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“El diario de René”: Vetos perentorios y racismo en la Corte

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Hoy es viernes 8 de diciembre y son las 7:00 a.m. Espero cubrir el resto de la semana, reducida en dos días debido a un problema de enfermedad de un jurado.

La siguiente caricatura es una versión de la que Gerardo hizo cuando la insinceridad de algunos panelistas solo era todavía una premonición para nosotros. Se la sugerí a propósito de la mañana terrible que acabo de narrarte.

En la tarde del lunes, a las 3:00 p.m. comienza el desfile de otros posibles jurados. Después de abrirse la tanda con otra cubana intransigente, el panorama comienza a cambiar y, aparte del anglo que le siguiera –muy preocupado por el impacto entre sus amistades cubanas–, el resto de los candidatos parece arreglar un poco la perspectiva. Al terminar la tarde se habían examinado otros veinticinco candidatos de los que quedan, para el último grupo, veinte personas, incluidos la mayoría de los que soga y cuchillo en mano han venido en la mañana a decir que serían “imparciales”.

Al final de la jornada los abogados pusieron una moción para que la jueza ampliara los vetos perentorios de la defensa en tres, arguyendo que por la mañana, entre quienes no habían podido eliminar por causa, había una cantidad significativa de personas que, no obstante, habían expresado prejuicios contra nosotros. La Fiscalía se resistió sabiendo que el panel de la mañana había puesto la balanza definitivamente a su favor, y pidió a la jueza que dejara los vetos perentorios en quince para la defensa y nueve para la Fiscalía, como se había establecido antes. Tras escuchar a ambas partes, la jueza se reivindicó y aceptó la petición de la defensa, admitiendo que, efectivamente, por la mañana se había visto un desbalance en detrimento nuestro, por lo que era justo incrementar en tres nuestros vetos perentorios y, consecuentemente, en dos los de la Fiscalía, según proporciones que dicta la ley. Entonces la Fiscalía responde con una actitud que marcará un hito vergonzoso en este proceso: pide que se excluya a una señora negra ¡porque toma pastillas dos veces por mes para la migraña! Y la jueza acepta la propuesta.

Caricatura: Gerardo Hernández Nordelo/Desde el banquillo.

El martes fue el día de san Hipólito y san Labañino...

El Faquir y yo nos levantamos con la curiosidad despierta: ya McKenna había admitido en la Corte, como de pasada, que su cliente se llamaba Gerardo Hernández; pero todavía no sabíamos cómo se llamaban Campa y Medina, quienes aprovecharían sus argumentos iniciales, programados para el día siguiente, para identificarse ante el jurado.

Les presionamos para que nos dijeran sus nombres y así pudimos enterarnos de que Medina se llama Ramón Labañino, y Campa, con cara de pena, nos confesó que se llamaba Hipólito González. Calculo que nos tomará una hora aprendernos el apellido Labañino y creo que bastante más para dejar de reírnos del nombre Hipólito.

La sesión de ese martes 5 comienza con los últimos panelistas que entrevistaremos. En total son diez. Nos toma hasta el mediodía procesarlos. De ellos aprobamos cinco, con los que se llega a la cifra de cuarenta y nueve, que nos permitirá ejercer, a ambas partes, nuestros vetos perentorios.

Una maniobra de la Fiscalía marca el final de la mañana: en esta ocasión trata de sacar del panel a otra señora negra, de nombre Bridgette Hanies, con el pretexto de que había llegado tarde a la sesión. Esta vez la jueza no lo autoriza y Bridgette queda en la lista.

Tras tomar un descanso para almorzar, a las 12:45 estábamos de vuelta para proceder a la parte decisiva de la selección del jurado, es decir, el ejercicio de los vetos perentorios por cada parte.

Este proceso es interesante y aunque parece que hay varias maneras de hacerlo, solo conozco la que se aplicó en nuestro caso y que te describo a continuación.

La jueza va leyendo, uno a uno, los nombres de quienes quedan en la lista, y cada parte va diciendo si lo acepta o si lo veta. Las partes tienen la primera palabra alternativamente, de manera que si la defensa tiene la prioridad en cada nombre impar, la Fiscalía lo tiene en cada par. Las personas que no son vetadas por alguna de las partes son las que quedan en el jurado y el proceso termina cuando se tienen las doce, repitiéndose entonces con los cuatro suplentes, respecto a los cuales cada parte tiene dos vetos perentorios.

