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Los descendientes del Tío Sam quieren reforma, pero no tanto

23 noviembre 2009 | 1

reforma-de-salud-obamaContrario a la percepción de más de medio mundo, que ha estado suponiendo que la reforma del sistema de aseguramiento de la salud en Estados Unidos habría de representar una carta de triunfo para Obama, las más recientes encuestas están revelando la inesperada contingencia de que este proyecto haga perder popularidad y votos a los políticos que apoyan al presidente en su plan de reforma.

Una encuesta de la Associated Press (AP) publicada hace una semana, dice que los estadounidenses están preocupados por la letra pequeña del proyecto que los legisladores están debatiendo sobre la reforma del sistema de salud, afirmación que puede aumentar las dudas de un grupo decisivo de senadores del Partido Demócrata, quienes no pocas veces se han mostrado vacilantes e incluso opuestos a los resultados de la deliberaciones de sus colegas en la Cámara de Representantes.

Entre los encuestados por AP se mantenía con fuerza la convicción de que los cambios en el cuidado de la salud son necesarios, sobre todo para extender la cobertura de los asegurados, pero cada vez son más los que se preguntan “What’s it going to cost me?” (¿Cuánto me costará?)

El sondeo encontró que el 43 por ciento de los estadounidenses se oponen a los planes de atención de la salud que están siendo discutidos en el Congreso, mientras que el 41 por ciento de los encuestados lo apoyan. El resto de la población tenía en ese momento una posición neutral o indecisa.

La preocupación de que se eleve la carga impositiva del contribuyente para hacer efectiva la cobertura del seguro médico a casi toda la población está erosionando, a ojos vista, la simpatía que la generalidad de los estadounidenses sienten por acabar con una injusticia que excluye de los servicios de salud a casi 50 millones de sus compatriotas y causa la muerte a decenas de miles cada año.

Particularmente conmovedor resulta el estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Harvard sobre los estadounidenses no asegurados que son atendidos en salas de emergencia por traumatismos. Ellos tienen un 80 por ciento más de probabilidades de fallecer que los pacientes asegurados.

Pero a pesar de esas realidades, hay cada vez más indicios de retracción de simpatía sobre los proyectos de reformas del seguro de salud.

Por ejemplo, Antonieta Gates, de 57 años, quien reside en Atlanta, dijo a la AP: “Estoy pensando que probablemente tendré que gastar más porque tendré que pagar para aquellos que no están pagando. Así que ellos (el gobierno) tienen que obtener el dinero de alguna parte. Básicamente veo que van a subir nuestros impuestos”, expresó.

Incluso la prohibición de que las aseguradoras descarten a personas por “condiciones de salud pre-existentes”, o que aumenten sus primas en función del historial médico, prescripción que en octubre era apoyada por más del 80 por ciento de la gente, perdió mucho de su encanto cuando al encuestado se le sugirió que, por esa causa, al incrementar el número de asegurados, probablemente se elevaría el costo y la gente en lo adelante tendría que pagar más por su seguro de salud.

Hasta ahora, cuando se pregunta si todo el mundo debería estar obligado a tener seguro de salud, como han venido proponiendo tanto en la Cámara como en el Senado, el 67 por ciento dice que sí, y el 27 por ciento dice que no.

Pero habría que ver cómo se manifiestan esas proporciones, cuando se explicite la idea de que la obligatoriedad lleva aparejado el subsidio gubernamental a las personas que no pueden obtener seguros de salud ni por el empleador, ni por un programa de gobierno, ni por fondos propios para la compra de la cobertura.

De acuerdo con su típico modo de reaccionar, una buena parte de los ciudadanos estadounidenses, en especial aquellos más beneficiados y satisfechos con la sociedad en que viven, tiende a sentirse muy golpeada, virtualmente ofendida, por la recogida de fondos para hacer cumplir el mandato de la cobertura universal, a través del sistema de impuesto sobre la renta.

Recordemos que en Estados Unidos, donde apenas la mitad de la población participa en la elección del presidente y mucho menos lo hacen para sufragar a senadores y representantes, los que no tienen seguros de salud, por carecer de fondos, de empleos; por sufrir la exclusión social y la pobreza, son precisamente los que en gran parte dejan de ejercer su derecho al voto, es decir no son realmente electores, y por lo tanto, los políticos no se esfuerzan apenas por entender y atender sus intereses.

Recordemos también que hay un gran prejuicio doctrinario sembrado en la mente de los que en Estados Unidos suelen votar y con ello legitimar una democracia a la mitad, para calificarla de algún modo.

Los impuestos destinados a sostener los servicios públicos son con frecuencia rechazados por dos razones: por una parte recaen no solo sobre la franja élite y relativamente pequeña de los millonarios y multimillonarios, sino sobre la extensa clase media, remisa a costear beneficios que van ser disfrutados por otros. En segundo término, luego de tres décadas de educación neoliberal las capas social y políticamente satisfechas (las que realmente votan y eligen) consideran que en general la intervención del Estado debe evitarse, salvo excepciones tan notorias y tan relacionadas con el equilibrio fiscal como el salvamento de los emporios financieros y el siempre creciente presupuesto dedicado a solventar el militarismo, algo que se presenta a la ciudadanía como una inexcusable finalidad defensiva y patriótica.

En resumidas cuentas, los opositores republicanos y en general, el sector más derechista de Estados Unidos, ayudados de manera decisiva por los medios de comunicación que podrían ponerse de su lado, han de aprovechar al máximo estos prejuicios de los electores contra los impuestos y también contra la intervención estatal, para derrotar a Obama en su sueño de llevar adelante un reforma justiciera del sistema de salud.

Este fin de semana el Senado logró a duras penas los votos necesarios para poder considerar la legislación de reforma del seguro de salud, como ya lo hizo la Cámara de Representantes que ya aprobó un proyecto bastante próximo a una reforma radical.

Los demócratas lograron obtener los 60 votos de 100 que necesitaban para iniciar los debates y luego del receso por el Día de Acción de Gracias pudiera ocurrir la votación que, en este paso, requiere solo la mayoría simple, es decir, 51 votos. Es de esperar que la Casa Blanca haga todo lo que esté a su alcance para que no pasen de nueve aquellos demócratas e independientes que voten como republicanos.

Se han publicado 1 comentarios



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  • Olimpio Rodriguez Santos dijo:

    APRECIADO RENATO RECIO

    ¿NO SERIA INTERESANTE DEFINIR QUE COSA ES SALUD?

    ¿LA SALUD ES UN CONCEPTO O UNA CATEGORIA?

    ¿LA SALUD ES UN DERECHO?

    LA OMS LO DEFINIO Y AUN NO HA CONVENCIDO A TODOS

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Renato Recio

Renato Recio

Periodista cubano, colaborador de Cubadebate y uno de los fundadores del programa de la televisión “Mesa Redonda”.

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