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Aniversario 119 de la muerte del Apóstol: ¿José Martí sirve para todo?

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19 de mayo, 119 aniversario de la caída de José Martí en Dos Ríos

"Martí", de José Luis Fariñas. Pastel graso. Enero, 2013.

“Martí”, de José Luis Fariñas. Pastel graso. Enero, 2013.

Cuando en un coloquio sobre José Martí un ponente sostuvo que el discurso conocido como Con todos, y para el bien de todos es acaso el más excluyente de los pronunciados por el héroe, hubo quien puso el grito en el cielo. ¡Cómo decir semejante cosa de un texto signado por la voluntad unitaria que le da conclusión y título!

La reacción que suscitó aquel ponente se explica, en gran medida, por la tendencia que, no ajena a su grandeza —volcada en su pensamiento y en sus textos—, ha generado frases como esa según la cual “Martí sirve para todo”. Pero no, no sirve para todo, sino para lo que sirve, para lo que está inconfundiblemente plasmado, ideas mediante y calzado con actos, en su palabra.

De modo consciente o inconsciente, la refutación aludida se emparienta con gestos de personas y tendencias no solo variopintas, sino diametralmente opuestas. Lo son muchas de las que han afirmado sentirse representadas en el autor para quien parece destinado el neologismo con que él mismo tituló uno de sus poemas: “Homagno”, hombre magno.

Nada sugiere que fuera dolosa la intención de Marco Pitchon en José Martí y la comprensión humana (La Habana, 1957), curioso libro que el sabio Fernando Ortiz prologó con un texto ahondador: “La fama póstuma de José Martí”. Por las páginas del volumen desfilan lo humano y lo divino. En una muestra amplia y diversa, escritores y pensadores, políticos —no faltarán algunos innombrables— y dignidades religiosas declaran coincidentes las ideas de Martí y las suyas.

Motivos y evidencias sobran para saber que, a menudo, en la falsa identificación con Martí ha funcionado el oportunismo, incluso desfachatado. Desde otros ángulos, también se debe contar el deseo, hasta sano, de evadir reprobaciones como las que él lanzó contra determinadas conductas. Entre estas no escasean las de instituciones y representantes de religiones, señaladamente la católica, la más connotada o dominante en nuestra América.

Sobre todo en los Estados Unidos señaló otras que contribuían igualmente a profanar el cristianismo, los ideales del Jesús con quien se identificó por ética, espiritualidad y sentido de justicia, aunque sin verlo como el hijo encarnado de Dios. La posición martiana —que para la unión de religiosos y no religiosos anticipó líneas del pensamiento revolucionario del siglo XX (y del XXI)— supo apreciarla un eminente estudioso de su obra, Cintio Vitier, patriota y católico honrado.

El costado religioso del tema se menciona aquí no para reavivar contiendas doctrinarias, sino porque trae a la memoria un hecho asociado a buenos propósitos. Se ubica en el afán de impugnar estrecheces de posiciones ateocráticas —a veces solo diferenciadas de las opuestas por una diminuta a—, y refutar modos equivocados de apreciar el matizado anticlericalismo de Martí, quien también tuvo una personal religiosidad.

Un sacerdote católico —amigo, sabio y cubano legítimo, cuyo nombre se omite porque, al no estar ya en este mundo, no podría ocupar su lugar en el diálogo—, negó que Martí fuera anticlerical, pues no era un ser anti-, sino un ser pro-. Ciertamente el autor de “Hombre de campo” no se define como negador, sino como creador en busca de caminos —recordemos el pórtico de Ismaelillo— para el mejoramiento humano y la utilidad de la virtud. Pero, que negó, negó. Quien nada niega, ¿no es sospechoso?

Todos sus actos revelan un fundador: desde la lucha política, patriótica, hasta la poesía, pasando por un legado abarcador como pocos. “Verso, o nos condenan juntos, / O nos salvamos los dos”, afirmó como conclusión de sus Versos sencillos. Siempre que lo entendió necesario fue anti-: anticolonialista, antiesclavista, antimperialista, antirracista, antinjusticia, antidogmático… En su contexto fue lo que hoy algunos llamarían antisistema: estuvo esencialmente contra la realidad sociopolítica de los entornos por donde transcurrió su largo peregrinar.

No es nueva, pero se ha puesto de moda, y tiene poderosos propulsores, la llamada desideologización, que no es ni más ni menos que la demolición de una ideología, la revolucionaria y emancipadora, para suplantarla por otra, la conservadora o contrarrevolucionaria, enmascarada a veces con una especie de elegante asepsia, o abulia. Esa moda conviene especialmente a los continuadores del imperio contra el cual, el día antes de caer en combate, Martí expresó que estaba dirigido todo cuanto él había hecho, y haría.

José Marti. Tribuna Antimperialista.

Escultura de José Marti del artista habanero Andrés González. El Apóstol trae un niño en un brazo, mientras el otro, en gesto resuelto, permanece extendido, señalando hacia la Oficina de Intereses de Washington en la Habana, desde la Tribuna Antimperialista.

El imperio y sus compinches verían con especial agrado que el héroe de Dos Ríos acabara visto como el productor de un discurso —su obra toda, no solo una de sus piezas oratorias— con mucha belleza verbal, mucha melodía y ningún contenido. Eso significaría un relativismo sin riberas, que llegaría al absurdo, o, para decirlo de otro modo, pararía en la castración del mensaje que conscientemente plasmó él en sus textos.

En un artículo se encargó de sostener: “A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo. Ni hombre, quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres”. Contra esa brújula se lanza en la actualidad una maniobra que a veces causa estragos hasta en la prensa cubana: convertir radical en sinónimo no ya de revoltoso, sino de violento irracional, criminal, terrorista.

