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El diario de René: La semana más gloriosa de todo el proceso

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Son las 8:20 p.m. de este domingo 11 de marzo cuando comienzo a contarte los acontecimientos del viernes 9, hace solo dos días. Me parece mentira haber avanzado tanto el fin de semana, y aunque sé que no terminaré con el viernes, al menos creo que el atraso respecto al domingo pasado se redujo en dos párrafos, tres líneas, un cuarto de línea y una coma.

A las 9:00 Paul abre la sesión presentando un par de documentos, ni más ni menos que escritos por quien te cuenta la historia.

Se trata de dos de mis informes tomados de la evidencia, en los que me refiero a un señor de nombre Luis Carmona. Carmona es inspector de la FAA en Miami, y yo explico a Gerardo que viene siendo el padrino de Hermanos al Rescate en la FAA, que Carmona dio a Freddy Flaker el nombre de un abogado de aviación muy bueno, llamado David McDonald, para que lo pasara a Basulto, pues según Carmona, la abogada que Basulto tiene es muy inexperta y no puede lidiar con la FAA. Y aunque el inspector en cuestión puede llenar algunos de los flancos débiles de la chica –parece que la Cossío lleva el signo de inepta en la frente, pues esto no escapa a nadie–, para que Hermanos al Rescate salga mejor ante las acciones de la FAA, Basulto necesita un buen abogado.

Mis informes contienen algunos datos adicionales, como que Carmona investigó a Orestes Lorenzo, luego que este trajera a su familia de Cuba en un avión, y que la Casa Blanca había coartado dicha investigación. Para terminar, me refiero a que Carmona dice que su ayuda a Basulto debe mantenerse discreta ya que, de caer en conocimiento de la agencia aeronáutica, le podría costar el puesto.

A las 9:10 a.m. Paul ha presentado los documentos y anuncia a la sala que su próximo testigo es Luis Carmona. Te confieso que me asalta la ansiedad, pues aunque yo sé que todo lo que he escrito es verdad, también supongo que la Fiscalía tratará de que el testigo lo niegue, y no sé cuán preparado estará Paul para sostener mis aseveraciones; por lo que todo se podría reducir a la palabra de un funcionario del gobierno contra un acusado de, ni más ni menos, agente castrista, algo así como el escalón que sigue a un asesino en serie, según los cánones de Miami... ¡Ah!, por supuesto que de arriba para abajo.

Pero hay alguien en la sala más ansioso que yo. Se trata de Luis Carmona, que ocupa el estrado de los testigos, visiblemente excitado, para enfrentarse a Paul McKenna. Ya Philip me había dicho que, desde el día anterior, en el vestíbulo de la Corte había mostrado síntomas de preocupación, comentando a todo el que podía escucharle que lo querían pintar como el infiltrado de Hermanos al Rescate en la FAA.

Paul hace recorrer a Carmona su trayectoria desde el año 74, en el Buró Nacional de Seguridad del Transporte, para luego pasar brevemente a la FAA, al Departamento de Estado, y nuevamente a la FAA, donde todavía labora como inspector.

Se repasan sus contactos de trabajo con Hermanos al Rescate, y se le hace admitir, tras cierta resistencia, que ha investigado al grupo con la venia de una carta por la que, previamente a la flotilla de septiembre del 95, le es asignada la supervisión de las operaciones de la organización. Carmona admite que en dicha ocasión se reunió con Basulto y que este le dijo que no entraría en aguas cubanas. Carmona admite también que su hijo voló con Hermanos al Rescate y cuando se le pregunta si participó en la flotilla de julio del 95, dice no saber la respuesta.

Se recorre la reunión previa a la flotilla de julio del 95, entre Basulto y la FAA; y aunque la memoria del testigo presenta algunas lagunas, admite sus simpatías por el grupo: “Cualquiera que se dedica a salvar vidas despierta simpatías”, dice Carmona. Paul le pregunta si fueron a salvar vidas cuando la flotilla, y si bien reconoce que no, añade: “Bueno, fueron a lanzar flores”.

Acto seguido Mckenna comienza el ablandamiento. Le pregunta si ha asistido a Hermanos al Rescate:

—Bueno, yo asisto a todo el mundo, es parte de mi trabajo.

—¿No le recomendó usted a Basulto un abogado para que pudiera defenderse de las acciones de la FAA?

—Yo no conozco siquiera al abogado de Hermanos al Rescate –dice el testigo, haciendo que Paul esgrima su primer ariete contra la armadura del funcionario, no sin que antes tenga que cruzar por encima de una objeción de la Fiscalía.

El ariete es una transcripción del juicio de suspensión de la licencia de Basulto, en él aparece una declaración del abogado del grupo que reconoce, efectivamente, conocer a Carmona desde hace más de 30 años.

Ahora el vacilante testigo dice que se acuerda, y Paul le pregunta si aconsejó a Basulto respecto a cómo lidiar con la investigación de la FAA, recibe como respuesta una carcajada nerviosa. Ante la pregunta de si conoce a David McDonald, Carmona responde que pudiera ser; trata de explicar que su deber como inspector de la FAA incluye ayudar a la gente a quitarse la FAA de encima, y añade que no tiene nada de malo el proveer nombres de abogados a quienes los necesiten.

Paul le lee informes míos donde hablo de su ayuda a Basulto, menciona su recomendación a este del abogado David McDonald, su investigación de Orestes Lorenzo, y cómo la Casa Blanca hizo detener la investigación. Ahora Carmona no solo ríe nerviosamente sino que resopla de vez en cuando para decir que mi reporte no contiene una sola verdad; y yo me pregunto cómo podrá McKenna hacer prevalecer la verdad sobre la mentira en esta porfía entre un respetable funcionario de la FAA y este siniestro, rastrero, vicioso, traicionero y criminal espía en que ha terminado por convertirse tu marido. (¡Ah!, se me olvidó añadir lo de castrista).

—¿No investigó usted a Orestes Lorenzo? –pregunta McKenna provocando la negativa rotunda de Carmona.

—Bueno –y Paul enarbola de nuevo su ariete–, aquí aparece otra parte del juicio a Basulto donde se establece que usted investigó a Lorenzo.

Paul lee el fragmento y Carmona comienza a explicar que otra gente, bajo su guía, hizo la investigación. Se recorre el caso de Orestes brevemente, se cuenta su aterrizaje en la carretera de Varadero y su peligro de colisión con un camión en la aventura.

—¿No envió usted una carta para la investigación de Orestes Lorenzo durante ese proceso?

Otra vez Carmona dice que no fue él sino otros funcionarios de la FAA bajo su dirección. Y de nuevo Paul menciona la transcripción del juicio donde el testigo admitió haber preparado el paquete de investigación, con la carta incluida.

