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Vida en el Mississippi

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El río Mississippi, cuya cuenca cubre un tercio del territorio de Estados Unidos, constituye el sistema fluvial más grande de Norteamérica. Mito del esplendor sureño que antaño sirvió como escenario para ambientar las historias de Mark Twain sobre Tom Sawyer, hoy ha quedado reducido a testigo de anécdotas célebremente terribles.
En agosto del 2005, el Huracán Katrina se abalanzó contra Estados Unidos como uno de los más mortíferos, destructivos y costosos en décadas, siendo Mississippi uno de los estados más afectados directamente.
La indolencia y el desafuero de la administración Bush ante este fenómeno consiguieron exponer al mundo y al propio pueblo estadounidense las entrañas del engendro capitalista. Creó un "shock" globalizado ante la incapacidad de la potencia más grande del mundo para afrontar una crisis como esta.
A varios años del suceso, sólo la mitad de la población ha regresado, la reconstrucción se encuentra en etapas primarias y casi 20 mil familias en Mississippi siguen viviendo en tráileres. Muestra del mal manejo de la situación por la dirección del país es que gran parte de esos tráileres, entregados originalmente por FEMA (Agencia Federal para Manejos de Crisis de EE.UU.), según posteriores  testimonios ante el Congreso, tienen altos niveles de formaldehído. Los habitantes se han quejado de que con frecuencia estos químicos causan hemorragia nasal, dificultades respiratorias y misteriosos tumores orales y nasales.
Muchos países en vías de desarrollo han enfrentado escenarios parecidos con muchos mejores resultados.
Tenemos el caso de Cuba, que constituye según la ONU, un ejemplo en la prevención de riesgos por huracanes y cuyo modelo puede aplicarse a otros países con condiciones económicas similares o superiores, pero que no logran proteger a su población tan eficazmente como la Isla. Asimismo destaca el trabajo del Instituto de Meteorología junto con la Defensa Civil, como "dos pilares" del sistema de control de riesgos originados por huracanes.
La propia Cuba, con su condición de país bloqueado y en su posición rezagada dentro del impuesto orden imperante de desarrollo mundial, ofreció ayuda al pueblo estadounidense durante la catástrofe del Katrina con doctores y medicinas; acción que fue rechazada rotundamente por el gobierno estadounidense. De hecho, una de las imágenes que quedó grabada en el recuerdo de muchos, fue un hombre en New Orleáns, parado en el techo de su casa. Sostenía un cartel que instaba a aceptar la ayuda de la isla caribeña y que fue rápidamente eliminada de los medios de comunicación masivos.
A principios de agosto del 2007, otro acontecimiento sacudió la región. Nueve personas murieron y decenas resultaron heridas al derrumbarse un puente sobre el río Mississippi en el estado de Minnesota. 
El puente de concreto y acero, con 150 metros de extensión y ocho carriles, se encontraba en reparaciones y estaba lleno de vehículos cuando se dobló y cayó al río.
En conferencia de prensa, el gobernador del estado, Tim Pawlenty, dijo que se trataba de una "catástrofe de proporciones históricas". Agregó que el puente, que fue construido en 1967, fue revisado en el 2005 y el 2006, pero el Departamento de Transporte de Minnesota "no encontró fallas estructurales".
Es el mismo Tim Pawlenty quien recientemente dio un giro de 180 grados en su postura hacia nuestro país al declararse en contra de reanudar el comercio con Cuba. Anteriormente el gobernador de Minnesota había estimulado las relaciones comerciales y de amistad con el país, cuando repentinamente, en abril del 2008 vetó una resolución no vinculante que instaba al presidente de Estados Unidos y al Congreso a poner fin al bloqueo.
Sólo nos queda especular que tal vez el republicano conservador en temas fiscales y a favor del libre comercio tuvo una "revelación divina" o quizás que la inclusión en la lista de potenciales candidatos a la vicepresidencia de John McCain tuvo algo que ver en su transformación.
Finalmente, en la cronología infausta del caudaloso torrente, a mediados del mes de junio del 2008, aconteció la peor inundación de la zona central de Estados Unidos en 15 años,  luego de que el crecido caudal del río Mississippi llegara a su nivel máximo en algunos puntos del país.  La rotura de los diques constituyó uno de los agravantes del suceso.
Los ciudadanos de los pueblos aledaños al río imaginaron que con los seguros adquiridos contra inundaciones, experiencia del desastre de Katrina, sería suficiente. Sin embargo, no tuvieron en cuenta la necesidad desmedida de ingresos de las compañías de seguros, más allá de las verdaderas necesidades de las personas. Es por ellos que muchos de los residentes de la zona, que perdieron sus hogares, se están viendo afectados ahora por no haber comprado seguros contra la rotura de diques y sólo haberse protegido contra inundaciones. 
Se hace realmente difícil seguirle el juego a las grandes compañías aseguradoras que cada día se las ingenian para sacarle provecho a las tragedias de las familias estadounidenses.
Los millones y millones de dólares facturados por la industria anualmente evidencia las estrategias orquestadas que conllevan a que estas se encuentren entre las corporaciones más influyentes del mundo, imponiendo sus posturas e intereses en prácticamente todos los aspectos de la sociedad y dejando que el destino de un sinnúmero de ciudadanos corra la misma suerte que el río Mississippi.

Materiales utilizados

-Miami Herald. "Pawlenty flip-flops on Cuba just in time to cozy up to McCain", por Matt Snyders.

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Mónica Montes Medina

Mónica Montes Medina

Licenciada en Filosofía Marxista Leninista, colaboradora de Cubadebate.