Imprimir
Inicio » Opinión, Política  »

Inquietud en el paraíso

| 3

Donald Trump dejó en el camino, por cada mes que vivió en la Casa Blanca, a uno de sus colaboradores. Foto: Reuters.

Sin pedigrí para un record sonado, no deja de contar con significativo promedio, lo alcanzado por Donald Trump quien dejó en el camino, por cada mes que vivió en la Casa Blanca, a uno de sus colaboradores. Una veintena de bajas entre renuncias o despidos, es el saldo. La cifra tiende a crecer y de guiarnos por los síntomas, el próximo pudiera ser el jefe del Pentágono James Mattis.

Siempre muy dado a los ditirambos, el presidente planteaba sobre el ahora cuestionado: Es “un verdadero general de generales”. Fue su enfoque mientras barajaba al ex marine para nombrarlo secretario de Defensa. Uno de los motivos para aquella simpatía  hacia Mattis estuvo en las contradicciones de este con Barak Obama, cuando el entonces jefe de estado negociaba el acuerdo nuclear con Irán.

Mattis fue un frenético crítico del pacto. Su enfoque negativo se basaba en apreciaciones revanchistas propias de muchos militares estadounidenses sobre el país persa, pues se remiten a los acontecimientos de 1979, cuando un movimiento popular-religioso provocó la huida del sha Mohammad Reza Pahlevi, quien había alcanzado el poder en 1953 a través de la Operación Ajax, un golpe de estado propiciado por Estados Unidos y Gran Bretaña, contra el legítimo gobierno de Mohammad Mosaddeq, para beneficio de empresas petroleras y en procura de asentamiento para una gigantesca base de espionaje enfocada hacia la URSS.

Mattis llegó a atribuirle a Teherán haberle dado preponderancia al  autodenominado Estado Islámico, pese a que los iraníes se involucraron temprano en combatir a esos terroristas, honrando un pacto de asistencia mutua mucho antes firmado con Siria, y movidos por principios contrarios al fundamentalismo yijadista.

Hacia el 2013 las tensiones con la administración Obama provocaron el alejamiento de Mattis de las esferas de decisión. Sin embargo, se le debe conceder el crédito de haber cambiado de opinión con posterioridad pues llegó a darle el visto bueno al acuerdo nuclear. Su rectificación no le hizo ninguna gracia a Trump, desde luego, y según aflora en este momento, no es el único punto de discrepancia con el presidente.

Se citan sus valoraciones sobre cómo abordar el caso de las armas atómicas de Corea del Norte. Según varias fuentes, insistió en reforzar el lenguaje político y abandonar las confrontaciones excesivas al dirigirse a Pyongyang.

¿Le escuchó Trump o recibió similar consejo de otros funcionarios? En  la práctica fue esa estrategia la más respetuosa y facilitó la cumbre en Singapur con Kim Song-un así como los avances en el transcurso para desnuclearizar la península coreana. Progresos que Trump se auto atribuye, olvidando que otros presidentes (de EE.UU. y del Norte y el Sur coreanos) también prosperaron en un camino para el cual es deseable esta vez buen desenlace.

Es muy interesante que un general de cuatro estrellas, con ideas y un historial agresivo cardinal que le valieron el mote de perro loco, haya defendido posiciones constructivas de esa naturaleza. Mattis, aseguran además, es defensor del establecimiento de dos estados en territorio de la Palestina histórica y, en consecuencia, no debe concordar con las acciones de Trump que potencian desmesuradamente la parcialidad de la Casa Blanca hacia Israel. No por arranque humanitario o justiciero, sino para frenar la pérdida de apoyo por parte de los socios árabes de EE.UU. Con o sin fuste piadoso, su perspectiva tiene mucho de pragmatismo clásico.

Realismo parecido se entiende el usado por Mattis para tranquilizar a los europeos ante las destemplanzas y el unilateralismo de Trump. No ha tenido hasta el momento potestades o influjos especiales en el actual gobierno, pero si sale por sí mismo o lo echan, es muy posible un aumento de la incertidumbre y las inquietudes que provoca el magnate asentado en la Sala Oval y colaboradores tan radicales como él.

Sale a relucir, como en el caso de la dimitente Nikky Haley, la figura de John Bolton, quien sobre todo en cuanto respecta al jefe del Pentágono, está más vinculado a sus asuntos, debido a su cargo de asesor de seguridad nacional. Ese puesto de título con apariencia inocua, posee un poder significativo en el ejecutivo norteamericano. Se deberá recordar la supremacía alcanzada por “el coronel más poderoso del mundo”, Oliver North, y su peso en todo cuanto rodeara la venta de armas en plena guerra entre Irán-Irak, y el padrinazgo material y político dado a la contra nicaragüense, durante el mandato de Ronald Reagan. Bolton, encima, acumula una corpulenta experiencia sobre los meandros del poder.

Solo el tema del acuerdo nuclear con Irán marca distancias en el criterio de Mattis y Bolton, este último enemigo total del pacto. Distintas publicaciones aseguran que desde comienzos del presente año había discordancias entre el general retirado y el presidente, (Mattis se opuso también  a la “guerra de las galaxias”, el nuevo juguete de Trump). Si es cierto que no le hacían saber asuntos importantes o no se tenían en cuenta sus opiniones, estarán cerca las definiciones finales.

Trump fue suficientemente claro en la entrevista concedida a la televisora CBS, cuando tachó al secretario de defensa como “una especie de demócrata”. Como le es usual, cantinfleó después sobre el tema, pero sus palabras sonaron a ofensa hacia el interpelado, para precipitar su alejamiento. Casi a seguidas Trump defendió su derecho a “cambiar las cosas”.

“Tengo gente ahora en espera que será fenomenal. Entrarán en la Administración, serán fenomenales”. Pese a la cola con funcionarios de repuesto a los cuales alude, no tenía candidato para sustituir a la renunciante embajadora en ONU. Una que -ya ven- parecía ser un sonoro eco de Trump, pero algo trabó esa re consonancia. Algún día se sabrá con exactitud las verdades tras esa ruptura.

Lo anunciado por el mandatario, tiene muchas trazas de ser un barrido a fondo para filtrar a quienquiera fuese quien aseguró de forma pública sobre un bloque de resistencia dentro del gobierno. Los moderados o con criterio propio, aquellos capaces de ripostar al presidente, no tienen cabida a su vera. Casi extraordinario que exista alguno con esas características, pero ya estamos viendo: las reglas siguen teniendo excepciones. Incluso sorprendentes.

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • m&m dijo:

    esto se esta poniendo mucho peor que el Bush-ito. si les sueltan las correas completas a la jauria el mundo sufrira muchisimo, mas de lo que sufre

  • Yulaidi Dinza Cerce dijo:

    Trump no deja de sorprender, siempre tiene algo bajo las mangas, es muy impredecible pero siempre a su favor no importa quién se caiga.

  • Jorge Cisnero Enamorado dijo:

    La estrategia del remplazo de los consorcios de Trump no han funcionado ni podrán funcionar con una maquinaria agresiva, guerrerista y rasista. Ahora subirán otros corredores de esa política que finalmente engrosarán el proceso regresivo de una estancia ingrata al lado del monstruo del siglo XXI.

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

Vea también