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El Guajiro de El Laberinto y su huella por siempre

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Conrado MarreroHoy es excepción, no quiero hacer una crónica, simplemente acercar un poco más a los lectores, si ello es posible, a esta figura mítica que ahora se abre paso a la leyenda. Pocas veces conversamos, quizás ni hubiese recordado mi nombre, a pesar de yo mencionarlo tanto. Así son las cosas de la vida.

Una tarde fría del enero de 1972, si así puede llamársele a las tardes invernales santiagueras, nos encontramos con él en el Guillermón Moncada. Por la noche se enfrentarían Vegueros y Mineros, equipo donde Marrero era el entrenador principal de aquellos “monstruos” que respondían a los nombres de Braudilio Vinent, Roberto Valdés, Orlando Figueredo, y compañía.

Su amigo, Ismael Gallego Salgado, nuestro manager, se le acercó y aquel pitcher para la historia le tiró una mascota a quien se había desempeñado como receptor en la Liga Nacional Amateur, por el Artemisa, y otros clubes. Hizo algunos lanzamientos, hasta que el catcher se negó a continuar, la vista ya no le permitía recibir aquellas bolas de nudillos, tenedores, o vaya usted a saber qué diablos.

Los curiosos no tuvimos que insistir para escuchar varias anécdotas del Premier, de las que recupero una que me marcó. Mis compañeros no me dejarán mentir. Así, más o menos, la contó:

Jugábamos contra los Medias Rojas de Boston, yo por el Washington. El asunto fue que llegué al final del desafío ganando por una carrera, no recuerdo cuántas. Y para que la cosa se me complicara, me llenaron las bases con dos outs y el manager confió en mí para dominar al último bateador, a quien llevé a la cuenta de 3 y 2. Pareciera fácil la cosa si no fuera porque el hombre era, nada más y nada menos, que Ted Williams, el mejor de las Grandes Ligas. Allá fue a verme el manager, me dijo que lanzara difícil, una curva bajita, o una de nudillos, en fin, que le complicara la situación. Yo me viré hacia el center fielder y no lo pensé mucho. Con más de cuarenta años en las costillas y por debajo de las 85 millas, como hoy se mide, hice el wind up y tiré una recta lo más lenta que pude por el centro de home. Williams se había “arremangado” la camisa y todo. Traté de cerrar los ojos, pero no pude por el vocerío. Resulta que la dejó pasar y el umpire se la cantó. Ganamos el juego y la gente me cargó y todo. Entonces, con la paciencia que siempre me caracterizó, me fui a bañar. Y cuál no sería mi sorpresa cuando veo al lado mío, en la ducha, a Williams: –Viejito, ¿qué fue esa mierda que me tiraste? Si me lo llego a imaginar te la desaparezco. –Por eso te la tiré.

Es la mejor lección que he escuchado. Mario Negrete, Julio Romero, Rodovaldo Esquivel, Alfonso Urquiola, Catibo, Felipe Álvarez, y otros, no salíamos del asombro. Y él no dijo más, se fue tan campante como llegó. Y nos quedamos ensimismados, pues efectivamente, por ahí, por la inteligencia, anduvo tantas décadas sobre el box. ¿Hacía falta más?

Por su parte, Williams nunca dejó de admirarlo. A continuación unas palabras suyas, tomadas del colega mexicano Jesús Alberto Rubio, en   jarubio@guaymas.uson.mx:

Marrero es la excepción de las reglas. No es muy frecuente para un pitcher saltar de una liga de clasificación inferior como la Liga Internacional de la Florida, a las Mayores, y triunfar de sopetón. Y no es frecuente tampoco esperar mucho de un lanzador que tenga 5’ 7″ de estatura y pesar nada más que 158 lbs. La tendencia es ignorar los lanzadores que no sean corpulentos y que no puedan tirar muy duro. Marrero desafí­a todas las reglas, pero puede pasar la bola por encima del plato y a cada bola puede ponerle algo. Ha demostrado ser más efectivo que los pitchers de gran publicidad con sus bolas rápidas y curvas acentuadas. Para uno que por primera vez se enfrenta a los bateadores de las Mayores, Marrero posee control excepcional y mucha experiencia de lanzador. Durante mis años en las Mayores, rara vez he visto un lanzador con las caracterí­sticas del cubano, y triunfar.

