interés en este momento, solo rescatamos los derechos a la vida y, en sintonía con ella, a la libertad. Todos los conflictos que con respecto al derecho a la vida se presenten –como ocurre también con todos los derechos de manera general– deben estar presididos por esa antigua máxima jurídica que reza: “Summum ius, summa iniuria”, que equivale a decir que un derecho innegable se transforma en irritante injusticia cuando, llevado a sus últimos límites, invade la esfera de otros derechos.
Con esta premisa, analicemos el derecho a la vida, el primero y más importante de ellos, pues el derecho existe para respetar y hacer que se respete la vida de las personas. Sin la vida, carecen de sentido el resto de los derechos, pues no tendrían eficacia ni posibilidades de existencia.
Como esencial derecho subjetivo, junto al derecho de vivir que todos los seres humanos tienen, existe su correlativo deber de respetar la vida de los demás. La vida no posee un valor exclusivamente individual, sino también social y familiar; tiene un fin trascendente, más allá del propio sujeto, y es por ello que históricamente se ha recriminado el acto de disposición tanto de la propia vida como de la ajena, aun cuando lo muevan motivos altruistas o estén amparados por la norma legal, lo cual constituye la base argumental y los resortes que mueven las consideraciones para no aceptar, entre otras situaciones, la eutanasia en el sentido que más adelante explicaremos.
Pero se abre paso, en paralelo, otra línea argumental que considera que la persona posee un bien, no superior al de su propia vida, pero sí equivalente a ella, que es el derecho a la libertad, esta vez manifestada en la decisión sobre su misma existencia.
De tal suerte, una persona puede rehusar someterse a una intervención quirúrgica o a un tratamiento médico, aunque se considere indispensable para la conservación de su vida pues debe hacer valer su alternativa de autodeterminación, de decidir obrar de la manera que sus convicciones le aconsejen, ser dueña de su destino. Más que vida, el ser humano es libertad.
El tema del reconocimiento del derecho a la vida y sus vínculos con la libertad genera múltiples y muy diversas derivaciones, que en los momentos que corren adquieren una especial relevancia, y en lo que hoy nos convoca afectan las decisiones a adoptar cuando se acerca el momento de la muerte, cuestiones que escapan de un puro tratamiento jurídico y atañen también a cuestiones éticas, muy íntimas de la persona.
¿Qué entender por eutanasia? Aclarar algunos conceptos
La eutanasia es un tema de gran repercusión actual, aunque desde la antigüedad, y motivados por diversas justificantes, los pueblos la practicaron, pero nunca con los matices que adquirió posteriormente con las prácticas eutanásicas de corte económico preconizadas en su momento por Malthus o la eutanasia eugenésica, racial o religiosa practicada por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.
Se suele generalizar con el término de eutanasia todas las múltiples formas en que se puede presentar el fenómeno de cómo actuar en el momento final de la vida, y eso es un error. El vocablo viene del griego eu (bien) y thanatos (muerte), equivale al bien morir, pero ya esa noción es sobrepasada por las connotaciones que hoy recibe y que en la práctica generan bastante confusión.
Hay consenso para considerar como eutanasia las actuaciones que producen directa e intencionadamente la muerte de los pacientes y que se realizan en un contexto de sufrimiento debido a una enfermedad incurable que no ha podido ser mitigada por otros medios.
Existen varias clasificaciones: la eutanasia puede ser directa o indirecta. La primera tiene, a su vez, dos variantes: la activa, que consiste en ayudar a morir al paciente mediante un acto positivo, una acción dirigida a ese fin, y la pasiva, mediante la omisión de la atención y cuidados debidos, la no iniciación o la interrupción de un tratamiento.
La eutanasia indirecta consiste en la aplicación de cuidados paliativos del dolor que suelen tener como efecto el acortamiento de la vida o provocar la muerte. La distanasia se asimila a la muerte lenta, ansiosa y con mucho sufrimiento. Se trata de un neologismo de origen griego, en el cual el prefijo griego dys tiene el significado de “acto defectuoso”. Por tanto, etimológicamente, significa prolongamiento exagerado de la agonía, sufrimiento y muerte de una persona.
