Lucía no tiene quien la escuche: ¿Prostitución en Cuba? (II y final)

Hola mi vida, ¿cómo estás? No he tenido casi tiempo para revisar los sms.
Porque ya estoy trabajando.
Y hace unos días.
Mira cómo ando.
Toda de verde.
Sigo con problemas en mi casa con mi familia.
Yo estaba pensando en ir a bienestar social.
Hablar con alguna trabajadora social.
Porque ya es demasiado, mijo.
He bajado mucho de peso.
Estoy un poco destruida.
¿Dónde estás?
Estoy en mi trabajo.
En el hospital.
¿Desde cuándo estás trabajando ahí?
Desde la semana pasada, mijo.
¿Pero sigues en la calle?
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A la una de la tarde, en el Parque Central hay sol y hambre. Estamos en febrero, pero hace mucho tiempo que en esta isla caliente dejaron de sentirse las estaciones. Invierno, dicen que deberíamos estar en invierno. Hay unos extranjeros frente a nosotros comiéndose un pan. ¿Con lechón? No, con lechón no. No hay nadie vendiendo pastelitos, ni chivirico, ni granizado… La pizza más cercana está a siete cuadras y no cuesta cinco pesos.
Ayer en la tarde, después de cinco meses de intentar quedar con ella nuevamente, de escribirle por WhatsApp y que nos respondiera poco; escribirle por Telegram y que lo viera a las dos semanas; llamarla al móvil y que diera apagado, ayer en la tarde Lucía respondió al móvil dormida y nos dijo que nos encontráramos hoy a la una en punto. Son las 2:15 p.m. y no ha llegado.
Casi a las tres llama, dice que está llegando y aparece 40 minutos después. No lleva trenzas ni pulsos, tampoco aretes ni labios pintados. Llega con un pantalón blanco, pulóver, tenis Converse y el monedero en la mano. Dice que ahora mismo quien la vea así no sabe ni qué es: “Un pájaro, una jicotea, un elefante; ahora estoy vestida como una cosa rara a la vista de la gente”.
No es su elección, ella quisiera vestirse de mujer las 24 horas, pero las discusiones con su mamá han seguido y ya en la casa no la llaman Lucy*, sino Leandro, el nombre con el que nació. Ahora solo puede ponerse ropa de mujer por las noches, sigilosamente y escondiéndose de su sobrina.

Ya en la casa no la llaman Lucy, sino Leandro. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
Los problemas de Lucía con su mamá empezaron hace meses. “Ella es muy egoísta. Yo le estaba diciendo que me ayudara un poco. Tiene las cosas en la casa repetidas: refrigerador, televisor... Y cada vez que le pedía algo de esto me decía que no. Las noches están difíciles y ya no están dando el dinero de antes. Ahora todo ha subido, los precios por el servicio son diferentes, y eso ha hecho que uno pierda clientes”.
El toque de queda acabó, pero no hay prácticamente turismo, una de las principales fuentes de ingresos del país y del bolsillo de Lucy. Ahora, en una noche buena hace apenas 800 pesos. Antes, llegaba a 2 000.
Ya no está caminando mucho. Se cuida de una multa que debe y que se le ha duplicado y porque, cada vez que la llevan a una unidad policial, la apuntan en el libro en que ninguna prostituta quisiera estar. “Me estoy marcando mucho y no quiero que me metan presa ni nada de eso. Me da mucho miedo, porque todas las unidades no trabajan igual, ¿entiendes?”.
En algunas estaciones la sueltan a los tres días; en otras, la misma noche. Ahora, Lucy tiene su zona de confort en los puntos cercanos a su casa.
Desde la última vez que conversamos, hace dos meses, la han conducido a estaciones de policía cuatro veces. Sin embargo, no ha sido por estar en “zonas proclives a la prostitución”, sino por la multa que debe. “La suerte es que yo no me doy a notar tanto, no soy escandalosa. Claro, si hay que formar bulla, se forma, pero soy tranquila en la calle”.
No es de las multas de lo único que se cuida. La primera vez que conversamos con Lucía, nos dijo que tenía VIH. Cuando la violaron, sin protección, creyó haber contraído alguna enfermedad de transmisión sexual, pero lo descartó en una de las pruebas sistemáticas que se hacía. Cada tres meses era un ritual. En una de esas descubrió que se había contagiado. Nunca supo cómo. No quiso seguir investigando.
“Si yo sigo, sé que voy a dar con esa persona. No quiero, porque, ¿qué voy a resolver yo con eso si ya lo tengo? ¿Esa persona me lo va a quitar? No voy a solucionar absolutamente nada”.
Hace cinco meses, ella no pensaba en la enfermedad. Nunca había padecido una recaída y su piel jamás se había manchado. De hecho, no se tomaba los medicamentos. En la farmacia se los dan gratis y la administradora se los guarda, porque piensa que a Lucy le da pena ir a buscarlos. Dice Lucy que no es pena, solo que ella se los toma cuando entiende.
Pero en los últimos tiempos las cosas cambiaron y algunos síntomas comenzaron a aparecer. La primera recaída vino en forma de mareos y fatiga, pero la achacó a que es normal en ella estar horas sin comer nada. La segunda llegó de la misma manera, y con ella, la seguridad de que algo raro estaba pasando.
