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La OEA ante presiones y dilemas

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No es la primera vez que alguien prepara una trampa y cae en ella. Ese puede ser el caso de los Estados Unidos que nunca disfrutó de una victoria completa porque separar a Cuba de la OEA no significó aislarla de los pueblos y de las fuerzas políticas avanzadas del continente que ahora prevalecen y reclaman una rectificación.

En 1962, para complacer a Estados Unidos la OEA excluyó a Cuba y ahora para no contradecirlo vacila en revocar la infamia. El primer round fue expedito porque, con raras excepciones, a la mesa, junto a algunos demócratas liberales timoratos, se sentaban oligarcas y cipayos de los gringos. El pase de lista de hoy es diferente. Lo que hace algún tiempo era una mayoría favorable a la revocación de la sanción se ha instalado como un sentir unánime.

A José A. Mora, Secretario General de la OEA cuando en 1962 la OEA expulsó a Cuba le tocó un papel aunque inglorioso, más fácil que a Insulza que hoy no puede dar la callada por respuesta a más de 30 países que reclaman acción.
Comprometido con los estados miembros y confiado por la flexibilidad verbal que en Puerto España ensayó el presidente Obama respecto a Cuba, se decidió a someter el asunto al Consejo de la OEA para su inclusión en la agenda de la Próxima Asamblea General los días dos y tres de junio en Honduras.

Como quiera que la señora Clinton puede haber retomado la retórica conocida y retornado a posiciones intransigentes, con la reunión a la vuelta de la esquina, el Secretario General tiene sobre la mesa, no uno sino cuatro proyectos de resoluciones, probablemente no incompatibles, aunque difícil de convertir en un solo texto capaz de complacer a tirios y troyanos. En una carrera contra reloj, Insulza trata de aprovechar el tiempo para aproximar las posiciones y decidir no sólo qué hacer, sino cómo y cuando.

A partir de la presión ejercida por los países del ALBA y los adelantos mostrado durante la Cumbre de Puerto España, lo más difícil sería alcanzar un consenso para aplazar el debate que tal vez sea la fórmula preferida por Estados Unidos y que Costa Rica intenta viabilizar al proponer enviar el asunto al Comité Jurídico de la organización donde pudiera recibir los honores de la gaveta. Tampoco puede descartarse que la opción sea mantener varias resoluciones para atomizar el debate y facilitar el aplazamiento.

En cualquier caso, mientras Cuba, ajena al debate mira los toros desde la barrera, la situación presente parece más un desafío que una amenaza. No se discute el destino del pueblo cubano ni de su Revolución, tampoco la marcha del proceso de cambios que avanza en América Latina, sino que está en juego la credibilidad de los Estados Unidos.

Cuba no es el problema sino la medida de la seriedad del presidente Obama cuando dice querer un nuevo comienzo en la política respecto a la Isla y una relación entre iguales, pacifica y fecunda con los países del hemisferio.

A Insulza se ha quedado sin espacio para retroceder. No se trata de que tenga una papa caliente en la mano, sino de que él es la papa caliente. Sacarles las castañas del fuego a los gringos 47 años atrás no era un problema. Ahora sí.

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Jorge Gómez Barata

Jorge Gómez Barata

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional.

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