Con esta pequeña introducción, dejo a otros colegas los innumerables artículos, y efectivas crónicas. A quienes deseen más, les recomiendo leer El Premier, de Severo Nieto. Ahora prefiero exponer una buena parte de su paso por los diamantes, con este resumen que aparecerá más temprano que tarde, en la Enciclopedia Biográfica del Béisbol Cubano, del autor de estas líneas, junto a Félix Julio Alfonso López y Yasel Porto Gómez. Ahí les va:

Marrero Ramos, Conrado Eugenio (1911-2014). Lanzador, derecho. Conocido por Guajiro de El Laberinto, El Premier y Connie. Nació el 25 de abril de 1911, en la finca El Laberinto, cerca de Sagua la Grande, actual provincia de Villa Clara, y falleció en La Habana, el 23 de abril de 2014. Para introducirnos en la vida de este inmarcesible de la pelota cubana de cualquier época, veamos el siguiente fragmento del Dr. Félix Julio Alfonso López, en Palabra Nueva, Año XXII. Enero / 2014. No. 235, p. 64, cuando responde a Hilario Rosete Silva, en la entrevista Béisbol o Pelota. Alfonso evocó al célebre escritor de radio y televisión Enrique Núñez Rodríguez, en estos términos: “Recuerdo la anécdota que me contó el poeta Norberto Codina; habla de la respuesta que le dio Enrique Núñez Rodríguez a un intelectual; este mostró saber poco sobre Conrado Marrero, y Enrique le contestó: ‘Conrado Marrero es el Lezama Lima de la pelota cubana’; ¡qué bello símbolo!…” Marrero había comenzado como jugador de cuadro. Su debut como pitcher había sido contra una novena de la terminal de ómnibus de Sagua, cuando por la fuerza de su brazo lo llamaron a relevar y ganó el desafío; así dio inicio la leyenda. Hizo época desde los últimos años de la década del treinta, hasta mediados de los cincuenta, tanto en el béisbol amateur como en el profesional, a pesar de sus apenas 5´5 de estatura y 160 libras de peso. Se destacó en la Liga Nacional Amateur, donde en 1938 comenzó con el Cienfuegos. Tuvo especial protagonismo en la temporada 1941, cuando lograron el título y fue líder de los lanzadores (18-6) y efectividad de 1,51. Todas las decisiones en la campaña recayeron en él. Además, en 1940 fue líder en victorias (15) y ponches (117). En 1942 terminó puntero en triunfos (22) y promedio de carreras limpias con 1,22, al igual que en 1943 con 1,76. Sus totales en este nivel fueron excelentes, al acumular marca de 127-39, con tres juegos sin permitir hits ni carreras. Fue uno de los grandes animadores de las primeras Series Mundiales Amateurs. Su debut fue en el mismo comienzo de Cuba en esas citas (1939), en Londres, donde el 13 de agosto se convirtió en el primer pitcher cubano que venció a Estados Unidos en eventos internacionales oficiales, en un choque que terminó 13 x 4 y en el que bateó de 4-2. Fue elegido el Más Valioso de la justa en 1940, cuando concluyó entre los primeros en pitcheo (1,15) además de 3 triunfos. En un choque importante, el 22 de septiembre, no solo venció desde el box a Nicaragua, sino que pegó par de hits, con 3 remolques. En la cita de 1941, la tercera en la capital cubana, solo fue superado por el venezolano Daniel Canónico, tras un soberbio 3-0 y 0,46 promedio de carreras limpias. Aquel 22 de octubre fue un día histórico, al perder el