Este último vocablo equivale a otros con los cuales los opresores en tiempos de Martí procuraban satanizarlo a él, y a los revolucionarios en general: facineroso, insurrecto, filibustero. Todo eso, y más, era para los colonialistas e imperialistas el organizador de una guerra de liberación nacional en la que dio la vida por la patria, por la independencia de nuestra América, por el equilibrio del mundo y aun por el honor de “la Roma americana”. Esta —denunció él lo que ya era crimen en marcha—, “en el desarrollo de su territorio—por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles—hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo”.

La vigencia de sus ideas sigue en pie para las relaciones internacionales y para la marcha interna de cada pueblo, empezando por el suyo: el natal, y se sabe que respondió igualmente a otro mayor, la humanidad. En esos ámbitos su legado sirve para defender la justicia, no para negarla o soslayarla. Solo traicionando a su héroe podría Cuba desertar de la voluntad justiciera, centro de la lucha política encabezada por el más universal de sus hijos, cuyas ansias de equidad social son aún más significativas porque no eran cuestión de doctrina, sino profunda convicción humana.

Organizó un movimiento de liberación nacional que debía encarar las fuerzas del colonialismo español para sacarlo de Cuba, y las del naciente imperialismo estadounidense para impedir que se apoderara de las Antillas y se le facilitaran con ello sus planes de hegemonía continental y mundial. Tales urgencias —aunque no le correspondiera acometer planes socialistas— contribuyeron a que su proyecto político se fortaleciera con la decisión nacida ante monstruosidades de la esclavitud de viejo sello, y alimentada por su conocimiento del mundo de los trabajadores desde su familia hasta su propia experiencia personal.

Versos sencillos encarna esa decisión, que abrazó sin vacilar y explícita o implícitamente se aprecia en otros textos, como algunos de Patria, el periódico de la revolución: echar su suerte con los pobres de la tierra. En su entorno sobresalieron el abandono de la causa patriótica por los más ricos, el carácter oligárquico de la potencia que se aprestaba a ensayar un nuevo “sistema de colonización”, y el apoyo de los más humildes —a quienes llamó incluso “héroes de la miseria”— a su labor revolucionaria.

Sus ideas políticas no fueron ajenas ni indiferentes a la cuestión social. En el artículo de Patria aludido —que se publicó el 24 de octubre de 1894, cuatro meses antes de estallar la guerra— sostuvo: “En un día no se hacen repúblicas; ni ha de lograr Cuba, con las simples batallas de la independencia, la victoria a que, en sus continuas renovaciones, y lucha perpetua entre el desinterés y la codicia y entre la libertad y la soberbia, no ha llegado aún, en la faz toda del mundo, el género humano”. Se bregaba por “una república invisible y tal vez ingrata”, “por la patria, ingrata acaso, que abandonan al sacrificio de los humildes los que mañana querrán, astutos, sentarse sobre ellos”.

Sabía que “un pueblo está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo, que acapara, y de la justicia, que se rebela: de la soberbia, que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo”. Aprensiones y claras advertencias abundan en sus escritos. En las Bases del Partido Revolucionario Cubano fijó el propósito de “fundar […] un pueblo nuevo y de sincera democracia […] en una sociedad compuesta para la esclavitud”.

En tránsito de Montecristi a Cabo Haitiano para llegar a Cuba y ocupar su lugar en la guerra, la lectura de un libro lo mueve a estampar en su diario su satisfacción con “la igualdad única duradera”, y con “la paz solo asequible cuando la suma de desigualdades llegue al límite mínimo en que las impone y retiene necesariamente la misma naturaleza humana”, que él veía idéntica en esencia a nivel universal.

Asiduamente refutó falacias racistas dirigidas a legitimar la desigualdad entre los seres humanos, y al hacerlo en un apunte del cuaderno identificado con el número 18 en sus Obras completas, trazó una generalización que desborda el tema: “así se va, por la ciencia verdadera, a la equidad humana: mientras que lo otro es ir, por la ciencia superficial, a la justificación de la desigualdad, que en el gobierno de los hombres es la de la tiranía”.

Portador de ese pensamiento, pronunció el discurso citado al inicio. En él expresó la aspiración de que Cuba alcanzara “un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros”, y añadió: “ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”. Pero a ese bien se oponían fuerzas varias, foráneas y nativas, autoexcluidas del proyecto revolucionario que él fraguaba, y eso conducía a las exclusiones registradas en el discurso.

No era que él, honrado artífice de la unidad indispensable, asumiera posiciones sectarias y cerrara puertas que debían mantenerse abiertas. Adalid en el reclamo de que cada ser humano ejerciera el deber de pensar por sí, tampoco se proponía ahogar opiniones, pues —lo afirmó de distintos modos— de todas las de sus hijos estaba hecha Cuba. Pero no todas las opiniones merecían la misma aceptación.

En lo interno cubano debía tenerse en cuenta, y enfrentarlos, a los cómplices de las calamidades coloniales, de “la gangrena que empieza a roer el corazón”; y también a “los petimetres de la política”, que se pondrían “a refunfuñar el patriotismo de polvos de arroz, so pretexto de que los pueblos, en el sudor de la creación, no dan siempre olor de clavellina”. Frente a tales rémoras pide dar “paso a los que no tienen miedo a la luz”, y aunque solicita “caridad para los que tiemblan de sus rayos”, no vacila en condenar a quienes se oponen a la revolución, o la dañan.

De los demagogos dice: “¡Clávese la lengua del adulador popular, y cuélguese al viento como banderola de ignominia, donde sea castigo de los que adelantan sus ambiciones azuzando en vano la pena de los que padecen, u ocultándoles verdades esenciales de su problema, o levantándoles la ira […]!”. No repudia solo a los demagogos: “¡[…] al lado de la lengua de los aduladores, clávese la de los que se niegan a la justicia!” Como “la mano de la colonia […] no dejará a su hora de venírsenos encima, disfrazada con el guante de la república”, avisa: “¡Y cuidado, cubanos, que hay guantes tan bien imitados que no se diferencian de la mano natural!”