El término también puede ser utilizado como sinónimo de tratamiento inútil, apego al imperativo tecnológico o encarnizamiento terapéutico, cuya consecuencia es una muerte médicamente lenta y prolongada, con mucha frecuencia acompañada de grandes sufrimientos.
Entre estos dos extremos: la eutanasia (abreviación de la vida o búsqueda del resultado muerte) y la distanasia (prolongamiento de la agonía y del sufrimiento de la muerte y postergación de su llegada), está la ortotanasia, que honra la dignidad humana y preserva la vida y es la noción más cercana a la muerte digna, sin abreviaciones innecesarias y sin sufrimientos adicionales; esto es, muerte en su tiempo cierto evitando, en lo posible, el dolor, la agonía y el sufrimiento.
¿Qué es la “muerte digna”?
Descartadas las variantes más radicales en torno a la cuestión de la eutanasia, hoy en día existe mayor consenso de aceptación respecto a las fórmulas voluntarias de eutanasia pasiva e indirecta.
Pero se impone cada vez más la noción de la muerte digna, en la que lo que se persigue es humanizar el trance, el proceso hacia la muerte. No incurre en alargamientos abusivos con la aplicación de medios desproporcionados que solamente producen sufrimientos adicionales; se le permite a la persona morir sin emplear fórmulas extraordinarias y es sensible ante el dolor y su alivio. No es eutanasia al no implicar acciones u omisiones que causen la muerte por su propia naturaleza e intención, pero tampoco es mantener la vida por medios artificiales.
El significado que se atribuye al concepto “muerte digna” o, incluso mejor, “morir con dignidad”, se distingue radicalmente del propuesto por los defensores de la eutanasia, pues con ello se entiende que se trata del derecho a vivir (humanamente) la propia muerte; evidentemente, no es tanta la referencia al “morir”, sino a la “forma de morir”.
El alcance de la expresión “morir con dignidad” supone una serie de exigencias y derechos, especialmente asociados al paciente, y los más decisivos son el derecho a saber que va a morir, a no ser engañado y recibir toda la información necesaria, a rehusar o aceptar un tratamiento, a no ser juzgado por sus decisiones personales, a expresar su fe y sus creencias, a mantener la conciencia durante el tiempo más cerca posible al momento de la muerte, a evitar el dolor, a negarse al imperativo tecnológico y a morir sin el frenesí de los aparatos, a un servicio hospitalario que se organice de manera tal que la muerte sea un acontecimiento asumido en forma consciente por la persona y vivido en clave comunitaria, elemento este último de importancia suprema, pues responde tanto a su derecho a ser cuidado y acompañado por profesionales sensibles y solícitos, como a morir manteniendo el contacto humano con las personas cercanas, a no morir solo.
¿Qué posición asumir ante las determinaciones para el final de la vida?
Esta pregunta no puede ser respondida desconectada de los derechos consagrados en la carta magna ni de los que se reconocen en la ley sanitaria sometida a debate.
El artículo 16 del anteproyecto describe los derechos de las personas usuarias de sus servicios de atención, protección y recuperación de la salud, entre los que están emitir las voluntades anticipadas sobre los cuidados a su salud, y el acceso a las determinaciones para el final de la vida como el derecho a una muerte digna.
Y más adelante, entre los artículos del 159 al 161, desarrolla este último derecho de manera más detallada, sin perjuicio de abordarlo con mayor amplitud en los futuros protocolos de actuación y en la promulgación de una ley específica sobre este tema, sobradamente justificada por la sensibilidad y delicadeza del asunto.
Lo más importante a destacar, en primerísimo lugar, es que el anteproyecto intenta abandonar toda referencia a la eutanasia y prefiere abrazar la noción de la muerte digna, aunque no lo logre completamente cuando deja una puerta abierta a posibles prácticas eutanásicas activas, muy cuestionables.
Aunque en la segunda parte de estas reflexiones ampliaré sobre este particular, hago una parada y reproduzco la propuesta que en este sentido hace el proyecto de la Ley de Salud a debate parlamentario: “Se reconoce el derecho de las personas a una muerte digna mediante el ejercicio de las determinaciones para el final de la vida en el ámbito de la salud. 2. Las determinaciones para el final de la vida en el ámbito de la salud constituyen un conjunto de opciones de las que dispone la persona para decidir respecto a los cuidados de su salud, que se ejecutan en el marco de: a) adecuación del esfuerzo terapéutico; b) reanimación; c) cuidados continuos; d) cuidados paliativos, y e) procederes válidos que finalicen la vida”.