Esto ha continuado pasando y hoy dice que se siente “más o menos”. Sigue sin tomarse las pastillas, o caramelos, como les dicen los pacientes de VIH a los antirretrovirales. Dice Lucy que ahora uno es joven, pero en algunos años empezarán los achaques y dolores en el cuerpo. Lucía tiene 31 años y hace más de una década que se dedica a la prostitución.
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Lucía tiene 31 años y hace más de una década que se dedica a la prostitución. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
Para el escritor y doctor en Ciencias Sociológicas Victor Hugo Pérez Gallo, el fenómeno de la prostitución femenina en Cuba es multicausal y está en la base del sistema patriarcal, misógino y androcéntrico.
El hecho de dar trabajo y educación luego de 1959 a las mujeres que se prostituían, no erradicó la inequidad entre hombres y mujeres. “Estas últimas eran las más desfavorecidas, al no tener el capital simbólico o cultural de los hombres –situación que, por lo general, se ha mantenido hasta nuestros días–, y, aunque se les daba la posibilidad de ganarse dignamente el sustento, las condiciones de producción y reproducción económica estaban aún distantes de las de sus congéneres masculinos”.
De igual modo –comenta–, es una práctica que ha ido evolucionando en diferentes etapas y en la cual inciden diversos factores de corte geográfico, “no en vano muchas de ellas provienen del oriente del país, región que históricamente ha sido de las más atrasadas, socioeconómicamente hablando”.
“¿Qué podemos hacer si esa niña ve desde pequeña que sus padres universitarios carecen de muchas cosas materiales? ¿Qué podemos hacer si esa misma niña ve que la muchacha que se prostituye cada vez se viste mejor? ¿Qué pueden hacer los padres ante este hecho objetivo?”, se pregunta el experto.
“Este proceso –explica– se denomina 'socialización primaria' y es aquel en que se internalizan los elementos sociales más importantes en la sociedad, los que van a funcionar como una estructura simbólica que guíe a la niña en su vida cotidiana mientras crece. La niña va a internalizar una urdimbre de significaciones que cada sociedad produce colectivamente y que instituye, entre otros aspectos, qué es ser un hombre, qué es ser una mujer, qué es lo bueno, qué es lo malo, etc. Crecería viendo lo que es cotidiano para ella, el deber ser”.
Para el doctor en Ciencias Sociológicas, el peligro está precisamente en esas tres preguntas que dejan en evidencia la visión de una parte de la sociedad cubana.
“La prostitución, desgraciadamente, se ha hecho cotidiana, se ha convertido en familiar. Por tanto, el que no la aprueba, la tolera. El eufemismo ‘jinetera’ guarda una palabra o realidad más dura, más sórdida, de enfermedades sexuales, de aspiraciones truncas y de adolescencias que no llegaron a madurar”, afirma.
Sin embargo, aunque las carencias económicas inciden en la legitimación de la figura de la prostituta en el imaginario cubano, Pérez Gallo considera que “en la actualidad influyen elementos culturales relacionados con la moda, el deseo de tener acceso de forma inmediata a servicios y productos caros que la familia necesita y, por último, el hecho de que la prostitución ha ganado una especie de glamour”.
En el país –añade– hay una realidad diferente al contexto latinoamericano. No lo hacen exactamente por dinero, sino por acceder a determinados productos o servicios. De acuerdo con el sociólogo, además, la influencia cultural proveniente de Estados Unidos hace que sean copiados, reproducidos y legitimados ciertos patrones.
Pérez Gallo cuenta que, al visitar dos bares de moda en Las Tunas, pudo notar que no había diferencia en cuanto a iluminación, muebles o cuadros sensuales en las paredes a cualquier gogó en Miami o Las Vegas. Los jóvenes tuneros hacían cola para entrar a estos lugares, bastante caros para el bolsillo del cubano común. “Mediante la observación, me pude percatar de que muchos iban allí a buscar a alguien que ‘les invitara a una cerveza’”.
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Datos de una Encuesta de la ONEI. (Ver enhttp://www.onei.gob.cu/sites/default/files/informe_de_resultado_encuesta_de_indicadores_2017_0.pdf)
“Estaba en tercer año de la carrera, en un periodo en el que salía a muchas fiestas, principalmente al Café Cantante. Puedo decir, incluso, que me conocían allí, no de nombre, ¿quién iba a saber en ese lugar que me llamo Thays*?, pero al menos sabían que yo era de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria). Ese día, estaba con un muchacho que había conocido el fin de semana anterior, también en el Café. Su nombre era Ernesto, aún lo tengo guardado en los contactos como ‘Ernesto Café’.
“Yo andaba con una amiga y Ernesto llevó también a un socio de él, pero a Sheila no le gustó ese muchacho. A mí, Ernesto me gustaba, era un rubio lindo, de casi dos metros. Bailamos y en el fondo del bar, al lado izquierdo del escenario, había un trigueño muy lindo que me estaba mirando. Recuerdo que yo tenía puesto un vestido morado corto, el pelo suelto y mis zapatos negros de tacón cuadrado. Nada de ajustadores, porque aquel vestido no los necesitaba, y debajo llevaba un calentico negro, el que más me gustaba.
“Ernesto y el amigo salieron a tomar o a fumar. No tengo idea. Y el muchacho vino y me invitó a una cerveza. Yo acepté, aun cuando ya me había tomado como tres y estaba borracha, y me fui para donde él estaba con tres amigos más. Sheila también fue conmigo, pero no recuerdo exactamente qué pasó después con ella. Ernesto y el amigo entraron y cuando nos vieron noté molestia en su rostro, pero no los vi más. Gracias a Dios que no hicieron más nada.
