Juan Marinello, Maestro Emérito de la Cultura Cubana

Juan Marinello. Foto: Archivo.
El 2 de noviembre de 1898, en Jicotea, en la antigua provincia de Las Villas, en el seno de una familia acomodada, nació este ilustre cubano; que supo desde muy joven y a pesar de su privilegiada posición social, contribuir a fraguar la revolución que en los años veinte intentaría transformar la vida de la sociedad cubana. Fueron precisamente esos años en los que comenzó a entroncarse el pensamiento de la cultura cubana heredado del siglo XIX, con el pensamiento social y filosófico más progresista de los siglos XIX y XX, el de Marx.
Junto a Rubén Martínez Villena y a otros intelectuales y artistas, participó el día 18 de marzo de 1923, en la conocida Protesta de la Academia o Protesta de los 13, por la que se fue procesado el 25 de mayo por el régimen de turno. Asimismo, junto a Rubén, fundó la Falange de Acción Cubana, de la que lo eligieron Primer Vicepresidente.
En 1924, formó parte del Comité Ejecutivo del Movimiento de Veteranos y Patriotas. Editó la revista Venezuela Libre, que luego se convirtió en América Libre, junto a varios compañeros entre los que destacaron Rubén Martínez Villena y Julio Antonio Mella.
En su condición de abogado, el 21 de marzo de 1925, también en unión de Rubén, defendió a Julio Antonio Mella y a otros estudiantes cubanos, que habían sido acusados de injuriar al embajador yanqui y a los corruptos gobernantes cubanos. En junio de ese mismo año, resultó electo Diputado del Colegio de Abogados de La Habana.
Participó en 1926 de la creación de la Institución Hispano Cubana de Cultura, que estuvo presidida por don Fernando Ortiz—ese pilar esencial de la cultura cubana— en la que ocupó los cargos de Vicepresidente y Presidente de su Comisión de Conferencias.
El 15 de marzo de 1927, fundó con Alejo Carpentier y otros destacados intelectuales la Revista de Avance. El 6 de mayo de ese mismo año, firmó la Declaración del Grupo Minorista que había sido redactada por Rubén Martínez Villena y publicó su primer poemario Liberación. El 29 de noviembre ingresó como socio de número de la Sociedad Económica de Amigos del País.Su actividad docente en las aulas de la Universidad de La Habana, comenzó en 1928.
El 30 de septiembre de 1930, en la manifestación estudiantil contra el gobierno de Machado, en la que perdió la vida Rafael Trejo; cuando trataba de defender a Pablo de la Torriente Brau, que había sido agredido por un policía, resultó arrestado por dos semanas en el Castillo del Príncipe. Continuó en la lucha contra el tirano y volvió a ser encarcelado por la represión machadista en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, por seis meses en 1932.
Entró en contacto con México en 1933, cuando encontró, como fue habitual para los revolucionarios cubanos, desde la época de Martí y aún antes, la hospitalidad de la tierra hermana, frente a la opresión y persecución de la tiranía machadista. Desde entonces, México ocupó espacio destacado en su obra, en su biografía y en su corazón. Y estos sentimientos se tradujeron en su gestión a favor del intercambio y la amistad de ambos pueblos desde la presidencia de la Sociedad Cuba–México que él ostentó por algunos años.
En México, conoció al continente y su espíritu latinoamericanista entró por primera vez en contacto con la complejísima síntesis de valores que conforman la idiosincrasia de nuestras culturas. Él lo resumió así, México fue para mí, el conocimiento de los latinoamericanos en sus raíces y expresiones más trascendentes. La complejidad y riqueza de los elementos que integran la vida mexicana ofrecen al luchador de nuestro continente datos invalorables. Trabajó arduamente en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su fecundo exilio concluyó con la caída del tirano Machado el 12 de agosto de 1933. Exhumó los restos de Mella y junto a un grupo de revolucionarios mexicanos y cubanos devolvió sus cenizas a la Patria; aquellos fueron años turbulentos y de creación.