—Pero el paquete no dejó las oficinas de la FAA –asegura el testigo.

Y ahora viene el turno de la Casa Blanca, y yo no sé cómo se las va a arreglar Paul para resolver esto. Pero ya él ha ablandado a Carmona y este no parece estar dispuesto a negar más cosas:

—¿No paró la Casa Blanca la investigación del incidente de Orestes Lorenzo?

Y el testigo se vuelve hacia la jueza:

—Señora jueza, yo trabajo para el gobierno y no puedo decir nada que lo implique, a no ser que usted me dé una orden.

Lenard, que no quiere perderse ni un detalle de la historia y parece muy poco impresionada con las intrigas del gobierno, mira a Carmona como si este hubiera pedido permiso para ajustar el micrófono, y le dice, entre despreocupada... y atenta:

—Adelante, señor.

—Yo recibí una llamada telefónica del señor Tom Accardi, de la FAA en Washington, quien me dijo que había recibido una llamada de la Casa Blanca. En esa llamada le preguntaron al señor Accardi, con una palabra fuerte, que quién era Luis Carmona y, con otra palabra fuerte, qué pensaba yo que estaba haciendo y que debía parar ahí mismo. Por eso el paquete de investigación no dejó la FAA.

Y con esto queda establecida la veracidad de mis reportes, así como la poca del testigo.

Para finalizar Paul le pregunta si después de poner la investigación en el congelador, no asistió a un almuerzo para homenajear a Orestes Lorenzo. Carmona dice que, efectivamente, “fui a homenajear a Orestes después que este había sido homenajeado por el presidente Bush”. A continuación Paul vuelve un poco más sobre sus relaciones amistosas con Basulto, sus deseos de ayudarlo, y termina con una parte de la transcripción del juicio donde Carmona admite que no quería que Basulto saliera perjudicado. A las 10:05 el testigo queda a disposición de la señora Heck Miller.

No sé cómo describir un cuestionario tan vacío, tal vez la mejor manera sea dejar un vacío en donde deberían ir las vacías respuestas a las preguntas vacías, para que tú misma llenes ese espacio vacío:

—¿Su trabajo es proteger la seguridad aérea?

—¿Usted hacía este trabajo con Hermanos al Rescate a pesar de simpatizar con ellos?

—¿Su hijo volaba con el grupo?

—¿A pesar de eso usted sí hacía su trabajo respecto a ellos?

—¿Usted participó en un homenaje a Orestes Lorenzo después que Bush lo homenajeó?

—¿No obstante siguió investigándolo?

—¿Su trabajo es cooperar con los pilotos?

—¿Cuando el señor McKenna se refiere a la supervisión del grupo por usted, se refiere a una vigilancia oculta o abierta? ¿Se supone que dicha supervisión sea de conocimiento de su objeto?

—Sí –explica Carmona la pregunta no vacía–. Este es un trabajo abierto, en coordinación con los pilotos, para asegurarse de que cumplen con los requerimientos de seguridad.

—¿Usted trató de trabajar contra la FAA en sus acciones con respecto a Basulto?

Y ahora la señora Heck dirige la atención hacia mis reportes:

—¿Usted sabe quién los escribió?

Y aunque la pregunta es vacía, el testigo llena el vacío de la respuesta con un discurso:

—Yo no sé quién lo escribió, pero quien fuera que lo hizo tuvo el propósito de herirme a mí, a la FAA, a Basulto y a todo el mundo... y como este juicio es contra unos espías ca...

—¡Señor, señor! –lo ataja Lenard–, limítese a contestar la pregunta y evite ese tipo de comentarios en la Corte.

Para terminar, la señora Heck Miller necesita establecer un punto muy importante: que yo soy precisamente un personaje detestable, muy, pero muy, pero que muy muy malo. Y para esto nada mejor que otra secuencia de preguntas vacías:

—¿Usted conocía a alguien llamado Castor?

—¿Conocía a alguien llamado Iselín?

—¿Conocía a René González?

—¿Sabía que era un espía de la Inteligencia cubana?

—¿Conocía sus propósitos?

—¿Usted le dijo a alguien que perdería su trabajo si se sabía que ayudaba a Basulto?

—¿Recuerda el hundimiento del barco Sundown que diera lugar a la cancelación de la flotilla de septiembre del 95?

—¿El Sundown tenía algo que ver con Hermanos al Rescate?

A las 10:22 se ha llenado el vacío y Paul viene para su reexamen. Este es breve por lo poco que ha podido hacer la señora Miller y se limita a establecer lo siguiente: que Carmona me conocía; que nunca me mintió; que no tenía razones para mentirme; que el gobierno paró la investigación de Orestes Lorenzo; que este estaba siendo investigado por haber aterrizado en Cuba para llevarse a su familia.

Paul le pregunta si esa obstrucción del gobierno podía tomarse como una señal de no meterse en ciertas cosas. Pero una objeción de la Fiscalía no permite entrar en el asunto. Finalmente Carmona dice no recordar los detalles de las acciones de la FAA, en relación con la incursión aérea sobre La Habana en julio del 95.

Y así termina el testimonio de Luis Carmona, a las 10:30 a. m. de este viernes 9 de marzo. El testigo se va aliviado y no puedo dejar de sentir algo de pena por este hombre, pues creo que antes de involucrarse con Basulto y su grupo era un funcionario que cumplía decentemente con su trabajo y no pudo evitar el caer en la red de los compromisos y las componendas de esta gente, que tiene la rara virtud de ensuciar cualquier cosa que toca, baste como muestra la Fiscalía. Por lo que yo pude conocer, el señor Carmona nunca fue el clásico pandillero, al estilo de la gran mayoría de los políticos cubanos electos en Miami, que de buena gana han hecho del cuento anticastrista un modus vivendi, para participar de utilidades y otros beneficios personales. Se trata simplemente de una persona que fue arrastrada sin mucho entusiasmo a salirse de sus funciones, al caer en la madeja de esta gente que, como alguien dijo con razón, son el rey Midas a la inversa: todo lo que tocan lo vuelven heces.

El testimonio del señor Carmona me parece otro tanto a favor de nosotros por varias razones. Por una parte, revela las marañas y tejemanejes de esta mafia, así como su poder de penetrar y manipular hasta a las dependencias del gobierno federal. A eso se añaden dos puntos de credibilidad para nuestra causa, al sumarse el que yo gané con la veracidad de mis reportes, con el que perdió Carmona al tratar de negar los hechos que luego Paul fue probando.

