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Apuntes del cartulario: Cuando quisieron clausurar Tropicana (+ Fotos)

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El cabaret Tropicana, una de las grandes atracciones de La Habana. Foto: Cabaret Tropicana.

No creo que sean muchos los que conozcan que en 1940 quisieron clausurar el cabaret Tropicana. Sacerdotes del colegio de Belén, que colindaba con el centro nocturno, y varios vecinos de la zona, encabezados por Francisco Xavier de Santa Cruz y Mallén, Conde de San Juan de Jaruco, solicitaron a Ortelio Alpízar, alcalde de Marianao, su cierre inmediato ya que, decían, resultaba una ofensa a la moral de la barriada y atentaba contra el descanso de los alumnos. Con su pedido ponían en tres y dos a la máxima autoridad municipal, pues él mismo había acreditado la apertura del cabaret el 31 de diciembre de 1939.

Por aquellos días andaba anclado en La Habana el prestigioso Ballet Ruso de Montecarlo, dirigido por el coronel Bazil. Lo había traído la Sociedad Pro-Arte Musical para presentarlo en el Teatro Auditorium (actual Teatro Amadeo Roldán) y si bien gozó de buena crítica y no poco público, fue un fiasco económico por el alto costo de producción del espectáculo. Aquella compañía, en la que figuraban bailarinas que clasificaban entre las mejores del mundo, quedó varada en la Isla y sin posibilidades de regresar a Europa ya que no había sacado ni para el pasaje.

Y ahí fue donde a Víctor de Correa, propietario del cabaret Tropicana, se le encendió la chispa y quiso y logró que ese elenco de estrellas bailara en Tropicana al compás de los tambores de Chano Pozo, el tamborero más grande del mundo. A cambio de garantizar al Ballet los boletos de retorno, Correa haría realidad su más cara ambición: lanzar la revista musical Conga Pantera, algo no visto antes en Cuba.

Encargó la música al genial Gilberto Valdés, el compositor de Tambó. La coreografía a Sergio Lifar y David Lichini. La orquesta sería conducida por Alfredo Brito, y Chano Pozo estaría al mando de los tambores batá. En el escenario, junto a un centenar de bailarinas y bailarines cubanos, Ivón Lebrand, Nina Verchinina y Ana Leontieva, entre otras integrantes del Ballet Ruso, se moverían al ritmo de una música alucinante y lujuriosa.

Dicen que fueron los tambores de Chano los que sacaron de quicio a los jesuitas de Belén y al Conde de San Juan de Jaruco, pues en los meses precedentes nadie objetó la existencia del cabaret. El alcalde de Marianao, a quien acudieron los demandantes, no halló razones de peso en sus alegatos para determinar la clausura de Tropicana. Pero como se ejercían presiones y se movían influencias, tomó la decisión salomónica de recomendarles que hicieran la denuncia en el juzgado correccional correspondiente. Como los fallos de esa instancia judicial eran inapelables, si el juez se pronunciaba a favor de la demanda, se le revocaría el permiso al centro nocturno.

El día de la vista, el juez Rigoberto Cabrera, joven, de pelo negro y aspecto cordial, se situó en su estrado. A su derecha se ubicaron la representación del colegio de Belén y el Conde San Juan de Jaruco a nombre de los vecinos. A la izquierda, Víctor de Correa, asistido por su abogado, el doctor Carlos M. Palma. En la audiencia se agolpaban familiares de los estudiantes y no pocos de los trabajadores de Tropicana.

El secretario del juzgado dio lectura al acta de denuncia. Hablaron los sacerdotes y el Conde. Palma, a su turno, reconoció que los demandantes podían haberse opuesto no solo a la apertura del cabaret, sino a su continuidad, que tenían el tiempo y el derecho que les concedía la ley para haberlo hecho, pero como no lo hicieron en el momento justo ya ese tiempo y ese derecho estaban caducados. No veía motivo, añadió, para que por un ruidito de más durante las noches se privara a La Habana de lo que iba siendo ya una de sus grandes atracciones. El cierre de Tropicana llevaría a sus trabajadores al desempleo y al hambre, adujo, y como el Conde de San Juan de Jaruco había dicho en su deposición que la música del cabaret no lo dejaba dormir de noche, le recomendó que durmiera de día.

Al final, el juez Cabrera, en atención a los argumentos incontrovertibles de Palma, dictó fallo absolutorio. Tropicana mantendría abiertas sus puertas y a nadie más se le ocurriría solicitar su clausura.