La frase señalada en negritas no es congruente con la noción de la “muerte digna” que rezuma del espíritu de la norma. Es por ello que desde este espacio se hace el llamado a la profunda reflexión en el seno del Parlamento sobre la manera en que ha de quedar redactado este último inciso, por los peligros que entraña su imprecisión y la cabida a prácticas más cercanas a la eutanasia activa y directa, entendida en la manera en que ya fue explicada, que no son las que quiere incentivar la norma.
Las razones para la prudencia y la sensatez son múltiples, pero solo señalaré algunas. Se requeriría para su ejecución de la intervención activa, de acciones directas, casi siempre del médico y el personal sanitario, dirigidas a poner fin a la vida de una persona, y ya eso lo hace cuestionable; la petición de eutanasia que hace una persona, aun expresada de manera voluntaria y consciente ante el sufrimiento agónico, suele ser resultado del fracaso o la aplicación incoherente de otras fórmulas que reducen o eliminan el dolor, la agonía y el sufrimiento y, lo peor, pudiera ser usado e interpretado como una conducta pragmática y utilitarista para evitar el uso de recursos en pacientes con una condición irreversible.
Es indispensable que se entienda que no se trata de simple literatura o de un sencillo cambio de terminología, sino de un posicionamiento raigalmente diferente entre una visión y otra; entre abrazar la idea de eutanasia o la idea de morir con dignidad.
En muy pocos años el asunto, con la connotación que en el espacio médico-sanitario se le concede, ha pasado de ser tema de conversaciones de grupos pequeños, e incluso de grupos familiares afectados directamente ante el dilema de la vida o de la muerte, a convertirse en algo cada vez más cotidiano y que, como sociedad madura y civilizada, debemos afrontar.
Este interés responde a la introducción de nuevos elementos de reflexión: la autodeterminación de los pacientes y el respeto a su voluntad. La preocupación fundamental descansa en la posibilidad ética de dar una respuesta positiva a quien desea morir, no sufrir, y pide ayuda al efecto, dentro de los marcos del derecho a la salud y la enfermedad, sobre la vida y la muerte, que tiene toda persona.
Los modernos avances de la ciencia, particularmente aquellos relacionados de una forma u otra con la medicina, la farmacología y la ingeniería que provee de aparatos capaces de hacer más certero el diagnóstico, realizar tareas propias de la vida o ayudar mecánicamente a su ejecución (como los respiradores artificiales), han marcado el aumento del promedio de vida humana por medios más o menos artificiales, que en algunos casos permiten, efectivamente, salvarla y prolongarla, pero en otros ocasionan al paciente y a su familia nuevos y mayores sufrimientos.
Todos los días, personas racionales, en el pleno uso de sus facultades, anticipan o solicitan que se les permita morir, ya sea por estar agonizando o por la imposibilidad de soportar el dolor, o porque no quieren vivir de la única manera que les queda, o quieren morir con la misma dignidad con que vivieron y se sienten aterrados ante los estragos de un tratamiento en que las posibilidades de sobrevivir no ameritan la pena de soportarlos, o porque conocen las consecuencias y el decursar de una enfermedad incurable que padecen.
Cada una de las decisiones personales, políticas o jurídicas que se tomen, tendrá cientos de facetas, algunas de carácter médico, otras éticas y otras sociológicas, e introducirá múltiples interrogantes: ¿cuáles son los riesgos de que la persona pueda solicitar morir a causa de un diagnóstico errado? ¿Y si el paciente muere antes de que se descubran nuevos tratamientos o se desarrolle alguno que podría haberle salvado su vida si hubiera esperado? ¿Podría una profesión que ayuda a las personas a morir, aunque sea por los mejores motivos, volverse más descuidada o menos entusiasta con respecto a su misión de salvar vidas?
Aclarados de manera muy elemental, algunos conceptos que inciden sobre las determinaciones para el fin de la vida, en una segunda parte de este mismo espacio abordaremos la manera en que el anteproyecto de la Ley de Salud Pública enfrenta su tratamiento. Con suerte ya tengamos a la mano el texto final.