Es un ejercicio de táctica y estrategia que sería divertido si no estuviera en juego el pescuezo propio. Porque cada parte prepara su lista de vetos y también la de quienes le parecen peligrosos, para aplicarles el veto que quede a su disposición, en caso de que la otra parte haya ejercido ese derecho sobre algún nombre que, desde ya, hubiera estado en la lista propia, lo cual significa que la parte opuesta le ahorra un veto.

Se decide que el gobierno ejerza primero con los impares y la defensa con los pares:

  • Primer jurado, Gil Page, aceptado por ambas partes.
  • Segundo jurado, David Bucker, aceptado por ambas partes.
  • Tercer jurado, Steven Gair, vetado por la Fiscalía.
  • Cuarto jurado, María González, vetado por la defensa.
  • Quinto jurado, Diana Barnes, aceptado por ambas partes.
  • Sexto jurado, Marco Barahona, eliminado por la Fiscalía.
  • Séptimo jurado, Joseph Paolercio, eliminado por la Fiscalía.
  • Octavo jurado, Laverne Greene, eliminado por la Fiscalía.
  • Noveno jurado, Ileana Briganti, vetado por la defensa.
  • Décimo jurado, John Gómez, vetado por la defensa.
  • Onceno jurado, Sonia Portalatin, aceptado por ambas partes.
  • Duodécimo jurado, Lázaro Barreiro, vetado por la defensa.
  • Decimotercer jurado, Belkis Briceño, vetado por la defensa.
  • Decimocuarto jurado, Omaira García, aceptado por ambas partes.
  • Quinceavo jurado, Michelle Peterson, vetado por la Fiscalía.
  • Decimosexto jurado, Elthea Peeples, aceptado por ambas partes.
  • Decimoséptimo jurado, Louise Cromartie, vetado por la Fiscalía.

Los abogados de la defensa se dan cuenta de que la Fiscalía está siguiendo un patrón racial, al tratar de eliminar a la mayor cantidad de negros; y McKenna, hablando en nombre de los cinco abogados, pide un aparte para conferenciar con ellos. Al parecer deciden no objetar por el momento, y esperar a ver si el patrón se mantiene.

  • Decimoctavo jurado, Wilfred Loperena, aceptado por ambas partes.
  • Decimonoveno jurado, Kenneth McCollum, vetado por la Fiscalía.

Otro negro más, en este caso un oficial de correcciones, de quien, en todo caso, se podía esperar que fuera preocupación de la defensa. McKenna explica a la jueza que la Fiscalía está siguiendo un patrón racial, al haber sacado cuatro de seis negros, y pide que la Fiscalía dé una explicación no racial de por qué ha excluido a los dos últimos: una señora mayor de credenciales impecables y un oficial de correcciones, también sin un elemento negativo para la Fiscalía.

Los fiscales objetan, pero la jueza decide que se escuche la reclamación de McKenna, y da lugar a un conciliábulo bastante prolongado en la mesa de la Fiscalía.

Tras mucho deliberar, explican que la señora Cromartie viajó a Cuba en los años 60, que no está de acuerdo con la política de inmigración de Estados Unidos que favorece a los cubanos por sobre otras etnias y que cuando respondió a los cuestionarios de la jueza se cruzó de brazos y no la miró de frente.

Paul responde diciendo que otros jurados con más fuertes objeciones a la política migratoria, como el señor Paolercio, no habían sido objetados por la Fiscalía, pero la jueza encuentra que se han expuesto razones racialmente neutrales y excusa a la Fiscalía.

Por su parte, la Fiscalía explica el veto al señor McCollum diciendo que como era oficial de prisiones tenía relaciones con presos, por lo que no lo quería en el jurado.

Paul aduce que en los días anteriores, cuando un oficial de prisiones, que incluso había tenido contacto con nosotros, explicó esta relación, la Fiscalía se había opuesto fuertemente a que se le excusara, lo cual contradecía lo que ahora estaba planteando contra McCollum. De todos modos, la jueza vuelve a excusar a la Fiscalía y acepta su explicación como racialmente neutral.

Y sigue la fiesta...

  • Vigésimo jurado Morton Lucoff, vetado por la Fiscalía.
  • Vigésimo primer jurado, Florentina McKain, vetado por la defensa.
  • Vigésimo segundo jurado, John McGlamery, vetado por la defensa.
  • Vigésimo tercer jurado, Richard Campbell, aceptado.
  • Vigésimo cuarto jurado, Queen Lawyer, vetado por la Fiscalía.

Otra persona negra y McKenna no perdona, se para y pide que la Fiscalía dé una explicación racialmente neutral para el veto.