Contra quienes propalan miedos —ya fuese “a las tribulaciones de la guerra”, “al que más ha sufrido en Cuba por la privación de la libertad” (el “negro generoso”, el “hermano negro”), o al español honrado—, lanza un “¡Mienten!” tras otro. La acusación se concentra en aquellos a quienes llama lindoros, olimpos de pisapel y alzacolas. Ellos hacen pensar en los señores —anexionistas o autonomistas— que el día antes de caer en combate califica de celestinos, porque prefieren “un amo, yanqui o español”, que les asegure sus privilegios, y desprecian a “la masa inteligente y creadora de blancos y negros”.

No por gusto, casi al inicio del discurso citado, menciona al “dueño codicioso” frente al cual han fundado un pueblo de amor sus compatriotas que lo recibieron y lo escuchaban en Tampa, y en el mismo texto exclama: “¡Esta es la turba obrera, el arca de nuestra alianza, el tahalí, bordado de mano de mujer, donde se ha guardado la espada de Cuba, el arenal redentor donde se edifica, y se perdona, y se prevé y se ama!”

Las desigualdades injustas eran un hecho objetivo, y podían ser inevitables entonces, como podrán serlo quién sabe hasta cuándo. Pero el revolucionario fundador que echaba su suerte con los pobres de la tierra tenía clara su opción. En carta de mayo de 1894 le habla a su amigo Fermín Valdés Domínguez de peligros que, como el oportunismo y las lecturas mal entendidas —y, pudiéramos añadir, la falta de caminos visibles—, asediaban, “como a tantas otras”, a “la idea socialista”. Pero es terminante al decir: “siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa”.

Su identificación con “la fuerza moderadora del alma popular” —cuya ausencia lo inquietaba aunque se diera en el más ostensible de sus inspiradores, Simón Bolívar— no significaba apatía, resignación, pasividad. Su preferencia por métodos no violentos no implicaba renunciar a la más alta expresión de violencia, la guerra, si esta era necesaria, y previó que la lucha contra la injusticia social podría necesitarse también en la república.

La ternura y la delicadeza, que le permitían dialogar con niñas y niños, y maravillarse, en campaña, con el espectáculo de la naturaleza, con la noche bella, con la música de la selva, fueron también cimientos de su actitud, junto a la firmeza. Nada tuvieron de flojeras culpables. Y la imposibilidad de erradicar en su tiempo la injusticia social no lo llevó a desentenderse de los ideales de la equidad. En todo mostró una voluntad que no cedió ante obstáculos ni ante consejos inmorales dictados por conveniencias oportunistas.

Resueltamente expuso en su alabanza póstuma a Federico Proaño, publicada en Patria el 8 de septiembre de 1894: “Cuando se va a un oficio útil, como el de poner a los hombres amistosos en el goce de la tierra trabajada—y de su idea libre, que ahorra sangre al mundo,—si sale un leño al camino, y no deja pasar, se echa el leño a un lado, o se le abre en dos, y se pasa: y así se entra, por sobre el hombre roto en dos, si el hombre es quien nos sale al camino”. Lo tenía claro: “El hombre no tiene derecho a oponerse al bien del hombre. Esto es lo mismo en Lima que en Quito, y en Guatemala que en San José: quien ve al hombre mermado, pelea por volverlo a sí, como Proaño peleó”.

Con los topónimos citados puntea la trayectoria del periodista ecuatoriano a quien elogia, pero para hablar de sí mismo pudo haber añadido La Habana, Madrid, Nueva York, la Sierra Maestra, nuestra América toda. Quien se expresa en aquellos términos poco tiempo antes de estallar la guerra cuyos preparativos él encabezaba, es el orador que dice: “¡Basta de meras palabras!”, y convoca a la acción, guiada por “un amor inextinguible”, para liberar la patria.

Aquel discurso lo pronunció en Tampa el 26 de noviembre de 1891, como parte de la movilización para fundar el Partido Revolucionario Cubano. Y gran parte del texto señala actitudes y fuerzas que difícilmente en unos casos, y de ninguna manera en otros, integrarían la totalidad con que él contaba para librar la guerra revolucionaria y fundar la república.

Hechas las precisiones que hace, concluye: “¡Pues alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla; alcémonos para darles tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: ‘Con todos, y para el bien de todos’”.

(Tomado de Bohemia Digital)

Se han publicado 34 comentarios



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  • Tito dijo:

    Así nos enseñó el camino, que los buenos cubanos debemos recorrer; independientemente de nuestras diferencias, nos debemos a la unión y el orden, que requieren hoy nuestro suelo. El apoyo a nuestra Cuba de hoy, es la orden del mejor de los cubanos, plasmada en su carta inconclusa y que fueron sus sueños por los cuales, dio su preciosa vida por nosotros: gracias, Maestro, por tu sangre.

  • jesus mendez jiminian dijo:

    Excelente trabajo! Felicito desde la Republica Dominicana a este acucioso investigador de la obra martiana,siempre vigente!

  • Leonardo Crespo dijo:

    ¡¿Que sería del Maestro si no hubiese existido Luis Toledo Sande?!: seguramente hubiese sido el mismo, porque la obra de José Martí está ahí, está hecha, plasmada, atesorada por muchos y puesta al servicio de todos por otros, pero nunca hubiese sido igual si no fuera por ese sabio estudioso y gran conocedor de su obra que es el compañero Luis Toledo Sande; Martí sin él sería menos, porque lo conoceríamos con más carencias, sería menos asequible, el héroe más minúsculo. Por eso aprecio tanto al compañero Sande y rindo tanto tributo a quien tanto ha hecho por poner a Martí al alcance de muchos. Se que él no le gusta que le digan profesor, y respetando su pedido jamás lo he llamado así, pero para mí el compañero Sande en la iniciación a Martí y en el estudio del mismo ha significado eso: mi profesor.
    Aparte de ello (algo que es justo reconocer) ¿sirve para todo Martí?: ¡Sí, para todo!, y no sólo en Cuba sino en el mundo entero. ¿Es su pensamiento válido para ésta época?: Sí, porque aún distamos de lograr y hacer efectiva esa fórmula del amor triunfante de la que habló el gran cubano de “Con todos, y para el bien de todos”.
    Leonardo Crespo