Queden por ahora como motivaciones para una reflexión posterior, entre muchas otras, las siguientes interrogantes:
• ¿Es renunciable por su titular el derecho a la vida?
• ¿Puede un tercero renunciar el derecho de y por otra persona?
• ¿Dónde están los límites de una vida digna?
• ¿El sufrimiento es una noción subjetiva o puede ser objetivada?
• ¿Cuándo resulta ser un medio proporcionado o no y quién lo decide?
• ¿En qué momento debemos dejar de intervenir en el proceso de la llegada de la muerte de una persona?
• ¿Qué valor concederle a la voluntad y la autodeterminación de la persona para decidir sobre cómo vivir su proceso a la muerte?
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Cómo médico,coincido plenamente con la autora de este artículo se nota que es una profesional con amplios conocimientos de ética y bioetica, al igual que la dra me preocupa sobremanera ese inciso y al parecer esa puerta abierta a la eutanasia activa.
Desgraciadamente las personas e incluso algunos médicos tienden a simplificar un tema sumamente complejo de de tan vital importancia como lo es el fin de la vida humana.
Una muerte digna como bien explica la autora no significa ponerle fin a la vida de un ser humano de forma forma activa con la participación del personal médico.
En nuestro código penal está tipificado como un delito.
Por último la experiencia de muchos países en los cuales se ha legalizado la eutanasia activa ha Sido cuando menos cuestionables los métodos los protocolos y las formas y en muchos casos sumamente preocupantes y al contrario de una muerte digna muchos mueren en total agonía, en muchos casos como en Canadá hay una sobrerrepresentacion de personas pobres y discapacitadas y la facilidad con la que se mata a una persona no se me ocurre otra palabra es perturbadora y no estoy hablando de personas con enfermedades terminales y corta esperanza de vida sino de personas con patologías crónicas , por ejemplo Canadá tiene quizás la macabra primera posición de haber llevado las cosas más lejos.
Cuando pienso en la eutanasia activa solo puedo pensar asesinatos auspiciados por los estados y no puedo evitar comparar con lo más horrendo de la Alemania nazi y con términos tan despreciables como la eugenesia.
Los médicos nos formamos en los valores humanistas ,la eutanasia activa es decir darle muerte por nuestra propia mano a un paciente o proveerle los medios para su muerte están en total contradicción con los valores de un profesional de la salud.
No conozco las especificidades de Canadá o de otros países. Pero no se trata de renunciar a algo porque otros lo hacen o hicieron mal. Se trata de hacer lo que corresponda y regularlo de tal modo que se haga bien. También es un crimen mirar pasivamente la tortura del sufrimiento extremo, cuando se pudiera ponerle fin, aún cuando los principios bio éticos actuales así lo establezcan.
No sé cometan los errores y desaciertos de otros países que pueden conocerse por los profesionales de la salud y el derecho.
Pero si TIENE que permitirse la muerte digna, a solicitud personal o de algún miembro de la familia. Cuál es la razón para mantener con vida vegetativa a una persona que no tiene ni conciencia de su existencia? Es eso humano? Es duro, pero es un sufrimiento horrible para la familia, NO ES ESA UNA VIDA DIGNA.
Conocí casos así y estuve a punto de ello; no solicite la muerte activa para un familiar hace décadas por... temor a la reacción de los médicos en aquel entonces, y el desarrollo del padecimiento fue, finalmente, la muerte. De no haber muerto, habría vivido más tiempo en estado vegetativo.
Si hay que aceptar la muerte activa.
No lo entiendo Carlos, no se trata de contemplar como se muere la persona pasivamente retorcida de dolor, si no de aplicarle un tratamiento balanceado encaminado a una supuesta mejoría y los calmantes necesarios, para que no sufra esos fuertes dolores, al menos, así lo entiendo.
He tenido familiares que he visto transformarse, consumirse, sufrir inconsolablemente y morir por cáncer. Nadie merece padecer esa enfermedad (por ejemplo), ninguna familia merece pasar por ello. Solo quién ha tenido esas experiencias de cerca puede entender y aprobar que se acepte legalmente la opción de la eutanasia ¿O acaso es digno morir consumido por el cáncer? Es muy linda "la vida digna" cuando se describe en modelos científicos, en supuestos idealistas. Vivir es más que respirar y comer, y digno es un término que tiene diferentes ángulos de visión e interpretación. ¿Acaso han encuestado a enfermos sin cura sobre su "vida digna"?
