¡Participa! en el V Concurso de Microrrelatos, convocan el Instituto Cubano del Libro e Ideas Multimedios

Ideas Multimedios y el Instituto Cubano del Libro convocan a la quinta edición de nuestro Concurso de Microrrelatos, que desde 2017, dedicamos al advenimiento de la Feria Internacional del Libro en Cuba.
¡Participa! Demuestra en un relato corto tus capacidades como narrador. El ganador obtendrá una colección del Instituto Cubano del Libro, presentes de Ideas Multimedios, así como la oportunidad de publicar su obra en este sitio web. Además, se hará una recopilación de los mejores textos y será publicada en formato e-book.
Si quieres ser el ganador, solo tienes que escribir un texto, que no exceda los mil (1 000) caracteres (sin espacios), que nos permita descubrir al escritor que eres. Inspírate y echa a volar tu imaginación, escribe un cuento, el inicio de una novela o testimonio…
Deja tu microtexto como un comentario en esta entrada. El plazo de admisión vence el domingo 22 de febrero, día que concluye la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana.
Escogeremos tres premios. El jurado estará integrado por reconocidos escritores y periodistas cubanos. Los resultados se publicarán el 22 de marzo, justo el día que concluye la Feria en Santiago de Cuba.
Nos comunicaremos con los ganadores a través del correo electrónico que escriban al enviar el comentario con su obra.
¡Participa!
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Fuiste todo más sin embargo nada dejaste!
Fuiste todo,sin embargo nada dejaste.
Fuiste todo, sin embargo nada dejaste.
La vida y yo
Al principio, ella era un río desbordado y yo un niño con las manos pequeñas, intentando contener su corriente entre los dedos. Me enseñó que el tiempo no era circular como la noria de la feria, sino una flecha que se clavaba en el futuro, arrastrándome incluso cuando yo quería quedarme anclado en un instante de luz amarilla. Aprendí a morder la corteza amarga del pan antes de llegar a la miga dulce, a caminar sobre la escarcha sin resbalar, a agradecer el refugio imprevisto de un portal cuando la lluvia sorprendía sin paraguas. Ella me mostró el mapa, pero me dejó trazar el camino, con sus atajos, sus precipicios disfrazados de prados y sus puentes inesperados tendidos sobre la nada.
Hoy la vida y yo nos miramos de frente, como dos viejos compañeros de viaje que ya no necesitan fingir. A veces discuto con ella, le reclamo por sus giros bruscos y sus silencios largos, por los paisajes que arrebata y las flores que no florecieron. Ella no se disculpa, solo sigue girando sobre su eje, indiferente y a la vez cómplice. He dejado de intentar domarla, de preguntarme si voy ganando o perdiendo. La he visto desnuda en un hospital al amanecer, y vestida de gala en una risa que estalla en una cocina. Ahora sé que no se trata de una batalla, ni de un baile siquiera. Es más bien un pacto tácito: yo acepto su carácter indomable, su belleza feroz e inconstante, y ella me presta sus ojos —mis ojos— para que pueda, al menos, mirarla de paso.
La llegada.
... Y cuando la imagen celestial se mostró en los cielos del mundo, se levantaron los brazos de los fieles y humillados para recibir la verdadera justicia mundial, la justicia divina.
★Concurso de Microrrelatos 2026★ Título: El Pervertido "
Me han llamado de todo, villano, viciado, depravado, maligno, siniestro, malévolo, maléfico, avieso, ruin, pérfido, réprobo, execrable, nefando, malvado, desgraciado, oportunista, explotador, arrogante, soberbio, fascista y más mucho más. No sé porqué me llaman así, si solo soy el capitalismo, jjjjj.
La atormentada A buscaba con afán la manera más corta y gentil de acercarse a la Z; pero aquellos indiscretos puntos suspensivos lo hacían todo mucho más difícil.
La atormentada A buscaba con afán la manera más corta y gentil de acercarse a la Z; pero aquellos indiscretos puntos suspensivos lo hacían todo mucho más difícil.
Una antigua ley de la emperatriz
En lo más alto de los Montes Nhakuzy, protegido por dos enormes rocas, se encontraba el Santuario Fortaleza de la Gran Madre, la Dhavary Mhevaryz. Debajo del mismo, una cadena de salas subterráneas servían de prisión para castigar a los que osaban rebelarse contra la Mhayzha, la Hija de la diosa.
Y en una de esas celdas, de paredes totalmente blancas, esperaba un joven de apariencia majestuosa pero con huellas visibles, en su musculoso cuerpo, de largos días sometido a las penurias del cautiverio.
La celda no contenía ningún objeto, sólo las cadenas que sujetaban las muñecas del hombre a una de las paredes y que lo mantenían en una posición tan incómoda como era estar de pie permanentemente.
En su rostro se reflejaba el abatimiento y el cansancio. A ratos entre abría sus ojos pero la luz blanca lo cegaba y le obligaba a cerrarlos. A pesar de haber perdido la cuenta de los días que allí llevaba, seguía haciendose las mismas preguntas de cuando comenzó su rebelión contra la Hija de Mhaveryz, la poderosa reina del Valle de Nhaztek.
