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Televisión invisible

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En los inicios de la década de los años 90 del pasado siglo, el gobierno de los Estados Unidos de América inauguró una emisora de televisión destinada a promover el derrocamiento del gobierno socialista cubano transmitiendo desde dos gigantescos globos anclados en Cayo Catjoe, frente a las costas del extremo sur del estado de la Florida.
Se sumaba así una televisora oficial, de propiedad gubernamental, al  ejército mediático con que Estados Unidos apoya la guerra no declarada que libra contra Cuba desde hace casi medio siglo.
Washington violaba groseramente así varias cláusulas del Convenio Internacional de Telecomunicaciones del que son signatarios Estados Unidos y Cuba, entre ellas las que prohíben las transmisiones extra fronteras en frecuencias superiores a las establecidas para ello y, además, por hacerlo en canal y banda previamente inscritos por Cuba en el Registro Internacional de Frecuencias.
El funcionamiento de Televisión Martí (TVM) -irónicamente bautizada con el nombre del héroe nacional cubano que con mayor clarividencia advirtió de los peligros del naciente imperialismo norteamericano cuando los cubanos luchaban contra el colonialismo español en el siglo XIX- le ha costado a los contribuyentes de Estados Unidos más de 20 millones de dólares por año, sin que sus gestores hayan podido evidenciar alguna vez que en la isla es posible acceder a sus programas.
"La vi un día de clima muy bueno", es lo máximo que se ha podido obtener como testimonio de algún que otro complaciente inmigrante ilegal cubano arribado al estado de la Florida, en entrevistas con la prensa local controlada por el sector contrarrevolucionario de la comunidad cubana radicada en Estados Unidos, sin que alguno haya podido dar fe de lo que vio.
Cuando uno de los globos fue hecho desaparecer por vientos colaterales del huracán Dennos, cesaron las trasmisiones y nadie notó su falta en varias semanas.
En 2004, el gobierno estadounidense dispuso el uso de dirigibles militares C-130 para transmisiones semanales de TVM y, en 2006, agregó un avión bimotor turbohélice que vuela varias horas todos los días tripulado por militares.
Un informe emitido en Washington por el Departamento de Estado a raíz del inicio de los vuelos del avión -portador de una segunda señal de TVM- aseguró que era este "el mejor ejercicio posible" para vencer las acciones de Cuba para interferir las transmisiones. Indicaba que la inversión inicial de 10 millones de dólares "parecía estar dando buenos frutos ya que la teleaudiencia está incrementándose", aunque enseguida comenzaron a conocerse en los Estados Unidos testimonios de personas recién llegadas desde Cuba que ofrecían un cuadro diferente.
Pero los infortunios que enfrenta el canal no se limitan a su invisibilidad. Hasta los fundamentalistas contrarrevolucionarios de Miami que defienden su existencia porque lo consideran "una de las pocas victorias tangibles de la comunidad de exiliados cubanos de Miami durante su campaña de 48 años para derrocar al gobierno de Fidel Castro" lo critican ácidamente porque consideran sus programas aburridos y lo acusan de imparcialidad cuando incurre en la menor concesión a la objetividad en informaciones sobre Cuba, en aras de lograr alguna credibilidad.
Estos elementos le exigen que mantenga total sintonía con los puntos de vista del sector más radical del exilio cubano en Miami y a favor del liderazgo político de éste en la comunidad cubana en Estados Unidos.
Una encuesta llevada a cabo por la agencia de noticias estadounidense Associated Press entre periodistas antiguos y actuales de TVM que exigieron que sus nombres no fueran publicados, reveló "preocupación sobre la calidad de la programación y por un estilo piramidal de su administración que no admite o castiga con fuerza a los discrepantes".
En 2005, se supo que la Secretaria de Estado, Condoleeza Rice, había recibido numerosas denuncias acerca de acciones administrativas ilícitas cometidas por dirigentes de estas entidades mediáticas pertenecientes al gobierno de los Estados Unidos de América y supervisadas por su Oficina de Transmisiones hacia Cuba (OCB). Las denuncias más reiteradas se referían a violaciones administrativas y a la presunta falsificación o manipulación de sondeos de opinión para hacer ver que TVM cuenta con teleaudiencia en Cuba.
Hace algunos meses se conoció que el jefe de programas de TVM estuvo recibiendo durante seis años, desde 1999 hasta 2005, el cincuenta por ciento de lo que le pagaba la televisora al suministrador principal de sus programas, "Perfect Image Film & Video Productions".
Según la acusación de la fiscalía, el funcionario era el encargado de autorizar la contratación de programación exterior y tenia un acuerdo con ejecutivos de esa empresa publicitaria que le gratificaba hasta el 50 por ciento de lo que TVM le pagaba por concepto de la venta de los programas.
Se pudo probar que el dirigente de TVM recibió aproximadamente $112,000 de sus sobornantes y fue condenado a cumplir dos años y tres meses de prisión, así como al pago de 8.000 dólares en multas.
Revelaciones como esta no constituyen noticia en medio del ambiente de degradación e impunidad con que el gobierno de Estados Unidos utiliza el dinero de los contribuyentes para sus campañas difamatorias contra Cuba pero, sumadas al hecho escandaloso de que por más de 15 años el proyecto no ha logrado uno solo de sus propósitos, comienzan a levantarse voces en su contra.
Algunos congresistas, como los representantes de la oposición demócrata William Delahunt y Charles Rangel, y el republicano Jeff Flake, han estado promoviendo que se efectúen audiencias e investigaciones sobre la situación del canal a raíz de los escándalos administrativos en que se halla envuelto, pero allí en la Cámara han encontrado poderosísimos intereses opuestos a que el gobierno deje de patrocinar esta espectral televisora que mueve millones de dólares y reparte gruesos beneficios a pocos favorecidos.
Con el argumento de que su desaparición heriría la sensibilidad de los grupos "anticastristas" que más influyen en los votos cubanos, se defiende un nuevo filón que la industria de la contrarrevolución en Miami le ve al asunto.
Ya se habla de la compra de un segundo avión idéntico al actual en uso y se conoce que la OCB recibió permiso del gobierno para encaminar sus transmisiones invisibles hacia Cuba a través de un canal privado de habla hispana en Miami que se identifica como TV Azteca, a un costo de unos 400 mil dólares anuales, "para que los cubanos pueden sintonizarla vía satélite."
El Departamento de Estado también instruyó a la OCB que examine cómo expandir su programación a otros países de América Latina "para contrarrestar a los medios controlados por el presidente venezolano Hugo Chávez."
La Televisión invisible quizás no aporte mucho como operación mediática exitosa, pero si parece destinada a servir un tiempo más de patrón para el enriquecimiento de parásitos a costa del contribuyente estadounidense.

*Manuel E. Yepe Menéndez es periodista  y se desempeña como Profesor adjunto en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana.

Agosto de 2007

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Manuel E. Yepe

Manuel E. Yepe

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional.

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