Le apoyo totalmente!!!!!
Conozco de primera linea lo que es tener un familiar sin posible solución y verle consumirse a diario en una cama, en mi caso por suerte para la familia sin conciencia de su estado físico, hasta llegar a ser solo piel y huesos!
Despedirse de ella en cada ocasión, pues no se sabe si habrá posibilidad de hacerlo al día siguiente!!!!! Nos destruye poco a poco a los familiares también.
MUY DE ACUERDO CON ud, yo estoy a favor de la eutanasia, donde queda entonces el sufrir horrendo sin sentido, todo lo que tiene vida tiene que morir es ley de la naturaleza y sí hay quien quiere morir, es mi opinión.
Jale. Completamente de acuerdo con Ud. Creo que es el criterio mas acertado y humano de todos. En mi caso particular, todo lo que ud expresa lo sufrí con mi papá, enfermo de cáncer de pulmón. No quiero ni recordar cuanto sufrió, y junto a él toda su familia al ver los insoportables dolores, falta de aire y verlo consumirse a cada minuto sin poder hacer nada para aliviarle su sufrimiento. Si algún día me tocara ese destino, quisiera tener la libertad y el derecho de elegir mi propio fin.
Apoyo totalmente su posición. Aferrarse a una "vida" de esa manera es irracional. No tiene, en verdad, justificación ética, ni bioética ni humana. Por qué tengo que someterme a un proceso largo, doloroso (sino física emocionalmente). Defiendo que la libertad no es hacer lo que nos venga en ganas, pero no tener la libertad de decir "hasta aquí viví", es decirle a las personas que la única alternativa a su dolor, a su sufrimiento, es el suicidio.
Completamente de acuerdo con lo que UD plantea
Yo tambien estoy de acuerdo con la eutanasia, si la gente en este mundo en buena medida no puede decidir como es su vida, deberiamos tener el derecho de decidir como queremos morir en la medida de lo posible, se debe respetar la voluntad de las personas de decidir sobre si mismas y no obligarlas a sufrir una muerte terrible o a coger una soga, el que tenga objeciones religiosas o de otro tipo ,simplemente que no la pida para si y respete el derecho de los demas.
va en contra de la ética médica la medicina es para dar vida no quitarla nadie puede tener ese poder puede usarse para matar legalmente, va en contra de los principio de la medicina dar vida no comentamos el error de aprobarla mira la tarea ordenamiento era todo felicidad y la realidad es lo opuesto para el pueblo no destruir los poco principios que nos queda
Muy positivo se trate este tema, en no pocas ocasiones el encarnizamiento terapéutico lo único que hace es alargar el sufrimiento del enfermo y de los familiares y allegados
Solo los que hemos tenido amados familiares agonizando sabemos lo humano de esta ley. Agoniza el enfermo y agoniza la familia. Aplaudo su aprobación. En muchos países está aprobada.
Es la medicina, una vez más, ayudando a un ser humano que quiere irse dignamente.
No comprendí, supongo deberé esperar a la segunda parte. porque si la petición de eutanasia que hace una persona, aun expresada de manera voluntaria y consciente ante el sufrimiento agónico, es resultado del fracaso o la aplicación incoherente de otras fórmulas que reducen o eliminan el dolor, la agonía y el sufrimiento ¿qué le queda a esa persona si se evade la posibilidad de la eutanasia activa? ¿Sufrir indeciblemente hasta al final? Otra cosa es la necesidad de regular adecuadamente todo lo relacionado con el tema. Porque si yo no estoy en capacidad de decidir, pero si con arreglo a la ley he designado previamente quién puede hacerlo, eso habría que respetarlo como mi propia voluntad. Y si se me impide renunciar a un derecho, deja de ser derecho y se convierte en imposición injusta... La eutanasia activa, a solicitud del paciente o su representante legal, en condiciones que lo justifiquen, no es un asesinato propiciado por un estado, es el respeto al derecho de decidir sobre la propia existencia, y el derecho a tener atención facultativa en tan crucial momento, para que la muerte sea realmente digna cuando los demás recursos son impotentes y sólo queda admitir el sufrimiento agónico prolongado.