  • jorge Mauricio grimberg Ureta dijo:

    JOSÉ MARTÍ, HÉROE DE CUBA Y DE TODA NUESTRA AMÉRICA ,COMO ÉL LA LLAMARA, POR LA QUE LUCHÓ INCANSABLEMENTE HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS, EN DEFENSA DE LOS MAS HUMILDES, DE LOS INDIOS, LOS MESTIZOS, ZAMBOS Y MULATOS, DE LOS MAS DESPOSEIDOS, UN HOMBRE BRILLANTE DE IDEAS PROFUNDAS, QUE LUCHO POR LA UNIDAD DE TODAS LAS FUERZAS DISGREGADAS, Y SUPO UNIR Y LLEVAR A CABO LA GUERRA NECESARIA, NO SOLO CONTRA EL INVASOR ESPAÑOL, SINO TAMBIÉN CONTRA, LO QUE ÉL LLAMÓ, EL ENEMIGO OCULTO: LOS ESTADOS UNIDOS. EN SU CARTA A SU AMIGO MEXICANO MANUEL MERCADO LE EXPLICA LAS RAZONES DE SU LUCHA. POR CUBA, CONTRA EL INVASOR ESPAÑOL, CONTRA LOS PLANES DE EXPANCIONISTAS DEL IMPERIALIMO NACIENTE QUE YA EXTENDÍA SUS GARRAS POR LAS ANTILLAS, CAYÓ EN COMBATE EL 19 DE MAYO DE 1895 DEJANDO UN EJEMPLO Y UN LEGADO PROFUNDO, QUE 58 AÑOS DESPUÉS SERÍA LEVANTADO POR FIDEL Y LOS HÉROES DEL MONCADA, EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO, PARA CONVERTIRSE, POCOS AÑOS MAS TARDE EN LA PRIMERA REVOLUCIÓN
    SOCIALISTA VICTORIOSA EN NUESTRO CONTINENTE.

  • EL MONTERO dijo:

    Es una lástima que no se hayan aplicado sus enseñanzas en su totalidad y se permitieran ideas extranjerizantes que tanto daño nos hicieron, ahí estan las bases del Partido Revolucuionario Cubano, una joya de visión futura, a veces pienso que nunca es mucho lo que se diga o hable de Martí, un cubano para Cuba en toda la extension de la palabra.

    • Yuri Lago dijo:

      Totalmente de acuerdo. El legado de Marti es un tesoro “abandonado”, usado a conveniencia. Tenemos en nuestras manos la guia a nuestra prosperidad legada por nuestro inmenso Marti. Cuantas cosas no cambiaria Marti si estuviera hoy con nosotros!

  • Indómito dijo:

    Me gustaría conocer la opinión de Luis Toledo referente a este trabajo de nuestro apostol José Martí Tomado de las Obras Completas, tomo 15, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1975, páginas 388-392.

    La futura esclavitud
    (1884)

             Tendencia al socialismo de los gobiernos actuales. –La acción excesiva del Estado. –Habitaciones para los pobres. –La nacionalización de la tierra. –El funcionarismo.