“Bailé cantidad con el muchacho trigueño, a estas alturas no sé su nombre. Seguí tomando y de ese momento tengo recuerdos borrosos. Solo me acuerdo de estar en una cama sin ropa. Fue un momento superincómodo, porque abrí los ojos y me vi en un lugar que no conocía, con un hombre que no conocía, y me besaba y me tocaba todo el cuerpo. Me quedé inmóvil. No sabía qué hacer. Tenía un dolor infernal de cabeza. Me llegan flachazos de ese momento.
“Entonces pensé que, si yo estaba ahí, era porque lo había permitido, borracha o no, y tenía que seguir y terminar aquello, porque podían ser peores las consecuencias si le decía que parara. Me refiero a que me violara o me golpeara. Tomé una almohada, me la puse en la cara, me viré y esperé a que él terminara. Me tiré en la cama y no le miré nunca a los ojos.
“Sentía mucha vergüenza y un poco de miedo también. Él fue al baño, regresó y se vistió, pero yo no lo miraba a la cara. Me dijo que le había gustado mucho y que me llamaría. En algún momento de la noche, debí haberle dado mi número, pero no recuerdo exactamente en cuál.
“Después, se despidió con un beso en la espalda y una nalgada. Me dijo ‘adiós, Claudia’. Parece que mi inconsciente borracha hizo algo bueno y no le dio mi nombre verdadero. Me reí en ese momento. A una parte de mí le había gustado aquello, pero la otra se sentía demasiado rara.
“Esperé a que se fuera. Cuando miré a la mesita de noche había 20 CUC. Y cuando aquello, 20 CUC eran 20 CUC. No supe qué hacer, me sentí más rara aún, pero los cogí. Pensé ‘total, a este hombre en la vida lo voy a ver de nuevo y el dinero no se va a quedar ahí’. Al lado del billete estaba mi cartera con el teléfono, el carné y el dinero que yo tenía ya. No faltaba nada.
“Tocaron a la puerta. Ya tenía que irme, así que cogí el vestido morado y los zapatos, me los puse y salí. No sabía dónde estaba, pero ya en la calle me di cuenta de que andaba por 17, una zona que relativamente conocía. De ahí, fui caminando hasta la beca universitaria.
“Llegué, me bañé y estaba tan cansada que me dormí en el momento en que cerré los ojos. Después, no quise pensar más en eso. Como a los 15 días sonó el móvil. A la hora volvió a sonar y tampoco lo cogí. En la tarde sonó otra vez:
–Hola, Claudia, espero que todo esté bien. Es el muchacho del café de la otra noche.
–Sí. Hola, todo bien. –respondí medio seca.
“Me dijo que quería verme de nuevo, que yo le había gustado mucho. Le dije que en ese momento no podía, porque al otro día tenía una prueba. Una mentira, por supuesto. Después, me llamó como tres veces más, hasta que acepté. Y esa vez sí me gustó mucho.
“Terminamos y me volvió a dejar los 20 CUC. Se había ido. Fue más incómodo aún. Me sentí como una cualquiera, una puta, sí. Pero pensé de nuevo en que no lo vería más, que el dinero no podía quedarse ahí y lo volví a tomar.
“La próxima vez que me llamó, me dijo que quería presentarme a un amigo y entonces me di cuenta de cuál era la finalidad de esa oferta. Y no lo podía permitir. Colgué el teléfono. Lo bloqueé y desde ese momento no he querido tocar más ese tema. Nunca más lo he visto tampoco”.
¿No crees que haber dejado al muchacho hacer algo que tú no querías (la primera vez) por temor a cómo iba a reaccionar, sea en cierta medida una violación?
–Si lo miro ahora a la distancia, sí. Tengo 26 años, he madurado un poco, pero cuando estaba en ese momento, solo pensé que era mi culpa que todo llegara hasta donde llegó.
¿Has pensado en volver a hacerlo?
–No. Ahora mismo no lo necesito. Ya me gradué, soy una profesional, trabajo en lo que me gusta. Aunque no les niego que, de vez en vez, me pasa la idea por la cabeza. Dinero fácil, de cierta manera. Tampoco viví la parte oscura de ese mundo”.
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En una de las entrevistas para esta investigación, una funcionaria nos confesó que en su mundo profesional hay personas que se dedican a la prostitución. Van a eventos y se mueven en el entorno laboral haciendo contactos y buscando clientes. Universitarias y de lujo. Sin embargo, poco se habla de ese mundo y muchas fueron las puertas que se nos cerraron cuando intentamos buscar fuentes y datos sobre esta práctica en Cuba para la realización de estos reportajes.
¿Es posible que en los últimos años las investigaciones sobre prostitución hayan disminuido en el país? Para el escritor y doctor en Ciencias Sociológicas Victor Hugo Pérez Gallo, no es que esto sea posible, sino que es un hecho. “Han disminuido, en su mayor parte, por factores externos a los investigadores sociales”, dice.
Pérez Gallo no sabe exactamente los factores específicos por los que detuvieron sus investigaciones, pero tiene claro aquellos que obstaculizan las investigaciones sociales sobre el tema en sentido general. Por ejemplo, en el país no se publican estadísticas sobre el ejercicio de esta práctica y es difícil o nulo el acceso a datos nacionales sobre prostitución femenina.