El cabaret Tropicana de La Habana. Foto: Cabaret Tropicana.

Cabaret Tropicana, un paraíso bajo las estrellas. Foto: Cabaret Tropicana.

Salón Arcos de Cristal del cabaret Tropicana, uno de los íconos arquitectónicos del Movimiento Moderno cubano. Foto: Blog Arquitectura Cuba.

Se han publicado 23 comentarios



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  • Lucia dijo:

    Hola, Ciro, es verdad que no es conocida esta historia del Cabaret Tropicana. Bravo por usted me gusta leer sus crónicas. Sólo le digo algo la solución no fue salomónica porque este rey fue famoso por sabiduría y no “por limpiarse las manos” o lo que es lo mismo pasarle el problema a otro, quien hizo eso fue Poncio Pilato cuando los fariseos le llevaron a Jesús de Nazaret.

    • jose dijo:

      Muy buen artículo.
      En mi opinión la decisión del alcalde sí fué salomónica, pues no debería ser responsabilidad de la autoridad política resolver un litigio, eso se derime en los tribunales, y por eso dirigió a los demandantes hacia la justicia.
      Entonces el alcalde hizo lo correcto en teminos legales.
      Sin embargo estoy de acuerdo en que sí, parece que se lavó las manos, al pasarle el muerto a otro.
      Un saludo.

  • yanet dijo:

    Interesante!! Me encantan las reseñas de Ciro Bianchi. Algún sitio web o blog donde pueda seguirlo??

    • jose manuel dijo:

      Si me dices tu email te puedo enviar todos los articulos de Ciro. Saludos

  • sachiel dijo:

    Offf, me pregunto ahora que dirian los vecinos de La Tropical, o de tantos y tantos centros nocturnos legales o improvisados que ponen el reguetón-trap a altos decibeles toda la madrugada a lo largo de todo el pais, y no excluyo ciertas iglesias protestantes enclavadas en las cuadras que usan equipos sofisticados para sus coros y canciones, a toda hora. Y ni hablar de nuestros vecinos particulares que les encanta proclamar que “en mi casa que yo hago lo que yo quiera” y es fiesta y pachanga de noche every day, pero cuando yo cojo una mandarria y me pongo a dar mandarriazos en el piso a las 10 de la mañana (cuando estan “fatigados” de la noche), obvian tal precepto y salen a comerme vivo.

    Salomonicamente, o con apego a la ley, el juez Rigoberto Cabrera (que quizas no vivia cerca ni tampoco efectuó o solicitó un peritaje o dictamente para ver el tema ruido como estaba) pudo muy bien haber limitado el estruendo de Tropicana a niveles aceptables, y en 1940 no se tenian bafles ni woofers ni subwoofers como ahora, que existe cada dos pasos; al no hacerlo sentó precedente para que cada escandaloso haga lo que le venga en ganas

  • Andrés dijo:

    Excelente crónica Ciro. Un excelente recordatorio de nuestro devenir cultural y del carácter evolutivo de muchas manifestaciones artísticas.

    No es de extrañar que los tambores de Chano molestaran, y que la “moral” se viera amenazada. Creo que es la historia de nuestro devenir, antes y después de la revolución. Cada vez que surge un fenómeno sociocultural que refleja los modos y decires de la gente humilde, fundamentalmente, aunque no exclusivamente, de origen africano, siempre le salen ronchas a la sociedad cubana. Sucedió con las prohibiciones del danzón y del son cubano (difícil de creer hoy).

    También ocurrió con la conga, la cual fue atacada mordazmente en la prensa de las primeras décadas del siglo XX, e incluso prohibida por varios decretos después de establecimiento de la república en 1902. Amadeo Roldán, un músico mestizo con entrenamiento clásico y europeo, causó escándalos cuando se le ocurrió introducir temas (Rítmicas 5 y 6) hechos en la tradición occidental de la llamada música clásica, pero compuestos para instrumentos de percusión afrocubanos. Algo parecido ocurrió con Caturla y su fascinación atrevida por aquellos ritmos abiertamente sexuales que desafiaban el pudor azul de cierta clase.

    Guillén, sin duda alguna, fue un grande entre los grandes. Pero lo cierto es que fue Langston Hughes, el gran poeta afro-norteamericano, y su amigo personal, quién durante un visita a La Habana, sugirió a aquel mezclar los motivos fascinantes de la música afrocubana en su poesía. De aquí salió “Los motivos del son”. Hasta ese momento, Guillén había preferido no ofender al status quo blanco, y por ello producía poesía, de alta calidad, pero digerible y sin riesgos. El peso ideológico de las “buenas costumbres” era muy grande.