             La Futura Esclavitud se llama este tratado de Herbert Spencer. Esa futura esclavitud, que a manera de ciudadano griego que contaba para poco con la gente baja, estudia Spencer, es el socialismo. Todavía se conserva empinada y como en ropas de lord la literatura inglesa; y este desdén y señorío, que le dan originalidad y carácter, la privan, en cambio, de aquella más deseable influencia universal a que por la profundidad de su pensamiento y melodiosa forma tuviera derecho. Quien no comulga en el altar de los hombres, es justamente desconocido por ellos.
             ¿Cómo vendrá a ser el socialismo, ni cómo éste ha de ser una nueva esclavitud? Juzga Spencer como victorias crecientes de la idea socialista, y concesiones débiles de los buscadores de popularidad, esa nobilísima tendencia, precisamente para hacer innecesario el socialismo, nacida de todos los pensadores generosos que ven como el justo descontento de las clases llanas les lleva a desear mejoras radicales y violentas, y no hallan más modo natural de curar el daño de raíz que quitar motivo al descontento. Pero esto ha de hacerse de manera que no se trueque el alivio de los pobres en fomento de los holgazanes; y a esto sí hay que encaminar las leyes que tratan del alivio, y no a dejar a la gente humilde con todas sus razones de revuelta.
             So pretexto de socorrer a los pobres –dice Spencer– sácanse tantos tributos, que se convierte en pobres a los que no lo son. La ley que estableció el socorro de los pobres por parroquias hizo mayor el número de pobres. La ley que creó cierta prima a las madres de hijos ilegítimos, fue causa de que los hombres prefiriesen para esposas estas mujeres a las jóvenes honestas, porque aquellas les traían la prima en dote. Si los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesarán a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia, a menos que no se los allane proporcionándoles labores el Estado. Ya se auxilia a los pobres en mil formas. Ahora se quiere que el gobierno les construya edificios. Se pide que así como el gobierno posee el telégrafo y el correo, posea los ferrocarriles. El día en que el Estado se haga constructor, cree Spencer que, como que los edificadores sacarán menos provecho de las casas, no fabricarán, y vendrá a ser el fabricante único el Estado; el cual argumento, aunque viene de arguyente formidable, no se tiene bien sobre sus pies. Y el día en que se convierta el Estado en dueño de los ferrocarriles, usurpará todas las industrias relacionadas con estos, y se entrará a rivalizar con toda la muchedumbre diversa de industriales; el cual raciocinio, no menos que el otro, tambalea, porque las empresas de ferrocarriles son pocas y muy contadas, que por sí mismas elaboran los materiales que usan. Y todas esas intervenciones del Estado las juzga Herbert Spencer como causadas por la marea que sube, e impuestas por la gentualla que las pide, como si el loabilísimo y sensato deseo de dar a los pobres casa limpia, que sanea a la par el cuerpo y la mente, no hubiera nacido en los rangos mismos de la gente culta, sin la idea indigna de cortejar voluntades populares; y como si esa otra tentativa de dar los ferrocarriles al Estado no tuviera, con varios inconvenientes, altos fines moralizadores; tales como el de ir dando de baja los juegos corruptores de la bolsa, y no fuese alimentada en diversos países, a un mismo tiempo, entre gentes que no andan por cierto en tabernas ni tugurios.
             Teme Spencer, no sin fundamento, que al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del Estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera. Y es verdad que si llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir —a lo cual jamás podrán llegar—, se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen. Teme además el cúmulo de leyes adicionales, y cada vez más extensas, que la regulación de las leyes anteriores de páuperos causa; pero esto viene de que se quieren legislar las formas del mal, y curarlo en sus manifestaciones; cuando en lo que hay que curarlo es en su base, la cual está en el enlodamiento, agusanamiento y podredumbre en que viven las gentes bajas de las grandes poblaciones, y de cuya miseria —con costo que no alejaría por cierto del mercado a constructores de casas de más rico estilo, y sin los riesgos que Spencer exagera— pueden sin duda ayudar mucho a sacarles las casas limpias, artísticas, luminosas y aireadas que con razón se trata de dar a los trabajadores, por cuanto el espíritu humano tiene tendencia natural a la bondad y a la cultura, y en presencia de lo alto, se alza, y en la de lo limpio, se limpia. A más que, con dar casas baratas a los pobres, trátase sólo de darles habitaciones buenas por el mismo precio que hoy pagan por infectas casucas.
             Puesto sobre estas bases fijas, a que dan en la política inglesa cierta mayor solidez las demandas exageradas de los radicales y de la Federación Democrática, construye Spencer el edificio venidero, de veras tenebroso, y semejante al de los peruanos antes de la conquista y al de la Galia cuando la decadencia de Roma, en cuyas épocas todo lo recibía el ciudadano del Estado, en compensación del trabajo que para el Estado hacía el ciudadano.
             Henry George anda predicando la justicia de que la tierra pase a ser propiedad de la nación; y la Federación Democrática anhela la formación de “ejércitos industriales y agrícolas conducidos por el Estado”. Gravando con más cargas, para atender a las nuevas demandas, las tierras de poco rendimiento, vendrá a ser nulo el de estas, y a tener menos frutos la nación, a quien en definitiva todo viene de la tierra, y a necesitarse que el Estado organice el cultivo forzoso. Semejantes empresas aumentarían de terrible manera la cantidad de empleados públicos, ya excesiva. Con cada nueva función, vendría una casta nueva de funcionarios. Ya en Inglaterra, como en casi todas partes, se gusta demasiado de ocupar puestos públicos, tenidos como más distinguidos que cualesquiera otros, y en los cuales se logra remuneración amplia y cierta por un trabajo relativamente escaso; con lo cual claro está que el nervio nacional se pierde. ¡Mal va un pueblo de gente oficinista!
             Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, lo iría perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad en esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la medida, por el tiempo y en la labor que pluguiese al Estado asignarle, puesto que a este, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos, y por aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. “De mala humanidad —dice Spencer— no pueden hacerse buenas instituciones.” La miseria pública será, pues, con semejante socialismo a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre.
             Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas.
             Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.

    La América, Nueva York, abril de 1884.

    Tomado de las Obras Completas, tomo 15, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1975, páginas 388-392.

    • katana dijo:

      Bueno, este es un ejemplo de ” la llamada desideologización”. Por eso nuestro socialismo es ante todo martiano, auctoctono.
      No soy erudito en el tema pero supongo que es sencillo encontrar un fragmento de cualquier cosa, ponerlo fuera de contexto y mas en este mundo imperialista que marti nunca imagino que seria posible y decir: socialismo=malo con que proposito? el de girar y convertirnos en todo contra lo cual marti lucho hasta dar su vida??
      Amo a mis hijos y tambien los regaño fuerte cuando la situacion amerita, solo por ese momento te atrevez a decir que los odio?

    • artemiseño dijo:

      Al respecto puede leer este artículo de Toledo Sande:

      “Luces de José Martí para el socialismo”
      http://www.cubarte.cult.cu/periodico/letra-con-filo/luces-de-jose-marti-para-el-socialismo/24085.html

    • Carlos Miguel Valdés Sarmiento. dijo:

      Indómito:
      Medita en estos párrafos:
      Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas.
      Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.

      La América, Nueva York, abril de 1884.

      Y algunos otros donde analiza la aptitud de Spencer, que no incluyes.

    • Carlos Miguel Valdés Sarmiento. dijo:

      Indómito:
      Disculpa el párrafo que escribí que no incluias es este; donde Martí coloca en su lugar a Espencer.

      La Futura Esclavitud se llama este tratado de Herbert Spencer. Esa futura esclavitud, que a manera de ciudadano griego que contaba para poco con la gente baja, estudia Spencer, es el socialismo. Todavía se conserva empinada y como en ropas de lord la literatura inglesa; y este desdén y señorío, que le dan originalidad y carácter, la privan, en cambio, de aquella más deseable influencia universal a que por la profundidad de su pensamiento y melodiosa forma tuviera derecho. Quien no comulga en el altar de los hombres, es justamente desconocido por ellos

    • JORGE MORALES dijo:

      INDÓMITO: NO ES LA OPINIÓN DEL PROFE; PERO TE DEJO LA MÍA. vA Y TE SIRVE:

      Martí y el Socialismo

      A lo largo de la historia los cubanos hemos albergado muchas razones para asumir el marxismo. Cuba es una nación con una historia muy rica, pletórica de hermosas tradiciones patrióticas e ideológicas, cuna de muchos hijos nobles que fueron capaces de asumir las luchas necesarias por su emancipación, con una continuidad histórica envidiable, los cuales nos legaron una ética inigualable.