La Fiscalía encuentra una razón algo más plausible en este caso: la señora tiene un sobrino que fue convicto, y no cree que fue tratado con justicia por el sistema legal. La jueza acepta la explicación y se prosigue:

  • Vigésimo quinto jurado, Jesse Lawhorn, vetado por la defensa.
  • Vigésimo sexto jurado, Bárbara Pereira, vetado por la defensa.
  • Vigésimo séptimo jurado, Ángel de la O, vetado por la defensa.
  • Vigésimo octavo jurado, Lilliam López, vetado por la defensa.
  • Vigésimo noveno jurado, Juanito Millado, aceptado. Este es el filipino que se había salvado la mañana del lunes.
  • Trigésimo jurado, Migdalia Cento, aceptado.
  • Trigésimo primer jurado, Miguel Hernández, vetado por la defensa.
  • Trigésimo segundo jurado, Hugo Arroyo, vetado por el gobierno.
  • Trigésimo tercer jurado, Leilani Triana, vetado por la defensa.
  • Trigésimo cuarto jurado, Sergio Herrán, aceptado.
  • Trigésimo quinto jurado, Rosa Hernández, vetado por la defensa.
  • Trigésimo sexto jurado –una señora negra–, aceptado por la defensa; los fiscales piden un momento para deliberar, pero se dan cuenta de que se han quedado sin vetos perentorios que ejercer: “Aceptamos a Ms. Vernon”. Y la señora Debra Vernon se convierte en el duodécimo miembro del jurado que nos juzgará, el cual es ratificado por las partes y la jueza.

Ahora comienza la selección de los cuatro alternos:

  • Trigésimo séptimo jurado, Haydée Duarte, vetado por la defensa (esta es la que tenía tres tíos que fueron a Playa Girón, pero aun así se declaraba imparcial).
  • Trigésimo octavo jurado, Wanda Thomas, vetado por la Fiscalía.

McKenna al ataque. Otra persona negra ha sido vetada por la Fiscalía y Paul pide que se explique la razón. La Fiscalía dice que la señora tenía los brazos cruzados durante el cuestionario y contestaba con monosílabos a las preguntas de la jueza; añade que nació en Panamá y que el acusado Antonio Guerrero tiene un hijo de mujer panameña. La jueza acepta la explicación de la Fiscalía y Wanda Thomas es excluida del jurado por falta de locuacidad y por panameñismo.

Este es un fenómeno curioso y demuestra cómo subyace el racismo en esta sociedad. Todos saben en la sala que las motivaciones de la Fiscalía son racistas, pero la jueza tiene que mantener un equilibrio y está en una situación comprometida. No es fácil exponer el juicio a tintes raciales y aceptar lo que se esconde detrás de los vetos de la Fiscalía; por otro lado, privar a cada una de las partes de un derecho como lo es el veto perentorio, llevaría al caos. Aunque sus decisiones en este caso pudieran ser en detrimento nuestro, me parece reconocer que tienen el salomónico motivo de evitar males mayores.

Seguimos eligiendo a los jurados alternos:

  • Trigésimo noveno jurado, Eugene Yagle, aceptado.
  • Cuadragésimo jurado, Luis Fernández, vetado por la defensa.

Ahora la Fiscalía a la riposta; todos los jurados de origen cubano han sido vetados por la defensa y la Fiscalía quiere una explicación sobre la razón del veto a este joven, que apenas ha expresado tener opiniones sobre algo.

Blumenfeld devuelve la jugada a la Fiscalía y refiere que el muchacho expresó dudas sobre si creería a un testigo que fuera oficial del gobierno cubano o miembro del Partido Comunista. Y añadiendo ironía a la jugada, dice que el joven estaba usando una gorra de pelotero y se sentó jorobado, lo cual indicaba poca atención al caso.

McKenna agrega a su vez que ve un problema de credibilidad, pues, siendo de origen cubano, dice no tener ninguna opinión sobre Cuba y eso le parece extraño.

La jueza termina aceptando las razones de la defensa.

Todos en la sala saben que, en efecto, los jurados de origen cubano han sido excluidos porque han expresado abrumadoramente prejuicios en contra nuestra, y porque, además, la nacionalidad cubana desempeña realmente un rol específico en este caso, a diferencia de la raza. La jueza continúa:

  • Cuadragésimo primer jurado, Odornia Homuska, vetado por la Fiscalía.

Otra mujer negra y McKenna en pie una vez más. La Fiscalía aduce razones de lenguaje y, de nuevo, que la señora es monosilábica. A decir verdad, las razones de lenguaje serían válidas si Migdalia Cento y Sonia Portalatin supieran algo de inglés, cosa que dudo. La jueza acepta y la señora Odornia se libra de servir en el jurado.

