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Robles blancos alegran La Habana: Para ser amados necesitamos ser nombrados

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Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

La Habana está invadida ahora mismo de robles blancos que alegran casi cualquier lugar al que se mire, no importa si es una calle que sale al Malecón, un parque o una esquina atravesada por un latón de basura. El de la bicicleta pasa y ni se da cuenta de que camina sobre una lluvia de flores. La gente va y viene con ajetreado paso mientras le caen encima botones rosados. Un gorrión sacude las alas antes de echarse a volar y avienta millones de minúsculas partículas de polen. Hay alfombras tornasoladas sobre el césped de la ciudad. ¿Quién dice que en Cuba solo hay dos estaciones, el verano y el invierno? Deténgase aquí y véalo. Es mayo y tenemos primavera.

Por Pablo Urbano, especial para Cubadebate

Una muy querida amiga psicóloga que se distingue por dar buenos consejos me recomendó hace años un libro titulado en inglés “59 seconds: think a little, change a lot”. El consejo lo acompañó de una versión electrónica del mismo para que comenzara a leerlo tan pronto como deseara. Aunque soy bastante escéptico respecto a libros de autoayuda que prometen hacerte feliz y resolver todos tus problemas con ilustraciones en colores incluidas, seguí su consejo y leí y releí el texto. Desde que comencé a leerlo me di cuenta de que se trataba de algo diferente aunque el título tenía cierto tufillo.

Tal como siempre ha sucedido con las recomendaciones de Mary, como le llamamos cariñosamente a nuestra psicóloga, el libro es excelente y a partir de entonces vuelvo sobre él a cada rato. Existe una versión en español del año 2010 titulada 59 segundos: piensa un poco, cambia mucho.[1]  Habría que ver si el texto en español está disponible en formato digital. En tal caso, creo que “vale la pena” buscarlo y leerlo. Pido disculpas de antemano al amigo Calviño pues este escrito no pretende pecar de intrusismo profesional, sino que de alguna manera expresa el respeto a los profesionales que como él contribuyen a que reflexionemos sobre nuestra vida, busquemos formas de mejorarla y de compartir esas experiencias.

Richard Wiseman, el autor, cuenta que la motivación de escribir ese libro vino tras una conversación con una amiga quien le preguntó si existían técnicas respaldadas científicamente que pudieran ayudar a mejorar las vidas de las personas en menos de un minuto. Después de hacer una amplia revisión de la literatura científica, Wiseman encontró que existían diferentes áreas donde efectivamente existían técnicas y formas de actuar respaldadas en evidencias científicas que podían ayudar mucho y rápidamente a que las personas se sintieran “más felices”.[2]

Según el autor contar con un bolígrafo, papel y un poco de tiempo son los requerimientos básicos para reducir el estrés y sentirse mucho mejor cotidianamente. Esto se logra si al ejercer la escritura, se expresa gratitud, se piensa sobre un futuro positivo y se ejercita lo que él denomina como “escritura afectiva”. Esto comencé a hacerlo regularmente desde que leí el libro y he comprobado sus efectos. Hay otras “recomendaciones” que van desde la altura de desarrollar una actitud de gratitud y ser una persona que sirve a las demás, hasta cosas más sencillas como comprar una planta para la oficina, tocar a las personas afectivamente en el hombro o apretar un lápiz con los dientes. Comparto las críticas a los enfoques conductistas que ignoran los contextos socio cultural e histórico en que nos desenvolvemos y la complejidad de lo social, pero sin pecar de ingenuidad, hay conductas y formas de actuación cotidianas que efectivamente pueden ayudarnos a vivir mejor, y que “vale la pena” ejercitar.

He hecho toda esta parábola, porque como parte de mis proyectos de “escritos afectivos”, hace días que vengo dándole vueltas a uno dedicado a un árbol que llena de flores nuestra ciudad y del cual no sabía ni siquiera su nombre común. Todos los años entre finales de marzo, durante el mes de abril y hasta ya entrado mayo se produce una explosión de flores que siempre me ha parecido un espectáculo visual muy especial y que sin embargo siento que no lo socializamos suficientemente. Es cierto que mi árbol hace todo su “performance” al mismo tiempo que otros compañeros suyos más reconocidos o para algunos más agraciados que se roban todo el espectáculo como el famoso Framboyán o Flamboyán.