En cuanto a la Fiscalía, no pudo hacer nada para redimir a este testigo, y su cuestionario, además de ser un ejercicio en el vacío para tratar de reiterar por enésima vez que yo soy un espía castrista, dejó ver una aproximación nueva a la evidencia por parte de los acusadores. Resulta que ahora esos mismos documentos nuestros, en cuyos puntos, comas y comillas se han apoyado para acusarnos, cuando les conviene no son veraces y deberían ser sometidos a una lupa para asegurarse de que nosotros no escribimos cosas falsas en ellos. Este cuestionamiento de nuestros reportes, ahora que lo que comienza a transparentarse es demasiado negativo para ellos, empieza a convertirse en una tendencia. Y nosotros les decimos a los abogados, medio en broma, que en algún momento habrá que poner una moción para retirar los cargos, pues si después de todo estábamos engañando al gobierno cubano, entonces ni siquiera se nos puede acusar de trabajar en favor de sus intereses.

Tras un receso de veinticinco minutos, toma el podio el señor Richard Nuccio como testigo de la defensa. Paul comienza verificando las credenciales de Nuccio como graduado en Ciencias Políticas convertido en profesor, incorporado después a la plantilla del Congreso en el año 91, al Departamento de Estado en el 93, y finalmente nombrado a una nueva posición creada en el año 1995 tras los acuerdos migratorios: Consejero de la Casa Blanca para los asuntos cubanos.

McKenna aprovecha para que el testigo explique los acuerdos migratorios y este repasa de buen grado el éxodo de balseros del verano de 1994, que diera lugar a la reclusión de cerca de treinta mil en la base de Guantánamo. Luego explica los acuerdos provisionales que se firmaron en septiembre de ese año para detener el éxodo, y finalmente el acuerdo final, en mayo de 1995, con la promesa de otorgar veinte mil visas anuales para cubanos emigrantes, al tiempo que se tomarían ciertas medidas en ambas partes del estrecho de Florida para evitar las salidas ilegales. El objetivo del acuerdo, según explicó Nuccio, era el de evitar las aventuras riesgosas en el mar y facilitar la emigración legal a los Estados Unidos.

Paul le pregunta si está familiarizado con Hermanos al Rescate, y Nuccio admite que no había calentado aún el asiento de su nueva posición cuando oyó hablar de Basulto y sus chicos intrépidos. La prueba de fuego para Nuccio fue la flotilla de julio del 95, que generara tanta alarma entre los funcionarios del gobierno. Paul presenta un documento del Departamento de Estado en el que el testigo admite que trabajó en relación con el hecho. El documento refleja la preocupación porque los organizadores anunciaban que entrarían en aguas cubanas. Nuccio explica los análisis que se realizaron alrededor del mismo para tratar de balancear tres intereses contrapuestos: el derecho de los ciudadanos a protestar, la protección de la vida de ciudadanos norteamericanos y el interés nacional de no dejarse arrastrar a un conflicto por las acciones de ciudadanos privados.

Según Nuccio, ellos querían mantener la política exterior en manos del Departamento de Estado, y en todos estos análisis participaron varias agencias como el FBI, la FAA y el servicio de guardacostas, entre otros. El funcionario explica que al fin se realizó la flotilla, con el resultado que todos conocemos, la penetración en aguas cubanas de una embarcación y dos aviones que lanzaron propaganda sobre La Habana.

Pasando de susto en susto, se refiere a la alarma en relación con la segunda flotilla, anunciada para septiembre de 1995, que provocó nuevamente un aquelarre en las oficinas de Washington. Se presenta el documento del Departamento de Estado que evalúa de asombrosa la contención del gobierno cubano frente a la flotilla de julio. Nuccio se reunió con los organizadores de la nueva aventura, aunque no recuerda con precisión si Basulto estaba entre los presentes. Lo que no olvida es que el general Jack Shehan, quien había tenido que lidiar con la situación en la base de Guantánamo durante el flujo de balseros de un año atrás, tuvo un intercambio bastante áspero con Ramón Saúl Sánchez cuando este insistió en que entraría en aguas cubanas, a pesar de las advertencias del general sobre la posibilidad de un conflicto: “El general Shehan le dijo a Ramón Saúl que no enviaría a sus jóvenes soldados, muchachos de dieciocho años que además han costado una fortuna en entrenamiento a este país, para que se fueran a matar a Cuba por la gracia de los flotilleros”. Por su parte, el testigo quería que se emitiera una notificación a los pilotos para desestimular incursiones en el espacio aéreo cubano.

Nuccio describe toda suerte de reuniones con nuestros patriarcas, funcionarios de todo nivel y agencias del orden, entre otras. En una reunión en Miami participa todo el mundo menos el papa: la policía local, el Departamento de Estado, la FAA, el FBI, el servicio de guardacostas y hasta el escuadrón de antiterrorismo y bombas.

—¿Por qué el escuadrón de antiterrorismo y bombas? –pregunta McKenna.

—El problema es que en ocasiones anteriores, sobre todo durante la administración de Carter, ante la distensión entre ambos gobiernos, se habían producido acciones violentas en la comunidad dirigidas por cubanos que no estaban de acuerdo con dicha distensión –responde Nuccio.

El testigo agrega que la situación, tras los tratados migratorios, tenía esas características. Luego de repasar brevemente los temores del gobierno y los problemas que se crearon entre el Departamento de Estado y el de Transportes por lo que el primero percibía como falta de acción contra Basulto, el testigo dice que durante el tiempo en que fue asesor de asuntos cubanos tuvo acceso a varias quejas de Cuba relacionadas no solo con estas incursiones, sino con otras actividades, incluyendo el terrorismo.

Cuando se toca el tema del programa de Radio Martí del 15 de enero del 96, en el que Basulto alardea de su lanzamiento de panfletos los días 9 y 13 de enero, Nuccio acepta que las declaraciones del célebre personaje son opuestas a la política del gobierno y de la emisora. Luego repasan la correspondencia enviada por Cecilia Capestany en relación con estos lanzamientos: “Estas violaciones parecen ser un tanteo al gobierno cubano”. “Hay preocupación respecto a estas flagrantes violaciones”. “El Departamento de Estado está presionando al secretario de Transportes Federico Peña”. “Uno de estos días Cuba derribará alguno de estos aviones”. Tocando el tema del derribo, Nuccio acepta que se analizó esta posibilidad “como el peor de los escenarios”.

Al abordar el tema de Concilio Cubano, el testigo dice saber de esta agrupación y admite haber viajado a Cuba, donde se entrevistó con algunos de sus integrantes para expresarles su apoyo personal y el del gobierno norteamericano. Respecto al apoyo de Basulto a Concilio, lo supo por Joseph Sullivan, jefe de la Sección de Intereses de los EE.UU. en La Habana, quien llamó a Nuccio para expresarle su preocupación por esta simbiosis entre Hermanos al Rescate y ese proyecto en la Isla: “Cuba puede utilizar este apoyo de Basulto en contra de Concilio Cubano”, le advirtió Sullivan al testigo.

