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La “minoría” de Donald Trump

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Imagen tomada de www.eldeber.com.bo

La buena noticia para los enemigos de Donald Trump es que, según las últimas encuestas, su nivel de popularidad apenas alcanza el 35 por ciento de la población norteamericana. La mala, es que con esos votos se puede reelegir como presidente de Estados Unidos.

En una población que ronda los 324 millones de habitantes, en las últimas elecciones presidenciales se inscribieron para votar poco más de 231 millones. Muy por debajo del universo de posibles votantes, dado que alrededor de un 25 por ciento ni siquiera se toma el trabajo de inscribirse o no logra hacerlo, debido a lo complicado que resulta, particularmente en ciertos estados, donde existen toda una serie de obstáculos encaminados a limitar la participación de los grupos minoritarios.

Aún así, entre los inscritos apenas votó el 59 %, con lo que se mantuvo la tendencia de no superar el 60 %, salvo en 2008, cuando se alcanzó el 64 %, gracias a que la candidatura de Obama estimuló la participación de los jóvenes y los afroamericanos. Si tenemos en cuenta los que no se inscribieron, el dato real es que apenas el 47 % de los norteamericanos aptos para hacerlo, votó en las últimas elecciones.

Trump obtuvo unos 63 millones de votos, 3 millones menos que su contrincante, pero ganó por el impacto que tuvo en ciertos estados clave. En realidad, apenas lo apoyó el 27 % de los electores inscritos. Lo que indica que con muy poco se puede ganar una elección en Estados Unidos.

Todo presidente estadounidense es un presidente de la minoría y poco hace el sistema por modificar una realidad que se corresponde con la estratificación social existente. Mucho más en este caso, cuando el voto a favor del candidato republicano estuvo concentrado en ciertos sectores de la población blanca, caracterizados por su extremo conservadurismo.

La intransigencia en el culto de valores culturales tradicionalistas y el férreo dogmatismo de las inclinaciones religiosas de la mayoría de estas personas, hizo dudar de la capacidad de un hombre con las características de Donald Trump para obtener su voto. Sin embargo, Trump supo captarlos explotando otros “valores”, como la situación económica, la seguridad y el orden, el chovinismo, la xenofobia y el racismo.

A los conservadores tradicionales se sumó un porciento de trabajadores blancos, a los que la globalización económica neoliberal ha afectado de manera especial y que, al final, resultaron determinantes en las elecciones, por estar concentrados en estados tradicionalmente demócratas. Como consecuencia, Trump obtuvo un 3,4 % más de respaldo, que el impecable ticket conservador compuesto por John McCain y Sarah Paulin, cuatro años antes.

El apoyo de los conservadores se ha mantenido inamovible a pesar de todas las críticas y escándalos que han acompañado el primer año de mandato del magnate newyorkino. En parte, porque estos sectores aprecian que el presidente está cumpliendo con su agenda y muestra el músculo -por no decir otra cosa- , para “hacer a América grande otra vez”.

Lo que la mayoría considera errores, desplantes y excesos del presidente, resultan atributos para engrandecer su figura desde la mirada de estas personas. Trump lo sabe y en eso ha descansado su discurso y agenda política.

Cuando Trump denigra a la clase política norteamericana y la prensa liberal; desprecia por igual a aliados y competidores; reniega de acuerdos multilaterales contraídos y desconoce a los organismo internacionales; insulta a latinos, negros y musulmanes, justifica la violencia contra ellos y califica de “mierda” a sus países de origen; inventa peligros y amenaza con guerras atómicas; propone soluciones simplistas para problemas muy complejos y anuncia éxitos inexistentes, lo hace con plena conciencia de que son las cosas que estas personas quieren escuchar.

Lo realmente sorprendente en las últimas elecciones no fue que Trump ganara gracias al reducido apoyo de los ultraconservadores, lo mismo ocurrió con George W. Bush, para solo mencionar el caso más reciente, sino que lo lograra sin el apoyo sustancial de los principales “grupos fácticos” del establishment norteamericano. Ni Wall Street, las grandes corporaciones, los principales órganos de prensa, incluso su propio partido, apoyó su candidatura.

Pero sobre esta base no puede funcionar el sistema y ello explica tanto la debilidad y las contradicciones de su gobierno, como las acciones encaminadas a “corregir” el tiro.

La eliminación de los controles al capital financiero y las inversiones de las grandes corporaciones, incluyendo las relacionadas con el cuidado del medio ambiente; el incremento del presupuesto militar; la reforma fiscal y la consigna de America First, entre otras medidas, van encaminadas a satisfacer a importante grupos económicos y ello se ha visto reflejado en la Bolsa de Valores.