Esto pudiera provocar el efecto de ocultamiento no intencionado, porque no creo que se trate de un tema de competencias desleales. El Delonix regia, que es la denominación científica de uno de los árboles más coloridos del mundo, según la Wikipedia en español[3],  tiene casi 700 mil páginas Web que responden a la búsqueda por su nombre, estupendas fotos, y un documentado artículo en la Wikipedia. Ecured, la wiki enciclopedia cubana, también tiene su artículo dedicado al rival de nuestro árbol sin nombrar. [4]

Un nombre para mi árbol

El primer problema que he tenido al intentar escribir mi “artículo afectivo” sobre el árbol “de cuyo nombre no puedo y quisiera acordarme”, es que al no saber cómo nombrarlo, me ha costado trabajo buscar información sobre él. Alguien diría pues chico eso te pasa porque no tienes Internet. Pero no es el caso. Aunque mi conexión a Internet sea lenta, estoy entre los cubanos que tengo el privilegio de conectarse de alguna forma a Internet, y confieso que soy de los que milito entre los que luchamos para que llegue a ser un derecho de todos.

Pues bien, el problema que se me presentaba es que al no tener un nombre para mi árbol, o nuestro árbol, porque muchos de los que lean esta nota estarán imaginándose cuál es el árbol, pues sencillamente no tenía forma de preguntarle a Google por él.  Y no solo a Google, porque hay muchas más formas de buscar información en Internet pero el tema estaba en que no tenía un nombre para “la cosa”. Las palabras y las cosas diría Foucault. A estas alturas seguramente ya hayan identificado al personaje porque seguro han visto las imágenes que la editora de este sitio debe haber publicado.

Pero ¿cómo se busca una imagen en Internet si no tienes alguna palabra que te ayude a identificarla? Los más avezados dirían, pues te tomas una foto del árbol y por procesamiento de imágenes y patrones pues te localizas otras imágenes que coincidan con sus características y algunas de esas imágenes seguramente está conectada con alguna página Web que habla del árbol y ahí te enteras definitivamente como se llama.

En medio de estas reflexiones medio desarticuladas que venían a mi mente cada vez que topaba con la presencia casi ubícuota del árbol florido por todos lados que pasaba pensaba recurrentemente en que se trataba de un mensajero de la primavera.

Desde pequeño me impactó mucho que a diferencia de otros países no tuviéramos más que dos estaciones; la lluvia y la seca. Nombres de por sí bastante escuetos y el segundo de sonoridad hueca. Leía con cierta nostalgia sobre el devenir de las estaciones y la maravilla de la llegada de la primavera. Por suerte tuve una maestra que entre las cosas fundamentales que nos enseñó, fue la libertad de pensar y construir nuestros mundos y llenarlos de las cosas que nos gustaban.

Con ella comenzamos a reconocer las estaciones a pesar de que los libros se empeñaran a dividir nuestro tiempo entre torrenciales aguaceros y escasos días de frio en que estrenábamos camisas de “corduroi”.  Imaginarnos la llegada de la primavera con un aguacero de mayo en el que había que bañarse porque no hacía daño y a partir del cual podíamos comer mangos sin coger un tifo no era muy romántico.

Había que inventarse la primavera de alguna forma y para eso estaban las flores. El verano no costaba mucho imaginárselo pues parecía ser la verdadera y única estación con que contábamos.

El otoño, estaba representado por algunas plantas y árboles que se ocupaban de llenar nuestros patios de hojas asegurando trabajo de limpieza pues crecí en un reparto de las afueras de la ciudad. El invierno, que no sé por qué todos los cubanos nos afanamos en creer que era más fuerte y más largo cuando éramos pequeños llegaba de alguna forma y especialmente con las fiestas de navidad que posteriormente se redujeron a fin de año y fueron cambiando su tónica hasta desaparecer la única nieve que veíamos que era la de los arbolitos de navidad.

Volviendo al tema de los “escritos afectivos” no se imaginan la cantidad de personajes y vivencias que vienen a la mente, especialmente el recuerdo de las maestras y maestros de primaria. Fui un privilegiado, y eso sí, como muchos niños de mi generación, por haber contado con maestros que nos marcaron para toda la vida. Confieso, que aunque alguno puede haberse equivocado con razón o sin razón, los recuerdos que hoy vienen a mi mente están más cercanos a la imagen que generan las flores que tienden alfombras al pie de nuestro árbol.