Después de haber agotado cada parte sus vetos perentorios en el jurado alterno, los tres candidatos siguientes pasan al panel final. Son Miguel Torroba, Marjorie Hahn y Beverly Holland, quienes se convierten en alternos dos, tres y cuatro respectivamente.

Es la 1:30 p.m. cuando ya tenemos un jurado de verdad, como en las películas. La jueza da las gracias a todo el mundo por el esfuerzo realizado en los últimos largos días; menciona a los letrados de ambas partes, al personal de la sala, al estenógrafo y a las traductoras; en fin, a todo el mundo menos a los que más madrugamos, es decir, los alguaciles federales y los defendidos, quienes nos marchamos de la sala compartiendo camaraderilmente la desgracia común del olvido de la jueza. Aunque estamos exhaustos, se nos informa que tenemos que esperar en las celdas-perreras hasta que venga la orden de la Corte. Nos dicen que mientras no localicen a las dieciséis personas del jurado no podemos irnos.

A las 4:30 p.m. se nos lleva de nuevo a la Corte porque dos de los jurados han planteado problemas personales y hay que discutir el asunto. Al llegar, nos enteramos de que Philip está en el hospital con su esposa, que tiene dolores en el pecho, aunque nada de importancia; pero se le permite participar por teléfono en las discusiones.

Resulta que el filipino Juanito Millado tiene a su madre enferma, en estado terminal, y no cree que pueda actuar como jurado. Por su parte el señor Eugene Yagle tiene que someterse a un examen invasivo del corazón el próximo jueves.

La jueza propone mover la lista para completar los espacios, y dar un veto perentorio a cada parte, para que puedan ejercerlo en los candidatos a jurados alternos que no habían sido considerados anteriormente.

La defensa plantea no necesitar ningún veto perentorio, pues las personas que están en sucesión inmediata no presentan ningún problema. Pero la Fiscalía tiene otro negro que eliminar, en esta ocasión un señor de aspecto realmente respetable, nombrado Louis Harrel, a quien yo acogería en cualquier jurado del mundo. La jueza trata de que ambas partes se pongan de acuerdo en si se les da un veto perentorio o no, pero como ninguna cede, decide que, para el próximo día miércoles, antes de los argumentos iniciales, se entrevistará a los señores Millado y Yagle para decidir qué hacer al respecto. Son más de las seis de la tarde cuando al fin termina la jornada.

Al regreso nos dedicamos a imaginar qué pasará en la Corte el próximo día, con los argumentos iniciales. Nos preguntamos si Mr. Norris habrá sido capaz de aprenderse el apellido Labañino, y si no estallará la sala en risas cuando Campa se identifique como Hipólito González. Llegamos al piso exhaustos, pero deseosos de volver al día siguiente para comenzar esta batalla. Como siempre, todos los presos, que han estado rezando por nosotros en estos días, nos reciben con afecto y solidaridad.

Y así termina el día de san Hipólito y san Labañino, que parece ser el que más espacio me ha tomado en este diario. He querido contártelo al detalle por todo lo que tiene de simbólico e interesante dentro del juicio y por lo gráfica que resultó la batalla final por la selección del jurado.

En este momento son las ocho de la noche y he empleado unas cinco horas para narrarte ese martes 5 de diciembre. Mañana me levantaré temprano para correr, llamarte por teléfono y ver si te puedo contar lo que pasó el miércoles, una jornada tan intensa e interesante como la anterior, pero aún más jubilosa. Aprovecho que Medina quiere escribir algo en la máquina para ir a ver la novela de Betty la fea.

Nos hablamos mañana...

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  • German dijo:

    Buenas tarde, excelentes articulos basados en su libro, gracias a su gran esfuerzo durante los años de encierro y continua lucha hemos podido saber cosas sobre aquel proceso y casi obra de teatro(de muy mal gusto) de los fiscales que los acusaron.
    Por suerte tengo los tres tomos del libro, pero me gustaria poder leer Los ultimos soldados de la guerra fria, que es otro excelente libro.
    Seria bueno que se publicara capitulos de este ultimo libro que mencione.

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René González Sehwerert

René González Sehwerert

Es uno de los cinco cubanos presos en Estados Unidos por alertar a Cuba de acciones terroristas organizadas en territorio norteamericano. Su causa tiene un enorme solidaridad internacional. Fue condenado a 15 años de prisión.

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