Los “patrones” de Miami

Foto: Progreso Weekly.
En los años sesenta del pasado siglo, la CIA solía referirse a sus mejores agentes cubanos como “golden boys”. Eran, en su mayoría, jóvenes de “buena cuna”, formados en selectas escuelas privadas, con estancias en Estados Unidos, admiradores de su sistema y convencidos anticomunistas.
Fueron reclutados por miles. Algunos hicieron carrera como “agentes profesionales”; otros, al amparo de la impunidad que les garantizaba el gobierno norteamericano, terminaron por integrar una de las redes terroristas más activas y letales del mundo. Pero hubo un grupo que supo leer mejor el momento: aprovecharon los contactos y los recursos a su alcance para escalar posiciones hasta convertirse en los “patrones” de Miami.
Décadas después, cuando la administración de Ronald Reagan impulsó la creación de la llamada “madre de las organizaciones contrarrevolucionarias” y los empresarios más destacados miamenses promovieron la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA), no pasó inadvertido que la mayoría de sus directivos mantenían vínculos conocidos con la CIA. Hoy, buena parte de aquellos protagonistas ha muerto o se ha retirado, pero sus herederos siguen ocupando posiciones de influencia y beneficiándose de una “función contrarrevolucionaria” que Estados Unidos ha delegado de forma persistente en la emigración cubana.
Con el apoyo de ambos partidos, fueron escalando posiciones en la política norteamericana hasta alcanzar altos niveles de influencia a nivel nacional y formar parte del establishment estadounidense. Han logrado así lo que fue una vieja aspiración de importantes sectores de la burguesía nativa cubana: “anexarse” en cuerpo y alma a Estados Unidos.
Frente al colonialismo español, la burguesía criolla adoptó diversas posturas políticas. Su sector más progresista fue precursor de la nacionalidad y ejerció la dirección de las luchas por la independencia, hasta sacrificar la hacienda y la vida en la contienda. Influidos por el ejemplo emancipador de la independencia de Estados Unidos, algunos plantearon la anexión a ese país como una opción de futuro para Cuba; sin embargo, fue un momento fugaz que se desvaneció apenas iniciada la guerra y nunca más volvió a concebirse como una alternativa patriótica.
Donde la corriente anexionista sí cobró relevancia fue entre los grandes hacendados, que veían peligrar sus intereses ante la posibilidad de la independencia. José Martí los llamó “hombres de siete meses” por su falta de confianza en la capacidad de los cubanos para gobernarse a sí mismos y los consideraba un peligro estratégico para la nación, “por su carácter de factor grave y continuo de la política cubana”.
Alcanzada la independencia de España en 1902, el anexionismo desapareció como alternativa para el país. En primer lugar, por la fortaleza del ideal independentista de los cubanos, pero también por la negativa de poderosos grupos económicos norteamericanos, que rechazaban la incorporación de la Isla en igualdad de condiciones con el resto de los estados de ese país.
La fórmula adoptada fue la imposición de un modelo neocolonial y el ideal anexionista de la burguesía nativa mutó hacia el “plattismo”, término con el que se denominó a los cómplices del poder extranjero dentro de la nación.
Al triunfar la Revolución en 1959, tal y como ocurrió durante las guerras de independencia, los polos del espectro político cubano quedaron definidos por dos corrientes antagónicas de gran fuerza: la revolucionaria, portadora de un nacionalismo radical, y una contrarrevolución que, desde su origen, devino en un instrumento de los intereses norteamericanos.
Los que más tarde se convertirían en los “patrones” de Miami desempeñaron un papel decisivo en el plan estadounidense para convertir a esa ciudad en una “Cuba alternativa”, capaz de actuar como un imán para quienes desearan emigrar, cualesquiera que fuesen sus razones. Como resultado, la emigración se convirtió en la base social y operativa de la política contra Cuba, en la representación en Estados Unidos de la derecha latinoamericana y en uno de los grupos poblacionales más reaccionarios de esa sociedad.
Esto ha ocurrido al margen de la voluntad o de la conciencia de las personas. No importan las razones que las hayan impulsado a emigrar, ni cuál sea su verdadera inclinación política o su interés por conservar una relación cordial con su país de origen; de cara a la opinión pública, su origen nacional ha sido utilizado para conferir “legitimidad étnica” a la actividad contrarrevolucionaria.
Al emigrar, los cubanos no dejan de ser cubanos: quieran o no, una identidad nacional muy poderosa los acompaña. Esta no ha sido un obstáculo para su integración en una sociedad multiétnica como la norteamericana, en la medida en que han podido hacerlo en calidad de “cubanoamericanos”, una condición que no necesariamente los convierte en enemigos de su país, pero que ha sido funcional a una representación patriótica ficticia, ampliamente utilizada por la política de Estados Unidos contra Cuba.
Condicionada por el enfrentamiento, una de las deficiencias de la política cubana ha sido confirmar esa construcción mediante la separación y el rechazo indiscriminado de los emigrados, hasta enajenar la posible contribución al país de muchas personas valiosas.
A pesar de que desde finales del siglo pasado se aprecia un esfuerzo sostenido por enmendar esta situación, y de que la racionalidad ha impuesto importantes rectificaciones, estas no han sido suficientes para erradicar los prejuicios que, muchas veces, limitan la correcta aplicación de políticas orientadas a estimular la “cubanía” de los emigrados e integrarlos a la vida nacional.
El movimiento contrarrevolucionario nunca se ha planteado derrocar al gobierno y tomar el poder en Cuba con sus propios recursos, sino crear las condiciones para una intervención norteamericana. La ley Helms-Burton, que codifica la política de agresiones contra Cuba, deja claro que el objetivo es ocupar el país y establecer un “protectorado” estadounidense. En estos momentos, ese propósito se revitaliza en condiciones particularmente peligrosas.