"Nunca he podido entender las razones por las cuales se nos impide a nosotros los Azthy llegar a gobernar el imperio, ni que estuviéramos nosotros, los hombres, incapacitados para la guerra. Yo soy fuerte, hábil - rememoró sus prácticas en el ejército de las Azvhir, cuando él y otros tantos demostraban ser diestros en el uso de las diferentes armas- He visto desnudas a muchas Avyz, y salvo las diferencias obvias no veo que seamos inferiores a ellas.
Entonces a su mente vinieron nuevos recuerdos. Su niñez solitaria al carecer de hermanas, las palabras de su madre cada vez que lo veía recordándole su crimen, haber nacido varón, y por ello impedido de suceder en el trono a la que le dio la vida.
Y ahora ella, su progenitora era su verdugo.
La luz blanca comenzó a disminuir interrumpiendo sus pensamientos. Abrió los ojos. Una puerta frente a él fue abierta y por ella avanzó su madre. Mucho había cambiado desde la última vez que la viera, cuando las guerreras lo llevaron ante ella, luego de la derrota de su ejército. A pesar de su porte altivo, en su rostro había dolor, tristeza, los ojos de la reina lo miraron con una mezcla de ternura y de reconvención.
-Hijo mío - la mujer intentó acariciar su rostro- aún sigues sin entender? Sigues empecinado en mantener tu actitud contraria al equilibrio que es la Azvylara de nuestro imperio?
Él evitó la caricia pero escuchar las mismas palabras de siempre, le hicieron estallar:
- Madre, yo soy tu hijo, tu único hijo, a quien le corresponde el trono. No es empecinamiento es justicia. Que deseas que entienda?
La Madre por toda respuesta hizo un gesto con sus manos y entre ellos apareció una pantalla con imágenes en movimiento.
Ante el Azthy pasaron retazos de la historia del Valle. Vio el pasado, reinos gobernados por hombres hambrientos de poder y gloria, batallas sangrientas entre los mil estados en los cuales estuvo dividida la nación, su patria, en los tiempos antiguos. Vio también las ciudades de esos Azthy, multitudes pidiendo un plato de comida para poder vivir un día más, plagas que eliminaban a ricos y pobres por igual.
La mujer rodeo la pantalla y acercó sus manos a las de su retoño, con suavidad lo agarró por las muñecas:
. ¿ Es esto lo que deseas?¿Hasta tanto llega tu ambición, que no te importa la vida de los que deseas gobernar? El poder es un fuego que carcome. Y le mostró las quemaduras de sus brazos.
Pero el joven no se dejó convencer:
-¿Son las mujeres invulnerables a la corrupción? Por siglos tu y tus antepasadas han tenido el poder, son las maestras, las guerreras; sólo ustedes pueden ser Azvhir, Mhayzhas, mediar entre la Diosa Mhaveryz y el pueblo. Y olvidan que sin nosotros este sería un imperio condenado a su extinción.
- Hijo mío - la Mhayzha se alejó bajando los brazos con fastidio, hizo un gesto de furia apagando la pantalla - Acaso no has visto bien lo que te acabo de mostrar? Hasta donde llega tu inconciencia? Tu deseo de ser mi sucesor te ha cegado. Bien- le señaló con un dedo- te doy el poder, eres el nuevo Yazthy. Entonces surgen otros qué creen tener los mismos derechos que tú, se rebelan contra ti, abandonan en sus pueblos a sus mujeres, niños y ancianos, quien sabe si a merced de otros hombres qué también quieren el poder. Es eso lo qué quieres, dime, - aplaude frente a la cara del prisionero- no piensas en el sufrimiento, el caos qué traerá a tu pueblo si llegas a ocupar mi trono?
El príncipe bajo la cabeza, parecía convencido. Pero frente a él volvió a surgir la pantalla y vió:
Imágenes de una joven vestida de guerrera, que al frente de un pequeño ejército, descendía al Valle, la vio enfrentar a hombres poderosos y fuertemente armados. Vio como estos eran derrotados y obligados a huir dejando tras sí sus armas. Comprobó cómo la joven unificaba el Valle después de poner fin a las guerras, creaba las bases de un imperio de paz donde ancianas, niñas, mujeres y hombres disfrutaban por primera vez en muchos años de paz, armonía y orden.
- Quieres destruir el legado de nuestra Madre Mherizay? Esa joven que viste en las imágenes es ella, la que puso fin al caos y estableció la Azvylara. Desde entonces somos un reino fuerte e invencible. Tú llamas a tu deseo de ser mi sucesor justicia, yo lo llamo ceguera.
Y mientras decía esto lo miró fijamente. Pero el brillo extraño que vio en la mirada del condenado le hizo cerrar sus ojos. Un tic nervioso alteró su bello rostro, se masajeo la cara, la cabeza, como si quisiera arrancarse de la piel la frustración, la rabia, una impotencia antigua por no lograr vencer la tozudez del fruto de su vientre.
