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¡Gracias, Director!

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César Gómez Barranco. Foto: Agustín Borrego Torres/ Trabajadores.

Entró al hospital caminando, pero casi imposibilitado de respirar. Hicieron todo por reanimarlo, veinticuatro horas después el asma le ganó el último respiro, y su corazón se detuvo definitivamente. Aunque no era noticia de prensa: había muerto, anónimamente, un gran hombre. Casi un año después, acopio el ánimo suficiente para regalar estas líneas a ese ser admirable que fue mi padre.

Cuando hoy nos alarman tanto los casos de algunos dirigentes y funcionarios públicos acomodados o corrompidos, el ejemplo de César Gómez Barranco merece conocerse. Porque, como él mismo afirmaba constantemente, son muchos, muchísimos más los hombres y mujeres que por méritos propios han recibido y asumido la responsabilidad de dirigir fábricas, escuelas, granjas, hospitales, teatros, unidades militares… y lo han hecho con total honradez, enormes sacrificios y gran humildad.

Estos recuerdos son un homenaje a todos esos y esas dirigentes a cualquier nivel, que no han traicionado jamás la confianza del pueblo al cual se deben. Cumplir con el deber ha estado siempre por encima de salarios, premios, medallas, autos, viajes, ascensos, o prebendas. Este es también un homenaje a ese otro padre que también extrañamos cada día los revolucionarios cubanos.

Onces meses atrás sus familiares más cercanos celebramos con el viejo César aquel que sería su último día de los padres. Pocas semanas después, fuimos prácticamente las mismas personas quienes esparcimos las cenizas de su cuerpo en el lugar que ocupara la Escuela de Cuadros de Mando Agrícola del Partido (ECMA), en el reparto la Coronela, al oeste habanero. Más de una vez mi padre había expresado el deseo de unirse alguna vez y para siempre a su querida “escuela de cuadros”, allí donde fue tan feliz, un director inmensamente feliz.

Años de felicidad y escaramuzas fundacionales

La Revolución le entró por las venas. Apenas rebasaba los veinte años cuando salió a la calle a recibir en La Habana a la Caravana de la Libertad. Como confesó en una entrevista que le hicieron mucho después, algunos en la familia miraban fijamente los rostros de cada barbudo, convencidos de que entre ellos estaría la sonrisa inconfundible del tío Raúl Gómez García. Era una esperanza que albergaban aún cinco años, cinco meses y cinco días después de saberle asesinado en las mazmorras del Cuartel Moncada. Para el joven César su tío menor, su amigo, su compañero de voleibol y paseos por el Malecón se convirtió en el ejemplo a seguir, por eso los finales de los cincuenta lo sorprenden distribuyendo clandestinamente bonos del 26 de Julio.

Como la mayoría de los jóvenes cubanos, el mayor de los tres Gómez Barranco se montó de inmediato en la ola revolucionaria: cambió el aire acondicionado de su banco americano por las noches de guardias, el batallón miliciano, la movilización de Girón, la escuela militar, las clases como profesor de política, los grados de teniente y con orgullo su pistola P-38 al cinto del traje verde olivo. Cómo no recordar la famosa marcha miliciana de los 62 kilómetros, el 6 de noviembre de 1960, pues al regresar esa tarde se enteró de que mi madre estaba dando a luz. Llegó tan desbaratado a la clínica donde yo estaba naciendo, que le ofrecieron una camilla al confundirlo con un paciente.

Trabajaba ya, sin horas y sin descanso, en el Comité provincial del Partido de la capital, cuando recibió la tarea de fundar la escuela de Escuela de Cuadros de Mando Agrícola del Partido, concebida por Fidel, para ofrecer educación e instrucción a miles de campesinos, algunos casi analfabetos, que debían convertirse en los nuevos dirigentes revolucionarios que necesitaba la agricultura del país.

“César nunca fue tan feliz como en aquellos años, entre 1968 y 1972, cuando dirigió la escuela”, recuerda Bibiana Faxas, su fiel esposa y colaboradora desde entonces. “Allí conspiraba con Fidel y hacían planes sobre el futuro de Cuba”.

Cuenta Bibi que una de esas veces cuando el Comandante se aparecía por sorpresa en la escuela, comienza, como era su costumbre, a preguntarle en ráfaga a mi padre:

— ¿César, cuántos alumnos tenemos en la escuela?

— Tantos, Comandante, -respondía exactamente el viejo, que entonces apenas rebasaba los treinta años.

— ¿De qué especialidades?

