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Marianas de estos tiempos (+Fotos)

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Panchita, sentada en el sillón, y su hija Marta llevan en sus venas un orgullo muy grande, la sangre de los Maceo y de los Grajales. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

“¿Vinieron a conocer a la vieja?” Desde el sillón, pregunta Panchita sonriente cuando entramos en su casa. Sin esperar por presentaciones formales, cámaras o grabadoras y mucho menos por preguntas, arranca a hablar. Marta, con la que coordinamos antes por teléfono, observa como su madre toma las riendas y va directo a la cocina. Comprendo que esta no será una entrevista tradicional.

“Yo he vivido 99 años, casi dos vidas, así que lo he visto todo: mucha gente, gobiernos, momentos… Viví a Machado, a Batista y luego la Revolución, con todo lo que hubo por el medio. He conocido un montón de personas, hasta a Raúl. Pero el único que me faltó -y me arrepiento- fue Fidel. La vez que más cerca estuve fue el día en que entró la Caravana de los Barbudos en La Habana. Yo estaba en la escuela de Ballet, en L y 19, y salimos hacia la avenida 23 para verlos llegar, pero había mucha gente, muchísima, y yo, bajita como soy, no pude distinguirlo bien. Después, ya nunca volví a tenerlo tan cerca”.

Panchita Romero Ulloa no habla como si tuviera casi 100 años. Con una lucidez envidiable, relata acontecimientos importantes en su vida y solo se detiene cuando no recuerda un nombre o una fecha específica. En esos momentos su hija Marta Vecino Romero viene al rescate y le proporciona el dato o complementa una de sus ideas. A simple vista parecen solamente una pareja de madre e hija con historias intensas por relatar.

Si uno observa con atención, identifica pequeños detalles en sus rostros y discursos aparentemente habituales que anuncian algo más fuerte, casi histórico, legendario, escondido en la cotidianidad. Cierto ángulo de la cara; el carácter fuerte, orgulloso e intransigente que comparten; sus certezas, afirmadas una y otra vez, de que lo más importante es ser y no parecer, entregar y no pedir… Porque Panchita y Marta, aunque quieren ser conocidas por lo que se ganaron y no porque lo que heredaron, tienen un orgullo muy grande escondido entre las venas: la sangre de los Maceo y de los Grajales.

Hija de Edelmira Ulloa y nieta de Dominga de la Calzada Maceo –una de las hermanas del Titán de Bronce-, Panchita es la única bisnieta viva de Mariana Grajales. Marta, por tanto, es una de sus tataranietas. Son dos de los más de 400 descendientes de esta familia que se encuentran hoy esparcidos por Cuba y el mundo.

Mariana y Dominga, la historia que precede

Retrato poco conocido de Mariana Grajales, conservado por Marta Vecino, su tataranieta. Foto: Cortesía de las entrevistadas.

Dominga Maceo fue una de los trece hijos de Mariana Grajales. Fruto del matrimonio con Marcos Maceo, nació en el año 1857 y siendo niña marchó a la manigua junto a su madre, sus hermanos y su cuñada María Cabrales.

Cuenta la historia que el 12 de octubre de 1868, cuando en una reunión de conspiradores en casa de los Maceo, los hijos mayores Antonio y José dieron el paso al frente para incorporarse a la lucha, la madre Mariana se sintió regocijada y feliz.

Entró a la sala con un crucifijo en la mano y emocionada dijo: “De rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella”.

No es de extrañar que unos meses después -cuando los españoles conocieron del vínculo directo de los Maceo y Grajales con los mambises- la familia completa se dirigiera al monte donde se vincularon enseguida al Ejército Libertador, curando a los heridos y apoyando en otras necesidades.

En la Guerra de los Diez Años, la Madre de la Patria perdió a varios de sus hijos varones y a su esposo Marcos. Este último, cuando la muerte era una realidad inminente, recordó el juramento hecho a Mariana antes de partir para la manigua, recordó su vehemente amor por la Patria y expresó: “He cumplido con Mariana”. La próxima guerra, en 1895, se llevaría al resto de sus varones, pero ella ya no lo vería.

Muy conocida es la historia de la reacción de Mariana al enterarse de que Maceo había sido herido y ante los llantos de las otras mujeres exclamó: “Fuera faldas de aquí, no quiero lágrimas”, para acto seguido dirigirse a su hijo más joven, Marcos, de solo 13 años, y decirle que debía “empinarse” y partir a luchar por la Patria.

Tales anécdotas, más o menos divulgadas, no hacen sino confirmar que Mariana no fue una mujer común. Ella entregó lo mejor de sí, sus hijos y sus esfuerzos por la Patria, cuando aún no se entendía bien que significaba esa palabra.

