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Apuntes del cartulario: Elegir este día para morirse

Publicado en: Apuntes del cartulario
En este artículo: Colonia, Cuba, España
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Camilo Polavieja y del Castillo. Foto: Archivo.Camilo Polavieja y del Castillo navegó con suerte. Pasó en La Habana los años iniciales de su carrera militar y en 1890, ya con el grado de brigadier general, sustituyó a Manuel de Salamanca y Negrete en el gobierno de la Isla. Un suceso ocurrido en esos días en Cuba, específicamente en la ciudad de Santa Clara, inspiró al periodista Antonio Berenguer y Sed una de sus estupendas Tradiciones villaclareñas.

Por aquellos mismos días de 1890 recorría las calles de Santa Clara un sujeto que imploraba la caridad pública. No era raro que militares y paisanos lo invitasen a compartir un trago en alguna taberna, pero el hombre, hambriento y enfermo, prefería recibir en mano el dinero de la convidada para comprarse un pedazo de pan o degustar un plato de comida en una fonda barata. Llamábase el desgraciado Gabriel Polavieja y del Castillo. El gobierno de su hermano, rico y poderoso, no cambió su suerte. Agotado, abatido y enfermo, recibió asilo, como pobre de solemnidad, en el hospital de San Juan de Dios.

Llegó el año de 1891 y el general Polavieja decidió visitar Santa Clara. La ciudad se preparó para recibirlo con bombo y platillo. El día en cuestión, el repique de las campanas anunció a la población el arribo del gobernador, mientras que la banda de música del ejército dejaba escuchar himnos y marchas,  y soldados y voluntarios cubrían la distancia entre la estación del ferrocarril y la iglesia mayor, donde el visitante siguió el Te Deum y escuchó al padre Clarós rogar a Dios por el dominio eterno de España sobre Cuba.

El sonar de las campanas de la iglesia mayor impedía escuchar el de las que en el templo de la Divina Pastora doblaban a muerto. Allí, el cura entonaba el De Profundis por un hombre que no demoraría en ser inhumado en el tramo de pobres de la necrópolis. Esa misma tarde aparecía en un periódico local la siguiente nota:

“Hoy recibirá cristiana sepultura en el cementerio de esta ciudad, el hermano de Camilo Polavieja y del Castillo, actual Gobernador General de la Isla. Es de notar la coincidencia. Hermanos que recibieron la vida de un mismo vientre, han vivido separados por el destino caprichoso. Mientras el uno disfruta, poderoso, la apoteosis de su gloria, el otro, infeliz, muere de hambre y de miseria en el oscuro rincón de un hospital…”.

Un ayudante de campo leyó la nota a Polavieja. El gobernador, que se enteraba así de la muerte de su hermano, exclamó: “¡Qué cosas las de este Gabriel! ¡Elegir este día para morirse!”. Ordenó que destruyesen la imprenta donde veía la luz el periódico en cuestión y llevasen al redactor a su presencia para imponerle el castigo merecido. La imprenta del diario fue destruida en su totalidad. El periodista, que no era otro que Antonio Berenguer, tuvo tiempo para ponerse a buen recaudo.

Polavieja pasó la noche lamentándose, no por lo de su hermano, sino por la forma en que se divulgó el suceso, que le amargó su estancia en la ciudad.

Para que el lector tenga idea de quién fue Polavieja y del Castillo -el hombre que expulsó de la Isla a Maceo, a la sazón en Santiago de Cuba, en 1890-, baste decir que bajo su mando no dejó de funcionar el garrote. Siendo gobernador general de Filipinas dispuso el fusilamiento de Rizal, apóstol de las libertades en aquellas islas, y pidió al teniente que mandaba el piquete ejecutor que dejara pasar no menos de cinco minutos entre la orden de “apunten” y la de “fuego”, para aumentar el sufrimiento del supliciado.

Pasó el tiempo. Terminado su gobierno en Filipinas, el general Polavieja regresó a España y, en Zaragoza, depositó su bastón de mando a los pies de la Virgen del Pilar. En 1910 el rey Alfonso XIII lo designó su representante en las fiestas por el centenario de la independencia de México. El vapor en que viajaba tocó puerto habanero y quiso Polavieja desembarcar en la ciudad con el pretexto de saludar a viejos amigos. El general José Miguel Gómez, entonces presidente de la república, le prohibió hacerlo, gesto que aplaudió la opinión pública nacional.

Se han publicado 3 comentarios



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  • Aroldo dijo:

    Nuestra historia, excelente crónica.

  • S.O.S dijo:

    Interesante como siempre, maestro Ciro de Santa Amalia.

  • HeGo dijo:

    Buena crónica como siempre Ciro

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Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

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