      Desde los inicios del siglo pasado los revolucionarios encontramos en Martí la fuente originaria de formación ideológica. Desde el estudio de su obra hallamos el camino a las ideas de Marx, Engels y Lenin. Gracias a los puntos de articulación entre el Ideario Martiano y el Marxismo, logramos hacer realidad el Proyecto Nacional Liberador y Antimperialista y Cuba por primera vez fue libre, soberana y comenzó a edificar, por voluntad propia, una sociedad Socialista.

      Como parte de las campañas de descrédito del Socialismo y para escamotear la trascendencia de las posiciones socialistas actuales, mucho ha insistido el Imperio en tergiversar la figura y la obra de Martí, en relación a este tema, presentando argumentos inconsistentes, tomados de apreciaciones dudosas de hechos o frases aisladas y fuera de contextos.

      Es como si los señores imperialistas no supieran que para analizar con profundidad un momento de la historia, con el objetivo de derivar del mismo algunas experiencias para aplicar en el presente, es necesario que los hechos históricos y sus protagonistas sean estudiados teniendo en cuenta las condiciones de lugar y tiempo en que acaecieron o actuaron. En el caso de nuestro José Martí el tema se torna todavía más complejo, pues si alguien pretende utilizar una de sus citas y comete el error de no ubicarla en su tiempo y sus contextos, entonces deja de considerar el carácter evolutivo de su pensamiento.

      Martí fue un hombre de su tiempo y en eso radica su grandeza. En su época no solo fue guía de su pueblo, sino que fue capaz de anticipar el futuro del mismo, este que hoy vivimos.

      Si queremos hablar de él con respecto al Socialismo, lo primero que deberíamos hacer es preguntarnos: ¿Qué socialismo fue el que conoció?

      La revolución de 1868 incrementó las comunidades de emigrados cubanos, debido a las persecuciones del colonialismo español; esta circunstancia facilitó que decenas de intelectuales cubanos accedieran a un conocimiento más universal de las ideologías en debate. Hubo algunos que hasta disertaron sobre el Socialismo, que en aquella época ya se veía como una vía solución a los diversos problemas sociales.

      Las doctrinas en aquel entonces llamadas “Socialistas” defendían, como aspiraciones, ideales como la igualdad civil, la igualdad política y la igualdad económica, aunque es conocido que entre ellas existían corrientes anarquistas (Partidarios de la violencia y enemigos del estado), socialistas utópicas, científicas y socialdemocráticas. ¿Se imaginan todo eso dentro del mismo saco como conceptos comunes? Con razón el propio Martí advirtió andar con precauciones. Sabemos que a su paso por Madrid [1873-1875], y México [1875-1876] pudo escuchar a algunos propagandistas de este Socialismo.

      Martí estuvo siguiendo el tema Socialismo por artículos de los periódicos, leyó el libro: “El socialismo contemporáneo” del inglés John Rae y participó en un debate de las doctrinas anarquistas y socialistas.

      Refiere la historia que Martí pronunció un discurso el 15 de enero de 1893 en el Hardmann Hall de Nueva York donde tocó el tema del Socialismo en Cuba. Desafortunadamente no se conservó este discurso, pero lo que aparece en los apuntes del mismo dice que el héroe afirmó que el Socialismo era un factor de la independencia de Cuba.

      Los estudiosos del tema interpretan la aseveración como una imprescindible bienvenida a la lucha para todos los cubanos y una confirmación más de que la independencia nacional es una condición previa a la instauración de un Sistema Socialista.

      Martí en “La América”, de Nueva York, abril de 1884, refutó los furiosos ataques antisocialistas que el filósofo y sociólogo reaccionario Hebert Spencer publicara en el tratado: “La futura esclavitud”. Dice en su comentario el maestro que Spencer ve la futura esclavitud en el Socialismo, a manera de ciudadano griego que contaba poco con la gente baja. Seguidamente le acusa: “Quien no comulga en el altar de los hombres, es justamente desconocido por ellos”.

      Martí considera un absurdo la aseveración de Spencer sobre un estado que pudiera, por su acción dominante, imponer graves cargas a la masa trabajadora en provecho de los desocupados. Admite el daño que causaría que los pobres no tuvieran necesidad de trabajar para vivir por un exceso de benevolencia estatal, consciente de que no es posible la vida de la sociedad sin el trabajo, y apunta “que a eso jamás se podrá llegar”.
      En aquel tratado Spencer continúa describiendo un cuadro tétrico de lo que sería el Estado Socialista y comienza a hablar de una casta de funcionarios omnímodos y parásitos. Es aquí donde plantea que los hombres pasarían de ser siervos de sí mismos a ser siervo del estado, como si estuviera muy abrumado por los pobres de la tierra. Estas son las palabras que los enemigos de la Revolución han estado poniendo siempre en boca de José Martí, cuando en realidad fueron dichas por el reaccionario inglés.
      Sobre lo escrito en el párrafo anterior Martí arremete contra Spencer y dice: “Pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasan hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir toda Inglaterra de guineas (moneda inglesa)”, en justa respuesta ante los intentos del inglés de justificar las desigualdades sociales en este tratado y en su teoría del equilibrio.

      En estos comentarios de Martí, sobre este tratado de Spencer, es interesante también como el maestro, desde aquel entonces, fustiga ya “los juegos corruptores de la bolsa”, altar mayor del capitalismo. De manera clara, en este escrito, Martí opuso el cuadro real de las profundas diferencias de clases existentes, al falso cuadro del Estado Socialista que presentó Spencer.