encuentro por el título 1 x 3, contra el morocho, un suceso inolvidable para aquel país. Un año después, el 4 de octubre de 1942, se desquitó en el Mundial de Venezuela, contra el propio Canónico, con lechada de 8 x 0. En 1944 volvió a finalizar entre los tiradores más relevantes. Firmó como profesional con treinta y cinco años de edad. En el torneo invernal cubano de la década del cuarenta y hasta mediados del cincuenta, tejió una leyenda de doce temporadas y un torneo independiente. En 1946-1947, con el Oriente, del torneo independiente de la Liga de la Federación (8-5), 1946-1947, con el Almendares (1-0), 1947-1948 (12-2), 1948-1949 (6-4), 1949-1950 (7-3), 1950-1951 (11-7), 1951-1952 (6-9), 1952-1953 (8-8), 1953-1954 (7-5), 1954-1955 (2-3), 1955-1956 (1-0), 1956-1957, con el Marianao (0-0) y 1957-1958 (0-0). Total: en 201 desafíos, de ellos 59 completos, obtuvo balance de 69-46 (.600), con 494 ponches, 311 bases concedidas y 2,48 de efectividad. Su estilo característico, control envidiable, nervios de acero y un repertorio exclusivo, lo convirtieron en la estrella indiscutible del montículo en su época. En la Liga Profesional Cubana fue 6to. en porcentaje de ganados y perdidos (.600) y 9no. en ganados (69). En 1947-1948, resultó electo el Jugador Más Valioso, al liderar el promedio de ganados y perdidos (.857), las lechadas (8) y en efectividad (1,12), así como en 1949-1950 (2,26). El 1,12 fue la mejor marca de esos certámenes. Otros lideratos fueron: juegos ganados en 1946-1947 (9), en la Liga de la Federación, 1947-1948 (12), y 1950-1951 (11); ponches en 1946-1947 (77), en la Liga de la Federación también. Además fue puntero en juegos lanzados en 1946-1947 (18). Encabezó los innings en 1950-1951 (160). Actuó como manager del Almendares en 1955-1956, ocupando el último lugar (4to.), con 30 victorias y 39 derrotas (.435). Participó en cuatro Series del Caribe. En 1949, con el Almendares (1-0), 1950 (0-2), 1954 (1-0) y 1957, con el Marianao (0-0). Total: en 5 desafíos, de ellos 2 completos, obtuvo balance de 2-2 (.500), con 13 ponches, 5 bases concedidas y efectividad de 1,89. Sobresalió igualmente en las Ligas Menores. Estuvo con los Havana Cubans en tres campañas: 1947 (25-6), 1948 (20-11) y 1949 (25-8). Total: en 110 desafíos, 78 de ellos completos, obtuvo balance de 70-25, con 586 ponches, 117 bases por bolas y efectividad de 1,62. En ese equipo dejó varias marcas establecidas: 1ro. en carreras limpias (1,62), en lechadas (24) y ganados (70); 2do. en lanzados (110), completos (78), innings (793), hits permitidos (561) y ponches (586). Tercero en porcentaje de ganados y perdidos (.737) y 4to., empatado, en perdidos (25). En 1947 lideró la efectividad (1,66), triunfos (25) y ponches (251), los juegos completos (28), lanzados (40) y empatado en innings (271). En 1948 la efectividad (1,67), y lo eligieron Mejor Lanzador, y en 1949 encabezó las lechadas (11), victorias (25), ponches (167) y el porcentaje (.758). Protagonizó un juego sin hits ni carreras, el 12 de julio de 1947 (7 x 0) sobre el Tampa. También lanzó para los Cuban Sugar Kings en tres campañas: 1955 (7-3), 1956 (3-1) y 1957 (0-0). Total: en 34 desafíos, 5 de ellos completos, obtuvo balance de 10-4 (.714), con 75 ponches, 39 bases concedidas y efectividad de 2,89. Marrero arribó a las Grandes Ligas con treinta y nueve años de edad, con los Senadores de Washington, uno de los novatos más veteranos en la historia de las Mayores. En 1954 fue el jugador de más edad en la Liga Americana, mientras que en 1950 y 1952 fue el 4to., y en 1951 y 1953 el 3ro. más añejo. Lanzó en 118 desafíos, de ellos completó 51 y permitió 736 hits en 735 innings, ganó 39 y perdió 40, con 94 salvados. Otorgó 249 bases y ponchó a 297, para terminar con 3,67 carreras limpias permitidas. No fue un superestrella en ese nivel, pero dejó una estela de admiración. Allí utilizó los números 21 y 22. Su debut fue el 21 de abril de 1950 y su último encuentro el 7 de septiembre de 1954. El 26 de abril de 1951 estuvo a punto de un no hit no run frente a los Atléticos de Filadelfia, que lo evitaron por un jonrón de Barney McCrosby. Dominó a los mejores equipos y bateadores de la Liga Americana, incluido Ted Williams, a quien una vez ponchó con un envío de poca velocidad. Se relacionó con Williams y otras figuras destacadas en ese béisbol. Su control fue prodigioso, se basó esencialmente en sliders, pero se destacó por su inteligencia. En 1952 logró el 34% de votos para Jugador Más Valioso. En esa misma campaña fue 9no. en correlación de boletos-ponches (1,453), 8vo. en PCL ajustado (124), 6to. en juegos completos (16), 3ro. en bases por bolas en 9 entradas (2,588) y 9no. en efectividad (2,88). En 1951 fue 7mo. en juegos completos (16), 10mo. en lechadas (2) y 2do. en jonrones permitidos por 9 innings (0,385). El 24 de enero de 1955 fue dejado libre por los Senadores. Además de su desempeño en Cuba y en los Estados Unidos, Connie, como lo llamaban en este último país, lanzó con relevancia en México y Nicaragua. En el primer país tuvo marca de 24-8 en 1946 con los Indios de Juárez, mientras que en la segunda nación trabajó con el León de 1957 (12-4) y 1958 (2-3). Sumándose su labor en estos lugares, más el béisbol organizado de Estados Unidos, la Liga Nacional Amateur, las Series Mundiales Amateurs, la Liga Profesional y las Series del Caribe, así como obviando torneos con menor oficialidad en distintas localidades de la Isla y fuera de ella, Marrero es el lanzador cubano con mayor cantidad de juegos ganados de por vida (367), con apenas 168 reveses, más una efectividad de 2,22, en 704 partidos. Al triunfo de la Revolución de 1959, se incorporó como entrenador para formar talentos en las Series Nacionales, sobre todo en el Oriente del país. Reconocido por todos sus méritos como deportista y entrenador, a propuesta del Consejo de Estado de la República de Cuba, se le entregó la Orden Lázaro Peña de Primer Grado y la distinción de Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Fue seleccionado por el pueblo entre los Cien Mejores Atletas del siglo XX. En 1977 fue electo al Salón de la Fama del Béisbol Cubano, con sede en los Estados Unidos. El 25 de abril del 2011 recibió un reconocimiento especial por arribar a su centenario, siendo uno de los pocos beisbolistas en el mundo con la dicha de vivir una centuria. Está considerado entre los lanzadores más importantes en la historia de la pelota cubana.