Fue esta época el período en que la lucha antiimperialista y la acción decidida contra la corrupción oficial eran la mejor bandera de todo aquel que sintiera como suyos los sufrimientos del pueblo. Luego vinieron actos de superior definición ideológica, que abrieron nuevos caminos a su acción, como en 1934, cuando fundó junto a un grupo de escritores progresistas la revista Masas, órgano de la Liga Antiimperialista de Cuba; la organización y presidencia del Primer Congreso contra la Guerra, la Intervención y el Fascismo y pasó a formar parte del claustro de la Escuela Normal para Maestros de La Habana.
En 1935, ocupó la dirección del periódico La Palabra (órgano creado por el Partido Comunista). Pero de nuevo se encuentra en la cárcel y vuelve al exilio político a partir de 1936, lo que lo alejó de la patria por unos pocos años.
En 1937 viajó a Madrid, junto a Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez y Leonardo Fernández Sánchez, para participar en el Congreso de Intelectuales por la Defensa de la Cultura. A la tierra de Lorca y Machado, llegó como hombre de letras, para defender la cultura ultrajada, pero también para brindar su solidaridad internacionalista a los combatientes por la libertad. En ese país, como él mismo declaró, vivió una experiencia inolvidable, pues por primera vez participó en el centro de una lucha popular de proporción y trascendencia universales.
A su regreso en 1938, lo designaron presidente del Partido Unión Revolucionaria Comunista. Después ocupó diversas responsabilidades en aquellas organizaciones que, unas veces desde la efímera legalidad y otras (la mayoría) desde la clandestinidad, lucharon por el triunfo de los ideales del marxismo en nuestro país. Podemos subrayar que siempre en cualquiera de las muchas tareas que se le encomendaron, desde las más riesgosas hasta las más simples, trabajó bajo hostiles condiciones de persecución y cárcel, sus compañeros de entonces lo recuerdan con esas ganas inagotables de vivir, apegado a su fidelidad por servir a la causa que lo hizo grande entre nosotros.
Fue Delegado a la Asamblea Constituyente de 1940 por la provincia de Las Villas, junto con otros comunistas y antiimperialistas procedentes de la Revolución del 30; en ella puso todo su talento para lograr que la Carta Magna se convirtiera en uno de los textos constitucionales más progresistas de su época.
En 1940, Fulgencio Batista ganó formalmente las elecciones convocadas para la Presidencia de la República en alianza con las fuerzas de centro, de derecha y del Partido Socialista Popular. Batista tenía una amplia oposición en los partidos revolucionarios de izquierda provenientes de la Revolución del 30, y por ello se critica entonces que el Partido Comunista brindara su cooperación a Batista. Marinello, en el seno del propio Partido Socialista Popular, votó en contra de esa alianza, pero se acogió a la disciplina del Partido y cooperó con el gobierno. El 21 de enero de 1944, debido a su gran prestigio y a su particular hoja de servicio a la patria, resultó electo Presidente del Partido Socialista Popular.
En los finales de los años cuarenta, años de persecución anticomunista; todos sus actos, desde el paso por la Cámara y el Senado hasta su presencia intelectual en Cuba y otros países del continente, estuvieron animados por el empeño de procurar vías políticas que renovaran las esperanzas ciudadanas en el futuro del país, así como ese otro afán que lo llevó a defender sus ideales de libertad y paz, más allá de las fronteras nacionales, como miembro del Consejo Mundial de la Paz desde su creación en 1949.
En los años cincuentas, el país vuelve a la dictadura con Fulgencio Batista. Marinello continúa en la lucha por la justicia; como comunista estaba fichado por la tiranía y por ello lo persiguen y procesan. Por todo ello debió pasar a la clandestinidad entre 1956 y 1958.