Aunque con menos éxito, dado que salvo la reforma fiscal no ha logrado que se aprueben sus principales propuestas legislativas, Trump ha logrado controlar a la jefatura republicana en el Congreso y neutralizar buena parte de las tendencias en su contra dentro de su propio partido. Igual ha buscado alianzas con antiguos opositores, como es el caso del senador Marco Rubio, y cultivado el apoyo de los más importantes contribuyentes al Partido Republicano, a través de su vicepresidente Mike Pence y otros aliados, que ya trabajan en función de una reelección que Trump da por segura.

En resumen, a pesar de su personalidad enfermiza, Trump puede no estar tan loco como parece, incluso es posible que ni siquiera sea un mitómano, si por ello entendemos que cree sus propias mentiras, lo que sí parece cierto es que estamos en presencia de un consumado demagogo y ello es una cualidad importante en la política norteamericana.

La pregunta que se impone es por qué el 65 % que lo aborrece puede resultar incapaz de derrotarlo.

La importancia de la minoría que apoya a Donald Trump radica en que está educada para participar en la vida política norteamericana. Una agenda muy primitiva y una organización muy activa, que incluye una amplia red de iglesias locales, garantizan la unidad de estos grupos, frente al desconcierto del resto de la sociedad.

El sistema no está diseñado para promover contrapesos a costa de su propia estabilidad. La izquierda prácticamente no existe y fenómenos contestatarios, como Ocupa Wall Street o la campaña de Bernie Sanders, terminan por diluirse, porque no tienen manera de impactar de forma permanente en las estructuras de poder.

La única alternativa aparente es el Partido Demócrata, envuelto en sus propias restricciones y contradicciones. Incapaz de movilizar al 65 %, porque tampoco está diseñado para representar a la mayoría, sino a los intereses de ciertos sectores de los grupos de poder y ello condiciona sus límites políticos.

Desde el punto de vista electoral, los demócratas también dependen del voto de la población blanca -70 % del electorado-, pero desde una perspectiva más heterogénea, que dificulta construir una agenda común, mucho más cuando se trata de conciliar los intereses de la clase media con los de los grupos minoritarios u otros sectores menos favorecidos en la escala social.

Es cierto que Donald Trump despierta tanta antipatía, que votar en su contra podría ser un incentivo y un factor de unidad de sus contrarios, si llegara a presentarse en las elecciones de 2020. Pero nadie puede garantizar el desenlace de esta ecuación e, incluso si pierde o no se presenta, tampoco tenemos asegurado el consuelo de un gobierno mejor, puede ganar otro peor con otra empaquetadura, aunque parezca imposible.

Hay muchos trumps en Estados Unidos y eso es lo más preocupante.

(Tomado de El Progreso Semanal)

Se han publicado 15 comentarios



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  • Jose R Oro dijo:

    Un interesante y bien expresado articulo del gran especialista cubano en política estadounidense Dr. Jesús Arboleya Cervera, pero considero con el mayor respeto que es exageradamente pesimista. Realmente no conozco mucho la sociedad del sur de los EE.UU., vivo en la “liberal” Nueva Inglaterra. Al menos en esta región la posibilidad de que Trump sea re-electo es prácticamente cero. En el estado de Florida que jugó un importante papel en su triunfo electoral, la masiva inmigración boricua en ese estado, pone muy en tela de juicio las posibilidades allí de DT en una re-elección en el 2020. Si bien como correctamente expresa el Dr. Jesús Arboleya, en los EE.UU. “hay muchos trumps” también hay muchos anti –trumps. En realidad todo depende de que el Partido Demócrata presente un candidato que pueda aglutinar el sentimiento del 65% que se opone al actual presidente. No menciona el artículo que también hay una cierta cantidad de votantes que están contra DT desde la derecha, es decir que son todavía mucho más reaccionarios que DT, y que son candidatos a no asistir a los precintos.
    Las elecciones intermedias (“midterm”) en noviembre también jugaran un papel importante en la visión de los votantes para las presidenciales dos años más tarde, en tanto que el papel de los caudillos políticos locales es muy alto. Si en noviembre los republicanos caen y pierden el control del senado, por ejemplo, muchos potenciales votantes anti-DT se van a sentir más motivados de votar en contra. Lo bueno que tiene este tema es que lo vamos a ver, solo hay que esperar y vivir suficiente.

