Opinión, Política  »

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Tuve el privilegio de asistir a la Constitución de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, el 2 de diciembre de 1976. Era viernes, pero para los cubanos no significaría un día como cualquier otro. Habíamos vivido, desde comienzos de ese año, un largo proceso de Institucionalización del país, reordenamiento total: nueva Constitución, nueva división territorial, nuevos ministerios, creación de gobiernos locales, las primeras elecciones para la mayoría. La nación dio un vuelco y cayó de pié. Pletóricos de esperanzas y proyectos, estábamos siendo testigos de una jornada memorable.