— De tal, más cual y aquella otra -volvía a responder con seguridad y conocimiento mi padre.

— ¿Cuántos hombres y cuántas mujeres estudian? ¿Tienes la edad promedio? -atacaba nuevamente Fidel, y el viejo respondía con corrección.

— ¿De ellos, cuántos casados? -Nuevamente una respuesta más o menos precisa…

— ¿Y de los casados cuántos son de Santiago de Cuba?

— Pero, Comandante, eso sí que ya no se lo puedo contestar.

Dice Bibi que Fidel sonrió como un niño y pasándole el brazo por el hombro al viejo le dijo: “pues, director, tendremos que saberlo, porque vamos a hacer más llevadera la estancia de esos hombres y mujeres en la escuela. Vamos a construir un edificio con el trabajo voluntario de los propios alumnos, para que sus familias puedan venir a vivir aquí y apoyarlos mientras ellos estudian…”

Fue de esa manera, y no de otra, como Fidel y mi padre planearon el embrión de lo que después se convertiría en el movimiento de microbrigadas para la construcción de viviendas.

Pero ahí no paró la cosa, el Comandante venía a cada rato a ver cómo iba la construcción de aquel primer edificio de cuatro pisos. Una de las veces se encontró a mi padre, cuchara de albañil en mano, ayudando a levantar una pared. Fidel entre bromas le preguntó si aquello no se caería. Fue durante una de esas visitas, cuando el edificio estaba casi terminado, que  el Jefe de la Revolución retó a César a ver quién de los dos llegaba primero al último piso; mi padre se rindió de inmediato: el Comandante supo entonces que el director de la escuela era un asmático crónico.

Recuerdo bien el día de la inauguración. Fidel llegó en sus yipis sin ventanillas  ya entrada la tarde, y poco después comenzó el acto junto al reluciente inmueble. Sentado a un costado, frente a la tribuna, yo reventaba de orgullo al ver por primera vez a Fidel escuchar el discurso de otra persona: mi padre, quien contaba cómo habían logrado construir en mínimo tiempo aquel primer edificio de microbrigada. Visiblemente emocionado, el viejo terminó sus palabras y se dispuso a regresar a su asiento, Fidel no lo dejó llegar: “César, te faltó el Patria o Muerte”, le susurró, y mi padre subió al podio a corregir el error. Obviamente –me confesó el viejo mucho después– él estaba convencido de que el único que podía terminar sus discursos con aquel ¡Patria o Muerte, Venceremos! era el Comandante.

Fue en esos años, antes y durante la zafra del 70, cuando mis vacaciones de verano comenzaban y terminaban en un surco. Mucho antes de que se constituyera el contingente Blas Roca, la ECMA, con su director al frente, marchaba como contingente (así se le denominaba) a cumplir tareas principales de la Revolución, fundamentalmente en la zafra azucarera. “Ustedes son  mi reserva”, les decía constantemente Fidel.

De esas movilizaciones un suceso todavía me conmueve. Nunca lo he contado. Estábamos en plena zafra de los Diez Millones, cuando una mañana al puesto de mando del contingente llegó un compañero con la noticia de que los camioneros que debían llevar las cañas al central se negaban a recogerlas, porque había llovido mucho la noche anterior, y ellos afirmaban que era muy peligroso bajar los camiones cargados de aquella loma. Mi padre no lo pensó dos veces; su chofer y yo apenas lo alcanzamos cuando ya ponía en marcha el yipi en dirección al problema.

Llegamos y, efectivamente, al pie de la loma estaban los camiones y sus choferes de brazos cruzados. “No se bajen”, nos ordenó el viejo, y  muy serio fue a conversar algo con aquella decena de hombres, la mayoría de ellos jóvenes y fornidos. No parecieron discutir, pero el viejo regresó al yipi y le dijo a su chofer: “Sígueme, por si acaso”, y en el acto se subió en el camión que estaba más próximo a la loma.

Montados en el yipi, el chofer y yo vimos cómo el viejo arrancó el vehículo y comenzó a trepar runruneando por aquel lodazal de mil demonios. Ya arriba, en el surco recién cortado, le llenaron el camión de caña. Entonces mi padre, que había permanecido todo el tiempo al volante con el motor encendido, aceleró y comenzó a bajar por aquel fanguero. El vehículo, cargado hasta el tope, crujía y se tambaleaba de un lado a otro. Su chofer me decía: “tu padre está loco, está loco”… Pero lo logró. Sin decir una palabra entregó las llaves al camionero, y nos dijo: “nos fuimos”. Pocas horas después le informaron que toda aquella caña había sido llevada a tiempo al central, sin tener que lamentar un solo accidente.

