De madre y de padre: Bienvenido al mundo hijo mío

El primer contacto con el mundo externo. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Dicen que no hay dolor en el mundo como el del parto y que no hay día como ese en el que las fuertes y constantes contracciones se mezclan con los nervios por conocer a un hijo. El dolor te revienta físicamente; recibes llamadas de amigos, familiares; recuerdas la bolsa con toda su canastilla esperando, y es entonces que el corazón late más fuerte, porque quieres verlo ya contigo.
Hoy en “De madre y de padre” he querido hacerle un homenaje a todas las mujeres cubanas que han pasado por la experiencia del parto, a las que a fuerza de resistencia (y sin la epidural que calma dolores de por medio) han traído al mundo a sus hijos, y también a las que lucharon durante largas horas y aun así tuvieron que pasar por una cesárea.
El parto y el nacimiento son dos palabras que están muy ligadas, pero que aun así evocan emociones distintas: la una trae a la mente dolor, esfuerzo, sacrificio; mientras que la segunda representa la mayor felicidad del universo: el momento del primer llanto, de ver frente a ti el cordón umbilical que durante 9 meses los unió, de conocer la fisonomía del niño, tocar su pelo y ver que los movimientos que hace afuera los sentiste una vez muy dentro. Esa misma mezcla de sensaciones es la que se siente cuando hemos dado a luz. Cualquier dolor, por increíblemente fuerte que parezca, se borra a las pocas horas o días, con el roce piel a piel entre madre y bebé.
Si hablamos sobre el parto y el nacimiento de un bebé, lo primero en lo que de seguro coincidimos es que es un momento que mucho se espera, pero que casi siempre es difícil de planificar. Aunque desde la primera captación los médicos intentan fijar una fecha probable de parto, la verdad es que cada pequeño decide abandonar el útero materno cuando está preparado para hacerlo, o cuando la naturaleza lo entiende. Algunos nacen antes de lo esperado y hacen pasar un sofocón a sus padres, otros suman más de cuarenta semanas y aun así se toman un tiempo para conocer el exterior.
Mi parto, por ejemplo, se me presentó sorpresivamente un mes antes de lo esperado, sin maletín del bebé y de la madre listos, sin pensar detenidamente qué más podría necesitar durante el ingreso... Pero en realidad, cada experiencia es tan única en cada persona, que podríamos estar varios días en un hospital materno escuchando historias y todas serían diferentes. El mismo dolor, por ejemplo, tampoco es el mismo, hay quienes te asegurarán que es lo peor que se vive, mientras otros dirán que es una experiencia deseablemente repetible.
A decir verdad, y esto es un consejo para las embarazadas que me leen, creo que no se debe pensar mucho en el parto durante un embarazo. Por lo menos yo, la primera vez que embarazada vi un documental que pasaron en la Televisión Cubana terminé llorando. En el nacimiento sí, porque psicológicamente nos lleva a pensamientos asociados al primer encuentro con nuestro niño. Pero sí es imprescindible escuchar todas las sugerencias que nos puedan socorrer en un momento tan difícil.
A mí me ayudaron mucho 4 consejos claves: respira profundo en cada contracción; no pierdas la calma; has todo lo que te digan los médicos y cuando el dolor esté más fuerte, recuerda que es que es señal de que queda poco para conocerlo.
Ese momento en el que ya no hay vuelta atrás y tienes el parto encima es uno de los más fuertes emocionalmente. Sabes que tu hijo va a nacer, que regresarás a casa con él y lo primero que sientes es alivio.
Al menos yo, primeriza al fin, llegué al hospital sin una sola contracción, llena de dudas, y creyéndome que ya el parto era un hecho consumado. Recuerdo que los médicos me preguntaban: ¿Tienes contracciones? Y mi respuesta siempre era la misma: “No, pero ¿qué es exactamente una contracción?”.
Ahora a mí me da risa, pero ellos me respondían con calma: “Despreocúpate, lo vas a saber cuándo las sientas, y para ese momento no tendrás esa cara”.
Este es un tema aparte, y en el que sobre todo las mujeres podrán opinar. Las contracciones son, sin lugar a dudas, uno de los momentos más duros del parto. En realidad es un dolor soportable porque llega, se va y después regresa. Entre una y otra hay una pausa que permite a la mujer recuperarse, hablar, pensar en otra cosa (La naturaleza sabe qué hace, porque si fuera constante, no lo resistiríamos).
