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Un Martes 13 para Barack Obama

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La Comisión de Finanzas del Senado de Estados Unidos dio luz verde este martes 13 de octubre al proyecto de reforma del sistema sanitario más caro e ineficiente del mundo. Barack Obama, el impulsor de ese proyecto, podría estar feliz con la aprobación de la reforma a este nivel pues, aunque sea poco, ya avanzó más de lo que pudo William Clinton hace 15 años.

El proyecto fue aprobado por 14 votos contra 9 en la comisión senatorial, contando con la amplia mayoría demócrata, pero entre los que dieron su aprobación estuvo la influyente senadora republicana Olimpia Snowe. El de ella es un gesto que alienta la esperanza de que puedan abrirse grietas en el sólido bloque de la derecha estadounidense que no acepta  nada que beneficie a Obama.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer antes de que una propuesta de ley llegue al escritorio del Presidente. Ahora habrá que armonizar y sintetizar en un solo documento lo que aprobaron con antelación tanto el Comité de Finanzas como el de Salud. Solo después se llegaría al debate en el pleno del Congreso y se estaría ante la posibilidad de que antes de fin de año se firme la ley.

Pero esa posibilidad tan deseada por el Presidente es para muchos una ilusión, teniendo en cuenta las maniobras dilatorias que los republicanos están en capacidad de realizar, al mismo tiempo que siguen calentando una campaña verdaderamente furiosa contra la reforma y contra el propio Obama.

El futuro es tan incierto en ese calendario que hasta la misma senadora Snowe dijo que, si bien ella había votado por la reforma en el seno de la comisión, "no podía garantizar que continuaría haciéndolo durante su avance por el Congreso".

Muchos periódicos en todo el mundo están recordando, a propósito de esta última votación,  la derrota de Bill y Hillary Clinton cuando intentaron hacer aprobar una reforma de salud similar. En aquellos tiempos, como ahora, los oponentes de la reforma enarbolaron el argumento del "big government" que supuestamente desean implementar los presidentes demócratas.

"Ahora podemos ver claramente que el proyecto de ley continúa su marcha hacia la izquierda", dijo ayer el senador Charles Grassley, un republicano del panel, al retomar acusaciones de que Obama es socialista.

Lo más notable del fracaso de Clinton fue que abrió el paso a la era republicana en el Congreso, comentó BBC hace unos pocos días. Aquel fracaso, afirmó la publicación, trajo como consecuencia que los republicanos lograron la fuerza necesaria para imponerse en las elecciones de mitad de período de 1995 con la llamada Revolución Conservadora de Newt Gingrich, que quitó la mayoría a los demócratas por primera vez en 40 años y comprometió la posibilidad de que la iniciativa fuera presentada nuevamente.

Teniendo en cuenta que la historia puede repetirse, el presidente Barack Obama no solo se está jugando la reelección en un segundo mandato, sino que se arriesga también a sufrir en su caso la inconmensurable dificultad de tener que gobernar bajo el asedio de una furibunda mayoría republicana en el Congreso.

Ese asedio habría de ser sumamente rígido porque Obama, además de ser negro, ha querido distanciarse en muchos aspectos de una derecha racista que hará, como dijo Fidel Castro, "todo lo posible por desgastarlo, obstaculizando su programa para sacarlo del juego por una u otra vía, al menor costo político posible."

Pero lo cierto es que en los tres lustros transcurridos desde el primer intento fallido para  una reforma al sistema sanitario, han muerto por falta de seguro médico no menos de 18 000 estadounidense por año.

Cierto es también que el sistema de sanidad estadounidense es el más costoso del mundo: 17 % del PIB (por ejemplo, mucho más del doble del español de 6,2 %), y muy ineficiente pues deja a 47 millones de personas sin ninguna cobertura, y a 116 millones con cobertura insuficiente.

Por consiguiente, no es extraño que solo el 21 % de la población esté satisfecha con el actual sistema de financiación y con los resultados que se obtienen.

En estos días el periodista español Vicenç Navarro ha recordado que el sistema actual de financiación de los servicios sanitarios en EE.UU. fue establecido en el año 1947 por la Ley Taft Hartley. Más allá de sus pecados de origen, bastaría el tiempo transcurrido para que la Ley fuera obsoleta.

"En ese sistema, asegura Navarro,* los empresarios pagan a las compañías de seguros privadas, a las cuales contribuyen también los trabajadores, y éstas, a su vez, contratan con médicos y centros sanitarios la provisión de servicios, pagándoles por diagnóstico o intervención sanitaria. La carga administrativa del sistema es enorme. Más de la cuarta parte de todo el gasto sanitario estadounidense es para cubrir los costes de la administración, costes que incluyen también los salarios y remuneraciones de los dirigentes de las grandes compañías de seguro sanitario privado (el promedio de ingresos de los directivos de las diez compañías de seguros más importantes del país es de 14 millones de dólares)."

Pero si solo dos de cada diez estadounidenses están satisfechos con la manera que se administra la salud de las personas ¿por qué la población a través de sus representantes en el parlamento no determina llevar a cabo una reforma para mejorar un sistema sanitario que está en quiebra?

Ya hablamos de la actitud recalcitrante de los republicanos que se oponen de oficio a cualquier iniciativa que abone el prestigio de Obama. Digamos que en la rabiosa oposición a la reforma sanitaria funciona una cuota de fundamentalismo ideológico y también otro componente de oportunismo politiquero.

Pero quizás lo decisivo se halle en que las campañas electorales de una gran parte de los políticos (presidentes, senadores, representantes, gobernadores, alcaldes, etc.) que son financiados en gran mayoría por el mundo empresarial. Luego hay mecanismos de cabildeo en que las deudas de gratitud contraídas son pagadas. O se compra el voto de los políticos a favor o en contra de lo que conviene o no a los intereses del mundo empresarial.

Contra la iniciativa de Clinton estuvieron en su momento las principales empresas del negocio de la salud, desde las aseguradoras y las farmacéuticas hasta las clínicas y los doctores. Se considera que mientras más se beneficie la población más disminuyen los ingresos exorbitantes de esos sectores en la actualidad. Esos intereses deben estar ahora colmando los bolsillos de todo aquel que pueda influir en la no aprobación de la reforma o en restarle filo a su contenido.

Pero puede haber sorpresas. ¿Acaso no sorprende un tanto la aprobación del Comité de Finanzas del Senado?

*Una visión mucho más completa del modo en que opera el sistema de salud estadounidense puede encontrarse en Rebelión bajo el título: Los mayores medios de información no cubren bien la realidad de EE.UU.

Se han publicado 1 comentarios



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  • Rosa C. Baez (Polilla) dijo:

    ¿Y a esto le llaman "democracia"? Un grupo de retrógrados puede vetar una ley de interés y beneficio nacional? ¿Y el pueblo de Estados Unidos, los que verdaderamente serán beneficiarios, no importa su opinión? Pero... ¿dónde la pueden manifestar???

    Rosa

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Renato Recio

Renato Recio

Periodista cubano, colaborador de Cubadebate y uno de los fundadores del programa de la televisión "Mesa Redonda".

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