De la escuela de cuadros, en 1972, Fidel mandó a mi padre a cumplir su más compleja tarea de esos años: dirigir el Plan Experimental Genético “Niña Bonita”, también al oeste de La Habana, un inmenso territorio que abarca varios municipios y más de treinta vaquerías. Dicen que llegó un buen día y le preguntó: “César ¿qué tu sabes de vacas?” Mi padre le respondió con la misma sinceridad de siempre: “Comandante, que tienen cuatro patas y dan leche”. “Es suficiente”, le dijo Fidel. Así, más con arrojo y fidelidad, que con conocimientos, se forjaban los primeros dirigentes de la economía revolucionaria. Pocos años después, mi padre se graduó en dirección de la economía.

De aquellos tiempos, por años setenta, cuando apenas veía a mi viejo en otro lugar que no fuese su trabajo, y mis hermanos y yo lo acusábamos en chiste de querer más a sus vacas que a nosotros, sólo me detengo en aquella mañana cuando me quedé a dormir en su casa. Nos levantamos todavía de noche, y Bibi, en lugar del café con leche, que sigue siendo para mí vital, me ofrecía sólo café, porque ellos no tenían leche en la casa. Por esa época, el Plan “Niña Bonita” producía miles y miles de litros de leche diarios.

Fidel iba prácticamente todas las semanas, los sábados en la tarde eran sus días preferidos. Llegaba y montaba al viejo en su yipi y salían a recorrer las vaquerías. Recuerdo que entonces los científicos cubanos andaban experimentando una nueva gramínea para alimentar el ganado vacuno. Recuerdo ver al Comandante y a mi padre arrodillados en un surco de tierra colorada, examinando aquellos retoños que apenas comenzaba a brotar de la tierra.

Me cuentan que otro día llegó Fidel a media tarde y le dijeron que el viejo estaba acostado en su oficina, porque se había pasado la noche y la mañana con un fuerte ataque de asma. “No lo despierten”, ordenó bajito el Comandante. Un par de días después, le hizo llegar a mi padre un medicamento que entonces lo ayudó muchísimo.

Un luchador hasta el final

Como director de aquellas dos importantes instituciones, mi padre estuvo al frente de muchas reuniones donde se otorgaron autos y viviendas a los mejores trabajadores y dirigentes de base. César Gómez jamás tuvo auto propio, y durante más de cuarenta años vivió en la casa que era de su esposa. Apenas si viajó al extranjero, y las pocas veces que lo hizo fue enviado unos pocos días a cumplir tareas concretas de la Revolución.

Pasó el tiempo, y el viejo fue enviado a ocupar responsabilidades de menor envergadura. Su último trabajo antes del retiro fue dirigir la Agencia Nacional de Giras Artísticas del Instituto Cubano de la Música, la institución que, como su nombre indica, garantizaba que los músicos pudieran viajar y hacer presentaciones por todo el país. Un único detalle: había comenzado el período especial, y el combustible se había reducido casi a cero.

Dicen que si la agencia no cerró, sus trabajadores no fueron “reubicados”, y los músicos no dejaron de moverse por el país, fue porque el viejo César, ya pasado los cincuenta años, se las arregló, primero en bicicleta, y luego en una moto-triciclo, para idear y hacer cumplir un sistema en el cual las provincias asumían el gasto del combustible para las giras de los artistas. Se trabajaba el doble, pero todavía hoy, quienes fueron sus compañeros en la agencia, y muchos músicos conocidos, siguen agradeciéndole aquellos años de esfuerzos y resultados, por el bien de de la cultura del pueblo.

Al retiro nunca se acostumbró y hasta que la salud lo acompañó siguió trabajando contratado como productor en disímiles eventos de la cultura cubana, como las ferias del libro, “Arte en La Rampa”, los Festivales internacionales de Teatro y otros. A veces ya no podía caminar bien,  escuchaba cada vez menos y la presión y el asma le sacaron varios sustos.

Con un tremendo esfuerzo iba a las reuniones y cumplía las tareas del núcleo del Partido de su comunidad, porque vivía orgulloso de su condición de comunista.

En los últimos años él y su esposa vivieron de sus exiguos retiros, y gracias a la ayuda que todos les ofrecíamos y que fluctuaba según anduvieran los bolsillos familiares. Jamás lo escuché quejarse. Eso sí, les exigimos que nos dijeran con tiempo sus mayores necesidades, para poder garantizarles el apoyo, sobre todo en los medicamentos vitales para el asma del viejo.