Pero un ruido de pasos firmes, de voces enérgicas y apresuradas, la hicieron volverse hacia la puerta. Dos Azvhir de su guardia personal entraron, una de ellas la tomó del brazo indicándole la salida. La otra se dirigió al hijo de la soberana
-Es la hora de la ejecución.
El impacto de esas palabras paralizaron al joven. Tanto que no se percató de que volvía a estar sólo en su prisión. Entonces recordó la Antigua ley de Mherizay y una amarga sonrisa floreció en sus labios.
El Profesor D.
El profesor D. era uno de los más brillantes profesores de Física del IPU José Martí. Era severo, muy severo. Sin embargo, jamás levantaba la voz más allá de lo necesario para dar las clases e incluso para reprender algún mal comportamiento. Era muy respetuoso en su trato con alumnos y profesores, pero había algo en lo que no cedía: En sus clases había que prestar máxima atención todo el tiempo. Si te sorprendía entretenido estabas fuera y era hasta ocurrente en la manera de expulsarte. Por eso aquella vez en que me cogió conversando con mi amigo H. me dijo, con toda su flema: “Estudiante (siempre nos llamaba así) ¿Usted sabe qué día es hoy?”, “martes, profesor”, “martes, pero ¿martes qué, estudiante?”, “martes 3 de octubre, profe”, le dije. “Ah, martes 3 de octubre”, apuntó y agregó: “Estudiante, ¿usted conoce el mes de noviembre?”, “Claro profe”, “Bien, pues hasta el 3 de noviembre no venga más a mis clases. Por favor” y me señaló la puerta. Por supuesto que no estuve un mes fuera de clases, a los dos días le estaba jurando por todos los santos que sería el más aplicado estudiante de Física. Me miró y me dijo: “Ok, puede entrar”. Solo una vez le vi perder los estribos, aunque nunca su postura pausada y respetuosa. M. era una muchacha rubia, linda y a la vez muy, digamos, vivaracha. Siempre estaba bromeando, era de esas personas que son una fiesta constante. Y le gustaba llamar la atención. Resulta que matriculó en nuestro grupo un nuevo alumno, rubio como ella, bien parecido, tipo galán de telenovela, pero muy tímido. M. enseguida se propuso conquistarlo, pero el tipo era el apocamiento en persona. Pero M. haría cualquier cosa por llamar su atención.
El profe D. impartía sus clases en el Laboratorio, los bancos altos impedían meter los pies debajo de la mesa, por lo que había que sentarse de lado. Un día, mientras D. daba su clase, enfocado como siempre en sus demostraciones y fórmulas, M. sentada varios asientos más atrás de su “víctima”, lo llamaba discretamente, hasta que logró captar su atención…De pronto, D. se volteó a explicar algo y se quedó helado, la tiza en una mano y el puntero en la otra, congelado en el gesto de señalar algo en la pizarra. Había alcanzado a ver lo que hacía M. Recobró como pudo algo de su habitual compostura y tratando de sonar tan calmado como siempre, expresó: “Estudiante, usted está loca, usted tiene que estar loca. Yo… no voy a decir lo que usted estaba haciendo porque siento hasta la vergüenza que usted no tiene. Mire, salga del aula y no venga más a mis clases hasta que yo me acuerde”. La muchacha, con una sonrisa medio socarrona, se retiró sin chistar. D., más calmado, se giró a la pizarra y continuó su explicación como si nada hubiese ocurrido. Pero repentinamente se volvió otra vez y moviendo la cabeza en negación, como quien no puede dar crédito a lo visto, expresó sin dirigirse a nadie en particular: “Está loca, tiene que estar loca esa muchacha”. Todos nos quedamos desconcertados, la mayoría no sabíamos lo que había hecho M. aunque, siendo ella quien era, nos lo imaginábamos. Pero algo era cierto y evidente, había logrado sacar de sus casillas al circunspecto y brillante profesor D.
...y ahí estaba yo, sentado en un banco, mirándola. Disfrutaba cada segundo de su esplendor, su piel blanca y ese brillo asombroso. Al verla olvido, y a la vez, recuerdo cada uno de mis pensamientos. Soy incapaz de dejar de apreciar su belleza. A pesar de que la noche es fría, logro empaparme de su calidez. Rezo por que se crucen nuestros ojos. Temo llamarla y que cualquiera que pase ponga en duda mi cordura pero soy capaz, creo, de atreverme. Su pureza estática me enamora…me seduce. Muchas veces no está tan completa, hoy en cambio se ve deslumbrante, llena. Quiero tenerla para mí, tocarla, abrazarla, que me consuma. Quiero que sepa que estoy aquí listo para que me inunden sus ojos. Y en un momento alocado de pasión…..decirle. LUNA
Cuando logra calmar su ansiedad y reflexiona un poco sobre cosas que Juan Cruz le ha comentado últimamente desde su brutal adolescencia, cuando se relaja un poco y deja de sentir temores y odios, casi no oye la frenada del ómnibus ni el rechinar de la bisagra vieja de la puerta plegable, pone un pie en el estribo, escucha la frase “A ver los del fondo si hacen lugar, un poco más arriba por favor” y de pronto lo aprietan con la puerta, le pellizcan un hombro y luego se cierra de golpe mientras el ómnibus se despega del cordón y encara hacia el centro de la avenida. Luego de pagar el boleto, queda parado contra el respaldo del asiento del chofer, irremediablemente incómodo. El tránsito fluye mejor de lo que se puede esperar para esa hora de la tarde, pero Quintana está atrasado e incómodo; cada vez que el ómnibus se detiene para cargar y descargar gente, alguien lo pisa o empuja.