Cabe analizar ¿no es un crimen peor condenar a la persona a sufrir en nombre de una ética que admite eso que podría calificarse como tortura pasiva o por omisión, cuando se puede poner fin al sufrimiento que no cede a otros recursos?
De acuerdo con usted
Se agradece este texto. La única eutanasia permisible es la que parta del paciente mismo, el cual debe dar su consentimiento, incluso desde antes de llegar a enfermarse. Algo así como suicidio, asistido o no. Pero suicidio a fin de cuentas. Nada más.
Estoy de cuerdo con la eutanasia
también estoy de acuerdo
Todos los peces fuera del agua nadan bien. Es justo y necesario que exista el derecho por parte de todos de tener derecho a una muerte digna y a la eutanasia. Todos debemos tener derecho a la libre elección. Conocemos que no hay ni morfina para el dolor o en ocasiones es limitado y el paciente sigue sufriendo hasta por la dosis que receta el médico sabiendo que uno irremediablemente va a fallecer son incapaces de eliminar el dolor al paciente y lo hacen sufrir. Yo abogo que si no me dan el derecho a elegir la eutanasia y o muerte digna libremente entonces la única opción será el suicidio
Hay que romper barreras debe existir la posibilidad de elección libre de eutanasia y de otras formas. Recordemos el aborto cualquier mujer lo obtiene libremente entonces por qué la eutanasia no. Es hipócrita cualquier opinión contenida sobre la eutanasia sin tener como precedentes el ejemplo del aborto. Ojalá otra persona abogase en un artículo a favor de la eutanasia para que el público decidiese entre las opciones.
Complejo tema. Requiere de análisis profundo por parte de especialistas. Requiere de diálogo colectivo ciudadano. Requiere de un nivel de sapiencia profundo por parte de aquellos encargados de llevar a feliz término la determinación legal sobre tan sensible asunto.
Yo personalmente me gustaría en una situación límite contar con el derecho a decidir por una muerte digna que me impida sufrimiento agónico y extenso. Pero que la decisión la tome yo personalmente. Nada de terceros tomando decisiones sobre mi vida o mi muerte.
Eso NUNCA.
La decisión que sea mía. Unica y exclusivamente mía
QUE QUEDE CLARO.
Existir y vivir son dos cosas muy distintas. Cómo es posible que exista el derecho al aborto, el derecho a cambiar de género mediante costosas e invasivas intervenciones quirúrgicas, el derecho de un menor a la autobomía progresiva, y se discuta el derecho a la eutanasia.
¿No saben que nuestros médicos manejan con los familiares el concepto de "paciente irrecuperable"? Ése es el paciente que no ha muerto, pero que dada la extensión o calidad del deterioro de sus funciones vitales va a morir muy pronto. Ah, ese "pronto" lo mismo puede ser tres dias que tres meses. Tiempo que puede representar un sufrimiento indecible para el paciente y quienes lo ven convertirse en "algo" desprovisto de toda humanidad o dignidad.
¿Ha visto a alguien comenzar a podrirse antes de su muerte clínica? ¿Morir lentamente de hambre y sed porque tanto el alimento sólido como una cantidad no muy grande de agua y alimento líquido colapsarían un órgano o miembro del cuerpo? ¿Pasar horas entre heces porque no puede ni avisar sobre esa necesidad? ¿Ha visto usted a alguien, a consecuencia de todo esto, arrancarse los IV y las sondas, tratar de escamotear unas tijeras para matarse? Yo sí, y no hubo minuto de los 45 días en que estuve presenciando esta agonía, que por piedad no le deseara la muerte a esta persona, por demás muy querida para mí.
Esta persona vivió sus últimos días y murió de forma indigna: Falleció de asfixia, luchando por respirar como si lo estuvieran estrangulando, porque el elevador del hospital estaba roto y no pudieron bajar el único equipo a tiempo (que ni voy a decir en qué area del hospital estaba ubicado)
Bajo el mismo criterio que no se puede "malgastar" una cama en cuidados intensivos en el paciente irrecuperable (porque así te lo dicen)... ¿Por qué no evitarle el sufrimiento y la degradación que conlleva esta condición?