Cuando arreció la tensión económica familiar, conminé y casi obligué a los viejos a tomar una decisión tremenda: vender su carrito de toda la vida, el “monstrovich” ruso, que Bibi  ganó con su trabajo y que ambos compraron a plazo hacía más de tres décadas. Los vi llorar al despedirse de aquel pedazo de metal quejoso y gomas gastadas, que era un miembro más de la familia. Pero reconfortaba saber que con ese dinerito vivirían un poco mejor.

Una semana antes de que sus pulmones dejaran de funcionar, llevé a mi padre a un concierto del grupo Moncada, que dirige su hermano (mi tío) Jorge Gómez. El viejo se veía feliz. Bailó y cantó cerca del escenario. Se tomó un par de cervezas y se fumó otro cigarro escondido. Ciertamente, su mayor preocupación de los últimos tiempos era que Industriales volviese a ganar una serie.

Estuve a su lado hasta que lo llevaron a terapia intensiva, donde a los 79 años se apagó su vida. Dicen los médicos que su corazón luchó hasta el final.

No tuve tiempo de decírselo, pero estoy seguro que él sabía la profunda admiración que todos sentíamos por el ejemplo que nos había dado siempre, porque fue también él, durante muchos años, el excelente director de toda nuestra familia.

Hoy quiero publicar estas líneas. Es la única manera que tengo de llegar a los cientos las personas que nos han llamado, dejado recados, o escrito para trasmitirnos condolencias y agradecimientos por lo que César hizo por ellos. Y a muchas otras que posiblemente aún no se han enterado de que su director sigue siendo hoy más ejemplo que nunca.

Se han publicado 33 comentarios



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  • maylin dijo:

    Es el mejor homenaje q puede recibir su padre en este día, lo he conocido a través de tus líneas, sientete orgulloso de ser su hijo.

  • paulin dijo:

    !Gran obra,gran vida, gran Revolucionario!.Habia oído hablar de él.
    Tenemos ya muchos medios de prensa, impresos y digitales,no me explico porque en el momento de su muerte, no se le rindió en algunos de ellos el merecido homenaje.

  • mercedes dijo:

    Me ha hecho usted llorar, César, con su relato sobre la ejemplar y admirable vida de su padre. De ejemplos como estos, muchos anónimos, está cultivada nuestra Patria, ese es el legado espiritual que nos permite aferrarnos a esta tierra cuando muchos quieren arrebatarnos las conquistas de la Revolución, un saludo respetuoso para la familia Gómez en este Día de los Padres.

  • Ariel dijo:

    Bellas palabras que conmueven a todos aquellos que hemos tenido la suerte de vivir con el ejemplo de padres honestos y entregados por convicción a la construcción de una obra imperfecta pero de infinito amor. Ojalá sus letras sirvan de reflexión de aquellos que aún no comprendieron él mensaje del Apóstol: la Patria es ara y no pedestal

  • Cristy dijo:

    Me conmovió mucho esta crónica (en realidad no sé si es una crónica, no soy periodista), pero lo que sí sé es que me sacó las lágrimas y me hizo recordar mucho la canción de Tony Ávila “Hay gente que…”. Qué bueno que tu padre fue ese ser maravilloso, digno, honesto, austero, irremplazable, altruista que has sabido retratar tan bien, que pensó en los demás y sobre todo en la Revolución antes que en sí mismo, de esos quedan pocos y también, desgraciadamente, se acuerdan poco de ellos que todavía están entre nosotros sin reclamar nada, aunue se merecen mucho más. Que viva de ese modo en el recuerdo
    de sus hijos, amigos, colegas y de todos los que lo conocieron, es su mayor virtud. Honrar, honra. Saludos, Cristy.

  • Rosa dijo:

    Emocionante. Gracias al autor de este comentario (a quien felicito por haber tenido semejante padre) por hacernos llegar este testimonio.

  • pedro dijo:

    Gracias por esta historia. De granitos de arena, unos mas grande que otros se hace una montana o una muralla, gracias a cientos de miles como su padre, Cuba ha ancanzado lo que es, sin haber sido invadida por e Gigante del Norte; en el mundo muchos se asombran de como es posible de que Cuba este en pie e independiente por tanto tiempo. Ejemplos contrarios hay: Guatemala, Panama, Granada, Irak, Afganistan. Libia, Siria, etc, eso se lo debemos a CUBANOS como su padre; Fidel dijo en el pueblo hay miles de Camilos, que con su quehacer han hecho posible nuestra Cubita Linda. La honradez y la modestia es propia solo de LOS GRANDES. Gracias de nuevo por no archivar en el olvido, el ejemplo de una vida feliz y fructifera.