Mientras me llevaban a la guardería miré fijamente a un saco de arrugas que asustaba. Me estremecí y al mismo tiempo sentí que un viejo de 700 años me echaría al saco por no tomar la leche de mamá. Mis ojos brillaban mojados pero aquella sonrisa milenaria lo cambió todo.
Este no es mi minirrelato, el comentario es porque creo que muchos no se ajustan al concepto, por favor, recordar a Monterroso y su dinosaurio
Mal de fonda
Cincuentona asediada por su propio consumismo obsesivo, descubrió el reciclaje al que se habia sometido. Mientras sacaba cuentas de los gastos repetidos e inutiles, vio en televisión a Jane Fonda repitiendo un vestido. No eran chismes faranduleros. Entonces, la mujer serruchó por completo lo que le quedaba de piso.
Este carbón no se apaga
El último decreto llegó en un PDF frío. Bloqueo, sanciones, lista de prohibiciones. En La Habana, un joven lo leyó en su teléfono con datos lentos. Sonrió.
No lo compartió. Apagó la pantalla. Miró al solar donde su abuela, con un cartón, avivaba el carbón para ablandar los frijoles. Vio al estudiante repasar sus apuntes a la luz de una mechita de aceite. Oyó la risa de unos niños que, con un aro y un palo, inventaban un juego nuevo sobre la tierra polvorienta.
Se acercó a la anciana. "Dame, mima, que yo puedo. Coge un '10', que este carbón no se apaga", dijo, tomando el cartón de sus manos cansadas.
Ningún decreto, por duro que fuera, podría medir la presión de un pueblo que convierte cada obstáculo en aire para el fuego. No era resistencia. Era algo más profundo. Ellos eran la tierra firme, la isla donde hasta el juego es un acto de creación, de futuro.
Sopló. Las llamas crecieron, iluminando por un instante el aro de los niños, que rodaba imparable hacia la calle.
Te amaré en la desnudez de mis sesenta años.
En las experiencias vividas y en algún que otro desengaño.
Te amaré con unas libras de más, el pelo llenándoseme de canas, las carnes cada vez más flácidas.Los labios resecos por el frio y la confianza de los años junto a ti vividos.
Te amaré en la soledad que dejan los hijos y en la llegada de los nietos cubriendo el vacio.
Vestiremos nuevas galas, convencionales y discretas.
La fuerza y deseo no serán la de hace unos años.
Aparaceran en la cara nuevas y profundas marcas, los ojos se empañaran y serán indispensable las gafas,
Tu risa no será tan contagiosa cuando haga mis payasadas.
Cubriré de besos tu frente, tus mejillas y tal vez alguna madrugada recordando el pasado, tiembles de placer al sentir mi sexo sobre el tuyo todavía mojado.
Amaneceremos abrazados y desde la ventana veremos pasar los años.
El Círculo de abuelos, tan atrevido y extraño se nos irá haciendo cada vez más necesario.
No te faltaran las flores, los poemas y canciones de ´eso yo me encargo.
Velaré tus dolencias y estaré al tanto de tu reuma y de tus catarros y te alarmarás con mi tos, pelando porque no dejo el cigarro.
Si, te amaré en la desnudez de mis sesenta años,
La vida empezará de nuevo, no tan ardiente, por el contrario todo será más sosegado, pero me creerás cada noche cuanto te diga, te amo.
El Canto del sinsonte
Hubo en el bosque una competencia de canto, todas las aves participarían, solo el Sinsonte no estaba interesado, su interés era vivir con la Ceiba conociendo su potencial, la Ceiba lo retó: Solo vivirá en mis ramas el mejor, gana el concurso y ven a mí.el Sinsonte probó a cantar, i, su canto era singular, con sonidos metálicos muy peculiares. En esto estaba cuando escuchó el canto de una Paloma, uhm pensó esta canta mejor que yo, perfeccionaré su canto, pero al escuchar al pitirre, pensó mejor agrego esa seguidilla estuvo varios días convencido de que ese era el mejor, hasta que escuchó otra ave cantar y vario de opinión de esta manera imito el canto de todas las aves del bosque, la Ceiba lo increpó:No haces lo correcto, cada ave defenderá su canto y si apareces ahí imitando no ganarás.El Sinsonte comenzó a imitar el sonido de los animales del bosque cambiando cada día de opinión, así llegó incluso a imitar el sonido de un auto. Al llegar el día del concurso no pudo participar porque no estaba preparado. La Ceiba entonces le censuró :Pensé siempre que tu canto era el más bello de todas las aves, pero tú por inseguridad y envidia preferiste imitar, no conformándote con lo tuyo. Dejaré que vivas en la rama más baja de mi tronco, solo podrás subir cuando recuperes tu canto. El Sinsonte por mucho que se esforzó no recuerda su canto y cada día ahí en la rama más baja emite entre cincuenta y doscientas notas diferentes, hasta hoy.