Luego Paul se refiere a la víspera del derribo e inquiere sobre el correo electrónico que el testigo envió al asesor de seguridad Sandy Berguer. Nuccio dice que él trató de avisar a Berger sobre el problema que podría desencadenarse, tras ser notificado por las autoridades locales en Miami respecto al plan de Basulto; pero el asesor de seguridad no tuvo oportunidad de leer el correo hasta pasado el incidente. Respecto a la FAA, explica que cuando quiso ponerla en acción le explicaron que “si se cruzaban con Basulto le pasarían el aviso, pues ya este estaba enojado, y ellos no se sentían en disposición de buscarlo para hacerle más advertencias”.

Para terminar, una nota irónica: Al preguntársele sobre lo que había hecho, una vez que pasó su aviso, dice que, en la noche del día 23 de febrero, fue a ver una función del Ballet Nacional de Cuba: “Parte de la nueva política de contactos que queríamos implementar con la Isla. En el asiento de al lado se encontraba Remírez de Estenoz, jefe de la Oficina de Intereses de Cuba en Washington”.

A las 12:22 p.m. termina McKenna y toma Joaquín el podio para examinar a Nuccio. El abogado menciona la reunión que el testigo tuvo con todos los que tienen que proteger a Miami y específicamente los agentes antiterroristas. Nuccio no recuerda quiénes fueron dichos agentes, pero reitera que no le extrañó su presencia, porque es normal que cuando hay un cambio favorable a las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, haya reacciones violentas por parte de algunos grupos de cubanos. “Ya había habido protestas durante la firma del tratado migratorio”, dice el político. Joaquín quiere aprovechar para identificar a algunos de estos “líderes comunitarios” que se habían abocado a la violencia anteriormente. Cuando el abogado menciona el nombre de Ramón Saúl Sánchez, se produce una objeción de la Fiscalía y el tema queda excluido. Entre las 12:30 y las 12:55 p.m. nos vamos a un receso.

De regreso se toca nuevamente el tema de sus reuniones con cubanos de Miami, y Nuccio explica que las hacía generalmente con políticos electos y líderes comunitarios. Llegaba a viajar todas las semanas a Miami: “Para transmitir a los líderes de la comunidad cubana las ideas de nuestra nueva política y exhortarles a no violar las leyes”. Seguidamente se refieren a las notas diplomáticas de Cuba que llegaban al Departamento de Estado, donde eran analizadas, la cancillería le enviaba entonces a él las que procedían. Investigaba generalmente las que se referían a las violaciones del espacio aéreo y las dirigidas a actividades terroristas, como atentados contra el turismo, tiroteos a los hoteles, contrabando de armas y otras por el estilo. Como su tránsito por el puesto fue tan efímero, expresa, no tuvo tiempo de familiarizarse con esta problemática.

A la 1:10 toca el turno a la contraexaminación de Heck Miller, que rompió el hielo de una manera genial:

—Señor Nuccio. ¿No tratan los funcionarios del Departamento de Estado de ser precisos en sus comunicados públicos?

—Sí –responde el testigo, supongo que luchando contra la curiosidad.

—Pero a veces se equivocan, ¿no?

—Bueno, supongo que sí.

Ahora Nuccio se preguntará si está oyendo correctamente, mientras Heck Miller toma una de las notas de la cancillería norteamericana y la esgrime:

—¿Ve aquí? ¿En esta línea? ¿Lo ve en la mitad de la página? Bueno, no en la mitad exactamente sino a un cuarto del comienzo. ¿Lo ve? ¿Aquí donde se refiere al paralelo 25 norte? –indica la fiscal mientras su puntero recorre la imagen del documento puesto sobre el proyector, para ayudar al testigo a encontrar el error.

Nuccio al fin lo logra y Heck Miller le hace la pregunta clave:

—¿No le parece que en lugar de paralelo 25 debería decir paralelo 24?

Nuccio la mira con la cara de quien se perdió en la casa de los espejos y le dice que sí, y la señora le da las gracias; y me imagino que Nuccio, a pesar de su aire profesoral y su pulcritud y su decencia, se preguntará si esta señora es imbécil o qué.

Después la fiscal diserta sobre la etimología de la palabra flotilla y su vinculación con actividades marítimas, para tratar de reducir el papel de Hermanos al Rescate en las aventuras conjuntas en que se mezclan Basulto y Ramón Saúl. Puntualiza que no fue solo el primero quien se dedicó a la parte aérea sino que compartió con otros payasos el show, y su participación fue solo de apoyo aéreo a la actividad naval. La fiscal hace explicar al testigo que sus preocupaciones se referían a algún conflicto dentro de las doce millas náuticas de las aguas cubanas.

Heck dirige la atención hacia las tensiones entre el Departamento de Estado y la FAA, por aquellos tiempos. Nuccio explica que la frustración con la entidad de aviación se debió, en parte, a que el primero no entendía las limitaciones de la segunda para tomar medidas contra Basulto. Al tocar el tema de la flotilla programada para septiembre del 95 que se cancelara por el hundimiento de un barco, la fiscal trata de llevar al testigo por su trillo preguntándole si las preocupaciones del general Shehan tenían que ver con un conflicto en aguas cubanas. Pero Nuccio no se deja llevar por la brida y aclara que el temor del militar era respecto a una escalada que terminara en un conflicto con Cuba.

De vuelta a las limitaciones de la FAA, la fiscal pregunta al funcionario si sabe lo que es un NOTAM, este le responde que se trata de la sigla de Notice to Airmen o Notificación a Aviadores. Heck Miller establece que el NOTAM no puede prohibir un vuelo y su carácter es únicamente el de aviso. “Nosotros no podemos aplicar en esta sociedad libre una ley hasta que el ciudadano la haya violado”, dice Nuccio –y todos nos preguntamos cómo es que el Faquir es acusado de conspiración para robar secretos militares por el solo hecho de que la Fiscalía crea que lo va a hacer algún día, en un futuro–.

La fiscal echa de nuevo mano a la brida para tomar un trillo truculento. Pregunta al señor Nuccio si estaba familiarizado con la queja de Cuba respecto a la violación del 1.o de junio de 1995. Aunque el testigo afirma no estar enterado del asunto por haber tomado posesión de su cargo poco antes, Heck sigue tirando hacia el trillo:

—¿Es posible que no haya existido tal violación?

—iObjeción! —Sostenida.

Para terminar el día, la fiscal establece que, a pesar de estar presentes varios oficiales antiterroristas en las reuniones previas a las flotillas de fines del 95, no se discutió ningún asunto relacionado con bombas... Y ya se perfila que la Fiscalía está ampliando su clientela. En esta ocasión se trata de los grupos terroristas de Miami que se añaden a Hermanos al Rescate para gozar de la protección de los fiscales.