Como es de suponer, lo más sencillo que podía hacer era preguntar a la gente, a los vecinos, a los amigos sobre el dichoso árbol y así lo hice. También estaba la opción de consultar a través de una amiga a un especialista del Jardín botánico pero la amiga estaba para Venezuela y no tenía la forma de llamar directamente así que opté por lo más sencillo. Pero cuál fue mi sorpresa. Pues que mis primeros entrevistados, que fueron varios, no tenían un nombre para identificar al árbol que nos rodeaba.

Todos se sorprendían y me decían que claro, que era bellísimo, que es cierto que estaba ahí cada año y que sin embargo muchas veces no lo veían. Varios mencionaron al inevitable Flamboyán. Alguno incluso se atrevió a bautizarlo como Flamboyán Rosa. Un trabajador de comunales que limpiaba tranquilamente su calle, llegando a la esquina de la avenida Paseo por la Calle 19, en el Vedado habanero, me dijo que le daba mucho trabajo pero que era un árbol muy lindo. Me dijo con toda la seguridad del mundo que se llamaba campanilla y fue a mostrarme una de las flores que había caído en la calle.

Lo de campanilla no me convenció mucho, pero me sorprendió la forma afectuosa con que me trató, la luz en sus ojos cuando le pregunté por el nombre del árbol y la falta de resentimientos a pesar de que cuando las flores se pegan al asfalto se hace muy difícil recogerlas. Finalmente alguien mencionó una pista. Me dijo que el árbol se llamaba Palo Rosa. Eso de Palo y Rosa juntos suena muy peculiar, pero muy cubano. Se puede ser un Palo y al propio tiempo ser Rosa. Interesante y muy contemporáneo.

Decir rosa

En Cuba decir rosa, además de pensar en príncipes negros es recordar de alguna manera a Rosa Formés, Rosita Fornés, como escuchamos por tantos años los que crecimos entre los años 60 y 70. Esto es puro “datos enlazados” diría un especialista de la Web semántica.  Ya les contaré en que terminó el Palo de Rosa pero al menos tenía una pista.

En medio de estas indagaciones que como supondrán se dan de manera muy complementaria de las actividades del día, llegó el día de las madres. Nuestro amigo, o más bien nuestros amigos realmente se lucieron ese día. No sé si hay testimonios gráficos como para comparar pero este año inundó la ciudad.

Donde quiera que está, y está por toda la ciudad, la sinfonía de flores rosa en sus más variadas tonalidades era un regalo de día de las madres.  Había olvidado contarles que mientras hacía estas indagaciones para escribir mi “artículo afectivo” tiraba fotos a cuanto árbol de los mencionados encontraba. El problema es que las tomaba con el celular. Sí ya se. También tengo celular. Que le voy a hacer. Bueno, pues para compensar un poco, mi celular no tira fotos de calidad, así que no logré imágenes de las mejores. Algunas de las que el avezado informático hubiera mandado a procesar con un software especializado como Picasa. Si Picasa puede identificar rostros a partir de imágenes, cómo no va a identificar “un árbol”, diría el experto.

Como se acercaba el día de las madres, y tengo una cuenta en Facebook que en realidad uso muy contadas veces, pues me decidí a poner un mensaje de felicitación por el día de las madres que decía “Este árbol, de cuyo nombre quiero, pero no puedo acordarme, florece cada año como regalo de madres. Tomé esta foto ayer para compartirla con mi esposa, y todas las mamás queridas que forman parte de nuestras vidas y para todas las madres donde quiera que estén. Besos”.

Para los psicoanalistas, no la compartí con mi madre, porque ni tiene Facebook, ni acaba de comprender todavía qué rayos es Internet, a pesar de que se lo he explicado muchas veces. A ella le hice un almuerzo en casa al que le puse todo mi amor. Paralelamente hice una búsqueda por Palo de Rosa y la información que encontré no coincidía con mi árbol. Mi árbol se llenaba de flores color rosa pero no era un Palo, era algo más.

Así que cuando puse la felicitación acompañada de la imagen del árbol, comenzaron los comentarios y una querida amiga que vive en Nueva York, cubana de nacimiento y que creció en Puerto Rico me respondió casi inmediatamente y con un conocimiento de causa que me sorprendió que se trataba de un Roble Blanco y que en Puerto Rico era muy conocido. Me mandó incluso la referencia de Wikipedia en español que ahora no encuentro donde efectivamente hay un artículo, escrito originalmente por un “puertoriqueño”. Digo “puertoriqueño”, porque aunque Microsoft Word se empeña en corregirme “yo siempre le he dicho así”.