ENCUENTRO
Cuando menos lo esperaba, me encontré con él, un viejo conocido – El poeta - , así le decíamos cuando estábamos en la secundaria becados. Se la pasaba haciéndoles poemitas a las muchachas de moda, aunque ellas ni los leían, ni lo escuchaban. Sólo algunos románticos del aula le hacíamos caso, o hacíamos como que nos gustaban sus poemas.
A mí, al menos me resultaban más interesantes que las novelitas de Corín Tellado que se pasaban de mano en mano.
Por eso creo, que me estimaba, aunque a fuerza de ser sincero, me reía de sus versos, le mentía – le decía qué eran muy buenos. – Lo estimulaba – sobre todo porque admiraba el trabajo que pasaba sentado en la litera, escribiendo en una libreta rayada, doblada, escondido de la gente.
Siempre he pensado que los poetas son así, solitarios, enamorados, envuelto en la melancolía, en la bobería, -– porque además nunca intentaba recitar o publicar uno de sus versos. Él no tenía a nadie que lo apoyara, le corrigiera su mala ortografía, le diera un empujón. Cuando aquello no había redes sociales y menos CUBADEBATE, una palanca que lo llevara hasta arriba, donde se revisa, edita, o, publica un libro.
Así su extensa obra literaria quedaba guardada en cajones llenos de cucarachas o bajo el colchón de su cama donde supongo guardaba los más atrevidos, junto con los preservativos que nunca usaba y las revistas y periódicos que leía incesantemente buscando algún concurso que se le ajustara.
A las muchachas solo les interesan los tipos duros, reguetoneros y con los bolsillos llenos de plata - y el poeta era de todo, menos un tipo requetonero.
Hablamos como viejos amigos, que la amistad es lo más bello que existe, dos horas oyéndole su mala suerte, sus amores imposibles, amores de poeta… trágicos, desordenados, egoístas, y sobre todo imposibles.
Me contó, que su primer gran amor fue UNA MONTAÑA, - (A quién se le ocurre, amar una montaña),… amó a una montaña inexpugnable, con todos sus accidentes gramaticales y geográficos, me dijo que intentó escalarla varias veces, Bueno, varias veces no, - una sola vez, Pero no llegó a la mitad de su altura sobre el nivel del mar.
Bajito me confesó con miedo, que tuvo que dejarla porque además de inexpugnable, la gente se reía cuando quería llevarla a comer pizzas al Malecón, ya estaban murmurando, que debía verse con in tal Calviño, un eminente Psicólogo y eso a él lo mortificaba
Por fin decidió dejarla, ya en agosto del mismo año había sido flechado por la LUNA, - poeta al fin, se le ocurren cada cosas
– Me justificó su nuevo amor, le compró los aretes que le faltaban, se aprendió cuantas canciones se habían hecho sobre ella y con los Cosmonautas americanos que iban a alunizar se las mandó junto con un poema. y les pidió que le trajeran al menos un poquito del polvo lunar del cráter más pequeño que pisaran .
- los Cosmonautas, ni cortos, ni perezosos - lo miraron de arriba abajo, se sonrieron y puedo imaginar lo que pensaron.
. De la luna se fue desamorando poco a poco, no lograba entender por qué cambiaba tanto, de cuarto menguante –cuarto creciente-luna llena, ese ciclo ininterrumpible lo sacaba de sus casillas.
Y por fin, apareció su último amor, no tan imposible como los otros, al menos podía dejarse arrastrar, sentir sus movimientos, me contó que se había enamorado locamente del MAR, que ansiaba sus olas, se dejaba arrastrar en la arena, que lo tenía cautivado, incluso se había comprado una cabaña cerca de ella, para mirar juntos las lunas llenas y los cuartos menguantes,
Ya no le importaba cuanto la gente hablara, como quiera hablan – y se había decidido por ella, - que a decir verdad, no era tan fácil, ni tan serena estaba la mar, la mar estaba serena, como la cantan. De vez en cuando se convierte en un tsunami y hay que dejarla hacer lo que le da la gana, de lo contrario si te haces el bobo, te traga
Pero al menos, podía en sus noches de pasión e inspiración acariciarla y mimarla...
Ni lo compadecí. Ni me dio lastima, a pesar de todo era muy valiente, yo no tuve el valor para decirle que también era poeta y que historias semejantes me habían pasado… ¡ESTAS LOCO… !pa´que me manden para el psiquiátrico.
Deja, mejor no se lo digo a nadie, en definitiva los poetas estamos llenos de misterios y así resultamos mucho más interesante
Infinito
Despedimos el año viejo. Ya todo era historia. Al despertar el primer día del nuevo año , aún continuaban las guerras.