Heck Miller termina el cuestionario de la semana con tres pregunticas que espera que los miembros del jurado se lleven a sus casas hasta el lunes:

—¿Todos los avisos de Cuba se refirieron a aguas jurisdiccionales?

—Sí.

—¿Algún aviso se refirió a aguas internacionales?

—No. Eso hubiera sido como una declaración de guerra.

—¿Cuba tiene derecho a realizar esta acción en aguas internacionales?

—No.

Y así terminamos la semana, cuando nos dan la 1:45 p.m. de ese viernes 9 de marzo. Al llegar al piso nos enteramos por el noticiero que a tu amiga Ana Margarita Martínez le acaban de otorgar ni más ni menos que siete milloncitos del dinero cubano que queda en los bancos de este país. De manera que el despojo sigue y esta vez la viuda violada por el gobierno cubano se ha quitado su ropa negra, y posa de lo más contenta y libre de traumas, con su hija, para las cámaras del noticiero, mostrando su satisfacción por este acto de “justicia”.

Todo esto te lo cuento exactamente una semana después, este viernes 16 de marzo, lo que te puede dar una idea del fin de semana que me espera. Creo haberte contado unas páginas atrás que el sábado y domingo pasados los dediqué por completo a esta tarea, y no tengo que decirte que no me fue posible hacer contacto telefónico contigo ninguno de los dos días.

En cuanto a la semana que acaba de transcurrir, y cuya narración emprendo sin más dilación, a las 7:47 p.m., no puedo resistirme a decirte que fue posiblemente la más gloriosa de todo este proceso. Así que prepárate para lo que viene a continuación y espero que lo disfrutes.

A las 9:03 a.m., del lunes 12 de marzo ya tenemos al señor Richard Nuccio bajo la lupa de la fiscal Caroline Heck Miller, para concluir la contraexaminación.

Caroline comienza defendiendo a la vez a su antiguo cliente y a los pupilos nuevos, los que sabe que serán el próximo blanco de los abogados defensores. Se refiere a las quejas de Cuba, tanto respecto a violaciones del espacio aéreo como a terrorismo, para hacer decir al funcionario lo que resulta obvio: que se trata de la otra parte de la historia. Heck Miller se refocila en el concepto como si lo que viene de “la otra parte” tuviera que ser incierto solo por venir de allá. Se vuelve a tocar el tema de la acción de la FAA respecto a Basulto, y de cómo esta fue demorada por una apelación. Con relación a las quejas de enero de 1996 y la solicitud de información por parte de la FAA, se establece que Cuba envió “información significativa, aunque tal vez no concluyente”.

Nuevamente la señora quiere guiar a Nuccio por un camino torcido y menciona una parte del programa de Basulto en Radio Martí, donde este se refiere a lucha no violenta tras el lanzamiento de volantes de enero del 96.

—¿Es esta la parte que usted piensa que no se corresponde con la política de los Estados Unidos hacia Cuba? –pregunta la fiscal a un testigo que no se deja gobernar.

—No. Se trata de la parte en que ellos manifiestan estar haciendo las cosas a escondidas de nuestro gobierno, para no tener problemas con la ley.

La fiscal se mueve a un terreno más conveniente y apunta a las prácticas que, según el funcionario, se habían realizado en Cuba con aviones a reacción y pequeños aviones lentos como blanco, lo cual, al decir de Nuccio, había conocido por fuentes de inteligencia. Heck Miller se lanza a una apología de Concilio Cubano para definirlo como un esfuerzo encaminado a los derechos humanos que habría tenido una gran recepción en Europa, cuyas posibilidades de éxito eran mucho mayores que las de otras iniciativas de la disidencia. Y el testigo le da el beneficio de su apoyo. Dice que, no obstante, le había preocupado siempre que tuviera un vínculo demasiado estrecho con la ultraderecha de Miami, porque podría verse como una creación de este lado del estrecho de Florida –algo así como la verdad, diría yo—. En relación con el apoyo de Hermanos al Rescate, explica que no le preocupaba tanto el apoyo como tal sino el que su publicidad podía estigmatizar esa iniciativa de los disidentes.

Al referirse al 23 de febrero del 96 y a las premoniciones que habría tenido el funcionario, Heck Miller establece que este no tenía ninguna información concreta acerca de un posible derribo y que sus preocupaciones se debían a un conjunto de informaciones, como las prácticas de los Mig, la represión de esos días, los sobrevuelos previos de Basulto y su anunciado apoyo a Concilio, entre otras. No olvides que de vez en cuando la Fiscalía tiene que tirarle también una toallita al gobierno; después de todo se supone que lo representen, aunque no lo parezca.

Para finalizar, se establece que Nuccio no fue a su oficina en la mañana del 24 de febrero, sin embargo llamó al jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos desde su casa y ambos coincidieron en que no había nada más que se pudiera hacer. A las 9:40 termina la contraexaminación de la señora Heck Miller y Paul toma el podio para su reexaminación directa.

Paul repasa con Nuccio algunas de las notas y comunicaciones de Cuba referentes a las violaciones del espacio aéreo, y comprueba que él no estaba familiarizado con todas y que su trabajo era coordinar con la FAA para que se investigaran. En la nota de agosto de 1995 el abogado llama la atención sobre una frase: “Les ruego que hagan lo apropiado para poner fin a estas violaciones”. Y pregunta: “¿No está el gobierno de Cuba rogando a las autoridades norteamericanas que hagan algo? ¿Es usual que un gobierno le pida algo a otro de esa manera?”. Nuccio responde no estar familiarizado con esa nota.

Paul pasa al pobre estado de las relaciones entre ambos países, y se aclara que cuando se firmó el acuerdo migratorio se produjo una mejoría en las mismas, lo cual no gustó a algunos: provocaron protestas en septiembre del 94 y mayo del 95, a raíz de la ubicación de los balseros en Guantánamo y la firma del tratado migratorio, respectivamente. A continuación el testigo da una explicación de los acuerdos y su propósito de salvar vidas y permitir una emigración legal y ordenada a los Estados Unidos.

En relación con el programa de Radio Martí del 15 de enero, el abogado repasa las referencias que hace Basulto de Concilio Cubano y sus alardes sobre el lanzamiento de los volantes; alude entonces a las aprensiones de Nuccio respecto a la relación de Basulto con Concilio. De nuevo el testigo explica que le parecía dañino para el cónclave en la Isla el excesivo acercamiento de Hermanos al Rescate, y añade que algunos disidentes también mostraban escepticismo ante la conversión de Basulto al pacifismo. Al tratar de abordar algún incidente específico, McKenna se da de boca con una objeción de la Fiscalía que motiva un side bar.