Como una visión premonitoria, poco antes del asalto al Moncada, en 1953, dijo en un acto de homenaje al Maestro en el centenario de su natalicio: “No importa que desgarren nuestra tierra los mercaderes más crueles de la historia ni que pequeños grupos nacionales inconscientes o malvados estén a su servicio. Los trabajadores, los campesinos, los intelectuales dignos de ese nombre, la masa popular están en su puesto y, como en los días de Martí, la victoria será del pueblo.”
El cumplimiento de su profecía estaba en relación con la contribución que él, y otros como él, habían venido fomentando en la generación que protagonizó el rescate para el país de los ideales de José Martí.
Acababa de cumplir sesenta años cuando triunfó la Revolución, en ese momento le pidió a Fidel, un lugar para ser útil en la nueva obra que se abría paso en nuestro país. Desde las diferentes posiciones y cargos que ocupó, contribuyó con su talento excepcional a hacer realidad los sueños sociales y políticos por los que había luchado a lo largo de tantos años.
Lo recuerdo construyendo día a día la obra a favor de la cultura, de la Revolución, del país; lo mismo desde la histórica escalinata universitaria cuando en 1962, como Rector del alto centro de estudio, proclamó la Reforma Universitaria (el viejo anhelo de varias generaciones de estudiantes); que desde su cargo de embajador y delegado permanente ante la UNESCO; o desde su participación en la comisión encargada de redactar la Constitución de nuestra República; o presidiendo la mesa de edad de la Asamblea Nacional y, por supuesto, contribuyendo con su fecunda lucidez al desarrollo de las ideas y pensamientos socialistas en las generaciones más jóvenes de políticos e intelectuales cubanos.
Nuestro querido Maestro Juan Marinello desarrolló una inmensa contribución intelectual a la cultura cubana. Fue un profundo conocedor y lúcido estudioso de la obra de Martí, la cual presentó ante el mundo más allá de nuestras fronteras geográficas. Al Héroe de Dos Ríos dedicó varios libros, ensayos, y artículos. En sus páginas sobre el Maestro, brinda un pensamiento de sólidos juicios y precisas aclaraciones acerca del alcance de la crítica literaria martiana y de la evolución del pensamiento revolucionario del Apóstol.
Fue un martiano y un marxista consecuente de acrisolada honestidad intelectual. Ejemplo de revolucionario y de intelectual comprometido con la causa del pueblo. Por su conciencia estuvo desde muy joven al lado de los explotados, por ello su mérito es más alto; fue lección viva de entereza y entrega a los ideales de la Revolución.
Su único privilegio fue el haber vivido y haber ayudado a construir en nuestra patria la sociedad socialista, por la cual luchó desde los mejores años de su juventud. De “pleno y vital modelo de conducta comunista” lo calificó Raúl Castro, cuando despedimos para siempre, a nuestro entrañable compañero y amigo.
No es posible ni tampoco justo, deslindar su acción política de su labor intelectual ¿Puede acaso deslindarse cuando ambas son genuinas, sinceras, profundas? Creo sinceramente que no, en América y en especial en la esencia de la historia de Cuba, Política y Cultura están unidas indisolublemente y se necesitan mutuamente. Sin la una no hay la otra, ambas son parte de un mismo haz de luz; encontrar ese enlace fue la gracia que tenía nuestro Juan, por eso me gusta recordar lo que él decía al respecto: “Yo no he sido lo que suele llamarse un escritor profesional. Los quehaceres políticos me han reclamado tiempo cuantioso y no he podido ofrecer la obra que todo autor lleva por dentro como una espina impaciente. A pesar de ello no he abandonado nunca la literatura y una veintena de libros dan prueba de ello”.
Política y Literatura son por eso, elementos indisolubles, por lo menos en nuestras culturas. Rindo homenaje a ese gran cubano y a los compañeros que junto a él iniciaron el combate por una patria mejor en las primeras décadas del siglo XX; a ese insigne intelectual en el que se concreta el vínculo estrecho entre capacidad de creación y disciplina revolucionaria; porque representa en alto grado esa síntesis maravillosa de unión entre socialismo y cultura.