Entre sus muchos dislates, Donald Trump ha llegado a hablar de invadir Cuba, mientras los “patrones” de Miami aspiran a llegar en la retaguardia para desembarcar cuando los marines hayan “pacificado” el país y Estados Unidos los designe como gobernantes de los cubanos. Sería el apogeo de los plattistas, pero también podría ocurrir lo contrario.
Si alguien convenciera a Donald Trump de que se trata de una aventura demasiado riesgosa para sus intereses, podría moverse en otra dirección y competir con el legado de su némesis, Barack Obama, promoviendo una apertura “mejor negociada” con Cuba, como insinuó antes de ser presidente y aún lo sugiere en la actualidad.
En ese escenario, podría pensarse que los “patrones” miamenses quedarían descolocados, ajenos a los nuevos acontecimientos. Sin embargo, no es tan simple: resulta difícil calcular la capacidad de mutación de estos actores, y no sería sorprendente que algunos renuncien a la confrontación para convertirse en adalides del mejoramiento de las relaciones entre ambos países. “Cosas veredes”, diría Alfonso VI, cuando la historia aún está por escribirse.
(Tomado de Progreso Weekly)
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si el imperio despliega sus operaciones multidominio y su guerra mosaico, la destrucción en Cuba sera tal que no podremos levantarnos en mucho tiempp.
Tiene miedo usted,comprase un perro
Será el precio que tendremos que pagar defendiendo nuestra soberanía. No será la única vez. Sólo remontarse a los tiempos de la reconcentración de Weyler, se dice que murió cerca de un quinto de la población de Cuba y el país quedó bastante destruido al quedar despoblado los campos. Pero el pueblo cubano sobrevivió y siguió en su lucha, en ese momento en una nueva etapa como neocolonia yanqui. Psra recuperarse necesitó varias décadas. Fueron casi 60 años como neocolonia y durante es tiempo, sus mejores hijos siguieron luchando por nuestra nacionalidad. Eso tienen que conocerlo las nuevas generaciones para que mantengan en alto la bandera.
Excelente artículo, bien claro.
Pase lo q pase y sea como sea aquí no se la vamos a poner fácil, eso la sabe hasta el gato.
Se ratifica el refrán: no hay peor cuña que la del mismo palo.
Excelente artículo. Debió ahondar más en el porqué se rechazó y separó indiscriminadamente a todo aquel que emigrase o pensara distinto, porque es la misma razón que nos ha llevado a una grave vulnerabilidad tal que el imperio seriamente cree que puede rápidamente vencernos. Y es la misma razón de muchos de nuestros problemas, excepto el bloqueo, que es el más grande o uno de ellos y lo impone el imperio.
Hago un razonamiento: qué hemos hecho en respuesta a las agresiones yanquis en los últimos ... ¿diez? años? . Además de quejarnos y marchar.
Ellos nos agreden, y nosotros...? Esperaremos a que toda la flota se ponga en posición, los drones despeguen, lancen los misiles, o nos bloqueen y se nos acabe la comida o el combustible para hacer algo en respuesta? Cada vez más debilitados?
Yo no veo que recojan a los contra como cuando Girón u Octubre del 62. No veo todavía la movilización general y organización necesarias.
No veo que se tomen medidas de defensa civil.
Sigue la embajada aquí y Mike Hammer y demás sin que hagamos nada. La base bien gracias, cada vez más reforzada.
Igual que yo, tampoco lo ven los patrones de Miami o los yanquis. Y ellos interpretan que nuestros líderes esperan hacer un paripé y salvarse a sí mismos, como ocurrió tal vez en Venezuela.
Yo no pienso así. Pero sí creo que nuestros cuadros y burocracia son más lentos a veces hasta que un portaviones.
... “Cosas veredes”... diría Alfonso VI
El exilio cubano en USA debe entender que son los más prescindibles en la ecuación Trump-Cuba, ya lo vieron en Venezuela. No les interesa su voto, aunque lo digan. Trump y MRubio van a disfrazar su victoria en las presiones a la isla, sobre la base de que el régimen les "permita" a los estadounidenses invertir en Hoteles, campos de golf, cadenas de suministros aéreas y portuarias y mejorar la generación de energía del país, por ello, la mejor jugada de la diáspora es sumarse s ese carril y olvidarse de los recalcitrantes, al estilo Hugo Cancio, pero sin hablar m....
La otra jugada de Trump y Marcos es quitarse de encima a todos los cubanos sin papeles (I220A, I220B, CBPone, Parole) e incluso sacar también a los que tengan residencia y Ciudadanía, bajo el pretexto de que puedan viajar libremente a la isla. Qué otra cosa creen que le importa a ellos si no es quitarse de encima 500 mil indocumentados ilegales y 2 millones de ciudadanos y residentes cubanos que no encajan en su visión de "Make América Great Again"?.
He escuchado sus intervenciones, me leí su libro ¨La contrarrevolución cubana¨.
Me parece muy buen artículo y que se publique en Cubadebate. Evidentemente es un conocedor profundo de la inmigración cubana y creo que esos conocimientos no se utilizan en entrevistas o en espacios como la Mesa Redonda
Toca un tema sobre mirada gobierno a la emigración que ha sido deficiente en mi opinión, permitiendo que malos cubanos lideren la visión que existe de cubanos en el extranjero.
Hay que empezar algún día, atrayendo a la gran masa de cubanos y propongo pidiendo disculpas por los actos de repudio de 1980 que crearon una división muy fuerte y muchos nunca más han deseado volver a su país. Puede que existan voces en contra pero sería un paso serio de deslinde de actuaciones erróneas con una rectificación verdadera de la situación.