Reiniciada la sesión, el abogado hace abundar al testigo en este tema: explica que mucha gente temía al pasado de Basulto con la CIA y Bahía de Cochinos entre otras lindezas, que para algunos disidentes su discurso pacifista contrastaba con su historia, y que sus propios alardes en Radio Martí dañaban a Concilio, porque su interés en mostrar las debilidades de las Fuerzas Armadas Revolucionarias era una incitación a que la gente se levantara en Cuba. El abogado le pregunta si Basulto estaría consciente del peligro y Nuccio responde que sus actividades indicaban un juicio pobre: “Nosotros advertíamos que Basulto quería buscar una reacción del gobierno cubano”.

Respecto a la política que él quería implementar hacia Cuba, Nuccio explica que, a ambos lados del espectro político, hubo reacciones; los derechistas opuestos a los contactos con la Isla y la izquierda opuesta al mantenimiento del embargo. Añade el testigo:

—Nosotros queríamos que las cosas se hicieran legalmente.

—¿Puede una persona llevarse consigo la Primera Enmienda a otro país?

—¡Objeción!

—Sostenida.

—¿Autoriza la Primera Enmienda a ir en un avión a Cuba a lanzar objetos?

—¡Objeción!

—Sostenida.

—¿Existe la Primera Enmienda en Cuba?

—No.

—¿No hubo disturbios en la Isla en los años 94 y 95?

—¡Objeción!

Y el jurado es excusado de la sala. Heck Miller explica que no le parece relevante lo de los disturbios en La Habana en relación con las actividades de Basulto. Por su parte Paul aduce que efectivamente hubo disturbios en la Isla en aquella etapa y que Basulto quería incitar a los mismos. La jueza está dudosa y pide a Paul que conecte a Basulto con los disturbios, el abogado explica la combinación del incremento de las violaciones del primero con el desarrollo de los segundos, haciendo que Lenard admita el tema y dé a Heck Miller una oportunidad de contraexaminar sobre el mismo.

Así que, a las 11:07, Paul pregunta a Nuccio sobre los disturbios en La Habana en agosto del 94, y el testigo admite que fueron los primeros en años. El abogado le pregunta si ellos estaban preocupados por la conexión de Basulto con estos sucesos, y el funcionario le responde que se trata de un asunto complejo, pues si, por una parte, ellos no ven que los disturbios tengan que ser necesariamente negativos, por la otra, este tipo de acontecimientos pueden tener un impacto migratorio negativo para los Estados Unidos. Por último, McKenna menciona el comunicado de prensa de Hermanos al Rescate en relación con sus vuelos del día 24, pero el testigo no lo recuerda. Nuccio finalmente explica que el 24 de febrero es una fecha histórica en Cuba, durante la cual se producen fiestas en la calle: “Una de las oportunidades que tiene el pueblo de fiestar públicamente”, añade Nuccio, cuando son las 11:18 a.m.

Luego Joaquín se dirige al testigo y le pregunta por Ramón Saúl Sánchez y las circunstancias en que se reunió con este personaje. Nuccio admite que lo vio en varias ocasiones, ya fuera como parte de un grupo o como dirigente de una flotilla. Respecto a la de julio del 95, reconoce que entró en aguas cubanas lo cual estaba ciertamente contra la política de Estados Unidos: “Ellos no tenían el derecho de comprometer a este país en una guerra. Eso es un asunto del poder ejecutivo y del Congreso”.

Extendiéndose sobre el personaje, Nuccio explica que este había provocado protestas en Miami contra el acuerdo migratorio y que, en el pasado, había estado asociado a la violencia, aunque luego expresó que renunciaba a la misma. Pasando a la relación de Saúl con el Movimiento Democracia, el testigo acepta que Sánchez había sido convicto anteriormente por su asociación con el terrorismo y la organización Omega 7.

—¿A usted le preocupaba eso? –pregunta por último Joaquín.

—Aunque yo tenía que creer en la palabra de Saúl cuando me decía que había renunciado a la violencia, yo entiendo que otros, incluyendo el gobierno de Cuba, no tenían por qué hacerlo.

Y así pasó por el estrado el último de los funcionarios norteamericanos que tuvo que lidiar con la guerrita particular de Basulto y el Movimiento Democracia contra Cuba, aunque queda todavía pendiente la contraexaminación del señor Charles Smith, quien ya fue interrogado por Paul.

El señor Nuccio es un testigo sólido, sincero en sus planteamientos e inspiró respeto en el estrado; trató de ser comedido en sus análisis aunque, por supuesto, no pudieron dejar de notarse sus prejuicios hacia la Revolución y su desinformación respecto a Cuba, que se debe a las historias creadas allá por los “obedientes” y que luego son difundidas aquí como noticia. De ahí su despiste –que me pareció sincero– acerca de Concilio Cubano, su supuesto impacto en la política de la Isla y las proyecciones internacionales del movimiento, magnificadas por la maquinaria de propaganda de la sagüesera.

Aunque la Fiscalía supo aprovechar bien sus ideas acerca de nuestro sistema de gobierno, creo que en general fue un testigo favorable, sobre todo porque reafirma los temores de su país a ser arrastrado a una guerra con Cuba por las locuras de esta gente y señala una vez más el papel de Basulto como posible detonante de esa guerra. También asomó a través de Nuccio la historia del terrorismo de los grupos anticastristas, así como el interés de esta gente por mantener las tensiones entre los dos países en su nivel más alto posible.

El señor Nuccio nos permitió además constatar lo que se ha dado en llamar el pragmatismo de la política norteamericana, en este caso respecto a Cuba, y de la cual él era un representante, posiblemente de los más responsables a pesar de la natural inclinación de todo político norteamericano de decir al resto del mundo lo que tiene que hacer.

Cuando analizamos su participación en toda la historia que condujo al derribo de los aviones de Hermanos al Rescate, y la ponemos dentro del conjunto de todo lo que se ha visto en el juicio, podemos tener una visión más completa de ese pragmatismo. En otras palabras, vamos a resolver hoy y ya veremos mañana qué sucede.

En la extraña urdimbre que inmovilizó al estado más poderoso del mundo frente a las extravagancias de este grupo de fascinerosos miamenses, tiene que haberse encontrado de todo. Desde el oficial responsable y preocupado que, como Nuccio, hizo lo que pudo por mejorar las relaciones con Cuba y evitar el fatal desenlace, el general consciente de su papel para con sus soldados, el político inconsciente o descreído que piensa que no vale la pena perder el sueño cuando se trata de un país pequeño, el funcionario que cansado de Hermanos al Rescate y de sus ocurrencias deja el asunto en manos cubanas, hasta aquel que consideraría legítima cualquier provocación por tratarse de un país cuyo sistema no le gusta o el político ciego por el odio o corrompido por el dinero, que sueña con levantarse un día y ver en la televisión los primeros cañonazos de una guerra en Cuba.