    • XXI dijo:

      A Jose R Oro:
      ¿Existe democracia sin oposición o contrapartida?, ¿alguien entiende eso de otra manera?, ¿para alguien no queda claro que tiene y que es necesaria la contrapartida para los gobiernos? Porque si no, serán lo que son actualmente, juez y parte en todo, la fiscalía, el parlamento, la contraloría, nada funcionaria con real justicia ante desfalcos, malos manejos y desvíos de los recursos del pueblo.
      Alguien entiende que hasta en la propia constitución se impuso la antidemocracia, obligando a los ciudadanos a un solo sistema social y eso se hizo en la consulta contada por el mismo que la propuso….juez y parte, ¿cómo confiar con este control total?

      • Jose R Oro dijo:

        Estimado XXI. Me leí su comentario en dos ocasiones, y lamento decir que no veo la más remota relación de sus preguntas con el tema tratado. Lo que el Dr. Arboleya está discutiendo es que una “minoría” del 35% puede ganar unas elecciones presidenciales en los EE.UU. Lo que yo le respondo es que eso sucede solamente cuando el 65% restante las pierde (por falta de un liderazgo creíble casi siempre), como aconteció en noviembre del 2016. Pienso que es muy difícil que ese hecho se repita en el 2020 debido a que se ha ampliado la cantidad de votantes anti – DT y a que la intensidad del rechazo a sus políticas ha generado una cohesión contra el actual mandatario que no existía en las últimas elecciones.
        Con el mayor respeto, XXI, desearía expresarle que nuestros disgustos y rencores (que todos tenemos en uno u otra grado) debemos ponerlos debajo del estar a favor de nuestro país y pueblo. No pretendo que mi opinión cuente en algo para usted, sino mas bien por expresar lo que siento.

      • Jose R Oro dijo:

        Estimado XXI. Leí su comentario, y no percibo la relación de sus preguntas con el tema tratado por el Dr. Arboleya o mi comentario. Pienso que es muy difícil que la re-elección de DT (que es el asunto que nos trata) se repita en el 2020 debido a que se ha ampliado la cantidad de votantes anti – DT y a que la intensidad del rechazo a sus políticas ha generado una cohesión contra el actual mandatario que no existía en las últimas elecciones. Creo que expresé mis ideas de una forma respetuosa.
        Con el mayor respeto, XXI, sus preguntas se refieren al sistema político cubano y de una manera a mi juicio tendenciosa e inadecuada. No me gusta que usted pregunte algo y acto seguido se conteste a sí mismo, con una suerte de verdad absoluta, lo que implica que usted está haciendo una declaración no preguntas. Tampoco me gusta su tono de reto.

      • Jose R Oro dijo:

        Honestamente no entiendo su comentario, ¿se refiere usted a algo de lo que escribió el Dr. Arboleya y que yo comenté?

    • William dijo:

      Seguiremos drenando el pantano, aunque le pese a jose oro y amigos, drain swamp. Es la palabra de orden..

      • Jose R Oro dijo:

        ¿Cual pantano está usted drenando, los Everglades? ¿Quien le dio “la palabra de orden” para “drenar pantanos”, William? ¿Quizás su homónimo William Clinton? Estoy muy convencido que DT tiene demasiada desafección e impopularidad, para que su re-elección sea probable, y por supuesto que “me va a pesar” que tal re-elección ocurra, porque sería una gran desgracia. Si usted esta tan indignado porque estoy públicamente contra DT, es quizás por ser usted mismo parte “del pantano” que dice “drenar”.

  • Directo dijo:

    Existen gobiernos q a pesar de encuestas altas,los indices de descontentos son enormes, y con menos del 10% real de apoyo por decadas, salen presidentes. Se reeligen sin haber cumplido ninguna promesa y prometen lo mismo anos,tras anos… Nosotros como revolucionarios q somos debemos luchar contra estos ejemplos en el mundo.

  • Williams dijo:

    XXI qué tú quieres?, ¿que gobiernen los Marco Rubio, Ileana Ross y toda su camarilla secundada por las damas de churre, digo, de blanco y toda la camarilla de vendepatrias y mercenarios anticubanos? quitate el disfraz y acaba de aprender que la única oposición que puede haber aquí es la gobernada desde la Casa Blanca y eso no es oposición, eso es contrarrevolución.