Caminó lentamente hacia el pasillo. Cansada, un poco aturdida de tanto estruendo en la calle, con frío. Iba pensando en lo que le esperaba al llegar a casa. Pensaba en la ropa por lavar, en la comida por hacer, los platos por fregar. Pero primero un té bien caliente, sonrió. Bueno, si hay agua, la mueca se dibujó en el rostro. Dobló en la esquina y comenzó a subir la escalera. Al menos entraría en calor, suspiró en el último escalón. Entonces lo vio, solitario, apagado, desatendido, con todo su interior derramándose. Todos oían su queja, era imposible no escuchar esos rugidos desesperados. Nadie se conmovía. Una vecina cerró las ventanas de golpe. En otro apartamento el perro ladraba sin cesar. Esperó unos segundos. Nada, nadie acudía, a nadie le importaba. Entonces, con paso decidido avanzó hasta el balcón más cercano, se armó de valor y gritó a todo pulmón: ¡APAGUEN EL MOTOR QUE EL TANQUE SE ESTÁ BOTANDO!
Historias
Los incas ocupaban Castilla mientras las naves mayas arrasaban las costas del Mediterráneo. Cuando los iroqueses conquistaron Inglaterra ya los vikingos habían regresado a sus tierras del sur. El emperador romano solicitó urgentemente, por celular, una entrevista con el faraón quien había olvidado enviar a China los planos de su pirámide. Es que el César no quería que lo empalara Drácula sino ser enterrado en las arenas del desierto. En África se vendían en las ciudades los lotes de esclavos blancos en su peso en bronce. Los griegos después de muchos intentos conquistaron Roma y el ruso fue el idioma el imperio. Entonces llegaron ellos desde....
Un hombre negro, de estatura mediana se encontraba en un desolado bosque, lleno de arbustos, a su alrededor soplaba un fuerte viento, una joven trigueña con aspecto alocado y quizás algo bruja, se le acercó, llevaba puesto un amplio vestido blanco y giraba como si fuera una bailarina a su alrededor.
De pronto surgío una densa calma, el miró a su celular, no había señal en el movil, por supuesto, el hombre se encabrono, soltó una palabrota, ella se marcho, de una mata cayó una guayaba, esta se partío al momento casí al lado del hombre, ? Aquí suceden cosas dijo la joven y escabulló como especie de una gravedad sin suerte.
Celular: 55546817, teléfono fijo 7272224.
Fin de semana en el campo
Esteban y su familia fueron invitados a pasar unos días de agosto en la casa de Pedro,
quién reside junto a su esposa e hija en un caserío de la Sierra del Rosario, a unos 5
kilómetros de San Andrés de Caiguanabo. Inicialmente al citadino Esteban no le
agradaba la idea porque recordaba las limitaciones e incomodidades de los
campamentos rurales a los que asistió durante las movilizaciones de años anteriores a
labores agrícolas, pero ante la insistencia de su entusiasmada compañera, no le quedó
más remedio que aceptar.
La pareja viajó desde La Habana en el auto de Esteban junto al hijo de 12 años, la abuela
y el consuegro de Pedro. El recorrido por carretera asfaltada duró unas dos horas y
media, al llegar a San Andrés el camino hasta el lugar de destino era de tierra, bajando
una loma, pero los surcos y pedruzcos que había al inicio amenazaban que el Lada
cargado de pasajeros tropezara por debajo con los camellones del terreno, que podían
romper o arrancar el tubo de escape. Entonces los pasajeros tuvieron que bajarse y
caminar unos doscientos metros hasta donde el terreno estaba más nivelado. Durante
ese trayecto cruzaron tres arroyos, que por la mañana tenían poco caudal, pero por la
tarde cuando llovía podían alcanzar medio metro de altura y obstruir el paso del auto.
Como el camino estaba lleno de surcos debido a las lluvias y el paso de pesados
camiones y tractores, el recorrido se volvió lento y azaroso, razón de más para que al
llegar a la casa, Esteban decidiera dejar el auto inmóvil hasta el regreso, argumentando que no viajaban en un 4X4.
A pesar de los temores de Esteban, las condiciones del alojamiento eran favorables. La
zona dispone de electricidad. La vivienda de los anfitriones es de mampostería, techo
de hormigón y piso de losas hidráulicas, tiene agua corriente y refrigerador, un amplio
portal, sala amueblada con televisor, comedor, cocina y un baño entre dos habitaciones
grandes. La cocción de los alimentos la hacen con leña en una casita separada de la
vivienda, que también les sirve de almacén de los granos y viandas que se producen en
la zona y consumen habitualmente. Sus familiares tienen sus viviendas a escasos
metros, a ambos lados del camino, Algunos trabajan en la granja cercana, otros como
Pedro, se dedican a la crianza de cerdos y disponen para el autoconsumo de otros
animales domésticos.
El agua que beben y con la que cocinan procede de un pozo distante varios kilómetros
y la trae diariamente un aguador en un tanque metálico montado encima de un ¨trineo¨
tirado por bueyes y la depositan en un tanque de plástico. El agua para el baño y lavar
la ropa, algo turbia por las lluvias, la bombean desde un arroyo cercano hacia un tanque
de fibrocemento ubicado encima de la casa. Para acomodar a los viajeros los anfitriones
cedieron algunas de sus camas y tuvieron que dormir en un colchón en el suelo ¨pelado¨,
gesto que agradecieron los visitantes.