      En un intercambio que tuvo con su amigo Fermín Valdés Domínguez, sobre las discusiones de las ideas Socialistas entre los independentistas radicados en Cayo Hueso, Martí alerta sobre los dos grandes peligros que él le ve a la idea Socialista: “el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas”, “y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombres en que alzarse, frenéticos y defensores de los desamparados”. Armando Hart sintetiza: “En la incultura y en la maldad humana estaban para el Apóstol los peligros que tenía la idea socialista…”.

      En cuanto al proyecto liberador Martiano debemos decir que era netamente popular, pues la revolución no podía concebirse por entonces bajo la dirección del proletariado, por el grado de desarrollo que este había alcanzado en Cuba. Su tarea era la de alcanzar la independencia. Es bueno recordar que no fue hasta 1905 que Lenin, luego de la experiencia Rusa, pudo plantear la hegemonía del proletariado en una Revolución Democrático-Burguesa.

      Aunque a Martí no le fue posible por tiempo, desentrañar la esencia última de un fenómeno que apenas se iniciaba, sí pudo alertar a los pueblos latinoamericanos del peligro imperial que sobre ellos se cernía, y lo hizo 22 años antes que Lenin.

      En medio de la Guerra Cultural Mundial, el inconfundible propósito imperial de hacer aparecer al marxismo como corriente destructora de nuestras tradiciones nacionales, adquiere nuevos matices en la medida que pretenden influir negativamente en el ser del cubano y propiciar la pérdida de su carácter nacional.

      Los revolucionarios de hoy tenemos el deber moral de continuar aprovechando la herencia del rico arsenal ideológico de las tradiciones progresistas nacionales en la elevación de la cultura del pueblo, para fortalecer el pensamiento social cubano y mantener los valores que hemos ido formando a lo largo de un siglo de luchas y victorias.

      M.Sc. Jorge Morales Rodríguez

      Fuentes de consulta:
      • Internet
      • Miranda Olivia: El marxismo en el ideal emancipador cubano durante la República neocolonial.
      • Cairo Ana: Un réquiem marxista para la revolución del 30. Álgebra y Política Pablo de la Torriente Brau.
      • Hart Armando: Hacia el socialismo del siglo XXI.
      • Estrade Paul: Martí y el Socialismo Masónico.
      • Orta Ruiz Jesús: Objeciones de José Martí al antisocialismo de Heber Spencer.
      • Valdés Vivó Raúl: Martí es nuestro. Crisis sin salida del capitalismo.

      • Lermy dijo:

        Jose Morales:
        Que manera más personalizada de interpretar las palabras de José Martí, ya claras, hacia su propio punto de vista.

        artemiseño:
        El artículo publicado es otra interpretación de una carta de José Martí, más el texto original no aparece para ser tan siquiera leído y analizado.

        Carlos Miguel:
        Cómo es eso de quedarse con el párrafo que le conviene y no con la obra completa? Obra que no necesita edición ni interpretación, porque José Martí no podía haber predicho mejor las repercusiones de esa futura, y hoy presente, esclavitud.

  • Maño dijo:

    La Revolución del 59 triunfo porque fue Martiana…nuestros errores se debieron porque en muchos momentos abandonamos el camino Martiano…si cada vez que hubiéramos implementado algo hubiéramos tenido la métrica Martiana…hubiéramos perdido menos tiempo y sacrificios inútiles de los más humildes…Martí debe enseñarse más y mejor en las escuelas cubanas, debe ser la filosofía predominante a descubrir e implementar…la hemos utilizado solo para dar sustento a lo milagroso de todo lo hecho después del 59…pero Martí es mucho más que un Apóstol…Es la idea suprema de independencia y justicia social que necesita nuestra isla…con ella sola sin ninguna otra filosofía universal bastaría para hacer de nuestro Mundo un lugar placentero de dignidad humana. ..

    • AGM dijo:

      Estoy totalmente de acuerdo con Maño.

    • Yuri Lago dijo:

      Filosofia Martiana, muy buena idea! Marti nos dejo un camino, un camino nuestro, nacional… Socialismo, capitalismo? Sigamos a Marti y ahi descubriremos la verdadera Cuba prospera e independiente.

    • Manuel Alexis dijo:

      Excelente Maño

  • gustavo dijo:

    es hermoso saber de sus escritos ,cuan hermoso fue su coraje y principios los que hoy son resultados de labores no menos prodigiosas ,las que motivadas por el y asumidas por el coraje, corazón y lealtad a la causa de los que entregando su vida revolucionaria mediante y consientes de lo que era patria o muerte ,recuperaron su libertad como su independencia hace ya mas de medio siglo. viva su memoria ,viva cuba libre y soberana

  • david dijo:

    En su viaje del 20,21 ,22 septiembre 1892 a Barahona dijo que para liberar a America tenia que abrevar en las tierras del Bahoruco, donde lucho el Indio Guarocuya ,Enriquillo., en el cacicazgo de Jaragua.
    .
    El viernes 16-5-2014, la historiadora cubana, Mayra Beatriz Martínez con la disciplina de una revolucionaria recorrio parte de la ruta de Marti en la región Sur Dominicana,DONDE FUE APOYADO POR EL GOBIERNO DE Ulises Heraux en sus luchas independentistas

  • david dijo:

    ES SIMBOLO DEL CARIBE AMERICA Y FIDEL LO ESTAMPA EN EL MUNDO

  • bolicubano dijo:

    El hombre de todos los tiempos, orgullo de todos los cubanos.
    Donde voy, siempre llevo su obra. Es increíble ver a la gente sencilla de pueblo enamorarse del pensamiento de José Martí.
    Martí hoy más que nunca noS exige a todos los cubanos.
    Nadie podrá desnaturalizar su pensamiento al lado de la REVOLUCIÓN.
    PATRIA ES HUMANIDAD.