  • camarero dijo:

    “La buena noticia para los enemigos de Donald Trump es que, según las últimas encuestas, su nivel de popularidad apenas alcanza el 35 por ciento de la población norteamericana. La mala, es que con esos votos se puede reelegir como presidente de Estados Unidos.”

    bueno, yo no tan mala la parte mala de la noticia, porque si con esos pocos votos se puede reelegir presidente, también con esos pocos puede hacerlo su rival demócrata en las próximas elecciones… o no?…

  • lishero dijo:

    y sin dudas puede volver a reelegirse este loco de capirote, pq las contradicciones q existen entre los q estan a favor y en contra de él se diluyen como dice el articulo a partir de q los q estan a favor estan disciplinados para asistir a urnas, organizados….los q estan en su contra, no tienen organizacion, aunq son mayoria, no acuden a votar….es triste tener q “sufrir” otro mandato de este hombre en una nacion q puede ponernos en peligro a toda la Humanidad

  • Hugo Andrés Govín Díaz dijo:

    Los vericuetos, manejos políticos y consideraciones acerca de qué es democracia tienen un protagonismo muy particular dentro de la sociedad estadounidense y sus medios.
    Lo más triste es ver que el resto de los 6 mil seiscientos y tantos millones de habitantes de este planeta estemos obligados a vivir pendientes de lo que allí suceda.
    Triste, muy triste…..

  • Juan Hidalgo-Gato dijo:

    Excelente artículo, como siempre! Lo más extremo y poderoso de esa sociedad enferma muestra su patrón fundacional: la bolsa o la vida! Tenemos a un Trump y estamos dispuestos a usarlo! No dudo ocurra una contaminación en los “adoradores bananeros” y promuevan que a sus elecciones se precipiten “clones” corporativos para el liderazgo país.

  • Jose R Oro dijo:

    Volviendo al tema de futuro electoral de los EE.UU., tanto en las intermedias del 2018 como en la presidenciales (mejor llamarlas generales) del 2020, deseo comentar un punto de importancia, sobre todo para el vital estado de Florida.
    Se ha dicho con frecuencia que los latinos podemos ser un factor de cambio de la política estadounidense. No fuimos pocos los que predijimos que el voto hispano derrotaría a Donald Trump en 2016 y hoy reconocemos que esta predicción fue un error espectacular.
    Sin embargo, una combinación inusual y fortuita de hechos de geografía, clima y política, centrada en el estado de Florida, me convence nuevamente que en 2018 y 2020 la influencia de los hispanos en el destino político del gigante norteño, será muy fuerte y quizás decisiva.
    En los últimos cuatro meses (después de Irma y sobre todo María) han llegado a Florida más de 200.000 puertorriqueños, que abandonaron la isla a causa del ritmo insensible y apático con el que avanza la reconstrucción. Todos llegan con su ciudadanía estadounidense en la mano y están capacitados (y yo diría que listos) para votar contra el que fue a lanzarles rollos de papel higiénico.
    Florida es uno de los principales objetivos de la política estadounidense. Es el uno de los estados más poblados, y el más grande entre los estados péndulo, los que todavía están en disputa entre liberales y conservadores.
    Por decirlo de una forme quizás excesivamente simplificada, es la llave (o una de las llaves) a la Casa Blanca, o por lo menos lo fue en noviembre del 2016, cuando Donald Trump lo conquistó con apenas 113.000 votos de ventaja (con unos 20 millones de habitantes en ese momento), de lo que se deduce el tremendo impacto de la súbita llegada de 200.000 puertorriqueños. No es simple ni de aritmética de escuela primaria, hay muchas diferencias entre la cultura electoral de Puerto Rico y de la de los EE.UU. continentales. Lo que sí es un hecho es que la aplastante mayoría de esos 200,000 puertorriqueños (tienen edad de votar unos 160,000, más o menos) se inclinan por el partido demócrata y en general por darle un trancazo en la cabeza de DT.
    Ambos partidos políticos tienen en cuenta esto para 2018, cuando se renueva buena parte del congreso federal, y en 2020, cuando los estadounidenses votarán si quieren cuatro años más de Trump, y la Florida con este considerable fortalecimiento del voto demócrata les va a poner muy difícil el “milagro”. No quiero terminar este comentario sin reconocer que yo fui uno de los que estuvieron equivocados en las pasadas elecciones, pero las opiniones que vierto constituyen lo que los datos dicen y el mejor análisis que puedo extraer de ellos.

  • JRM dijo:

    Si no aparece otra alternativa que sea bien diferente, al electorado le será igual quien sea elegido y de nuevo tendremos DT.
    De hecho su propuesta fue loca pero diferente y ahi lo tienen

Se han publicado 15 comentarios



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Jesús Arboleya Cervera

Jesús Arboleya Cervera

Investigador cubano, especialista en relaciones Cuba-EEUU. Doctor en Ciencias Históricas con una decena de libros publicados.

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