Otro tema de debate tiene que ver con el tipo de parto que logra tener una mujer: ¿parto natural, inducido, o cesárea? Esta pregunta nunca falta. En nuestro país, los médicos defienden ampliamente la posibilidad de un parto fisiológico, pero no siempre la naturaleza lo permite.
En mi caso individual siempre quise vivir la experiencia de traer a mi hijo al mundo por mí misma, pero después de haber dado a luz me he dado cuenta de cualquiera de las dos vías es mágica si culmina con nuestro bebé en brazos.
En cualquier tipo de parto (menos las cesáreas programadas por motivos médicos, claro está), casi siempre se repite el mismo patrón: el padre espera ansioso porque digan que ya el bebé nació, varias llamadas preguntan cómo va avanzando el parto y la futura madre resiste las constracciones casi sin deseos de conversar con nadie.
Viene una contracción y aprietan la cama con las manos mientras respiran hondo y con fuerza. Luego, cuando tienen dos minutos de descanso, abren los ojos y disfrutan del alivio. Eso sí, sufrir las contracciones es como perder la noción del tiempo. El que está afuera esperando vive con desesperación cada hora que va pasando, pero para quien está de parto, 21 horas pueden ser nada.
El esperado alumbramiento

El primer encuentro entre una madre y su hijo. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
Llega entonces ese momento en el que no puedes más. Quieres de una vez y por todas que termine todo, pero sabes al mismo tiempo que ya no puedes escapar. Los médicos piden que pujes con todas tus fuerzas, empujan tu barriga con presión hacia fuera y de repente te sientes con un ímpetu que no controlas. Lo intentas una, dos, y hasta veinte veces. No distingues nada, pero la sensación de lo que está ocurriendo entre tus dos piernas es tan clara que ni falta hace. Es el esfuerzo más agradable que hiciste en la vida. Esperaste este instante durante meses, y finalmente vas a conocer a tu hijo.
“¿Qué pasa que no llora?”, preguntan muchas cuando sienten al bebé salir y no escuchan su sollozo. Ese primer quejido es como una señal de que vive, que después de tanto esfuerzo la felicidad es plena.
Justo después del nacimiento, a los bebés se le realiza siempre el test Apgar, una evaluación que permite examinar su cuadro de vitalidad y reflejos neurológicos. En esta prueba rutinaria se verifican cinco factores: ritmo cardíaco, respiración, color, actividad y tono muscular, y respuesta refleja con muecas. Igualmente, pesar y tallar al bebé son parte de la rutina de los médicos.
Lo traen frente a ti finalmente y tiene los ojos abiertos, grandes, lindos, unos ojos que no se parecen a ti ni a su padre, pero que te miran y te calman. Le tocas sus mejillas y las encoje de tal manera que parece sonreír.
En las madres los sentimientos pueden ser muy distintos: euforia, preocupación, incertidumbre, dicha incontenible... Quienes han vivido este momento me entenderán, te sientes agotada, sucia, adolorida, casi incapacitada de controlar tu cuerpo, y debes cargar un bebé indefenso y que sientes que sufrió tanto como tú para llegar a tu mundo. Era feliz cuando estaba en el útero, pero ahora el llanto lo acecha porque se siente inseguro.
Hay un montón de caras esperando afuera y que suspiran aliviados cuando sales en el sillón de ruedas. Ellos llevan más de 12 horas esperando y tienen ganas de que cuentes todo, pero solo sale una lágrima.
Te preguntas ¿Cuándo comienza la vida? ¿Con la fusión del espermatozoide y el óvulo en el útero materno o cuando después de 40 largas semanas el bebé sale al mundo exterior y vemos por primera vez su rostro? Más allá de discusiones donde intervienen moral, ética y religión y en las que aflora un tema tan controvertido y complejo como el aborto, sientes que tu hijo era él desde que estaba en tu barriga, y que solo ha cambiado que ahora no están solos.
Te acuestas sobre la cama con el bebé entre tus brazos y aunque te duele todo sabes que ahora vendrá la más dura de las batallas. A veces llorará, dormirá, te mirará directamente a los ojos, o sujetará tu dedo si lo colocas en la palma de su mano. La vida será otra a partir de hoy. Bienvenido al mundo hijo mío, hoy no solo naciste tú, también lo hizo tu madre.

El método piel con piel minimiza el trauma psicológico que implica la ruptura temprana del lazo afectivo en casos de nacimientos pretérminos. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Algunos datos de interés
- En el año 1970, en Cuba nacieron casi el doble de personas que en 2012.
- De acuerdo con el Anuario Estadístico de 2016, en el año 2015 hubo en Cuba 125 064 nacimientos, 2 421 más que en 2014; mientras que en 2016 se reportaron solo 116 872 alumbramientos.