De igual modo, opina que la mayor parte de las investigaciones se resumen en estudios cualitativos o de caso, historias de vida, crónicas periodísticas y estudios etnológicos o criminalísticos, los cuales se circunscriben, por lo general, al ámbito académico y sus resultados no llegan a manos de los decisores de políticas públicas.
El investigador aduce que existe una falta de colaboración intersectorial de las instituciones, que participan en la atención al fenómeno de la prostitución en Cuba. Asimismo, hay muy poca o nula integración de resultados académicos entre los diferentes centros de investigación del país que se dedican a estudiar este hecho
Pero, aunque desde la academia se estudia, la sociedad continúa muy estereotipada en este sentido y el trabajo educativo se hace cada vez más vital. Es la opinión de la doctora Iyamira Hernández Pita, profesora de Sociología de la Universidad de La Habana y especialista en el tema.
“Todos estos asuntos pasan por la necesidad urgente de fortalecer y retomar la educación integral para la sexualidad, desde la escuela y la familia. Pero si tú desconectas la aplicación de un gran programa que ya existe a nivel nacional y no se pone en práctica en las escuelas, rompes el vínculo de la información y la comunicación sobre determinados temas que tienen que ver con la educación integral a la sexualidad desde lo que gestó la familia”.
Para Hernández Pita, el camino es entonces por ahí, “complejo, pero sí se puede salir. Está descrito que muchas personas logran hacerlo. Cuando la sociedad ofrece determinadas posibilidades de trabajo a estas personas y reconocimiento para que en particular la comunidad LGBTIQ+ pueda alcanzar estudios universitarios que le permitan lograr mejores oportunidades de empleo, podemos ir regulando los riesgos que están asociados a la práctica”.
Pérez Gallo coincide: “Cada caso es un mundo, pero considero que lo pueden dejar. Primeramente, a través de la educación, y luego con la mejora económico-social de las regiones de Cuba de donde son originarias”.
Laura y Amanda, dos historias desde el Cenesex

Ilustración: Robert Raez /Cubadebate
Amanda* dejó la prostitución a los 34 años. Vendía su cuerpo por dinero, más que por placer, desde los 17. En su casa nadie entendía que fuera transexual y la dejaron en la calle.
No asistió más a la escuela y comenzó a prostituirse para tener su propio sustento. Creyó que era la vía más fácil, aunque hoy asegura que no es así.
La vida le ha demostrado –a base de prueba y error, de prueba y decepción– que la prostitución es un mundo duro que pocos conocen y casi nadie cuenta, del que ella ha pretendido salirse y no volver. Dice que a sus 38 años no ha recaído.
Nos cuenta que desde que la policía la detuvo y le hicieron un expediente de peligro sin pruebas, no ha vuelto a tener sexo transaccional. Esa vez, en la unidad de Zanja, intentaron recluirla por peligrosidad, pero ella presentó una queja a la Fiscalía de Centro Habana y el veredicto fue a su favor.
“Tuve que batallar. Si no, hubiera ido presa cuatro años, así por gusto, porque era una mujer trans, porque era una puta, como dicen ellos”.
¿Cómo ayuda el Cenesex en estos casos?
–Ha ayudado en varias ocasiones, hasta donde se puede ayudar. A veces, hay muchachas trans que tienen una conducta inadecuada. Lo que es una violación no se puede apoyar. Casos donde las han cogido prostituyéndose en una esquina, se intercede por ellas y al otro día están en el mismo lugar.
“Por otro lado, hay muchachas a las que les gusta ser prostitutas y eso hay que respetarlo. Yo siento a diario la necesidad de volverme a prostituir, por el problema económico que hay en estos momentos. Sin embargo, hasta ahora no lo he hecho. Me olvido de la necesidad y los problemas. Trato de resolver con lo que tengo y así voy viviendo”.
Amanda ni tiempo tiene para pensar en eso. Se pierde por los pasillos del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) con la agilidad de sus 38 años y su delgadez, y siempre está de un lado a otro. Se queja de eso, del poco tiempo entre el trabajo en el centro y los estudios universitarios.
Desde que dejó la prostitución, comenzó la licenciatura en Nutrición y se vinculó laboralmente al Cenesex. Allí la conocen por Amanda. Así dice su carné de trabajadora, aunque el de identidad, paradójicamente, tiene otro nombre.
Amanda vuelve a la idea del inicio y dice, con la estadística de la calle como argumento, que el porciento de quienes dejan la prostitución es bajo. “La mayoría siempre reincide, por problemas económicos y necesidades; incluso, aunque tengan un salario seguro todos los meses, porque no les alcanza para vivir”.
Algo así le pasa a Laura*. Al igual que Amanda, trabaja en el Cenesex, es trans y tiene 37 años. A diferencia de Amanda, Laura se sigue prostituyendo, pero solo los fines de semana, porque al día siguiente descansa y, a veces, alguna noche entre lunes y viernes, cuando no está demasiado cansada y puede soportar el ajetreo de las madrugadas en busca de clientes.
Antes lo hacía por necesidad, ahora eso ha cambiado, porque tiene un salario estable. Si para ella la prostitución antes era un modo de subsistencia, ahora es un hobby, una forma de pasar el tiempo. Y le encanta.