Liga Profesional Cubana:

JL        JC        JG      JP    PROM     INN        SO          BB         PCL

201

59

69

46

.600

1070

494

311

2,48

 

Récords:

-Sexto en porcentaje de ganados y perdidos (.600).

-Noveno en ganados (69).

-En 1947-1948, resultó electo el Jugador Más Valioso, al liderar el promedio de ganados y perdidos (.857), las lechadas (8) y en efectividad (1,12), así como en 1949-1950 (2,26).

-El 1,12 fue la mejor marca de esos certámenes.

-Juegos ganados en 1946-1947 (9), en la Liga de la Federación, 1947-1948 (12), y 1950-1951 (11).

-Líder en ponches en 1946-1947 (77), en la Liga de la Federación.

-Además fue puntero en juegos lanzados en 1946-1947 (18).

-Encabezó los innings en 1950-1951 (160).

Grandes Ligas:

JL        JC        JG      JP    PROM     INN        SO          BB         PCL

118

51

39

40

.494

735

297

249

3,67

 

Récords:

-En 1952 logró el 34% de votos para Jugador Más Valioso.

-En 1952 fue 9no. en correlación de boletos-ponches (1,453), 8vo. en PCL ajustado (124), 6to. en juegos completos (16), 3ro. en bases por bolas en 9 entradas (2,588) y 9no. en efectividad (2,88).

-En 1951 había sido 7mo. en juegos completos (16), 10mo. en lechadas (2) y 2do. en jonrones permitidos por 9 innings (0,385).

(Con documentación de Wikipedia, La Enciclopedia Libre, Ecured, Enciclopedias de las Grandes Ligas, Guías del Béisbol Profesional Cubano, Nicaragüense y de México, Jorge Figueredo, James D. Cockroft, Eladio Secadas, Jess Losada, René Molina, Juan Ealo, Félix Julio Alfonso López, Carlos Castillo Barrio, Jaime Cervantes, Jesús Alberto Rubio, Severo Nieto, Raúl Diez Muro, Marino Martínez, Ángel Torres, Norberto Codina, Roberto González Echevarría, Alfredo Santana, Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga, Yasel Porto Gómez, Fernando Rodríguez Álvarez, Adonhay Villaverde Blanco, y otras fuentes).

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  • VICTOR D'VITA dijo:

    GLORIA DE SAGUA LA GRANDE, DE VILLA CLARA, DE CUBA
    JUGó FUERA DEL PAIS Y NUNCA TRAICIONó SU TERRUÑO
    SU MARCADA DIFERENCIA, SU SINGULARIDAD ESTUVO DADA
    EN NO SER SEGUNDO, SIEMPRE PRIMERO
    SIEMPRE EN LA MEMORIA DE TODOS, EN ESPECIAL VC

  • Eduardo Tres dijo:

    Nuestro beisbol viene de más de cien años de originaria, rica y épica epopeya beisbolera; también identidad, tradición y raíz de la nación cubana, presente entre los eslabones más profundos de nuestra cadena de ADN, y mucho más allá. Venimos, a la vez, de lejos y de muchas partes… como del “arroyo de la sierra” del mismísimo “Laberinto”.

  • Truenoazul dijo:

    los lanzadores jovenes deberian de estudiarlo para aprender a tirar strikes no bateables, y a tirarr bolas en zona de duda que se parecieran strike que si no le tiras pues te la cantan como strike…
    hay que oirlo como decia que el pitcher es quien manda o debe mandar y decidir con que conteo el bateador debe hacer swin siempre en 2 y uno o en dos y dos, pero nunca en tres y dos como hacen la mayoria de nuestros “camboleros”.
    tampoco pedia pèrmiso a ningun VM32 ni a otro manager para hacer un lanzamiento u otro…el lo decidia todo con su mascota y punto…Gloria eterna para este gran maestro..saludos azules

  • ricardo dijo:

    no le hacia falta quedarse ,si jugaba aqui y alla y llego a las grandes ligas con 39 años,practicamente en edad de retiro,indudablemente entre los mas grandes de cuba y america.

  • hacker de sombrero blanco dijo:

    TAN POCOS COMENTARIOS PARA CONRADO MARRERO.VÍCTOR D VITA EN CIENFUEGOS TAMBIÉN LO RECORDAMOS.FALTANDO MENOS DE DOS DÍAS PARA SUS 103 AÑOS SE FUE FÍSICAMENTE.
    YO CREO QUE DEBO PONER A LAZO COMO UNO DE SUS RIVALES PERO NI EL.
    UNO DE LOS QUE DEBEN ESTAR LLORANDO ESTA PÉRDIDA ES MATSUSAKA.

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Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

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