    Después de la revolución hemos arrastrado todo esto. Se pueden mencionar montones de ejemplos, pero la obsesión con la salsa durante el boom de los 1990s es representativa. Hoy, independientemente de lo que piense cada cual, creo que le ha tocado el turno al reggaeton.

  • JL dijo:

    De hecho vivo cerca de Tropicana, días de tener todo el shows de este cabaret dentro de la casa, pero eso no es nada ahora, en la década del 70, en lo que fuera el parqueo de Tropicana, se montó el salón Mambí, eso sí era ruido, violencia y sexo, altas horas de la madrugada con ruido descomunal, grupos metidos en portales haciendo todo tipo de necesidades fisiológicas, otros involucrados en grandes broncas tumultuarias y por su puesto culminaba en heridos, muertos. etc. Toda una odisea era el salón Mambí de Tropicana, hasta que por suerte alguien tomo una buena decisión de quitarlo, no sé si fue por las mil quejas de todos los vecinos durante todo el tiempo, o si querían potencial realmente al Cabaret y tenían que quitar esa mala imagen.

    • sachiel dijo:

      Ahi tienen, esa historia ya la conocia de antes, y digo que lo de ahora tiene sus antecedentes y sus padrinos, pero bueno, parece que se podrá poner coto a tales problemas….

    • Carlos Gutiérrez dijo:

      Recuerdo el salón Mambí. Fuí allí varias veces por complacer a una mujercita “del ambiente” que yo tenía por aquel entonces y que era adicta a aquel siniestro lugar, pero aquello no tenía nada que ver conmigo. La clientela que allí se reunía podría meterle miedo al susto. A la entrada había rejas y guardias como en una prisión. A veces los guardias registraban a algunos de aquellos personajes. Adentro vendían la cerveza en pergas de cartón encerado para que no hubiese botellas u otro objeto que pudiese usarse como arma. Pero yo veía como aquellos angelitos, desde afuera, le lanzaban por encima del muro las “chágaras” y “entizados” a sus compinches de adentro, y luego entraban como si nada. Y presencié varias broncas con navajazos incluídos.

      Creo que su cierre fué una decisión muy acertada.

  • Alejandro dijo:

    Ciro excelente artículo, usted es una gran personalidad de la cultura cubana, lastima que el cabaret Tropicana hoy día no sea para los cubanos, solo para extranjeros, ya que los precios que tiene, yo por lo menos que soy un trabajador de la salud no puedo darme ese lujo, y si hablamos del Parisien, estaríamos en la misma historia, pero le agradezco por su artículo.

  • JHON dijo:

    uNLUGAR MAJESTUOSO, TUVE LA OPORTUNIDAD DE ESTAR ALLI EN LA EPOCA EN QUE SE DABA COMO ESTIMULACIÓN EN LA UNIVERSIDAD Y LOS SINDICATOS, ES UN LUGAR EXPLENDIDO, LO QUE EL PRECIO DE LA ENTRADA ES BIEN COSTOSO PARA IR CUANDO SE TRABAJA CON UN SALARIO ESTATAL.

  • olympia dijo:

    muy instructiva su crónica, como todas las que realiza, veo asiduamente su espacio por canal habana y aprendemos mucho de usted, es un privilegio contar con personas tan conocedoras de la historia y que la comparta… mucha salud le deseo

  • Ing.Luis Enrique Fuentes Salas dijo:

    Como dijo el Gran NIcolas Guillen Batista – el inmenso camagüeyano – en la cancion del Bongó : ” Aqui todo el Mundo responde cuando llamo yo”…!!!

  • peter dijo:

    Ciro, fue un insulto chantajear a danzantes de ballet clásico para hacerles descender al nivel de la cloaca musical con ´´ la tanvó y lo vongó ´´ africano.