“Hay un poco de costumbre, siento ese bichito de salir a la calle y es un plus que no está mal. Pero lo veo diferente ahora, porque puedo elegir cuándo, cómo y con quién, y así me evito sinsabores. Ya se convierte en otra cosa. Antes, era gris con pespuntes negros, hoy tiene un color más agradable”, dice como si insinuara que lo suyo ahora se trata de prostitución de élite.
Hace cinco años era distinto, el sexo para Laura no podía ser selectivo. Había que cerrar los ojos y aguantar. No importa que no te guste el cliente, ni el asco, ni las ganas de mandarlo todo a la mierda. Da igual si sientes que te usan. Pensamientos en blanco. Cerrar los ojos. Aguantar. El dinero siempre vendrá después de los tragos amargos. La recompensa por los malos momentos.
¿Malos momentos? Pocos, como aquel en que se enfrentó a un tribunal tras un expediente por peligrosidad. En el juicio jamás se mencionó la palabra prostitución. Tampoco aparecía en ningún papel. El argumento era “conducta antisocial” y la sanción fue vincularla a un colectivo laboral.
¿Qué justificación te dan los policías cuando te detienen en la calle?
–Que estás en una zona proclive a la prostitución. Y no te puedes salvar. Eso es muy estricto. Me ha pasado, incluso, en momentos en que no me he estado prostituyendo, en que he ido para una discoteca, a ver a unas amistades o camino a mi casa. Ah, pero como eres una persona trans, ellos asumen que ya por eso te prostituyes. Son estereotipos. Están muy arraigadas la transfobia y la discriminación.
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Cuando una persona es detenida por “estar en una zona proclive a la prostitución” o por “relacionarse con personas antisociales”, se le aplica el conocido índice de peligrosidad. Para aplicar este procedimiento, se debe hacer un trabajo preventivo anterior, explica la abogada Arlín Pérez Duharte, profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.
“Hay quienes, a veces, se van para otra provincia, porque tienen varias cartas de advertencia. Esa es una práctica que se usa mucho. Así recorren el país, haciendo más difícil elaborar un índice de esa persona. Es necesario buscar toda su historia y un trabajo individualizado”, señala.
Y agrega que, para hacer el índice de peligrosidad, se necesita un acopio de pruebas. “Si no hay elementos que vinculen a la persona a la prostitución, no se debe hacer”.
Esto es un procedimiento que cambiará una vez que entre en vigor el nuevo código penal en Cuba -aprobado recientemente en la Asamblea Nacional- y se elimine el llamado índice de peligro, dijo a Cubadebate Otto Eduardo Molina Rodríguez, presidente de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo Popular (TSP).
El texto del Código Penal está siendo revisado por una comisión de estilo y entrará en vigor a los 90 días de su publicación en la Gaceta Oficial de la República de Cuba.
“Uno siempre tiene que ver el fenómeno de una conducta delictiva con sus consecuencias, sus comisores y los efectos que tiene. Muchas veces, esas conductas llevan a que se ejecuten otras acciones más allá de la prostitución de su cuerpo, y en ese caso sí sería penalizado en otra figura delictiva”, sostiene el magistrado.
El presidente de la Sala de lo Penal del TSP explica que la nueva propuesta tiene que ver con el trabajo de prevención social desarrollado por las instituciones, el cual permite reorientar esta conducta. Agrega que “esto nos permitirá concentrarnos en el proxeneta, que es la figura más grave dentro de esa cadena”.
El nuevo código penal establece que se eliminen las medidas de seguridad predelictivas…
–Sí. Solo recoge figuras delictivas, no lo predelictivo. Esto último significa que determinada persona estaba en una proclive comisión de un delito.
Era algo muy subjetivo…
–Tenía unas peculiaridades que, en su momento, respondían a un contexto histórico determinado, pero hoy, a la luz del derecho internacional, no tiene cabida en nuestro código penal.
El proxenetismo sí es delito…
–Sí, el proxeneta somete a una explotación sexual a esas mujeres, y ello tiene penas de rigor, con convenciones y tratados internacionales que lo repudian en virtud de que esas formas de explotación casi siempre se vincula después a la trata de personas.
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La profesora de Sociología Iyamira Hernández Pita destaca que la figura del proxeneta ha ido variando en el tiempo. No solo puede ser un hombre, sino también una mujer. “Desde la ruptura y la deconstrucción de los estereotipos, al ser una actividad que genera ganancias, una figura femenina puede estar en el rol del proxeneta”, apunta.
Algunas personas que ejercen la prostitución piensan que tienen la práctica bien estructurada y, además, que tienen el poder y control sobre su cuerpo, “pero eso no es cierto”, considera Hérnandez Pita.
“Siempre va a haber ganancias entre segundos y terceros, que van a controlar ese cuerpo. Cuando estás en el ejercicio de la práctica, siempre vas a estar teniendo que satisfacer necesidades del otro o de los otros. Al final, pierdes el control de tu cuerpo, de tus necesidades y deseos”.
Ese –subraya– es un elemento importante, porque se desdibuja la satisfacción en el ejercicio de la práctica en función de los otros, lo cual genera desequilibrio de poder y, por tanto, violencia. “Desde los estudios de la sociología, es considerado también como violencia de género”.
Por otro lado, una vez se publique en la Gaceta Oficial y entre en vigor el nuevo código penal, a las personas que sean detenidas por ejercer la prostitución no se les aplicará el índice peligroso.
