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Humberto Fontova o el Malinchismo cubano de bolsillo

17 abril 2010 | 2

Por Eliades Acosta

Humberto Fontova es, sin dudas, un valiente. Cada cierto tiempo este abnegado escribano de la contra cubana, suele reafirmar su coraje personal. Para ello caza venados indefensos en los bosques de Misssouri y escribe libros biográficos para “destruir el mito” de Fidel Castro y el Che Guevara. Valor, evidentemente, le sobra sobre todo cuando las armas se disparan desde lejos. También arropamiento de los neoconservadores norteamericanos, que le han abierto las puertas de sus libelos más escandalosos, al estilo de Human Event y Front Page Magazine. Fontova, el paladín experto en biografías cubanas, solo escribe en inglés. Y puede que no sea muy digno verse publicado allí, pero deben pagar bien: es que, ¡están tan caros los cartuchos para los rifles!

Poco tiene ya para asombrarnos ese exilio versallesco cubano, más por el nombre del restaurant de Miami que por el fervor de aquellos monárquicos franceses, barridos por la Revolución y refugiados en aquella ciudad. Pero hay que reconocer que Fontova lo logra. Y es curioso: apenas se le menciona, ni se le publica en los sitios vocingleros de la contra nacional, muchos menos en los medianamente ilustrados. Y eso es un enigma, ¿acaso consideran que sus argumentos  demasiado burdos, como ocurre con los animadores de Front Page Magazine, David Horowitz y Jamie Glazov, que se constriñen a los tabloides conservadores de la calumnia y el rumor, pero a los que por decencia no se les admite en los salones académicos o en las publicaciones acreditadas de la derecha?

Fontova tiene su propia página web, donde se presenta como “aclamado escritor y emigrado cubano”. Vaya profesión. Una rápida ojeada en Amazon.com a los libros que le han ganado tal reconocimiento, nos sume en la perplejidad: un libelo contra el Che, otro contra Fidel, y dos sobre cacerías y deportes. En el rubro de los artículos, donde se muestra productivo, sus temas se reducen a despotricar contra el Che y Fidel, de vez en cuanto contra Chávez, y…pare de contar. Es como si el cazador solo supiese disparar contra el mismo venado, una y otra vez. Más enigmas.

A manera de botón de prueba, dejo a los lectores con algunas de las perlas con que el valiente Fontova describe al Che Guevara.

“Quiso destruir la ciudad de New York mediante un ataque de misiles atómicos…Promovió la quema de libros y firmó las órdenes de ejecución contra autores que discrepaban de sus criterios… Hacía declaraciones racistas contra negros e indios… Perseguía a los fanáticos del rock and roll por sus pelos largos… Y amaba las riquezas y el lujo…”

Para los cubanos, que por supuesto, no es el público que paga las cacerías del Sr Fontova, todo lo anterior moverá a risa. No juega la lista con el billete. Si por algo se caracterizó el Che fue por su irreverencia, por su barba y pelo largo bajo la boina, por su pasión por la polémica y su constante estímulo al pensamiento crítico anti-dogmático. Y por su vida espartana, rayando en lo ascético. Y qué decir de su supuesto racismo? Fue de tal magnitud que abandonó su cargo de Ministro y sus grados de Comandante, dejó a sus hijos pequeños  y a un pueblo que lo adoraba, para irse a pelear al Congo, rodeado por los negros a quienes “despreciaba”, y morir en Bolivia, por los indios a quienes “aborrecía”.

Por estos días en que se conmemora el 49 aniversario de la victoria de Girón, la sombra de este avechucho planea sobre la efeméride. Townhall.com le abre un huequito editorial en su nómina de vociferantes contra Obama, al ladito de chancleteras rubias y trigueñas, pero lejos de Charles Krauthammer, que será neoconservador, pero es un intelectual digno y educado. Fontova dispara a mansalva de nuevo, esta vez mediante un artículo sobre Girón titulado “The Bay of Pigs:An Anniversary of Heroism and Shame”. Otras perlas, como siempre, en inglés y para un público desinformado:

“Pelearon como tigres-escribió un oficial CIA ,sobre la brigada mercenaria 2506, armada y entrenada por los yanquis y desembarcada (¿o embarcada?) para tomar una cabeza de playa y pedir la invasión a la isla- Pero la lucha estaba condenada desde antes de que el primer hombre pisara la playa”

Fontova atribuye aquel destino a la vacilante actitud de un liberal como John F. Kennedy, y nos descubre que Ted Sorensen, uno de sus redactores de discursos, fue asesor de Obama, como intentando explicar la extraña repetición de una recurrente enfermedad degenerativa. Otro misterio: un exiliado “cubano”, que solo escribe en Inglés para lectores norteamericanos, que intenta fabricar héroes “cubanos” de quienes atacaron su patria y derramaron sangre, entre ellos mujeres y niños inocentes, amparados por el poderío militar norteamericano y pagados con su dinero. Y vendernos como  tigres de Bengala a  quienes se rindieron y huyeron como ratas, o se hicieron pasar por cocineros, y terminaron siendo canjeados por compotas.

