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Vientos de primavera para una telenovela

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Foto: Tomada del Portal de la Televisión Cubana

A pesar de que ya acumula suficiente experiencia dirigiendo dramatizados en televisión y cine, Alberto Luberta (hijo) no fue el realizador en que primero pensó la guionista Eurídice Charadán, autora de la idea original, para conducir Ojo de Agua. Más bien fue necesario, en un inicio, su saber como guionista. En esa etapa, Luberta tuvo que realizar otro proyecto (Tan lejos y tan cerca), y entonces el guion fue escrito finalmente por Eurídice y Lil Romero. De esa etapa inicial, Luberta solo recuerda que defendió con calor que Nadia, la protagonista, tuviera sexo con Rubén desde el primer capítulo, porque algunas situaciones le parecieron medio edulcoradas y siempre apostó por el mayor realismo y coherencia.

Después, se asumió la dirección a tres cabezas: José Víctor Herrera, Humberto Hernández y Luberta, para que cada uno dirigiera una sección, o núcleo familiar, o subtrama. Pero las locaciones estaban lejos unas de otra, y el reto consistía en darle unidad narrativa y de estilo al conjunto. Por suerte, los tres directores hablaron el mismo idioma.

Para profundizar en estas y otras particularidades de la polémica y singular telenovela, quise conversar con Alberto Luberta, el hijo de uno de los grandes narradores de la cultura cubana, el creador de Alegrías de sobremesa, para valorar, o revaluar las cuatro etapas principales que atravesó el colectivo: preproducción, grabación, montaje y encuentro con los públicos. Le doy la palabra al director en esta suerte de making of periodístico:

“En la etapa de preproducción, recuerdo que mientras buscábamos las locaciones para ambientar la historia, y las encontramos dispersas por toda La Habana, elegimos a los actores. Hicimos casting para el personaje de Nadia, y así encontramos no solo a Yura López, sino también a su hermana en la ficción, que interpreta Yeney Bejerano. Yailín Copola se ocupó de la dirección de actores, pero además tenía un personaje y tuvo que trabajar muchísimo en esa etapa, sobre todo con los niños que, en esta novela, tenían textos largos y situaciones complicadas, y de su desempeño dependían muchos sucesos importantes.

“Uno de los actores más difíciles de encontrar fue el niño que hace el hijo de Nadia, Brandot Graverán. Le hicimos la prueba y lo hizo inmejorable desde el principio. Ahí empezó otro dilema, porque ese niño era más pequeño que los otros y se suponía que fueran más o menos contemporáneos. Pero defendimos la calidad de su actuación y ajustamos los guiones para naturalizar la relación entre los tres niños principales. Respecto a la etapa de casting, hay muchos actores y actrices con los que trabajé por primera vez, y me gustaron muchísimo los resultados; también otros, con los que siempre es un gusto repetir experiencia.

“Por ejemplo, José Luis Hidalgo, que viene de Argos Teatro, demostró tremenda capacidad para adaptarse a la idiosincrasia y a los giros de su personaje, que serán drásticos cuando la novela avance. Pienso que la disciplina y el rigor profesional no se vinculan con la edad, es un error atribuirles a los jóvenes estos problemas, porque conozco algunos, muchos, absolutamente centrados y responsables. Para lograr que actores de diversas generaciones y procedentes de la radio o el teatro alcanzaran un estilo coherente, tuvimos que profundizar en el trabajo previo, de mesa, y explicar a fondo cómo llegarle a cada personaje y lo que queríamos como concepto general.

“El rodaje fue muy complicado. Teníamos ciento y tantos llamados a lo largo de cinco meses, desde diciembre hasta mayo. Las locaciones eran complicadas, en casas muchas veces pequeñas, estrechas, y por eso es que predominan los exteriores. Faltó, porque no se pudo hacer por no tener el apoyo, profundizar en la visualidad del mundo de las abejas y la producción de miel. Porque apenas se ve alguna evolución en las mismas cinco colmenas que mostramos desde el principio, cuando el guion sí apunta a la prosperidad y el crecimiento, así que casi todo esto debió quedarse en referencias verbales.

“Los tres directores estuvimos de acuerdo con trabajar una visualidad que insistiera en los planos secuencia, que son muy difíciles de hacer, pero que evitan cierto estatismo en la puesta; quisimos evitar la novela del sofá, con personajes que se sentaran a tirar textos. Esa visualidad se fue materializando día a día, cuando cada director se sentaba en su casa a preparar las escenas del día siguiente o, incluso, muchas veces, se preparaba en la propia locación. Todo esto contando, por supuesto, con el empeño, el talento y el aporte de todo un equipo, particularmente las especialidades de fotografía y sonido, pero todos, absolutamente todos, aportaron lo suyo. Lo que sucederá en el capítulo final es una muestra de ello, pero no quiero adelantar nada.

“Tuvimos que ir cuadrando los tiempos de los actores, la minitécnica disponible, las escenas precedentes y posteriores, las que se hicieron y las que faltan, la evolución de los personajes, los problemas normales y no tan normales en las locaciones, en fin... Y no me justifico. Solo te explico cómo se hizo. Nosotros siempre pretendimos aportarles matices enriquecedores a los personajes, pero la telenovela también tiene códigos que deben respetarse. Aquí, por ejemplo, está el molde de la hermana buena y la hermana mala, la mujer de negocios sin mucho escrúpulo moral. Con Magdalena quisimos que, más allá de esa coraza, tuviera también su corazoncito, porque mientras la trama avanza, el personaje adquiere otras dimensiones. ¿En qué medida lo logramos y en qué medida no? Eso es algo que el público y la crítica deben responder.

“En el proceso de edición participé de lleno. Siempre tratamos de conservar la historia, pero tampoco se puede tener miedo a quitar lo que no debe salir por múltiples razones. Hubo que tener ese engranaje bien claro en la cabeza, para que la posproducción avanzara a feliz término.

“En cuanto al encuentro con los espectadores hubo críticas muy justas respecto a las deficiencias del sonido en los primeros capítulos; también, muchas polémicas y críticas, unas más respetuosas y objetivas que otras. ¿Justas o no? No me corresponde a mí responderlo. Hay personas del equipo que se ponen a discutir en redes con los espectadores, pero a mí me parece que si a la gente no le gusta el producto final, nada se resuelve explicando los trabajos que pasamos y los empeños que pusimos. Ellos evalúan el resultado, no el proceso.

“Me sorprendió mucho que una parte del público rechazara los toques de humor y ciertos elementos que marcan la diferencia de esta novela. Pero las cosas son como son y no como uno quiere que sean. Y para muchos de los implicados, empezando por mí, ha sido una experiencia enriquecedora. Y a todos los que trabajaron para que la novela saliera al aire, absolutamente a todos, les agradecemos el esfuerzo y el talento con que participaron. Gracias a la Casa Productora, por la oportunidad, a las asesoras Beatriz Roussó, Vanesa Márquez y Eunice Peña, que trabajaron desde el inicio mismo de la gestación. Y quiero agradecer a todos, incluidos los que hicieron mínimos aportes, porque el audiovisual no es un trabajo de uno ni de tres o cuatro, sino de muchos”.

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Joel del Río

Joel del Río

Reconocido crítico de cine. Colaborador de varias publicaciones cubanas y profesor en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños.

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