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Dagoberto

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La Revolución cubana no es la caricatura del ron, el tabaco y la rumba.  No es el Tropicana ni la Bodeguita del Medio.

Ese maravilloso experimento que Cuba inició hace más de medio siglo está dondequiera que se encuentre un revolucionario nacido en la Isla.  En las selvas africanas, en las aldeas bolivianas, en los cerros venezolanos. La Revolución es el médico internacionalista que salva vidas, no para hacerse rico, sino por amor al prójimo.  Es la Operación Milagro que devuelve la vista a los ciegos que no tienen el dinero para pagar los precios exorbitantes de los hospitales de sus países.  La Revolución es el maestro que alfabetiza a los pobres en los lugares que el Presidente Bush amenazó y tituló con desprecio como "los rincones oscuros del planeta".

La Revolución son nombres y hechos concretos, rostros y gestos que uno puede reconocer también aquí, en las entrañas del monstruo, en la capital del Imperio.  Difícilmente se encuentra otro lugar en este país donde se pueda hallar más dignidad revolucionaria por metro cuadrado que en esa calle y en esa casa de Cuba, que nosotros llamamos embajada y que los yankis quisieran que llamemos simplemente "sección de intereses".

Los que hemos vivido en esta ciudad tantos años, yo más de treinta, hemos conocido a diplomáticos de muchos países que pasan por Washington con el propósito de, eventualmente, hacerse consultores independientes y de esa manera canjear sus carreras diplomáticas por un green card y mucha plata.   No es así con los diplomáticos revolucionarios.  Los que representan Revolución representan mucho más que gobiernos, y son diferentes.  Los que representan Revolución inspiran.

Dagoberto es el arquetipo del cubano que la Revolución forjó.  Un guajiro de Las Tunas que ascendió a Embajador sin perder su humildad y su humanidad.

Desde la casa donde vive temporalmente en los suburbios de Washington, añora diariamente su pequeño apartamento en el barrio habanero de Alamar, donde está ahora su preciosa hija esperándolo, a él y a María Isabel. En el medio de cócteles washingtonianos, rodeado de banqueros, comerciantes y embajadores, añora la brisa del mar caribe y las chancletas con las cuales camina hacia la bodega en Alamar.

Tan brillante como bondadoso y audaz, él representa las virtudes más nobles de Cuba, incluyendo ser un "tronco" de jugador de dominó -aunque no tan bueno en dominó como su esposa y compañera del alma, María Isabel.

Dagoberto, puedes estar seguro de que el Embajador Bernardo Álvarez regará diariamente las semillas de Revolución y amistad que tú has sembrado durante una década de trabajo en este país.  Entre el huracán venezolano que es Bernardo y los demás amigos que dejas en la capital del imperio verás qué fuerte crecen esas espigas que tu has sembrado e inspirado.

A los que lamentan que, debido a las restricciones de Bush, no pueden viajar y conocer a la isla, si conocen a Dagoberto conocen a Cuba.   En su corazón late la Revolución cubana.

*Palabras de José Pertierra en el Salón Bolivariano de la Embajada de Venezuela en Washington, D.C. el 30 de noviembre de 2007 durante la despedida al Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en la capital de EE.UU., Dagoberto Rodríguez.

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José Pertierra

José Pertierra

Abogado cubano, experto en inmigración y vinculado a hitos en las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos, que van desde la emigración del Mariel, hasta el secuestro de Elián González y el encarcelamiento de los Cinco Héroes. Tiene su bufete en Washington DC.

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