La alimentación diaria es la habitual en la zona rural de Cuba: arroz blanco, frijoles
negros, malanga o yuca hervida adobada con mojo de ajo, carne de pollo, guanajo o
puerco, todo cocinado con manteca de este último.
Todas las tardes llovía. El tiempo lo invertían en conversar hasta la hora de dormir y oír
las anécdotas y bromas de las personas que los acogieron. Los hombres conversaban
y tomaban ron a capella, las damas y el niño tomaron refrescos gaseados que les
compraron en una tienda del pueblo, habitualmente allí no los consumen. En una de
esas conversaciones, que a veces terminaban en el ¨choteo¨ criollo, alguien bromeaba
con empatar a la abuela con el aguador, que por su deterioro físico estaba según el
dicho popular “en llamas”. Ella le preguntó la edad al supuesto pretendiente y al saber
que tenía solo 60 años le dijo: ¡Óigame, mi esposo tiene 79 años y se ve mejor que Ud.!,
provocando la risa de todos los asistentes. Los campesinos de esa zona tienen un habla
muy peculiar. Al escucharlos, algunos habaneros creían que estaban en otro país, oían
frases que les resultaban simpáticas como: ¡ya pegó a llover! ¡Qué manera de reírse los
visitantes con sus chanzas y dicharachos! Bromas aparte, todos fueron muy cariñosos,
son personas francas y bondadosas que se desvivieron por atender a los huéspedes.
Para el domingo los anfitriones organizaron una excursión con algunos de sus familiares
e invitaron a los visitantes a un campismo que radica a 20 kilómetros de distancia, junto
a la cueva de Los Portales, ahí pasarían el día compartiendo mientras asaban un puerco
y los que quisieran podían bañarse en el río.
Les prestaron un camión con conductor para trasladarse y compraron el combustible
necesario. Salieron temprano en la mañana hacia el campismo. En la caja de carga sin
techar del camión, aparte de que iban 12 personas, llevaban un saco de malanga, dos
racimos de plátanos, el puerco ya sacrificado y limpio, una armazón metálica para
cocinarlo, dos sacos de carbón vegetal, vasijas pláticas con refrescos, platos plásticos
y cubiertos y no podía faltar una caja con botellas de ron blanco refino. Al pasar por San
Andrés compraron un pedazo grande de hielo y pusieron los refrescos a enfriar en una
vasija.
En el trayecto tuvieron muchos inconvenientes porque el envase en que pusieron el
combustible con que repostaron el camión, al parecer contenía hilachas de estopa que
obstruían la bomba. Tres veces se paró el camión en el camino y hubo que empujarlo o
remolcarlo con otro vehículo que pasaba por allí, hasta que soplando varias veces el
chofer lograba destupir la tubería. En una de estas ocasiones, el vehículo se quedó
detenido en medio de un arroyo y loma arriba no se podía empujar por los pasajeros, lo
halaron con una yunta de bueyes con la que allí mismo estaban ¨fangueando¨ arroz.
Llegaron como a las 11 a.m. al campismo. Después de bajar los bártulos del camión,
mientras las mujeres se dedicaban a pelar viandas y freir chicharritas de malanga y
plátano para ir ¨picando¨, los hombres se pusieron a velar el fuego y voltear el cerdo en
la parrilla, conversar y beber ron. Debido a las constantes lluvias de días anteriores, el
agua del río tenía color de chocolate, los mayores desistieron de bañarse, pero los niños
se divirtieron dentro del agua durante un buen rato.
A las 2 pm, habiéndose agotado todas las frituras, el animalito estaba a medio asar
porque el carbón estaba húmedo y no calentaba lo suficiente. De pronto, se presentó un
fuerte aguacero. Las mujeres y los niños se cobijaron en una cafetería cercana y el
dueño de la casa con los hombres, que ya estaban bastante ¨alegres¨, soportaron a pie
firme el aguacero y los truenos encima del camión, fieles a la creencia de que como el
vehículo tiene ruedas de goma la corriente de los rayos no baja a tierra.
Al cabo de una hora no cesaba de llover y previa gestión con las autoridades del lugar,
lograron meterse todos en la cueva para guarecerse y seguir asando el puerco, que
dadas las condiciones del tiempo no estaba siendo visitada por turistas. Algunas
mujeres, al ver que aquello demoraba en cocinarse, querían regresar sin almorzar, pero
aún llovía y Pedro se mantuvo firme con el apoyo de algunos bebedores, que juraron no
irse hasta que se comieran el puerco. Todos quedaron empapados y con la ropa sucia
porque los espacios donde podían sentarse en la cueva estaban enfangados y la lluvia
los salpicaba. En esas condiciones el cerdo quedó a medio asar, pero así y todo dieron
cuenta de él.
En cuanto paró de llover, regresaron al batey todos felices, disfrutando del viento fresco
y húmedo que dejó la tormenta. El paseo del domingo, más que un ¨picnic¨ se convirtió
en turismo de aventura. A pesar de los inconvenientes, los visitantes desconectaron de
los avatares de la vida cotidiana y sintieron que un poco de peripecia alegra la existencia.