  • Africano dijo:

    En verdad es muy buena la ilustracion que hace ciro de tropicana y de lo que alli paso en la decada del cuarenta, mas quiero aprovechar este articulo para exponer una idea, hace casi 50 años que vivo en la calle 76 muy serca de la avenida 41, comprenderan los lasos que me atan al mencionado lugar, en sus alrrededores jugue pelota, comiamos mangos y mamoncillos de sus patios interiores, cuando al fin pude, alli fui con mi primera novia, aprendi en sus barras de caoba a beber un buen trago y fumar mas que otro sigarrillo, No hace ni dos semanas de regreso a casa me encontre con un amigo y para mi satisfaccion me invito a tomarnos una cervesa, pense que seria en el cupep de tropicana, para mi asombro caminamos en direccion al Restauran, era un viernes por la tarde sin mayores dificultades entramos y fuimos a parar a lo que antes era conocido como la cafeteria, al lado isquierdo de lo que antes tambien era el panoramico, todo aquello se mantiene impecable,sus muebles,cristaleria, jardineria sigue siendo inrreprochable, mi pregunta es por que no se invierte un poco en este lugar y sus alrrededores, mire las calles mas aledañas a este lugar, Sí las que estan ahí bien pegaitas a tropicana esta en un franco proceso de deterioro vergonsoso, lo que era antes el salon manbi para que hablar, ahí se deben estar criando una buena parte de los mosquitos de la Habana, estas son unas cuantas extarias que si las aprovechamos bien con la boscosidad que tiene y con un diseño bien original se puede crear ahí un área de recreacion y esparsimiento que no tenga que envidiarle a ninguna otra, el dinero esta perdido, no dejemos que se pierda la imaginacion en una noche de luna allá por los 80 cerramos el salon Mambi y QUE.

  • ladislao dijo:

    Estimado Don Ciro: agradezco su crónica acerca de cuando quisieron cerrar Tropicana, tan emblemático. Quisiera, por favor, que escribiera algo acerca de cuando sí pudieron y cerraron de verdad La Bodeguita del Medio, también emblemática. Y cómo fue que se reabrió. Me consta, por haber conversado con ellos, que allí hay trabajadores que desconocen ese hecho.

  • coco dijo:

    Excelente articulo, pero me gustaria que Ciro dijera algo del momento cuando quisieron destruir a tropicana

  • Eva dijo:

    Disfrute el artículo, como siempre nos sorprende con historias desconocidas para la mayoría. Fui mucho a Tropicana, mi salario de trabajadora me lo permitía, disfrute de magníficos espectáculos. Entiendo la necesidad de recaudar divisas para el país, pero es una pena que se haya eliminado la posibilidad de un por ciento mínimo de estas capacidades a precios módicos para trabajadores y estudiantes destacados,en esta y similares instalaciones. Con esto elEstado no pierde, al contrario gana pues las personas honestas y trabajadoras que más se destacan se sentirían estimulados a seguir esforzándose.

  • dijo:

    este es uno como TANTOSSSSSSSSS sitios en este pais, que los propios cubanos no pueden visitar, el resto del mundo, despues de que conoce a su pais de punta a cabo es que sale a recorrer otros, aqui es al reves, aqui tienes que irte a otro para poder conocer al tuyo, ojala pudieramos ir a esos lugares, a cayos, a grandes hoteles, a zonas turisticas que son tan bellas y puedo asegurar que muchisimos de nosotros cambiariamos parte de nuestras opiniones con respecto a la belleza y caracteristicas de este pais…para bien…creo que si cerrarian ese lugar afectaria a la economia del pais no a los cubanos…porque nosotros no lo pisamos….

  • ydurand dijo:

    Es un articulo muy importante ya que muchas personas no tienen conocimiento de la historia de tropicana, es muy interesante, gracias Ciro

  • paco dijo:

    Sigo todos sus articulos usted es un maestro Ciro Bianchi cronista por naturaleza espero ansioso sus publicaciones en juventud Rebelde y todo lo que cubadebate publica los que no vivimos el pasado usted nos da la oportunidad del conocimiento larga vida y muchos exitos compatriota.

  • Armander dijo:

    Cuánto quisiera viajar en una máquina del tiempo (si existiera), nada más para ver a aquellas bailarinas rusas moverse en tropicana al ritmo de nada menos que: la música de Gilberto Valdés, el compositor de Tambó, la coreografía a Sergio Lifar y David Lichini y Chano Pozo al mando de los tambores batá, y en aquella época. Me imagino a esas bailarinas pensando: Caballeros, quien me iba a decir que de mi ballet refinado, iba a terminar meneando la cintura aquí en el trópico y ligera de ropa!

  • Alesso dijo:

    Y por los siglos de los siglos Tropicana seguirá siendo un Paraiso bajo las Estrellas.

Se han publicado 23 comentarios



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Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

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