Tras la Guerra de los Diez Años, Mariana emigró a Jamaica con sus hijas, y allí falleció en noviembre de 1893. Tras la muerte de su madre, Dominga viajó a Honduras y allí vivió durante varios años. Contrajo matrimonio con Manuel Romero López, teniente coronel del Ejército Libertador, y de esa unión nacieron 6 hijos: Vicente, Edelmira, Antonio, Julián, Manuel y Marcos Romero Maceo. Panchita es la hija de Edelmira y es parte de los descendientes de Maceo que nació fuera de Cuba.

Dominga Maceo en una de las fotografías donde más se nota el parecido con su madre Mariana. Foto: Cortesía de las entrevistadas.

Marcada por los duros años en la manigua, Dominga habló muy pocas sobre lo que allí había vivido y sufrió inmensamente la muerte de sus hermanos.

“Mi abuela tuvo mucho mutismo, no contó nada de la guerra. Imagínate que mi abuelo le ocultaba las cartas en que llegaban noticias de las muertes de sus hermanos. Y un día ella las encontró todas, escondidas en un resquicio del techo. El impacto para ella fue muy duro y realmente poco contó de la manigua después de eso”, así intenta explicar Panchita, su bisnieta, el silencio de Dominga Maceo con sus hijos y nietos acerca de la guerra.

Sin embargo, Dominga no se desentendió de Cuba. Tras la muerte de su marido, hizo todas las gestiones para ser repatriada a la Isla y volvió a principios del siglo con varias de sus hijos y nietos. Así llegó Panchita a Cuba, con apenas cinco o seis años, para vivir primero en Santiago de Cuba y luego en La Habana.

En un homenaje a Antonio Maceo, buena parte de la familia de Dominga. A la izquierda, con sombrero, Dominga Maceo, a su derecha, su nieta Panchita. Foto: Cortesía de las entrevistadas.

Panchita rememora cómo su abuela era invitada cada año a los actos por aniversarios de la muerte de Antonio Maceo en el Cacahual. Conserva con celo las fotografías de aquellos homenajes, en las que siempre aparece junto a su abuela, y señala su inmenso parecido con Mariana Grajales.

También recuerda como varios presidentes consecutivos de la República le negaron el dinero que merecía por ser la única sobreviviente a tantos hermanos caídos en las luchas independentistas.

“Tenía un crédito de 1000 pesos asignado para construir su casa. Laredo Brú –presidente de la República entre 1936 y 1940- llegó a decirle que si ella se había sacrificado todos esos años, bien podría hacerlo un poco más y esperar tiempos mejores porque el tesoro de la República estaba en quiebra. Eso, por supuesto, lo hicieron para quedarse con el dinero”, relata Panchita evidentemente ofendida.

Cuando Dominga de la Calzada, la última de los Maceo, murió, el presidente Batista fue al velatorio en su casa. Había una imagen que conservar a pesar del abandono que Dominga había sufrido esos últimos años. Panchita recuerda haberlo conocido en aquella ocasión. El entierro fue una expresión multitudinaria de gente que acompañó el féretro tanto en La Habana como en Santiago de Cuba, donde finalmente fue enterrada junto a su madre y su hermana en Santa Ifigenia.

Las otras Marianas… las de hoy

Panchita Romero Ulloa no habla como si tuviera casi 100 años; con una lucidez envidiable, relata acontecimientos importantes en su vida y en la de su bisabuela Mariana Grajales. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

A veces, los niños que saben de sus antepasados le preguntan a Panchita cómo eran Maceo o Mariana. Dan por supuesto que ella, siendo bisnieta y sobrina nieta, tuvo que conocerlos. Panchita me cuenta esto con una sonrisa nostálgica, lamenta no haberlo hecho. “Imagínate… qué más quisiera yo. Pero al final una siente el orgullo de pertenecer a una familia tan grande y tan valerosa”.

Aunque no los llegara a conocer y ni siquiera lleve sus apellidos, Panchita es una Maceo Grajales de la cabeza a los pies. Su hija Marta comparte mucho de esta herencia.

Panchita solo estudió hasta sexto grado, pero se las arregló para especializarse en mecanografía y taquigrafía. Muy joven se casó con José Vecino, un hombre del que estuvo siempre completamente enamorada y con quien tuvo dos hijas.

“Era un guajiro cepillado, muy bonito, caminaba por La Habana como un dandy, tanto que las mujeres me lo querían quitar. Pero yo también era bonita, hacíamos muy buena pareja. Aquí tengo puesta su foto. Nunca más me casé después de su muerte, le guardé fidelidad. Para mí el único hombre que existió fue ese”, me cuenta aún enamorada.