Esa es una frase recurrente en nuestra familia a partir de una anécdota muy conocida entre nosotros de una de las más originales, inteligentes y lindas integrantes de la misma.  Ni les cuento el trabajo que he pasado para encontrar el “post” original en el que publiqué la foto de nuestro Roble Blanco en Facebook. Con tantos anuncios y fotos y toques y cosas de todo tipo pues se genera una longaniza de mensajes que me cuesta mucho trabajo procesar. El avezado ya mencionado me mandaría a entrenarme y mi mamá no entendería por qué perder tiempo en una cosa que yo mismo he confesado que no entiendo.

Bueno, para encontrar una definición más cercana a nuestra cultura pues me fui a buscar el ya nombrado Roble Blanco en Ecured y encontré una entrada dedicada a él.[5]  Allí dice:

Roble blanco. Árbol de la familia de las bignoniáceas, oriundo de América Central, muy utilizados en los parques y avenidas de Cuba, es muy apreciado en ebanistería, es una planta utilizada como árbol de sombra por su follaje. Tiene como nombre científico Tababuia pentaphylla (L.) Hemsl.

Sin embargo, la imagen que acompaña la entrada no se parece al árbol de flores rosadas que reconozco en nuestra ciudad.  Me sorprendió además muchísimo que nuestro árbol florido, o nuestro árbol primavera fuera un Roble, y en tal caso, un Roble Blanco y no Rosa como sus flores sugerirían. Pienso que con las connotaciones culturales de las palabras Roble y Rosa, alguien prefirió llamarle Roble Blanco para evitar ambigüedades.

Los tiempos han cambiado. No voy a hacer ahora mismo una indagación sobre la palabra Roble pero en mi sentido común y creo que el de mucha gente, roble es un nombre que se asocia con la fortaleza. Cuantas veces no hemos escuchado decir con orgullo: el muchacho es un roble. En tiempos de mi abuela, ella diría que bastante hígado de bacalao que tomó.  Desentonaría algo como: el muchacho es una Roble Rosa. Que es un Roble blanco, podría interpretarse como racista si se evoca aquello de la esperanza blanca del boxeo.

No es tan simple

Como ven, las cosas no son tan simples como parecen, pero el ejercicio de escribir con afecto sobre algo que nos ha impresionado agradablemente puede tener cursos muy interesantes. De todas maneras prometo no salirme del guión del ejercicio en el que, al escribir con estos fines debemos concentrarnos en los aspectos afectivos de la experiencia y sobre todo en explicitar afectos. A estas alturas, sigo rindiendo un homenaje a nuestro ahora roble cubano, con permiso de los botánicos y especialistas en hacer taxonomías y estudiar las plantas a quienes mucho respeto.

Justo ayer me sucedió una cosa que casi hace naufragar mi “escrito afectivo”. Iba a una gestión por la Calle 17 del Vedado y les di botella a dos señoras que se cuidaban del sol arrollador del mediodía. Como estaba con “los fenicios” prendido, enseguida que montaron al carro y dieron los agradecimientos por haberlas recogido, les pregunté si conocían el nombre de ese árbol.  La Calle 17 tiene muchos de ellos. Insisto que a estas alturas no sé aún con precisión cual es el nombre. Ambas, casi al unísono respondieron que se trataba de Robles. Robles sin apellidos. Sencillamente Robles.

Eso fue como una sacudida. Será que toda mi vida he escuchado hablar sobre los robles, me he sentado en muebles de roble, he valorado mil veces con mi esposa intentar comprar una cama de roble, de las que no suenan ni se mueven mucho por la solidez de sus maderas, y no he sido capaz de reconocerlos. Es increíble. Incluso he tenido siempre la curiosidad de como huele un roble después que intenté ver, y confieso que no logré llegar al final, la película “Roble de Olor”.  A estas alturas no he tenido tiempo de verificarlo, pero lo que parece estar claro es que efectivamente se trata de una especie de roble.