Pero cuando al final pasa lo inevitable y se produce el derribo, todos ellos o, para ser justos, casi todos, se ponen de alguna manera al compás de los más bajos, de los del odio y el dinero, para apuntar frenéticos hacia la Isla y sacudirse las culpas. Afortunadamente, en este caso, todo se redujo a la firma de la Ley Helms-Burton, otra ley estúpida, y se impuso tal vez el juicio de quienes querían evitar males mayores. Hay que darle el crédito al señor Nuccio de haber sido uno de los pocos políticos norteamericanos que le señaló a su propio aparato de gobierno su parte de responsabilidad en el incidente.

Así las cosas, a las 11:35 a. m. McKenna llama a quien se supone hubiera sido el testigo estrella de la Fiscalía: José Basulto, presidente de la organización humanitaria Hermanos al Rescate. Hace su entrada en la sala y se sienta en el estrado de los testigos, regalando al jurado una media sonrisa y la bendición de su tierna mirada.

Paul McKenna pide a la jueza que se le permita interrogar al señor Basulto bajo las reglas de testigo hostil, y el señor Kastrenakes, nuevamente escogido como víctima de McKenna en el imposible trabajo de defender al testigo, levanta una objeción que conduce al primer side bar en la historia de esta comparecencia.

A las 12:00 regresan las partes del side bar. Joaquín y Philip vienen jubilosos. El segundo lo describe así: “La jueza acaba de autorizar el destripamiento de José Basulto”.

El abogado recorre brevemente la historia del testigo, quien dice haber nacido en Santiago de Cuba y haberse incorporado a la CIA en el año 60 para recibir entrenamiento en inteligencia, sabotaje, explosivos y subversión en Estados Unidos, Guatemala y Panamá. Un año después se infiltró en Cuba como parte del apoyo a la invasión de Bahía de Cochinos, y matriculó en la Universidad con su identidad para servir de enlace a la insurrección “que tenía lugar para restablecer la democracia con el apoyo de la CIA”. Tras el fracaso de la aventura, regresó a la Isla meses después con la identidad falsa de Alberto González y, según él, permaneció tres días para coordinar un sabotaje, que nunca se materializó, contra un emplazamiento de cohetes.

Luego se refiere a otra incursión realizada a mediados del año 62, en la que desde una embarcación tiroteó con un cañón de 20 milímetros el hotel Rosita de Hornedo, actual Sierra Maestra, lo que justifica diciendo que servía de hospedaje a los rusos que “invadían a Cuba en aquellos tiempos”.

—¿No había civiles en el hotel cuando usted le hizo dieciséis disparos con su cañón de 20 mm? –pregunta Paul.

—Sí, pero eran invasores rusos y yo quería que el mundo supiera que estaban en Cuba, instalando cohetes para dañar a los Estados Unidos.

Para terminar con este episodio, el testigo reconoce que, tras su regreso a Miami, fue recibido como héroe y su acción recibió publicidad mundial, además señala que asumió la responsabilidad por su acción “como siempre lo hago”.

El recorrido continúa con la incursión de Basulto en el ejército norteamericano y, según dice, “nunca más tuve relación con la CIA a partir de ese momento”. Ante preguntas del abogado, niega haber estado en Brasil en el año 63 junto al agente de la CIA Félix Rodríguez, de quien dijo ser un buen amigo. En relación con la intervención de Rodríguez en la muerte del Che, dice que este había participado en la captura, pero no fue quien ejecutó sumariamente al guerrillero. Luego recorren sus actividades de suministro a la contra nicaragüense, entre los años 81 y 85: “Un esfuerzo humanitario para llevar medicinas y alimentos a la selva en Nicaragua, desvinculado de la CIA”.

A continuación se pasa al grupo Hermanos al Rescate fundado en 1991, “uno de cuyos propósitos era rescatar balseros en el estrecho de Florida”, expresa Basulto, sin especificar el resto de los propósitos de la organización. Paul recorre con él algunas cifras de las declaraciones de impuestos rendidas por Hermanos al Rescate durante los años 1991 a 1996, para dar una idea de la curva de ingresos: ascendente hasta el año 94, descendente después de la crisis de los balseros, y para compararla con los ingresos del presidente, que se mantuvieron estables en los últimos años.

El abogado señala algunas cifras algo raras, que indicaban ciertos beneficios ocultos para los pilotos que supuestamente ofrecían “desinteresadamente” sus aviones al grupo; así como una transacción un tanto sospechosa en el año 93, en la que el testigo no obtuvo salario pero vendió su avión a la organización en 64 284 dólares, aunque siguió usándolo como de su propiedad. Con respecto a la declinación de los ingresos a partir del año 94, Basulto encuentra una explicación genial: “Como las condiciones cambiaron, nosotros no necesitábamos más dinero y no quisimos sobrecargar a la comunidad pidiendo donaciones”.

Paul le pregunta si la misión de Hermanos al Rescate había cambiado una vez firmados los tratados migratorios, Basulto responde que básicamente la misión de la organización era la misma: cambiar las condiciones que producían el éxodo de balseros de Cuba. Poniendo cara de por medio, expresa que ellos se habían sentido felices de que los balseros dejaran de venir. Y cuando se le pregunta acerca del último balsero que había encontrado antes del 24 de febrero de 1996, dice no recordar la fecha. Paul entonces le muestra el ejemplar de The Miami Herald donde él mismo admitió no haber encontrado balseros desde agosto del 95.

—¿No dijo eso al Miami Herald en marzo del 96? —Puede ser –reconoce Basulto.

El abogado aborda luego el tema de la flotilla de julio de 1995, y establece la complicidad entre el testigo y Ramón Saúl Sánchez, así como que un radio operador de Hermanos al Rescate estaba a bordo del barco Democracia cuando ocurrió su incursión en aguas cubanas. Se reitera que había sido anunciada ampliamente la incursión; ante la pregunta de si ellos no sabían que Cuba tenía reglas, Basulto se sale por la tangente:

—Bueno, pero si encontrábamos un balsero en aguas cubanas nuestra misión era socorrerlo.

—¿Ustedes iban a buscar balseros el 13 de julio o en una misión de conmemoración?

—No íbamos a buscar balseros –tuvo que admitir Basulto.

El testimonio sigue con los contactos del testigo y la FAA previos a la flotilla, este acepta que Charles Smith le había llamado la atención dos días antes, pero resta importancia a los avisos dados por el funcionario. Luego se refiere a su visita posterior al jefe de la oficina en Miami, Mike Thomas; expresa que este había mostrado simpatía por el grupo y que al final la FAA había aprobado el viaje.