Ya casada empezó a trabajar como secretaria en el Ayuntamiento de La Habana y luego fue asistente de Alberto Alonso, uno de los fundadores de nuestro Ballet. Cuando este salió de Cuba quedó como secretaria de la Escuela de Ballet, ubicada en L y 19, donde permaneció por más de 40 años y coincidió con Alicia Alonso, Aurora Bosch, Josefina Méndez, Mirta Pla y Loipa Araújo. Fue testigo y protagonista del surgimiento y evolución del Ballet Nacional de Cuba.

Durante todo ese tiempo mantuvo además un trabajo como modista que la mantenía a ella y a sus hijas después de quedar viuda. Mezclaba días de datos, cifras y papeles en la Escuela, con noches y madrugadas de telas y costuras: todo para lograr mantenerse, para nunca tener que pedir y, por el contrario, ayudar a todo el que la necesitara.

Su hija Marta también buscó un camino en la vida bien pronto, que le permitió a Panchita jubilarse cuando rondaba los 50, aunque siguió trabajando como modista por varios años más.

Marta Vecino intenta construir un archivo, lo más completo posible con información y fotografías existentes sobre su tatarabuela. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

No sin esfuerzos, Marta Vecino se convirtió en la primera fotógrafa mujer de la fílmica de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Allí retrató desde las filmaciones de la serie Algo más que soñar, hasta escenas de la guerra de liberación en Angola. Luchó por abrirse un espacio en un mundo donde por mucho tiempo los hombres tuvieron privilegios, y lo consiguió. Aún hoy, con más de 60 años, desanda coberturas como fotorreportera de la revista Bohemia e intenta construir un archivo, lo más completo posible, con información y fotografías existentes sobre su tatarabuela.

Tanto Panchita como Marta son mujeres acostumbradas a no rendirse, a echar pa’lante sea como sea. Prefieren, además, no andar divulgando quién es su bisabuela o tatarabuela. “Las cosas hay que ganárselas por uno mismo y no por quiénes sean tu familia”, sentencia Marta.

Dicen lo que creen tal como lo piensan, sin pedir permisos ni disculpas. Están seguras de que son honestas, honradas y, por tanto, pueden hacerlo. Recuerdan con su modo de ser y algunos rasgos físicos a Mariana. Están orgullosas de ello, aunque no lo proclamen.

“Mariana era mucha Mariana…”, me dice Panchita refiriéndose al carácter y la entrega de su bisabuela y coincido con ella; pero también porque le heredó una parte importante de lo que fue a los descendientes que dejó en el mundo. En cierto modo, Panchita y Marta son Marianas de estos tiempos.

Se han publicado 21 comentarios



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  • Ramón dijo:

    Gracias Ania, necesitamos conocer más de las familias de nuestros héroes, la historia nunca nos perdonará si no conocemos nuestro orígenes. Excelente trabajo. Veo que tienes juventud y mucho talento, y esta es una muestra. Mucha salud a Doña Panchita y su hija Marta y claro que si, tienen que sentir un gran orgullo de pertenecer a una de las mas ilustres familias de nuestro país.

  • Michel dijo:

    muy interesante este artículo, solo esperemos que se haga una autobiografía a esta mujer para que queden sus vivencias e historias en nuestro pueblo y así podamos conocer mucho más de la familia Maceo – Grajales. Mis felicitaciones a las dos jovénes peridistas

  • Acralys dijo:

    Hola a todos los amigos de CUBADEBATE. Aún no me he leído el artículo (estoy en la oficina) pero lo he impreso para juntos en casa leerlo. Sé que a mi hija (6o gradi primaria) le encantará saber un poco más de la vida y de la familia de ese gran apellido de todos los tiempos: MACEO Y GRAJALES. Gracias por este tipo de trabajos. La Historia de Cuba es bella, cortica pero bella.

  • Elsy Zaldivar Marrero dijo:

    Dos grandes mujeres, herederas de la cubanía y firmeza de Mariana, dos mujeres que a pesar del tiempo se mantienen firmes ante la obra de la Revolución y a los principios de nuestros antepasados, un abrazo apretado para ellas

  • Protesta de Baraguá dijo:

    Viva la familia Maceo Grajales!!

  • ondina-edusandino dijo:

    Con esas Marianas siempre se contó para ganar la guerra. En todas las etapas de la Historia de Cuba hubo otras Marianas, que también hicieron la Revolución victoriosa recordemos a Ana Betancourt, Fé del Valle, Celia, Vilma, La general Teté y otras.Por eso nuestro Comandante Fidel dijo que somos una Revolución dentro de otra Revolución.

  • ondina-edusandino dijo:

    Mujer brava, proviene de la familia que más hazañas hizo en las guerras de independencia, Felicidades por tener la lucidez para contar historias y su hija que siga cuidando con ese amor a su madre.