Para ponerle más a la caldosa, mi amiga Paquita, que vive en Brasil me ha mandado una referencia a la Wikipedia en Portugués donde hay una entrada por el nombre científico de algo que al menos por las imágenes se parece mucho a nuestro árbol, se trata del Handroanthus heptaphyllus[6],  y que según la entrada se conoce como  “O ipê-rosa” y que según la propia fuente afirma que ”é uma árvore brasileira”. Fíjense que en portugués árbol es femenino. Interesante. Eso parece más coherente. Este árbol a pesar del parecido, pues dice la enciclopedia citada que tiene alturas de hasta 40 metros y que crece en Suramérica. Es posible que el tamaño varía en relación con el ecosistema en que crece.

¿Roble, Roble blanco, “Roble Rosa”, “Ipê-rosa”?  ¿Tababuia pentaphylla o Handroanthus heptaphyllus? Tal vez otro. Quede la tarea taxonómica para los expertos y todos aquellos que quieran aventurarse y ayudar a nombrar a nuestro amigo o amiga.[7]  Será muy bienvenido uno o más comentarios que nos esclarezca. Recuerden que este es un ejercicio de “escrito afectivo”, así que necesitamos cierta tolerancia en la búsqueda del conocimiento pero no renunciamos a él.

Además de ser una amigo o amigo muy especial que nos regala primaveras entre la seca y la lluvia, de llenar de flores nuestros parques y nuestras calles, de ser defensor de la belleza frente a la forma en que tristemente descuidamos la ciudad y llenamos de basura las esquinas, a pesar de que le pasamos cerca y no siempre le reconocemos, a pesar de que algunos no podemos siquiera nombrarle, él o ella, está ahí para nosotros.

Está para motivar nuestra curiosidad, para que conversemos con nuestros hijos, con la familia, con los amigos, con los vecinos, con quien limpia nuestras calles.

Está también para recordarnos que la belleza hace bien y que debemos reconocerla y cuidarla. Y que la belleza es diversa, rica y que nunca sobra.

Está también para recordarnos que el conocimiento es una travesía interminable que se disfruta permanentemente.

Seguramente un botánico que lea este “escrito afectivo” tiene respuesta inmediata para nuestra pregunta y nos ayudará a reconocer y contextualizar a nuestro árbol. Los flamboyanes seguirán captando el espectáculo, porque son efectivamente así, esa es su naturaleza, pero nuestros árboles floridos rosa, nuestros robles de flores hermosas, esos magos o magas que tejen alfombras de flores sobre nuestros parques y nuestras calles, están con nosotros  y seguirán saludando a nuestras madres cada mayo. Gracias entonces a quienes los plantaron, a quienes los cuidan, a quienes nos ayudarán a nombrarlos, porque para existir, para ser reconocidos, para ser amados, también necesitamos ser nombrados.

Notas


[1] Wiseman, R. J. (2010). 59 segundos: piensa un poco, cambia mucho. RBA.

[2] Ver el capítulo de conclusiones del libro en la edición citada en inglés.

[3] Delonix regia – Wikipedia, la enciclopedia libre. (s. f.). Recuperado 17 de mayo de 2015, a partir dehttp://es.wikipedia.org/wiki/Delonix_regia

[4] Framboyán – EcuRed. (s. f.). Recuperado 17 de mayo de 2015, a partir dehttp://www.ecured.cu/index.php/Framboy%C3%A1n

[5] Roble blanco – EcuRed. (s. f.). Recuperado 17 de mayo de 2015, a partir dehttp://www.ecured.cu/index.php/Roble_blanco

[6] Handroanthus heptaphyllus. (2014, agosto 2). En Wikipédia, a enciclopédia livre. Recuperado a partir dehttp://pt.wikipedia.org/w/index.php?title=Handroanthus_heptaphyllus&oldid=39721748

[7] Se recomienda buscar en Índice Internacional de Nombres de las Plantas disponible en http://www.theplantlist.org/

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate. 

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Se han publicado 59 comentarios



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  • Raisa dijo:

    Bello!!!!!! Parece la Primavera de paìses europeos, que manera de ser Bellìsimo mi paìs.