“Ya no sucederá así, pero, además, desde hace mucho tiempo al estado peligroso –que tiene que ver con la prostitución como con otras conductas antisociales– se le ha incorporado también la normativa del debido proceso”, afirma Molina Rodríguez.
¿Qué significa eso? De acuerdo con el presidente de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo Popular (TSP), esas personas tienen “un grupo de garantías de derechos, de representación, de proponer pruebas, para que verdaderamente se demuestre cuál es la conducta en que se ha incurrido y qué grado de peligro tiene. Además, también hemos estado velando por que en los procesos se incorpore la prevención social”.
Añade que una persona detectada cometiendo una de estas manifestaciones, como la prostitución, primero es entregada a los órganos de prevención. “Solo van a ser procesadas aquellas personas que reiteradamente continúen y no se logre corregir su conducta”, aclara Molina Rodríguez.
¿Aun cuando no estén asociadas a delitos? ¿Si es recurrente el ejercicio de la prostitución sí se aplicaría esta medida?, preguntamos.
El magistrado responde que “lo dejaría de ser como estado peligroso cuando entre en vigor el código penal. Pero en estos momentos pasa por estos dos cauces que explicaba: que se haya agotado todo un proceso de prevención por las instituciones (que mucho logro tienen, porque se logra incorporar a la mayor parte de estas personas y alejarlas de la actividad), y solo aquellas manifestaciones más recurrentes y graves son las que se llevan al proceso penal con el debido proceso, una vez demostrado que la persona lo ejerce. Eso es lo que sucede actualmente”.
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Existe una discusión académica sobre si se debe legitimar la práctica de la prostitución en Cuba. Sobre el tema, la profesora de Derecho Arlín Pérez Duharte considera que “la prostitución es un problema social, algunos piensan que legalizándola, creando zonas de tolerancia, teniendo un andamiaje legislativo como hay en otros países, se resolverá el problema. La legalizamos, la permitimos, hacemos zonas, creamos un sistema de salud pública y, entonces, ¿qué ocurrirá? A mí no me parece que ese sea el camino”.
Para Pérez Duharte “lo primero que hacen las normas jurídicas es intencionar un comportamiento. De ahí la importancia de llevar estos temas a las universidades, para cambiar el fenómeno y no dejarlo a la espontaneidad”.
En cuanto a la prevención, la abogada sostiene que hay un amplio camino por recorrer, porque con las personas que ejercen la prostitución es necesario trabajar y no solo decirles qué deben hacer.
“Hay ejemplos, como el de Suecia, donde se ha intentado, sin mucho éxito, sancionar al hombre que sea cliente de los servicios de la prostitución. Otros países como Alemania, Austria o los Países Bajos han regulado la prostitución, cobrando impuestos y considerándola una trabajo más. En Alemania, luego de que se inscriben, reciben una especie de carné de ‘prostituta’”, cuenta el escritor y doctor en Ciencias Sociológicas Victor Hugo Pérez Gallo.
En esos países –agrega Pérez Gallo–, la consideración es que cada cual es libre de hacer con su cuerpo lo que estime, “pero la cuestión de fondo de los defensores de estas leyes es no decir un elemento que está en el fondo del asunto de la prostitución: las relaciones desiguales de corte simbólico y socioeconómico llevan a que estas mujeres ejerzan la prostitución y que caigan, en muchos casos, en manos de mafias que lucran con el cuerpo femenino y a las que les viene genial que parezca ‘glamoroso’ el ejercicio de la prostitución (muy buen marketing gratis que le hacen muchas series y películas).
Reitera que en esos países la consideración es la siguiente: “Mucho mejor que lo legalicen como un trabajo más: no estarían en el limbo de la ilegalidad y serían empresarios de la carne femenina. Hombres respetables que pagan sus impuestos a la sociedad a través de los limpios ingresos de sus trabajadoras”.
Para el experto, en Cuba la situación es diferente, “no existen mafias que hagan trata de blancas y no existe, de momento, la prostitución organizada”. Sin embargo, insiste en que se deben abordar las causas.
Por su parte, la profesora Pérez Duharte considera que es crucial buscar alternativas para los jóvenes, relacionadas con el acceso a la educación y el trabajo. “Algo importante es que se sientan motivados a realizar sus proyectos de vida de otra forma, pero eso conlleva una política social y de país, pensada y bien articulada”.
Pérez Gallo opina que es evidente que “el trabajo de las instituciones no ha sido suficientemente efectivo, porque el cambio debe venir desde lo educativo y no desde lo represivo, al tratarse de un fenómeno que es cultural”.
“Desgraciadamente, en Cuba, sobre todo en los polos turísticos y ciudades como La Habana, Camagüey, Trinidad y Santiago de Cuba, las prácticas sociales de la prostitución femenina no solo no disminuyen, sino que en las actuales condiciones socioeconómicas me atrevería a opinar que crecerán exponencialmente, por lo que se necesita urgentemente un plan de trabajo a nivel nacional, macro y micro, que minimice este crecimiento”, afirma.
La doctora Iyamira Hernández Pitala, profesora de Sociología de la Universidad de La Habana, comenta que, si se legitima la práctica de la prostitución en Cuba, habrá un mejor control sobre las personas que la ejercen. “Incluso, un fenómeno que está vinculado a ella, el acoso al turismo, en particular en nuestro contexto, pudiera ser controlado. Otro elemento es todo lo vinculado con la salud sexual de estas personas”.
