Artículos de Ciro Bianchi Ross
Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.
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El Paseo, tal como lo conocemos hoy, quedó inaugurado el 10 de octubre de 1928. El 1 de enero del año siguiente se emplazaban los ocho leones sobre sus pedestales. En contra de lo que suponen no pocas personas, ninguno de ellos fue robado jamás. Siempre fueron ocho. Muchos recuerdos atesora el Paseo del Prado. Buenos y malos.
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No solo hubo carnavales y aires libres en el Prado. Esa importante calle habanera guarda también recuerdos trágicos. En la tarde del 9 de julio de 1913 era muerto a balazos, mientras paseaba en compañía de sus dos hijos pequeños, el brigadier Armando de la Riva, jefe de la Policía Nacional y uno de los generales más jóvenes del Ejército Libertador.
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En la Cuba de hace algunos años se hizo habitual llevar a escena todos los 2 de noviembre una fácil y pegajosa obra del español José Zorrilla, Don Juan Tenorio. Llegó la noche del estreno. Avanzó la obra de Zorrilla hasta la escena en que Don Juan se dispone a raptar a Doña Inés y en la que, según el librero, sale del escenario con ella en brazos.
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La Cabaña sigue siendo escenario de una de las más antiguas y hermosas tradiciones habaneras. Todos los días, en una lucida ceremonia a la vista del público, una escuadra de reclutas, con el atuendo del ejército colonial español, carga de pólvora un cañón antiquísimo, encienda su mecha y lo dispara a las nueve de la noche.
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La venta de terrenos fue lenta en El Vedado, una zona que comenzó a urbanizarse a partir de 1858. Hacia 1870 existían solo unas veinte viviendas, casi todas en las calles Línea y Calzada. Se dice que los primeros vecinos de la localidad fueron el Conde de Pozos Dulces y su familia, propietarios por otra parte de la finca El Vedado.
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Traer el agua a La Habana desde el río Almendares fue un sueño acariciado por los primitivos habaneros. Para hacerlo realidad se valieron de la llamada Zanja Real. Su construcción comenzó en 1566. Para allegar el dinero necesario para la obra se estableció el impuesto conocido como Sisa de la Zanja. El costo fue de unos 35 000 pesos.
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Cuando regresó a La Habana, por última vez, a fines de 1960, traía los poemas de Canción de gesta, el primer libro –se ufanaba de ello– “que un poeta en cualquier parte del mundo hubiera dedicado a la Revolución Cubana”, y que se cierra con una Meditación sobre la Sierra Maestra que es también un resumen de la vida del poeta en esa hora auroral.
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El nombre de O’Reilly se debe a que por ella hizo su entrada en la ciudad el general Alejandro O’Reilly. Se trata de una de las calles principales de La Habana Vieja, que no ha tenido la suerte de Obispo, restaurada con esmero gracias a la ingente labor de la Oficina del Historiador de La Habana. La calle O’Reilly espera su momento.
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Los habaneros, desde tiempos inmemoriales, siempre le hemos llamado Infanta, pese a que en 1921 se le dio de manera oficial el nombre de Presidente Menocal, por el que nadie la llamó. Infanta es Infanta por la hija de Fernando VII y María Cristina, que con el nombre de Isabel II ocuparía el trono español entre 1843 y 1868.
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El poeta Eliseo Diego aludía a esta calle habanera como “la calzada más bien enorme de Jesús del Monte”. Ese fue el nombre de esa vía hasta que en 1918 el Ayuntamiento de La Habana accedió al pedido de la Asociación de Emigrados Revolucionarios Cubanos de darle la nueva denominación en homenaje al día glorioso en que Carlos Manuel de Céspedes dio el grito de Independencia o Muerte.
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En 1850 la urbanización de La Habana llegó a la Calzada de Galiano, con lo que el área urbanizada total alcanzó unos cuatro kilómetros cuadrados y la población fue de alrededor de 140 000 habitantes. Ese desarrollo prosiguió de manera ininterrumpida hacia el Oeste y ya en 1870 sobrepasaba la Calzada de Belascoaín.
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La Calzada de Ayestarán –no Ayesterán, como se escucha con frecuencia– es una de las vías habaneras más transitadas. Esta calzada lleva desde 1904 el nombre de Luis Ayestarán, patriota nacido en La Habana, en 1846. Abogado, miembro de la Cámara de Representantes de la República en Armas, participó en más de veinte combates.
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