    • jose t dijo:

      El “escrito efectivo” del autor le quedó hermoso, debe estar muy felíz.
      Gracias por compartirlo, las fotos están ta,bien hermosas.
      Identifico el árbol como: Taberbuia rosea: http://es.wikipedia.org/wiki/Tabebuia_rosea

      Necesitamos estar más cerca de la naturaleza, necesitamos que se vendan libros para identificar nuestros árboles, nuestras aves, nuestras mariposas, nuestros peces. Cualquiera que quiera saber el nobre de cualquier especie en Cuba pasará por las mismas visicitudes que el autor de etsa maravilloso artículo.

      buddy77.cubava.cu

    • DOLLY dijo:

      Ay si! precioso!, me fascina cuando llega esta época del año-

  • Nengue dijo:

    Buenas fotos Ladyrene, me gustan tus trabajos y tamb la fotografia q haces..te felicito, me gustaria algun dia intercambiar algunas fotos contigo, gracias y espero ver tamb las de otoño en Cuba, saludos!!!

    • Arista dijo:

      Pensé que el artículo expuesto iba a tratar sobre la protección de los robles blancos. Siempre que los veo floreados, dándodole un toque mágico a la ciudad, siento una gran emoción, pero hay que protegerlos!! Por solo mencionar una trágica situación: el sábado 16 de mayo, SE LLEVABA A CABO en el Reparto Guiteras, Habana del Este, recorrido de la 195, UNA PODA MASIVA E INDISCRIMINADA DE LOS MISMOS.
      Reparto lleno de esta especie, estaban siendo cortados casi a rente, despojados de todas sus hojas más de 100 robles blancos. Quién lo ordenó? no sé, A quién de los que deben verificar si se lleva a cabo una poda adecuada, le importó? no sé. Entonces después veo en el televisor lo importante de llevar a cabo una poda, correcta!! Por favor!!!!

  • jorgebraulio dijo:

    Resplandeciente,
    la nube tras las ramas
    del roble en flor

    Saludos desde Alamar

    enclavedehaiku.cubava.cu

  • Doro dijo:

    Muy hermosas las fotos mostradas pero más hermosa es la flor que publicó este artículo. Un beso para ti Ladyrene

  • Maybella dijo:

    Los robles la adornan… y los carros de basuras la afean….

  • Joturo dijo:

    qué no son robles!!!! son dagames…. Dagame (Calycophyllum candidissimum); el roble no crece en las regiones tropicales.

    • El Liebre dijo:

      En nuestra ciudad, que no es La Habana, también tenemos estos árboles. Viví en el campo, en una finca durante varios años y allí crecían los dagames, estos son árboles de tallo bien largo, pocas ramas y de piel rojiza con escamas. Estos NO son dagames.

    • jose t dijo:

      Tampoco son dagames! lamentablemente la falta de educación ambiental nos come por una pata: no existen libros para identificar nuestros árboles, y como consecuencia le decimos cualquier nombre a cualquier cosa.
      La especie a la que se refiere el artículo es: Tabebuia rosea. Conocida por muchos como roble blanco, ya Juan tomás Roig conocía que en varias localidades de Cuba llamaban robles a varias especies del gébero Tabebuia, a la que pertenece esta especie.
      http://es.wikipedia.org/wiki/Tabebuia_rosea
      Ls pongo el link de la wikipedia, para que adelanten.
      Lindo artículo, bellas fotos.
      Los invito a que visiten mi blog:
      buddy77.cubava.cu

  • Philipa Granger dijo:

    Hermosura de árboles, le dan un toque especial al paisaje. Espero que lo hagas con os flamboyanes cuando florezcan, qu etambién son una belleza.

    • Tell dijo:

      Tomás Roig una figura de su tiempo, sin dudas, pero no sabía de plantas, como mucho se lo adjudican, fue alguien que recopiló el saber popular, si, es cierto, y su legado fue de alguna forma un amplio registro de nuestra naturaleza.
      Muchos apenas hablan de planta como Ud. enseguida lo mencionan, como para dar crédito de veracidad. Esto me molesta mucho, debiéramos si de verdad queremos darle crédito a lo que decimos, mencionar a los que si sabían de plantas desde el punto de vista científico, y aclaro el término porque sé que muchos saldrán a comerme, “Desde el punto de vista científico”. Conoció realmente la flora cubana el botánico alemán Dr. Johannes Bisse. Y la doctora Ángela Leiva. Otros gozan de reconocido prestigio hoy como el que tiene Raúl Verdecia Pérez…….no menciono a otros pero la verdad es que estoy cansado de más reconocimiento del que merece Tomas Roig, en sus trabajos aparece una cantidad inmensa de errores de saber científico y nadie en este país se atreve, tal vez los que saben, por humildad, poner las cosa en su justo lugar. Recuerdo cuando Raúl Castro, rectifico la autoría de la frase, “aquí no se rinde nadie”…que aparecía en los libros de historia dichas por el gran Camilo Cienfuegos, y dijo que había sido Juan Almeida Bosque, a ambos le sobraba valor para decirlo, pero nada más justo que la verdad.
      No demeritemos a Tomas Roig, pero no digamos de él lo que no es. De biología y de ciencias botánicas, y de su aseveraciones de cuales plantas eran o no medicinales, y cuales curaban o no, de eso no hizo CIENCIA. Al menos verdadera CIENCIA.