Hernández Pita apunta que es necesario generar estructuras para el control social del fenómeno y visibilizarlo, “tener la claridad de que está”.
La prostitución –señala– ya no solo se encuentra en las calles. Ellos tienen sus plataformas digitales de sitios de encuentro, y por ahí se citan, se conocen y ofertan su trabajo. Ha variado en su forma de expresión.
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Hace unos años Lucía fue diagnosticada con VIH. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
Son las 3:22 de la tarde del penúltimo sábado de febrero. La Habana, 2022. Lucía llega al Parque Central y esboza una sonrisa forzada tras la mascarilla.
En una ocasión, nos dijo que la vida de las prostitutas es como la del payaso: sonríes por fuera, aunque no tengas ganas. Lucía sale por las noches a vender su cuerpo y a veces se divierte con algún cliente, pero está triste. La tristeza es un estado del alma. No es fácil reconocerla a simple vista.
En el brazo izquierdo tiene tatuado el nombre de su madre. En otro punto del cuerpo lleva afincado en tinta el nombre de su sobrina, y en otro, un reloj indio –¿o era egipcio?, no recuerda– enredado en unas rosas. El reloj fue el primero que se hizo, como experimento de un amigo que empezaba a tatuar. La vida de Lucy ha sido eso: un experimento. Quizás la vida de todos lo sea.
Dice que quiere vincularse al Cenesex para tomar el Androcur, un tratamiento hormonal que, a decir de ella, “trabaja cara, tetas. No te sale barba y te pone muy femenina”.
En un artículo científico publicado en la Revista Cubana de Endocrinología en 2019, se expone:
“Las personas con disforia de género sienten incongruencia entre el sexo con el que nacen y aquel al que sienten pertenecer, por lo que necesitan adaptar su cuerpo a este último, y uno de los pilares en el logro de ese propósito es el empleo del tratamiento hormonal cruzado”.
Lucy también quisiera operarse, aunque siente miedo: “Dicen que duele mucho y es muy complicado. Pero me gustaría”.
Nos hemos pasado la tarde haciéndole preguntas, hurgando en su historia, hasta que ella nos pone delante una interrogante que nos saca las risas:
“¿Ustedes no saben que a mí un día me llamaron pa’ una película sobre travestis? Pero no se dio. Yo quisiera hacerlo algún día, para decir las cosas como son, que me monten para la estación de policía, yo dando escándalo… para que todo el mundo vea cómo es la vida del gay”.
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En el trabajo no saben que Lucy se prostituye, aunque ella cree que se lo imaginan. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Lucía se levanta temprano, sobre las seis de la mañana, y sale a enfrentarse al transporte público de La Habana. Tiene que estar a las ocho en el hospital. Llega sobre las 7:15 o 7:30, vestida de civil, con las trenzas sueltas y el pantalón ajustado al cuerpo.
Le entregan la guardia, se pone la ropa verde y empieza a fregar todo el material que utilizaron los cirujanos. Clasifica pinzas y tijeras y las sumerge en un recipiente con alguna solución. Después cuenta cada uno de los instrumentos, hasta que estén todos.
A finales de noviembre, comenzó a trabajar en un hospital de La Habana. “Lo hice para salirme de las malas noches. Además, es un salario fijo todos los meses. Y en el mundo de la prostitución, cada vez que tú sales no siempre haces dinero. La travesti que te diga lo contrario, es mentira”.
En el trabajo no saben que Lucy se prostituye, aunque ella cree que se lo imaginan. Desde que entra al hospital, se siente mejor. Es el antónimo de la frustración que vive a diario en su casa. “Yo entro por el cuerpo de guardia y ya soy libre, mis amistades médicos se llevan bien conmigo, me tratan bien, no hay ningún tipo de homofobia. Allí me siento amplia, me siento yo”, cuenta antes de despedirnos frente al Capitolio.
Mañana tiene guardia en el hospital. En la tarde nos escribe: “Mándenme el enlace del reportaje, a ver si me quiere abrir en el teléfono este que es superlento y se pone pesadísimo pa’ cargar. Miren a ver, editen bien esas fotos, caballero”.
***
Han pasado dos meses. Es abril y le volvemos a escribir:
–¿Cómo estás? Cuéntanos del hospital.
–Lo dejé porque tuve problemas con una enfermera ahí. A eso súmale los problemas con mi madre y mi familia, que no me apoya para nada. A ellos no les importa un carajo si existo o no.
Dice que ha bajado de peso, que se sigue prostituyendo por las noches. “No como antes, pero tengo que hacerlo, si no, ¿cómo vivo? Lo que les cuento es poco. Tenemos que sentarnos a hablar en estos días. Cada vez que yo hablo de estas cosas de mi vida, me quito un peso de arriba, me desahogo muchísimo. ¿Entienden?”.
“No te pierdas”, le respondemos. Se desconecta.

Lucía en el Paseo del Prado, La Habana. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
* Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de las personas entrevistadas.
En video, la historia de Lucía
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La prostitución es decisión personal, tiene que ver con decencia, con dignidad, con respeto de si mismo. La Revolución abolió la prostitución. El juego y la droga y que pasa hoy? Se justifica todo eso y se practica. En fin, todo parece indicar que los valores más genuinos del humanismo revolucionario se han perdido. Entonces, que se legalicen todo eso y se delimitan bien las cosas. Xq de esta manera todos seremos víctimas de todas esas indecencias que se practican abiertamente y no pasa nada, todo justificado.
