Crónicas de Amaury  »

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Amaury Pérez Vidal

Al microbus en que viajamos se le ponchaban los neumáticos cada diez kilómetros de lo viejos y gastados que estaban y se fueron acabando los repuestos. Para aliviar la tensión empecé a mortificar a Enrique de todas las formas posibles. Mientras yo repetía disparate tras disparate, él se fumaba cigarrillos compulsivamente con cara de fastidio por el sinfín de demoras, y el desinterés total por mis idioteces.