  • Alzugaray dijo:

    Muy sentido tu homenaje. Comparto con él los afanes revolucionarios de nuestra generación. ¡Qué tiempos hemos vivido! Un abrazo, Carlos

  • Reynaldo Varona dijo:

    TE FELICITO EN ESTE DIA POR ESE ESCRITO TAN HERMOSO. COMO TU PADRE HE CONOCIDO MUCHOS OTROS. SIRVA ESTA CRONICA EN HOMENAJE A TODOS ESOS ANONIMOS GUERREROS DE NUESTRA PATRIA. Y GRACIAS POR CONOCER A FONDO AL DIRECTOR DE NIÑA BONITA, PUES ALLI SE FORMO MI HERMANO. EXITOS

  • Celina dijo:

    Solo una palabra
    Gracias

  • Tony22 dijo:

    Impresionate historia. Hoy vemos el fruto del desarrollo ganadero

  • Gerardo Mir dijo:

    Querido Cesita, disculpa este diminutivo pero con ese nombre te conoci siendo un nino de primaria e hijo de mi director Cesar y de Tete la politica. Acabo de conocer, por este articulo, el fallecimiento de ese hombre que fue ejemplo siempre de los profesores que formabamos parte del colectivo de la ECMA.
    Recien haberme graduado como profesor de Qu’imica, me dijeron de trabajar en esta escuela que tenia una gran importacia para la formaci’on de los futuros cuadros de la Agricultura, corr’ia el ano 1969, esto se lo debo a dos profesoras y grandes mujeres revolucionarias, Yolanda Bastarrechea y Maria Emilia Verdura, ambas ya fallecidas, profesoras de fisica.
    Con tu padre aprendi el trabajo fisico incansable y los valores de sacrificio, en muchas ocasiones lo vi ahogado por su asma y no dejar de estar en la primera linea de trabajo, digase en la siembra de cana, en los cortes de cana, en la zafra del 70 estuvimos en el central Lavandero y posteriormente en el central Lincoln ambos de Artemisa, culminada la zafra, en la Habana, Cesar nos dijo que debiamos partir para las tierras orientales en una columna que cre’o el Comandante, la Columna Lenin, para ayudar a terminar la zafra en las tierras orientales y hacia alla partimos para la zona de Holgu’in.
    Siempre con su caracter jocoso nos decia a Juanito y a m’i vamos a echar un partido de volibol o un partido de ping pong, en este ultimo era casi invencible y se le notaba con falta de aire, pero decia que su ejemplo era el Ch’e que nunca tuvo como pretexto ser asm’atico.
    Recuerdo un dia que nos cit’o a todos y nos dijo de la idea de hacer un edificio con esfuerzos propio, a propuesta del Comandante y nos sumamos en esa tarea, distribuyendo la escuela en una session de clases en la manana y en la tarde en la preparacion de los huecos de los cimientos y fundicion de los mismos, recuerdo una noche cerca de la madrugada lleg’o el Comandante para comprobar si habiamos fundido, esto nos daba la medida de su interes por nuestra escuela y por nuestro director, que no le fallaba nunca.
    Recuerdo con amor a otros profesores de aquella escuela como el gordo Humberto Miranda y su hermana de la catedra de matematica, a los profess Patricio y Tom’as de F’isica, a los profesores de asignaturas agricolas, a muchos de los estudiantes que por sus edades pod’ian ser mis padres en ese momento, tenia yo 19 anos, y se entregaban al estudio para formarse como se le pedia por la direccion de la revolucion, a la Vivianita y a la Vivianota, madre de esta ultima, al chofer de Cesar, un negr’on que siempre sonreia.
    Hoy con mis 68 anos, me siento orgulloso de haber estado en esa tarea y agradecido a Cesar de mi formacion . Una vez mas debo decirte que muchos lo queriamos como un padre y siempre le estaremos agradecido por su ejemplo.

    • César Gómez dijo:

      Estimado Gerardo y demás personas que han comentado: Gracias. Era un deber escribir estas líneas sobre mi padre, un deber más con la Revolución, con Fidel, con Raúl, con Díaz Canell y con todos los que creemos que podemos y debemos tener un mejor país. Hombres y mujeres como él hubo, hay y habrá muchísimos, a los que hay que cuidar, a los que hay que apoyar, a los que, mientras estén, hay que homenajear cada día. No necesitan mucho, pero un brazo por el hombro y un gracias de vez en cuando, no les vendría nada mal.