Es muy triste esta realidad , pero se nos ha escapado de la mano .
Hay mucha influencia de sociedades exteriores que muchas veces manejadas por poderes o falderos de estos buscan descomponer exubersndo la avaricia en jóvenes , fundamentalmene de estos tiempos de eterotipos .
A nuestra generación nos educaron a conformarnos con lo que podíamos tener . A nunca publicar qué comíamos o dejamos de comer , A no envidiar lo de otro , a ser honrado , al respeto a trabajar para lograr lo necesario .
Ahora , cuántos padres suele decir a los bebés dile a x , voy a buscar un Yuma para que de pesos . Así pasa el tiempo ...
Son muchas las mujeres , que prefieren a un hombre que se la ponga toda a dedicarse a trabajar , aunque esa persona la humille. ultraje , maltrate .
Seguro han observado que las niñas ya no visten como tal .
Ha de hacerse un estudio minucioso sobre esto que sucede , no sólo con profesionales sino con mibros simples de la sociedad .Puede ser a manera de encuestas con preguntas sencillas pero inteligentes .
Es muy triste esta realidad , pero se nos ha escapado de la mano .
Hay mucha influencia de sociedades exteriores que muchas veces manejadas por poderes o falderos de estos buscan descomponer exuberando la avaricia en jóvenes , fundamentalmene de estos tiempos de eterotipos .
A nuestra generación nos educaron a conformarnos con lo que podíamos tener . A nunca publicar qué comíamos o dejamos de comer , A no envidiar lo de otro , a ser honrado , al respeto a trabajar para lograr lo necesario .
Ahora , cuántos padres suele decir a los bebés dile a x , voy a buscar un Yuma para que de pesos . Así pasa el tiempo ...
Son muchas las mujeres , que prefieren a un hombre que se la ponga toda a dedicarse a trabajar , aunque esa persona la humille. ultraje , maltrate .
Seguro han observado que las niñas ya no visten como tal .
Ha de hacerse un estudio minucioso sobre esto que sucede , no sólo con profesionales sino con mibros simples de la sociedad .Puede ser a manera de encuestas con preguntas sencillas pero inteligentes .
Es bastante extraño ver como se habla de la prostitución en este texto, puesto antes eso era tabú, y se hacía como si no existiera el fenómeno; pero bueno, supongo es mejor ver la realidad tal cual en lugar de estar soñando con un mundo ficticio de maravillas, y por mi parte considero la gente debe ser libre.
En un cierto número de países incluso existen prostitutas empleadas por el estado, o eso leí si mal no recuerdo, allí les llaman trabajadoras sexules pero su trabajo consiste en lo mismo, son prostitutas con respaldo del gobierno, porque parece descubrieron su actividad propicia estabilidad social.
Pero una cosa es cierta, dado es imposible impedir la prostitución, y más cuando imperan condiciones de pobreza, más vale tener prostitutas bien atendidas, con un buen control sanitario y libres de enfermedades, y así se puede lograr impedir la propagación del VIH y otros males, lo cual no se logra si la prostitución es prohibida por la ley, porque por mucha ley existente siempre habrá prostitutas, es como las drogas, siempre habrá tráfico en tanto existan consumidores dispuestos a pagar por ese producto, cuando no existan los consumidores, se acabó el tráfico.
Una persona que le ponga tarifa a sus actos sexuales no es peor que quien se casa o permanece en una relacion afectiva de cualquier tipo para obtener beneficios materiales y profesionales. Lo peor de la prostitucion como actividad es el ;listado de vicios y flagelos que se le asocian: El trafico de personas, la corrupcion de menores, el consumo y venta de sustancias prohibidas, el robo, el crimen. Es cierto que una mujero o un hombre "hacen con su cuerpo lo que quieran", pero es muy triste que una adolescente celebre unos quince pagado con el sudor de su..., en una celebracion donde su familia se codea orgullosamente con clientes presentes, pasados y futuros; en una comunidad no precisamente del tipo marginal. Es muy triste tambien que un joven entienda que tiene que prostituirse porque su madre no le permite "independizarse", entendiendo como tal que le regalen y le avituallen un hogar. Estos son a mi juicio los matices propios de la prostitucion en nuestro pais: su devenir, junto al parasitismo, en paradigma social ampliamente reconocido.
La prostitucion siempre ha existido y siempre va a existir. En otros paises la solucion ha sido permitir el ejercicio de la profesion de "escort social" y el funcionamiento de prostibulos o zonas rojas, bajo la extricta exclusion legal de trabajadoras no sindicalizadas, uso de drogas o presencia de menores de edad. Esto persigue atenuar la solicitacion e incitacion en las calles, la explotacion y la vulnerabilidad a que se exponen las personas desprotegidas legalmente.
Se habla de las prostitutas que andan por calle cobrando pero nada se dice de las jóvenes que están con altos funcionarios que le triplican la edad . Lo hacen por las prevendas que reciben : regalos , estancias en casas u hoteles en la playa , el buen carro estatal , etc
Esas tambien son prostituras
Y también existe la prostitución masculina .
Esta serie de reportajes me encantó. Toca puntos muy oscuros de la sociedad que hay que visibilizar.