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En este artículo: Cine, Cultura, Historia, México, Veracruz
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El Western u oeste nació prácticamente con el cine. En los Ángeles, donde se comenzó a desarrollar a principios del siglo XX una actividad cinematográfica, existían vastos espacios aptos para este tipo de escenarios.

Un grupo de aguerridos iniciadores salieron de los Estudios y filmaron un corto de 10 minutos, mudo, con tanto tiroteo y acción que lo hicieron extremadamente atractivo. Nació el oeste.

Este género tuvo un rápido desarrollo de la industria del cine norteamericano. En 1939 se produjo el primer oeste clásico: “La Diligencia”, un filme del gran John Ford con un guión de Dudley Nichols que introdujo las técnicas del relato dramático.

Pero para el gran público, lo importante era un relato con una acción incansable en que los indios (los malos de la película) perseguían la diligencia a través de las vastas planicies propias del género.

Hago un largo paréntesis. El oeste clásico fue declinando a finales de los años 50 del pasado siglo. John Wayne ya no encontraba un caballo que pudiera soportar su peso,  estaba viejo y obeso, mientras que John Ford, enfermo, apenas podía moverse.

El oeste clásico moría de forma natural, curiosamente surgieron unos herederos inesperados. El italiano Sergio Leone introdujo el Wester Spaguetti en Italia, pero esta es otra temática.

En norteamericana se siguieron haciendo Westers, buscando nuevas temáticas. Es en esta corriente que Robert Aldrich quien fuera un director prometedor en busca de temas originales encontró la temática del filme “Veracruz” en 1954.

Gary Cooper (Ben Trane), una gloria del cine, y un Burt Lancaster (Joe Erin) joven, agresivo, eran los protagonistas. Este filme de acción con suficientes tiroteos y caballos fue gran un éxito de público.

Acaban de exhibir una copia nueva de este filme que ha sido restaurado y se puede admirar el arte fotográfico de Ernest Lazlo, pero lo que más me interesa es este tema prácticamente inédito en Hollywood y realmente poco conocido.

México tuvo un Emperador Austro Húngaro, Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena , conocido como Maximiliano, quien pretendía ocupar México con un ejército a la usanza de los imperios europeos, es decir, la caballería tenía como arma fundamental la lanza. Su cuerpo de lanceros con sus protecciones metálicas aceradas, no podían ser más ineficientes en un México con altas temperaturas.

La acción del filme propiamente se desarrolla en locaciones en México con sus vastos parajes. La necesaria utilización de cientos de extras y las filmaciones nocturnas hicieron que se acudiera a un recurso cinematográfico conocido como noche americana, en Cuba le decimos día por noche y le hemos utilizado en ocasiones.

Esta técnica consiste en filmar a pleno sol y convertir el día en noche mediante el revelado de laboratorio. Esto no sale bien siempre, pero aquí el uso es magistral, aún en la supuesta oscuridad de la noche podemos apreciar los detalles fotográficos.

Y me adelanto a la descripción del filme para señalar un error increíble en maquillaje y efectos especiales. La barba del supuesto Emperador es postiza, pero tan mal hecha que cualquier espectador avisado se daría cuenta de que no es real.

El filme se desarrolla en la época del Emperador, pero también de Benito Juárez y su ardiente nacionalismo, contando con un ejército de campesinos mal armados y sin briosos caballos. Cooper y Lancaster son dos mercenarios en busca de trabajo. Al llegar a un poblado mexicano más o menos bien ambientado con una sorpresiva Sarita Montiel muy joven, delgada, bellísima que interpreta a una mexicana ladrona. En realidad se trata de una doble agente.

En el mismo pueblecito un General Juarista los invita a apoyar su causa, pero paga poco, sin embargo aceptan la proposición de unm oficial del Emperador que los recluta.

Hay una secuencia en el Palacio Real con una corte aparentemente europea y un Emperador lleno de condecoraciones, todo aquello provoca la burla de los mercenarios que incluso los comparan con soldaditos de plomo, un juego infantil de la época.

La acción se concreta y se desarrolla hasta el final en un carruaje donde supuestamente llevan a una cortesana para enviarla de Veracruz hacia Europa. Pero los mercenarios que perciben la huella de la rueda muy profunda, tan pronto pueden investigan el carruaje. En un falso fondo encuentran varias cajas llenas de reluciente oro.

Descubierta la treta, la supuesta aristócrata quiere compartir el oro con los mercenarios, pero también llega al oficial que ya conocemos con su caballería de lanceros.

A partir de aquí los acontecimientos se desarrollan con gran ritmo. Sarita Montiel que resulta ser una mexicana patriota, roba el carruaje. Hay que decir que la Montiel soporta muy bien el personaje. El final, previsible, muestra el carruaje en manos de los mercenarios.

Estamos ante un gran final estilo oeste. Cooper se niega a compartir el tesoro y alega que ese oro pertenece a México. Después de esta actitud que no se corresponde con el personaje, pero ¿a quién le importa?, Burt Lancaster que lleva dos revólveres reta a duelo a Gary Copper quien en toda la película no sacó su arma. Se produce el consabido duelo, disparan al unísono y en un recurso muy usado ambos permanecen de pie hasta que Lancaster se desploma con una estúpida sonrisa. Por esta vez el oro se quedó en México.

El Ejercito campesino derrotó a Maximiliano, quien apresado fue sometido a juicio y fusilado, según los hechos históricos.

Este no es uno de los grandes clásicos del western, pero la presencia de Gary Cooper y el abordar el relato con ritmo cinematográfico, lo hacen todavía vigente y sobre todo me llama la atención el hecho histórico de una potencia imperial centro-europea tratando de apoderarse de México.

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Miguel Torres

Miguel Torres

Miguel Torres, reconocido director de Cine y de televisión cubano, fue un connotado realizador del Noticiero ICAIC Latinoamericano. Ha sido profesor de la Escuela de Cine y de Televisión, tiene en su haber varios largometrajes y decenas de documentales.

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