Fue un hombre de pensamiento lúcido, ejemplo de conducta cívica, respeto y amor por la cultura; ha estado muy presente entre nosotros en estos históricos momentos, porque fue un ejemplo brillante de la intelectualidad comunista, un consecuente luchador contra el imperialismo, por el progreso social y por la paz.
Simboliza la unión entre los hombres y mujeres que en cualquier rincón del planeta aman y fundan como quería Martí; el vínculo entre los ideales por los que murió nuestro Héroe Nacional y las ideas que defendemos en el siglo XXI.
Su amor a la humanidad, su profunda cultura, unidos a su honda sensibilidad, hicieron de él, una figura extraordinaria de nuestras letras, cultura y política revolucionaria. Ganó un sólido prestigio internacional como ensayista y crítico y por sus actividades en el Movimiento por la Paz, la UNESCO y el Movimiento Comunista Internacional.
Respondió con su actuación a la pregunta clásica sobre la responsabilidad de los intelectuales, y su respuesta vital fue la de asumir esa responsabilidad como un hombre de su tiempo y correr todos los riesgos, hacer cuanto fuera necesario y entregarlo todo sin reservas para cumplir con su pueblo. Todo esto se añadía como parte indisoluble de su actividad, a una purísima y sostenida dedicación a la literatura, la educación y la cultura en general, que constituían, del mismo modo, altas tribunas para la profesión de sus convicciones revolucionarias, de su inclaudicable militancia, de su permanente vocación de servicio a la sociedad y al hombre.
Por eso al recordar su ejemplo y virtudes, encontramos un camino certero para la definición de la responsabilidad de los intelectuales en el mundo que nos ha tocado vivir y en el que queremos crear. Ya Martí con su ofrenda suprema en aras de la patria, es decir de la humanidad, había respondido en su momento a esta interrogante decisiva: “Para andar entre las multitudes de cuyos sufrimientos y alegrías quiere hacerse intérprete el poeta, ha de oír todos los suspiros, presenciar todas las agonías, sentir todos los goces e inspiraciones en las pasiones comunes de todos. Principalmente es preciso vivir entre los que sufren.” Y vivimos todavía en un planeta que sufre, en una época convulsionada por la violencia, como se puede apreciar en la realidad cotidiana de los más apartados rincones de la tierra, donde pierden la vida millones de personas bajo el signo del hambre, las enfermedades curables, las tiranías, las agresiones y la guerra. Vivimos en un continente y en un mundo donde la oligarquía norteamericana viola descarnadamente los principios de la autodeterminación, de las relaciones internacionales, los derechos soberanos de los pueblos, los derechos genuinos de la humanidad. Frente a un mundo similar asumió su conciencia de intelectual comprometido.
Ese maestro de la cultura, ese hombre de su tiempo que vivió y trabajó para todos los tiempos; cuyo nombre ha de ser bandera, puente, instrumento para ahondar en el diálogo con todos los demás pueblos, se convierte cada día en una figura que con sus ideas nos ilumina el camino para la transformación de nuestra realidad en un mundo mejor por el que estamos trabajando y lucharemos hasta nuestro último aliento.
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Y en Matanzas, lo que otrora fuese Instituto Superior Pedagógico y luego Universidad Pedagógica Juan Marinello Vidaurreta, ¨...cuyo nombre ha de ser bandera...¨, está en franco abandono y condenado a fenecer por decisión de las autoridades universitarias de la Provincia, quienes insisten en asegurar que ¨no está cerrado¨. Quien lo dude o sostenga lo contrario, que vaya a verlo.
Aun somos potencias en la salud y en la educacion.
Y si no lo somos más, Rene Torres, es por causa del Bloqueo. Eso tampoco lo dude. Mejor sin Bloqueo!