Al día siguiente los habaneros regresaron a la ciudad, contentos de haber salido de la
rutina diaria, de haber compartido con magníficas personas y tener nuevas experiencias
que contar.
Fin.
Se sienta sobre la tapa del inodoro a respirar hondo, forzadamente, como para que le exploten la panza o los pulmones y un torrente de sangre le recorra el cuerpo hasta que le salga por las fosas nasales.
Quintana está muy nervioso y sin querer rompe la puerta del mueble del baño de una trompada, no ha tenido ninguna voluntad de romper el mueble, la trompada es idea de otro, o mejor dicho, otros, tal vez todos ésos con los que se ha topado durante el día, que no sabe quiénes son, que andan a la misma velocidad que él, pero en sentido contrario.
Va a la cocina, sirve el vino en un vaso de plástico porque ahora también le tiemblan las manos y ya no quiere más accidentes. Toma mucho, una botella entera, son las diez de la noche y está solo. Juan Cruz no vendrá a dormir, su hijo duerme en lo de la madre. No suena el timbre ni el teléfono, no espera a nadie tampoco. Está oscuramente solo, doblemente solo, porque lo han dejado solo, porque quizá merezca esa soledad más que ninguna otra cosa.
Porque si llegás después de las nueve, cosa que es igual de probable, los buenos modales te van a durar lo que tarde Lore en agarrar sus cosas e irse, y tal vez ni siquiera te duren eso. Y cuando se vaya, advertida por mí de que es lo más conveniente para ella, vas a empezar con la cantinela de siempre, esa especie de letanía insoportable, de la que es imposible escapar, esa enumeración caótica de contratiempos, desdichas y desilusiones. Vas hablar en contra de todos y de todo, porque sí, porque la vida te queda grande desde que naciste, ponerme a cocinar a las nueve y media, para qué ¿para comer con suerte diez y cuarto? ¿con vos además, que nos sos capaz de contarme cómo te fue en la escuela, quién es esa pendeja con la que te encuentro cuando llego? No, no merezco esto. No hice tan mal las cosas, incluso hoy tomé la precaución de estar en la parada diez minutos antes, pero no, no es suficiente, sólo siendo Dios es posible vivir acá, cómo me entero que hubo un accidente y está todo cortado, vivo en una ciudad en la que sólo Dios puede aspirar a llegar a horario a su casa. Yo te voy a estar esperando, con todo ordenado y limpio por las dudas, como un idiota, por si eso pudiera mejorarte alguna cosa.
Entregué las llaves de la casa y sentí que respiraba por última vez conmigo. Creí que el amor justificaría el desarraigo, pero Moscú me volvió sombra. Cuando regresé, ella ya no era la misma. La llamada final apagó la luz de un hogar que ya no existía. Hoy sé que lo roto no siempre se pierde: a veces se convierte en memoria, y en los hijos que quedaron descubrí la verdadera herencia.
Vendí la casa de mis padres porque mi esposa pedía estar más cerca de sus raíces y mis hijos merecían un futuro distinto. Al entregar las llaves sentí que la casa respiraba por última vez conmigo: allí quedaban las risas, el olor del café de mi madre, la raíz que me sostenía. Pero Cuba se cerraba más, la escasez nos ahogaba y la pandemia nos empujó a decidir: había que emigrar. Moscú me recibió con frío y soledad, trabajos sin nombre y noches interminables, donde sobrevivir era apenas resistir. Regresé con esperanza, pero ella ya no era la misma; poco después partió hacia Estados Unidos en busca de su propio escape. Una semana después de llegar hizo la llamada final, apagando la luz de un hogar que ya no existía. Quedaron los hijos, el silencio y la certeza de que lo roto no siempre se pierde: a veces se convierte en memoria, y en ellos descubrí la verdadera herencia, la que no se vende ni se abandona, la que se cuida incluso en medio del dolor y la ausencia.
El arte de expresar, es la capacidad de volcar el mundo interno en el papel, quizás, la herramienta más poderosa que el ser humano ha perfeccionado a lo largo de su historia. Expresarse no es simplemente un acto de comunicación; es un ejercicio de libertad, un proceso de autodescubrimiento y una forma de resistencia contra el olvido. Cuando decidimos trasladar nuestros pensamientos a palabras estamos construyendo un puente entre lo invisible y lo tangible, permitiendo que otros habiten nuestra mente y, al mismo tiempo, dándole una forma coherente a nuestro propio caos emocional. La importancia de este acto radica en que la palabra escrita, posee una permanencia que la voz ignora. Mientras que el habla se disuelve en el aire, el texto permanece como un testimonio mudo pero vibrante de quiénes fuimos en un instante preciso del tiempo. Escribir para expresarse es un acto de valentía. Requiere enfrentarse al vacío de la página en blanco, ese espacio infinito que nos desafía a ser honestos.
Fotografía interior
Miró la bestia y se asustó. Que horror! ... Era idéntica a la que llevaba dentro de sí...