Buen artículo. Concuerdo con el forista Jale. Mi esposo murió de cáncer. Toda la noche pidiendo que le desconectase, el médico diciéndome que me denunciaban si lo hacía. Se desangró, por la boca, oídos, todo en plena conciencia y claridad. Por qué no darle la oportunidad de morir sin sufrimiento. Hasta dónde vamos a seguir con los prejuicios por la muerte? Hasta dónde? Es fácil decir que la vida es un don y todas las blablabla, pero alguien se ha preguntado qué quieren las personas cuando están en plenitud de la enfermedad? Concuerdo totalmente con que se permita la muerte a solicitud del paciente por eutanasia, bien morir, no politizar un concepto porque el fascismo se haya adueñado de la palabra para justificar el genocidio.
Toda la razón, estar viendo todo ese sufrimiento te marca para toda la vida, aun recuerdo a mi mamá tratando de quitarse los aparatos para partir porque no aguantaba los dolores, sin palabras.
¿No quiero opinar sobre este tema tan doloroso, pero si reflexionar en algo, muchos desean que esta Ley sea aprobada en Cuba, pero eso conlleva a que es el medico quien tiene que quitarle la vida a un humano, aunque sea con su consentimiento, es la mano del médico la que llevara a cumplir con el pedido del paciente como si fuera un Dios que quita y da vida, estará el médico de acuerdo hacerlo si es creyente?
Coincido con Jale.......Lo que pasa es que todos no tenemos derecho de publicar artículos con nuestra opinión...... Solo los que pueden, tratar de imponer su opinión con tecnisismo y y cuestiones legales......
Solo el que no tenido un familiar en esa situación, puede ponerse a filosofar....
Muy de acuerdo con las preocupaciones planteadas en el artículo y también con las expresadas por tito en su comentario. A mí personalmente me da escalofríos pensar en todo lo que puede derivarse en nombre de la eutanasia, ya sabemos cómo o no llegamos o nos pasamos.
Solo se precisa APRENDER a RESPETAR EL DERECHO de CADA INDIVIDUO DE LA SOCIEDAD A:
“… hacer valer su alternativa de autodeterminación, de decidir obrar de la manera que sus convicciones le aconsejen, ser dueña de su destino. Más que vida, el ser humano es libertad.”
Dios ,es el que da la vida y la quita .
creo que no está mal se apruebe la eutanasia, me duele cuando leo los comentarios y veo que aún persisten en nuestra sociedad barreras que limitan y ralentizan el desarrollo humano y de nuestra sociedad, ... darle poder de matar..., ... código de ética del profesional de la salud..., ..., el poder de vivir o morir debe recidir en la persona en sí, no en alguien más y mucho menos en un código de ética, ético es que el profesional de la salud tenga lo necesario para darle vida al paciente, y, de no poder, entonces contar con toda la autorización legal para simplemente acelerar lo inevitable, cumpliendo así con otros aspectos que van desde acortar el sufrimiento del doliente, de familiares y amigos hasta la conservación de los implementos médicos a usar, si la familia está de acuerdo, si el paciente está de acuerdo, no veo ni entiendo que exista algo o alguien más facultado, o con poder, para impedirlo
No se puede jugar con el sufrimiento ajeno y mucho menos cogerlo para realizar experimentos con él, si una persona está con una enfermedad incurable lo mas ético y humano es no prolongarse su agonía y sufrimiento al igual que a su familia por aferrarnos aun capricho pensando en un milagro de la medicina, no seamos cínicos y mucho menos jugemos con el dolor ajeno. Además no solo es si una persona está en una situación incurable, pensemos tambien que a otros la vida le ha sido muy dura, están cansados de tanto infamia, pasar trabajo, incomprensiones, necesidades de todo tipo, han perdido motivaciones para seguir sobreviviendo, no dejemos que se ahorque, o que se tire delante de un tren, que se pegue candela, etc, permitamosle una muerte digna a través de la eutanasia.
Conocemos de personas que en medio de sufrimientos por no poder superar un problema de salud irreversible, se deciden por el suicidio, lo que genera muchos traumas adicionales a sus allegados y no recibe el reconocimiento social ni religioso.