McKenna le pregunta si había registrado los planes de vuelo ese día y, ante la respuesta afirmativa, inquiere sobre si habían descrito los vuelos como de rescate de balseros:

—No recuerdo.

Después recorren el vuelo, comenzando por las ignoradas advertencias del tráfico aéreo de La Habana y los también ignorados Mig cubanos, la irrupción de Basulto en aguas cubanas para marcar el lugar adonde llegaría el barco Democracia, la subsiguiente irrupción del barco en aguas cubanas, y los llamados de atención de la Marina para que el Democracia se retirara del territorio de Cuba. Basulto reconoce haber lanzado volantes sobre los barcos de Cuba, pero niega haber realizado picadas sobre los mismos y, ante una imagen mostrada por el abogado, dice no ver en ella ningún avión de Hermanos al Rescate, sino solo equipos pertenecientes a otros grupos. Paul pregunta si los barcos cubanos no estaban hablando con la tripulación del Democracia para que se retiraran, y Basulto dice no saberlo.

—¿No estaba uno de sus hombres a bordo del Democracia?

—Sí, pero él solo habló conmigo cuando los barcos de Cuba embistieron al Democracia para hundirlo.

Paul pide mostrar un video de la flotilla, tomado desde el Democracia, la Fiscalía objeta y se produce otro side bar inútil, pues al regresar a sus asientos nuestros abogados se ven felices, y nos disponemos a ver desde el mar las travesuras de mis antiguos asociados.

Las imágenes tomadas desde el Democracia muestran una vista de nuestra lancha de guardafronteras con sus cañones cubiertos, que se acerca al barco intruso. Los soldados cubanos llevan por todo armamento altoparlantes y cámaras de video y están pidiendo a los violadores que regresen a aguas internacionales. Paul pregunta a Basulto por qué no hizo caso de los Mig y este responde que los pases no tenían nada que ver con él, pues no cumplían los requerimientos de la OACI.

—¿No se le advirtió por radio que no siguiera?¿Usted entró de todos modos? ¿Usted quería que en Cuba lo vieran?

Basulto repite la historieta acerca de que solo habían planeado ir hasta el lugar del remolcador, y cuando se produjo la “emergencia” de que el Democracia fue embestido, decidió “entretener al avión cubano que dirigía las acciones para aflojar la presión sobre el barco de la flotilla”.

Paul pasa entonces la imagen del N2506 sobre Cuba y la risa de Guillermo Lares mientras tiraba sus estúpidas calcomanías sobre el Malecón de La Habana.

—¿Usted ve la risa de Guillermo Lares sobre La Habana? ¿Fue acaso el peligro del Democracia lo que le hizo reír?

—¡Objeción! —Sostenida.

Paul muestra las imágenes del Malecón debajo del N2506 y hace escuchar las declaraciones de Basulto para justificar sus locuras como un acto de desobediencia civil. Pero a pesar de lo que se ve en la pantalla, este niega que dijo eso sobre el territorio de Cuba:

—Yo dije eso fuera de tierra firme.

Y McKenna le pregunta si eso mismo fue lo que dijo en Miami al regreso.

—Sí, tal y como nos anunciamos, previamente a la realización de la flotilla.

—¡Ah! –dice McKenna mientras saborea la palabra–. Usted dice anunciarse. ¿Qué quiere decir usted con eso?

Basulto calla mientras el abogado deja la palabra “anunciarse” en el aire.

Paul muestra la imagen del avión Antonov 24 sobre la flotilla y pregunta al testigo si quería que dicho aparato fuera tras él en su incursión sobre La Habana:

—No, solo quería desviar su atención de la flotilla.

Entonces el abogado esgrime la transcripción del juicio al testigo, donde este afirma que “quería desviar al avión de mando tras de mí”. Basulto se defiende:

—Mi misión fue humanitaria para salvar a Ramón Saúl Sánchez.

McKenna riposta:

—¿Fue acaso Ramón Saúl forzado a entrar a las aguas cubanas?

—No –tiene que balbucear Basulto.

Entonces el abogado se refiere al retorno triunfal a Miami, a los alardes de Basulto respecto a que la gente en Cuba vería que Castro no es invulnerable y a los preparativos para la segunda flotilla del 2 de septiembre, durante los cuales se habían realizado hasta ejercicios de desembarco en botes de goma que el testigo en un principio dijo ignorar. Tras un poco de resistencia, se logra que admita haber visto por televisión las prácticas de desembarco, así como sus maquinaciones con Ramón Saúl y la meta de llevar la flotilla hasta Varadero. Dice el testigo que sus intenciones eran pacíficas.

—¿Y no conoce Cuba su pasado violento?¿Había renegado usted públicamente de ese pasado?

—No –responde balbuceante de nuevo.

Dan las dos de la tarde y termina la sesión del lunes, primer día de esta feliz semana.

Y así termina el primer round del combate estelar de este juicio entre José Basulto y Paul McKenna. Ambos contendientes se han preparado bien, pues Basulto ya sabe por dónde se le fue el aire a sus anteriores cómplices, y parece que su táctica es la de aceptar con supuesta determinación todo lo que no le sea posible negar, para elevar su credibilidad ante el jurado con la pose de que acepta su responsabilidad valientemente y que tenía razones para hacer lo que hizo. Por su parte Paul estudió su biografía y profundizó en toda la basura que su víctima ha ido dejando en los medios de difusión miamenses, durante su meteórica carrera hacia la celebridad como uno de los cabecillas del exilio.

Este primer asalto no ha sido decisivo y, como en el deporte, fue un round de estudio. Pero ya McKenna ha demostrado que será quien domine las acciones, y todos nos preparamos a ver la continuación de este encuentro en una sala ya repleta no solo de periodistas, sino del elemento que normalmente atrae este señor para dar a la sala una apariencia de gallinero. Esta semana promete ser la más interesante del juicio.

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  • Alejandro Fernández Costa dijo:

    Muy interesante.

  • María dijo:

    René, cuado leo estás página me parece que te tengo delante narrándome la historia, eres increíble, no perdiste el sentido del humor, eso te hizo resistir. Cuan justo eres, me gustó el pasaje cuando hablas de Luis Carmona, lo valoraste en su justa medida, sin odio, eso es honradez.

  • galeno dijo:

    creo .. seria genial llevarlo a la televicion .. basado en su diario .. Rene estaria usted de acuerdo..

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René González Sehwerert

René González Sehwerert

Héroe de la República de Cuba. Uno de los cinco jóvenes revolucionarios que se infiltró en grupos terroristas que desde la cuna de la mafia anticubana, Miami, organizan impunes sus ataques criminales contra el territorio cubano. Fue condenado a 15 años de prisión. Su causa contó con una enorme solidaridad internacional. Regresó a Cuba en el año 2013.

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