- En Cuba la mayoría de los nacimientos se registran entre los 20 y los 24 años de la madre, y un porciento elevado (casi el 68%) ocurren entre los 20 y los 29.
- Las estadísticas demográficas revelan que 15 de cada 100 nacimientos son de madres menores de 20 años.
- Cuba cuenta con un Programa de Atención Materno-Infantil y se dedican cuantiosos recursos a la protección y seguridad de la madre y el bebé.
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Parir no duele. Las mujeres están condicionadas para sentir dolor. Les dicen toda la vida q es el dolor mas grande que siente el ser humano. Las excepciones que no saben que estaban embarazadas y dan a luz de repente, no sienten dolor, pues no tuvieron tiempo para auto sugestionarse.
Y el dolor más fuerte es el provocado por el descenso de un calculo renal. Y artificialmente, el pinchazo en el nervio trigemino.
Muy bueno, excelente diría yo. No hay nada mas hermoso en la vida de una mujer que ser madre. Solo al escuchar el primer llanto de nuestro bebe nos sentimos realmente realizadas.
Leyendo este artículo me he transportado momentáneamente a ese tiempo,ese momento. Mi experiencia es un cuento largo. Todo comenzó el 27 de octubre del 2011 con un embarazo extra uterino;por esta causa tuvieron que quitar las doe trompas de falopio; pensé que nunca pudria tener un poco de esa felicidad de procrear un ser. A los dos años y gracias a esta revolución,empecé a atenderme en la consulta de infertilidad del Hospital Materno Ramón González Coro con el doctor Miguel Aguilar y su súper equipo. Después de varios años de pruebas,análisis,tratamientos;el 13 de agosto del 2016,día del cumpleaños de nuestro comandante en jefe y un día antes de mi cumpleaños me realizaron la transferencia de tres embriones."Ahí empezó mi cuento de Adas" De los tres
embriones sólo prendió uno,"MI PRINCESA CARAMELO" como yo le digo.A las 39 semanas me indujeron el parto porque se pensaba que la beba estaba bajo peso. El
28 de abril del 2017 a las 9:00 am me
pusieron el primer suero y les soy sincera,disfrute cada contracción que tuve,cada dolor me daba una gran felicidad que ni yo misma podría explicar. A las 3 de
la mañana del 29 la tuve por fin en mis
brazos a ese pequeño ser que pesó 6 lbs y media y ese fue el día más feliz de mi vida. Quizás piensen que este es un cuéntame tu vida pero en realidad solo quiero hacer
público un poquito de mi existencia y
aprovechar y agradecerle al Doc. Miguel,a la doctora Cary,la enfermera Maryory,la doctora Ibis,Adita,Isa,a los enfermeros y enfermeras de la sala de perinatal,a todos,MUCHÍSIMAS GRACIAS Y a ustedes por leer mi comentario
aunque tarde leo este hermoso artículo que motivó otras respuestas emotivas y tiernas de quienes hemos vivido la mas maravillosa de las experiencias humanas...parir.... en esos comentarios está mi sentir, también mis lágrimas rodaron al leerlo. ya tengo dos hijas mujeres y vuelvo a vivir esos momentos en el recuerdo...siento que todos los padres no puedan estar presentes en este momento de dolor y alegrías indescriptibles. gracias a esta periodista, gracias a cada hombre que puede valorarlo en su justa medida... gracias al maravilloso milagro de traer vida....
Hola María del Carmen! Que bueno es leer tus artículos, me encanta una periodiyque habla desde la experiencia y el debate q esto suscita.
Me encantaría que escribieras también la otra cara de la moneda, de esas madres q en el proceso de dar a luz fuimos maltratadas y mal atendidas x personal insensible y poco ético.
Mi bebe casi nace en el baño de la sala de parto del hospital maternidad obrera xq según la obstetra de guardia a mi me faltaban muchas horas para parir y lo q yo tenía no era dolor, en mas de 8 horas no me reviso nadie, no pase x preparto, no me pusieron monitor fetal para saber cómo estaba mi bb, si no es por una doctora q ni siquiera estaba de servicio q me vio en mi dolor parada encima del líquido amniótico de mi bolsas se había roto y se movió para revisarme y al momento de hacerlo grito “parto!!!!” No se q hubiera pasado, xq además no te dejan tener celular y no podía llamar a nadie, así q ni mi familia ni mi pareja se entero cuando nació mi niña, muchas gracias a esa doctora