La nueva legislación es un paso de avance, cuidadoso, prudente y acertado
Soy medico y ninguna ley me obligara a aplicar la eutanasia ni el suicidio asistido a ningun ser humano este en las condiciones que esté, lo que si estoy de acuerdo con todos los foristas es que nadie debe sufrir la agonia a las que se exponen los pacientes en Cuba, en otros paises donde he trabajado, se les seda y el periodo agonico pasa sin que ellos lo sientan, en mi experiencia personal, mi sobrina a quien yo amaba mas que a nadie pasó 3 horribles dias agonicos ahogandose hasta morir nadie merece pasar por algo asi, si es duro con un familiar anciano imaginen una joven de 21 anos, asi que tengo una experiencia que no olvidare en lo que me resta de vida, tanto dolor se pudo evitar a ella y a nosotros sus familiares.
Es un tema complejo pero a la vez muy necesario.
Los que han sufrido en carne propia esas agonías interminables, alargadas en incertidumbre pueden dar fe de primera mano la necesidad de comenzar a tener en cuenta esos temas en medio de todos los cambios que se viven.
Va siendo hora de tomar cartas en el asunto. Hoy lo vemos como espectador, pero mañana inevitablemente podemos ser protagonistas de tan triste episodio dentro de lo irreversible.
Hay casos y casos, como todo, pero llegado a un punto, ese punto, se comienza a evaluar su uso(cuando lo aprueben, claro)
Y Esas personas que viven solas por azares y destinos de la vida??
Creo q es un muy buen artículo, y como tal, sesgado en función del criterio del autor. La libertad o el arbitrio no se pueden condicionar ¡o se tiene el derecho, o no! Aparte el decidir como afrontar un tema tan tabú como la muerte, o cualquier otra esfera personal o social. A mí me gustaría tener el control de como finalizar mi vida ante determinadas circunstancias, como por ejemplo: un ictus que derive en un estado vegetativo, en el que la persona puede durar años, décadas… en espera de una muerte natural, que por demás condena a familiares a desgastarse y sufrir por igual. Un cáncer súper agresivo con desenlace fatal; en mi modesta opinión el cuidado paliativo es prolongar lo inevitable. Ojo, respeto a quien lo soporte estoicamente, pero ahí está la esencia y el logro de esta revolución legislativa: Ampliar los derechos y las garantías, teniendo en cuenta la pluralidad de nuestra sociedad.
Por supuesto la norma contemplará las debidas protecciones y la capacidad de decisión del sujeto, ante una completa evaluación de los médicos o una comisión creada para minimizar los posibles errores diagnósticos.
Mi mensaje a la Asamblea Nacional es que están haciendo un muy buen trabajo.
Debo tener el derecho de, en plenas facultades físicas y psíquicas, ante notario, médico, familiares u otro funcionario competente, decidir que en caso de enfermedad incurable o senilidad, se me aplique la eutanasia.
Creo positivo la decision de cada ser humano decida su final , porque hay enfermedades que el sufrimiento es tan grande que piden morirse.Es mejor morir antes de sufrir.
Muy buen artículo sobre un tema tan espinoso en el mundo. Es saludable que se traten estos temas y se puedan ver diferentes criterios. Un ejemplo aplicable a muchos otros temas donde se requieren diferentes enfoques y criterios. Esta discusión sólo traerá beneficios para todos. Gracias a la autora y a Cubadebate por darle espacio a este tema
Tema muy sensible, con cuestiones que llevan a interpretaciones, puntos de vista, no existe un total consenso internacional, soy médico, nunca quisiera indicar una eutanasia activa, quedaría con cargo de conciencia para toda la vida, pero a la vez vi morir a mi padre y madre en situaciones diferentes pero muy difíciles, acompañado por su médica, en uno de ellos dije en voz alta y le pregunte, hasta cuando durará la agonía doctora? y a mis hermanos, porqué tiene que pasar esto si siempre fue un ser honesto, bueno, no merece sufrir. Es difícil y hay que buscar consenso nacional, no creo dar el derecho a un médico sea ético, en todo caso si se aprobara que la persona lo pidiera debía elaborarse un protocolo con mucho cuidado, que sea multidisciplinario, incluyendo a juristas y familiares
excelente artículo, muy certero y real.
Muy personal apoyo la eutanasia más en nuestra situación actual
Sufri Las Muertes de mis Padres con cancer, dias, Meses de agonia, todo Era irreversible, tengo cancer y no quiero Morir en esas condiciones. Quiero la Eutanasia.