      • sachiel dijo:

        Muy necesaria la crónica, Cesar… al igual que las que escribiste como corresponsal de guerra en Angola, las recuerdo siempre, y otras. No dominaba que ustedes son una gran familia que ha dado (y dará) mucho a Cuba. Exitos.

  • Juan Carlos Prada dijo:

    Grande ése Cesar que con mucho orgullo conocí y que nos regresas vivo, alegre y optimista. Estas líneas han vuelto a ser el flan con que nos acompañó tantas veces y que seguramente guardamos como parte de ese recuerdo vivo. Un abrazo, Cesin!!!!

  • DanielD. dijo:

    Tremendo hombre!
    Ojalá todos nuestros dirigentes fueran así. Su actitud me hizo recordar al Ché.

  • isleña dijo:

    Bello reportaje yo tambien tuve un padre de esos honestos que lo dieron todo sin pedir nada a cambio, un padre que me enseño a mi y mis hermanos a ser las mejores personas por eso nunca me he conformado a que no este presente fisicamente porque espiritualmente me guia dia a dia, esta presente en cada acto de nuestras vidas y asi se lo inculcamos a sus nietos para que siempre lo recuerden y lo admiren, Gracias portu reportaje que no solo nos permitio conocer mejor a tu padre sino identificarlo con el nuestro.

  • Mario HUbert Garrido dijo:

    LINDO TEXTO. CÉSAR GÓMEZ BARRANCO FUE PADRE DE MUCHOS DE NOSOTROS, LOS CAMILITOS DE SIEMPRE

  • Eva dijo:

    Magnífico homenaje a un gran hombre y gran revolucionario. Me recuerda a mi padre que de la misma generación fue un incansable revolucionario.

  • bayamesa dijo:

    Gran padre y usted gran hijo, con qué orgullo podemos hablar de nuestros viejitos que fueron nuestros ejemplos, al mío lo recuerdo cada día, lo felicito

  • Checa dijo:

    Tuve la suerte de qué fuera mi director y que soportara las entonces majaderías de un joven sin experiencia laboral. Estuve bajo su mando desde 1995 hasta su retiro, su ejemplo me llevo a ser el Subdirector de la Agencia de Giras, ser el Sonidista del grupo Moncada. En cierto modo mi formación revolucionaria se la debo a los 2 Gómez pues estuve entre Cesar y Jorge durante muchos años. Puedo asegurar que fue un hombre excepcional, sus advertencias y consejos, su forma de criticarte te hacia reflexionar, su previsión para adelantarse a los acontecimientos e imprevistos y tomar medidas, siempre estaba 3 pasos delante de los hechos. Sin miedo a la verdad, recuerdo que siempre me decía… Checa de lo malo se sale rápido…sus dicharachos, siempre había uno para cada ocasión y era justo lo que necesitábamos oír, siempre estuvo al pie del cañón como decimos los cubanos, imagínese a su edad y asmático soportar el mismo rigor de trabajo, solo de verlo simplificaba cualquier cosa que incomodara, había que cumplir la misión, esa fue nuestra herencia. Su premio… el respeto y cariño de todos los que de una forma u otra estábamos su lado. Así pues hermano Cesin, no solo fue tuyo. Fue el padre, el amigo, el guía, el maestro. Fue el hombre nuevo, el de nuestros tiempos. Y para los más íntimos fue simplemente El VIEJO.

    • César Gómez dijo:

      Checa, gracias por mostrar (me) a todos otras aristas del viejo César, desde tu óptica personal de ha.bber trabajado bajo su ejemplo.

  • dinterna dijo:

    Amigo Cesar ,bellas sus palabras hacia su padre ,se denota gran respeto y admiracion, hace tiempo ya que no leia algo tan lleno de amor , ternura, como ud , mi padre ha sido mis mas fiel ejemplo para la vida , no tubo el privilegio de conocer a Fidel personalmente como el suyo , pero su enseñaza , honradez , conviccion y amor por la revolucuion me la impregno hasta en los huesos, gracias por este articulo y siempre recuerde a su papa de esta forma tar fiel.

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César Gómez Chacón

César Gómez Chacón

Periodista Cubano. Colaborador de Cubadebate, La Jiribilla y otras publicaciones.

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