  • Luis Toledo Sande dijo:

    Entre otros comentarios agradezco especialmente los hechos por Katana y por Artemiseño. Para ampliarlos, reproduzco la nota que inserté sobre el tema en mi artesa digital:
    Como otros autores (y también autoras), en varios textos he refutado no pocas de las que he estimado manipulaciones erradas y tendenciosas (dolosas a veces) del ideario martiano. Las hay de diversa índole, de signos variopintos. En particular a las relacionadas con la actitud de Martí ante (cuando no contra) criterios de Herbert Spencer, me he referido en páginas ya añosas, y más recientemente en “Luces de José Martí para el socialismo”, publicado primero en Cubarte. El Portal de la Cultura Cubana (http://www.cubarte.cult.cu/periodico/letra-con-filo/luces-de-jose-marti-para-el-socialismo/24085.html), y luego en otros sitios, como Rebelión (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=163004). Puede igualmente leerse en esta artesa: http://luistoledosande.wordpress.com/2013/01/29/luces-de-jose-marti-para-el-socialismo/. Cabría citar asimismo Cesto de llamas, mi biografía de Martí, donde irrumpen refutaciones que sigo entendiendo insoslayables. Ahora ni remotamente intento agotar el tema, ni esbozar un recuento bibliográfico exhaustivo.
    Luis Toledo Sande

  • AGM dijo:

    Compañeros, en una publicación tan utilizada, no debemos darnos el lujo de escribir con flagrantes faltas ortográficas. Resulta que en el tercer párrafo de este artículo se ha utilizado la palabra “emparienta” que, al menos en la versión del 2009 del diccionario de la Real Academia, que aparece en Encarta, no aparece reflejada, aunque sí aparece ëmparentar” que significa: emparentar. tr. Señalar o descubrir relaciones de parentesco, origen común o afinidad. || 2. intr. Contraer parentesco por vía de casamiento. || 3. Dicho de una cosa: Adquirir relación de afinidad o semejanza con otra. ¶ MORF. conjug. c. acertar. U. t. c. reg. || estar alguien bien, o muy, emparentado. frs. Tener parentesco y enlaces con casas ilustres.
    Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

  • MERVIN AVILA ARIAS dijo:

    VIVI CON EL MONSTRUO, Y LE CONOZCO SUS EXTRAÑAS…

  • MERVIN AVILA ARIAS dijo:

    NO SON TODOS LOS QUE SOMOS, Y NO SON TODOS, LO QUE ESTAN..

  • MERVIN AVILA ARIAS dijo:

    MI CUERPO, ESTA EN UN LUAGAR DEL PLANETA, PERO MI PENSAMIENTO ESTA CON LA REVOLUCION, .. PORQUE LLEVO SANGRE, DE MARIANA GRAJALES, QUIEN DIJO.. ENPINATE Y ANDA, QUE LA PATRIA ESPERA POR TI…..

  • Eduardo dijo:

    Me gusta el diagnóstico que Tomás Borge hace de la desideologización. La llama con muy buen tino “ideología matrera”. Veo que Luis no se queda atrás. Ambos son muy esclarecedores.

  • AGM dijo:

    Amén del señalamiento semámtico y de la pregunta ante la duda sincera, asumo en su totalidad, como mía, la esencia intrínseca del artículo.

  • AGM dijo:

    Aunque solo pide el indómito, la opinión de Toledo (y yo no me acerco a la zuela de los zapatos de éste en cuanto a erudicción y conocimiento sobre Martí) le doy la mía:
    A mi juicio, se declara el Maestro, favorecedor de las ideas de justicia del socialismo, se enfrenta a los que, basándose en posibles errores o rreales deficiencias de un sistema que pretendiendo justicia, pudiera fomentar la existencia de holgazanes, funcionarios burócratas (existentes en el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo, por cierto) y entidades económicas improductivas e ineficaces, se adelantan proclamar una falsa supeioridad de la sociedad basada únicamente en la propiedad privada y de libre cambio comercial burgués, en detrimento de las justas aspiraciones de los pobres por lograr mayores posibilidades para satisfacer sus necesidades y jugar ub papel más activo.
    El proceso actualmente emprendido por el pueblo cubano (con su liderazgo al frente) de actualización de nuestro modelo económico social, reafirma la aprofética advertencia martiana y asegura la innegable capacidad del socialismo para perfeccionarse, consttituyendo baluarte de la lucha de los pobres por su mejoramiento material y espiritual.
    Defensor, sí, de un socialismo justo y reivindicador de los humildes, y vigoroso económicamente, se proclama Martí en el artículo citado.
    Llama el Apostol a un socialismo facilitador de las condiciones de vida de los desposeídos, que los eleve a la condición honrosa de trabajadores, libres, eficientes y comprometidos con su propio bienestar.

  • roges dijo:

    Estimado Dr Toledo Este punto lo toqué en el Encuentro José Martí y la espiritualidad de mundo.Martí fue anticlerical pero no anti religioso no fue un Voltaire,buscaba la espiritualidad y creía en la trascendencia am pesar del Positivismo que lo inflenciaba pero estaba contra una articulación de la religión alineada con intereses de poder.En el caso cubano anticlerical fue Félix Varela en lucha contra una escolástica no la del Aquinate sino reaccionaria y que como católico reclamo su presencia en los altares,anticlerical fue su obispo Espada y Fernandez de Landa que lo envió a Cortes siendo sacerdote ,de donde Varela vino convencido de la necesidad de la independencia,.si lo clerical se asocia como algunos pensadores hacen mecánicamente a lo negativo se traiciona la idea de unidad,recordar que en sus escritos finales Marx señala que no combate la religión en si sinmo su apropiación por intereses de clase,Estudiar los comentarios sobre la filosofía del Derecho en Hegel y estudiar en contexto una frase llevada,espero retomar el punto en otra ocasion y poder tener algun intercambio de criterios

Se han publicado 34 comentarios



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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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