      • jose dijo:

        Tell, gracias por su comentario pero no se ponga a la defensiva, reconozco su animadversión personal por Roig, pero no es mi caso, Juan Tomás Roig hizo un excelente ejercicio de recopilación de la ciencia popular y escribió entre otras cosas su diccionario de nombres vulgares de plantas en Cuba, ese mérito nadie se lo puede arrebatar.
        Y sobre la base de lo descrito por él en su libro traté de dar luz a este misterio del nombre del árbol que tan bien nos describe aquí el autor.
        Roig dejó claro que en varios pueblos de Cuba le llaman Roble blanco a varias especies del mismo género al que pertenece la planta que nos mantiene acupados en este artículo.
        No he dicho que Roig sea el que más sabe de esto o de aquello.
        Pero le agradezco tremendamente a usted el haberme recordado que tengo un libro de Bisse que leeré por la tarde cuando llegue a casa, para estar más seguro.
        Mientras tanto lease la wikipedia en el artículo que le recomendé para que se de cuenta que Roig me ayudó a identificar el arbol.

      • Tell dijo:

        Veo e interpreto en su comentario honestidad, por favor no tome mi comentario como una agresión, solo quise aprovechar la coyuntura para aclarar la situación, no le pretendo quitar la gloria que con gran esfuerzo se ganó el señor Tomás Roig, como a Ud. a mí también me ha sido útil para ubicarme en mis investigaciones, sobre algunas plantas, y por tanto agradezco todo lo que él hizo por la naturaleza, y para que el pueblo la viera desde una perspectiva útil e imprescindible. Lo que me molesta, y no creo que sea su caso, es que cada vez que se habla de plantas las personas me sacan a Tomás Roig, lo que parece ser culpa de los mismos profesionales, que no hemos sido capaces de publicar las inmensas obras de Botánicas, escritas por verdaderos “Colosos” del saber, como Bisse, Ángela, ……entre muchos otros.
        Fíjese que el Dr., Bisse “casi nos dejó sin trabajo, porque “Casi todo lo dijo”, rectificó casi toda la clasificación de nuestra Flora, y ….. Si vive 20 años más, yo creo que si vive 20 años más, sobráramos nosotros.

      • jose t dijo:

        Tell, gracias entonces por sus comentarios, las opiniones diversas deben seguir llevándonos a la verdad. Veo que en definitiva por lo mismo.

        Lléguese por mi blog cuando quiera y déjeme sugerencias.

        buddy77.cubava.cu

  • Casandra Leal dijo:

    Hermoso.Es importante hacer notar esos regalos que tenemos al alcance de los ojos.También los flamboyanes comienzan su esplendor en rojo.

  • coco dijo:

    Es una lástima que los compañeros de Holguín no envíen sus fotos porque en esa ciudad también es un primor ver esos árboles florecidos por ejemplo en la Avenida de los Álamos o en la que pasa por el PCC provincial y la Universidad.

  • Ricardo Salazar Crespo dijo:

    La reforestación. Necesidad que clama a gritos su solución.
    En los pueblos es cierto que las variedades de plantas para la reforestación deben responder a necesidades urbanísticas, pero a campo abierto debe primar el restablecimiento de las especies que la naturaleza seleccionó a través de miles de años de sucesiones ecológicas. Las relaciones ecológicas y la coevolución exigen que se siembren las especies tradicionales del lugar, cosa que mejor se averigua indagando con los campesinos ancianos de los diferentes lugares, que desde el buró de los ingenieros o los que tienen la potestad de decidir por su poder. Si así hubiera sido, hoy tendríamos millones de cedros, caobas, barías y otros árboles maderables, a lo largo de toda la isla que nos ayudarían a resolver urgentes problemas de reparación de locales que hoy esperan la disposición de las maderas tan difíciles y costosas de obtener.
    Prof. Ricardo Salazar.