  • Maykel Figueroa dijo:

    Felicidades a la periodista por el trabajo, muy interesante y felicidades también a las Marianas de estos tiempos y a la estirpe de los Maceo-Grajales.

  • Liset dijo:

    Muy interesante el artículo, agradecemos a las periodistas por su excelente trabajo y a Cubadebate. Estas historias nos hacen recordar los antepasados, publiquen más cosas como estas. Saludos

  • Lidia, Misión Médica Venezuela dijo:

    Valoro el artículo publicado, es muy interesante. Muestra el valor de las mujeres actuales independientemente de la herencia. Son mujeres cubanas de estos tiempos, batalladoras, leales a su Patria y su historia, digno ejemplo y orgullo para las mujeres cubanas.

  • Antonio Rodríguez dijo:

    Hola a todos los amigos de CUBADEBATE, GRACIAS Annia e Irene por hacer tan buen periodismo y hacernos saber historias de nuestros héroes que no sabiamos y que como esta se editaran muchas más para que nuestro pueblo sepa más, que nos hace falta que se publiquen. Asi que mucha salud para esta familia Doña Panchita y su hija Martha que son símbolos también de nuestras guerreras mujeres que desde su puesto de trabajo también luchan o dieron de ellas lo mejor para la PATRIA.

  • Grabiel González dijo:

    (…)El amor, madre, a la patria
    No es el amor ridículo a la tierra,
    Ni a la yerba que pisan nuestras plantas;
    Es el odio invencible a quien la oprime,
    Es el rencor eterno a quien la ataca…

    Nunca mejor descrito por Marti, estas palabras que ya los Maceo y Grajales forjaban, esculpían a golpe de machete, trazando el camino a la libertad… gloria eterna a aquellos que su vida dieron por la libertad, por una Cuba siempre libre, por la dignidad, por la Patria.

  • alexiZ dijo:

    dE VERA UNA HISTORIA VIVA pANCHITA ES MUCHA PANCHITA Y QUE LA SALUD LE ACOMPAÑE EN SU LARGA VIDA

  • S.O.S dijo:

    Panchita le deseo que disfrute Usted de muchos años más de vida, orgulloso este pueblo de contar con mujeres como Mariana y sus descendientes, los Maceo Grajales tremenda familia, gente valiente.

  • Adelita dijo:

    Tuve un vecinito cuando era niña (antes del triunfo de la Revolución) y también compañero en la escuela primaria que eran de una familia que decían eran descendientes de los Maceo, nunca supe por qué rama, ya sus nombres no tenían que ver, él se llamaba Eudaldo Lores y su hermana Mirita, creo que ella trabajó en el Icaic en algún momento, nunca más he sabido de ellos. Por esa época vivían en Cerrada del Paseo, entre Zanja y Salud, actual municipio de Centro Habana.

  • Rosana dijo:

    nuestro Comandante Fidel dijo que somos una Revolución dentro de otra Revolución.

  • andres garcia lopez dijo:

    Como se parece PANCHITA a mi difunta madre! que dios le de mucha mas vida y siga con mi madre en el evangelio!

  • Yalia dijo:

    Muchas felicidades a las marianas, bello articulo…

  • Felix A. dijo:

    Siempre me ha dado curiosidad sobre los decendientes de nuestros héroes, me gustó mucho el artículo, es un trabajo de esos que te ponen los pelos de punta en mientras lo lees. Espero se sigan publicando trabajos de este tipo.

  • magalys dijo:

    Hola, Ana e Irene ,les escribe la hija de Cristina Toledano Cuello, Hija de Apolonia Cuello,quien era prima de Marina Grajales Cuello. Para decirles que en Santiago de Cuba en calle 3ra en el reparto Santa Barbara Vive una nieta de Apolonia Cuello , que hoy tiene 101 a. Con una memoria envidiable y que ademas vive en esa casa , en ese barrio , en esa ciudad desde su nacimiento.Por lo tanto conoce bien la historia de Santiago de Cuba , con sus heroes y ha sido testigo de la lucha del pueblo santiaguero en las diferentes etapas , por alcanzar el triunfo revolucionario.Conoce el sufrimiento por la muerte y las torturas a los moncadista, luchadores clandestinos en Santiago , como los hermanos Pais,los hermanos hermanos Maranon ,Pepito Tey y otros Que seria interezante realizarle una una visita reportera. Para conocer mas de cerca un poco de nuestra historia.Ella se llama Irma Ortiz Martinez y vive en calle 3ra # 67 entre Escario y Enrramada ,Santiago de Cuba.

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Ania Terrero

Ania Terrero

Periodista de Cubadebate. Graduada en 2018 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.
En Twitter @AniaTerrero

Irene Pérez

Irene Pérez

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana. Fotorreportera de Cubadebate. En twitter: @irenefotos

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