Favorecida entre otras cosas por el auge de los medios de difusión, por el protagonismo de la sociedad civil y por la detente; en los años setenta la agenda ecológica se instaló en el espectro político mundial con una fuerza y una pujanza que no existía desde el debut del liberalismo y del socialismo en Europa, la diferencia fue, que esta vez, el punto de origen no eran las mentes de brillantes ideólogos, sino que se trataba de un hecho de masas.