    • jose dijo:

      Muy de acuerdo con usted profe, en lugar de tener arboles nativos por todos lados, hay mucho eucalipto, muchos soplillo y muchos cualquier cosa

  • Carlos Alkberto de Freitas dijo:

    Siempre maravillosa mi eterna Habana, con robles o sin robles.Desde Brasil, Carlos A. de |Freitas

  • mary dijo:

    verdaderamente bello, en lawton hay muchos robles blancos, todos florecidos !!!

  • Dora dijo:

    Gracias por estas hermosas fotos y este maravilloso artículo. He llorado al terminar de leerlo. No sé quien en Pablo Urbano, pero que ojala escriba mas en cubadebate.

  • Ra dijo:

    Bonitos árboles, lástima que no se pueda decir lo mismo de su entorno, en la tercera foto, se ve un tanke de basura, con una pila de la misma basra por fuera, increíble, que contrastes hay en nuestra capital

  • Heriberto dijo:

    Buen articulo botanico y de apreciación de la belleza natural.
    Pero por desgracia me toco poner la NOTA discordante.
    Lo bello junto a lo SUCIO, los malas costumbres y una TERRIBLE INDISCIPLINA SOCIAL,
    que acaban con el mejor sueno de un POETA y las aspiraciones del ciudadano COMÚN.
    Cuanta instrucción.
    Que poca cultura del BUEN ORDEN Y CIUDADO.
    Saludos.

  • Alberto Rodríguez dijo:

    Compañeros, qué bueno que nos acordemos de estos arboles que uno ve mira todos los dias sin mirarlos y que alegran el paisaje…. saludos cubadebate y a la fotografa bonita y al Urbano que nombra las cosas

  • moadi dijo:

    que bueno hacer un articulo a los arboles, en particular a estos robles de todos los años que me emocionan tanto. me pregunto por que no siembran mas pues en mi barrio de nuevo vedado han sembrado unos arboles de caimitillo que no dan flores y manchan la acera y no se puede caminar cuando dan frutos. estuve en nueva york en otoño y hay que ver los arboles alli y me preguntaba como tener esos arboles en mi pequeña isla. imaginate que hay cerezos que fueron regalo de un japones a nueva york, pero averigüé y no se darian en cuba por la temperatura pero siempre hay que pensar en la bella naturaleza, los robles blancos son el regalo de la naturaleza en estos meses.

  • Juan Garay dijo:

    Que lindo relato, contagia este escrito afectivo el deseo de escribir con afecto e intentar seguir contagiando… Quizas sea una expresion de madre la que el arbol rosa de La Habana- del que nos habla con tanta ternura Pablo Urbano- nos regala en el dia de las madres, pues ella lo es.. Y regala sin pedir, tapiza nuestro caminar de belleza inefable, se aromiza con la luz del sol y de las estrellas para ofrecernos todos los tonos de color, nos da sombra y cobijo, nos recuerda el paso magico de la vida para disfrutar cada dia como unico, nos ama, y con ello nos deja, con su guiño de magia y belleza, caminar hacia nuestro destino, y en el descubrir y compartir, como hace el bueno de Pablo, con la inegnuidad de la infancia, la que ante su madre se sabe libre de sonreir sin pudor, sin temor, con amor…

  • Maite Abreu dijo:

    Solo un roble de olor es capaz de percibir y transmitirnos todo lo que es y nos brinda un roble rosa. Y digo roble de olor porque quien es capaz de hilvanar esas ideas de manera que vayan fluyendo nítidamente las imágenes en nuestra mente, de hacernos sonreir, y sobre todo, de alertarnos en que la vida, con su enorme belleza, está en todos lados, es un ser con una espiritualidad alta y fuerte como un roble y sensible como uno de olor.
    Gracias mil

  • Cejas dijo:

    Tabebuia rosea (del que la pentaphylla es sinónimo) inorudicad y cultivada en Cuba. El Dagame tiene flores blancas

Se han publicado 59 comentarios



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Pablo Urbano

Irene Pérez

Irene Pérez

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana. Fotorreportera de Cubadebate. En twitter: @irenefotos

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