Según el Sr Fontova, en Girón, contra aquel puñado de idealistas y patriotas, combatió una abrumadora fuerza militar dirigida por oficiales soviéticos, “toda la fuerza aérea de Castro”(sic) y un escuadrón de tanques también tripulados por eslavos, no por mestizos cubanos. Y para lograr el efecto lacrimógeno deseado en los viejitos de Misssouri y las amas de, casa de Kansas, Humberto Fontova nos regala un final wagneriano, que parece salido de “Salven al soldado Ryan”, de Spielberg: “¡No seremos evacuados!-gritó por la radio José San Román, jefe militar de la brigada-¡Vinimos aquí a pelear!”

Cuando Hernán Cortes desembarcó en las costas de lo que hoy es México, recibió el mejor regalo posible: la lealtad y el amor servil de una princesa local, bautizada por los conquistadores como Marina o La Malinche, que les sirvió de traductora, concejera y forjó para el invasor una alianza de pueblos enfrentados al poder azteca, que resultó decisiva para el éxito de sus planes. Fue la sumisión y la traición, más que los arcabuces y los caballos, lo que inclinó la balanza de aquella contienda. Desde entonces en aquel país, el término “malinchismo” ha quedado unido a la infamia de los canallas que sirven a quienes intentan sojuzgar a sus hermanos.

Aquí también tenemos de esa fauna, desde los feroces contra-guerrilleros al servicio del colonialismo español, hasta este patético Sr Fontova, el valiente, el milagroso…

Los cubanos, a la vista de semejante engendro, proponemos que pongamos PCM donde antes se escribía el nombre Fontova, el tránsfuga. Al menos la Malinche, se la jugó al lado de los españoles, en medio de las batallas; este Fontova dispara desde la impunidad y la lejanía, a la sombra segura de los fuertes y del dinero, sin arriesgar nada, sin despeinarse… PCM o Pocket Cuban Malinche .

Se han publicado 2 comentarios



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  • Ernesto Glez dijo:

    Bien valdría hacer un estudio serio, académico del sistemático uso de la mentira por parte de los enemigos de la Revolcuión cubana y hacer una lista de medios informativos, editoras y personas que se prestan para esto. Un libro, podría ser el tema de la tesis de cualquier graduado de comunicación social.

    Pudiera mantenerse actualizado en un sitio en Internet donde estos estudios y mentiras con sus correspondientes demostraciones a la inversa se pudieran encontrar y consultar…algo así como una lista de mentirosos…

    Estoy pensando en algo profesional, bien pensado que se convierta en una verguenza estar en esa lista, medios que publican noticias sin ninguna comprobación de la fuente, escritores prestigiosos o no que aparecen en cuanto programa de TV existe diciendo barbaridades. Pudiera emitirse un boletín que se enviara por emails a cuanta persona se inscribiera….

    Mucha a nosotros nos parecen risibles pero a un matrimonio medio norteamericano que no conoce al Che si le puede surtir efecto.

    Aclaro que no hablo de opiniones, hablo de notorias mentiras que se dan por ciertas y a veces como las vemos tan ridiculas ni las discutimos…

  • Carlos Villa dijo:

    Amigos: navegando por la Internet al rededor de la palabra “malinchismo”, cuyo origen señala hacia la aventura o desventura de una mujer que llegó como obsequio a manos de los conquistadores que llegaron con Cortés, encontré esta página donde hablan de este sujeto desprestigiador, un “gusano” como les llaman en Cuba. Nadie puede ser peor enemigo que uno de la propia sangre. Sin embargo, el caso malinche merece otra revisión más puntual. Ella no tenía un pueblo por lo que no pudo traicionar a su pueblo. Había entonces múltiples pueblos y la mayoría se encontraban en contra del dominio azteca. Fue una mujer de su tiempo y circunstancia a quien injustamente se le atribuye el estigma de traidora. En cambio este cubano y muchos más de esta y otra nacionalidad si son eminentemente traidores y dañinos a las causas de nuestras luchas.

    Gracias por su publicación. Aquí dejo una ficción que escribí y publiqué en mi pa´gina.
    Un abrazo. Carlos A. Villa

    DOMINGO 4 DE OCTUBRE DE 2009

    Entrevista breve al Ché Guevara

    Buenas tardes, señor Guevara, me encuentro en la ciudad de Alta Gracia, Córdoba, en Argentina. Visité la casa donde muchos testimonios hablan de su infancia en este lugar y de su vida en general. La han convertido en un museo que visitan diariamente decenas de personas en plan de turistas. Algunos llegan por sus propios medios, en tanto que otros son llevados en autobuses especiales que hacen recorridos por los lugares de interés histórico que existen en esta también llamada “Ciudad del Tajamar”, o antiguamente conocida omo Paravachasca.
    Yo fui de los que se acercaron a pie, me acompañó mi esposa, al igual que dos de mis hijos que son menores de edad y no tienen conocimiento de lo que le hizo a usted tan famoso en el mundo, sin embargo, estuvieron felices contemplando lo que exhiben ahí que fue de usted y de los suyos: las fotografías, varias cartas, una pipa, la bicicleta y la motocicleta que le sirvieron para emprender aventuras extraordinarias, así como algunos muebles u otros objetos de su casa paterna.
    Salimos del lugar con una emoción bastante peculiar, en principio por el culto que se le rinde a su persona, inclusive con una instalación escultórica a la entrada y que mantiene una llama encendida en clara alusión al mensaje de su obra: Que nunca se apague la esperanza y el ánimo de los que buscan libertad y justicia.
    Le vimos en las imágenes captadas en momentos que fueron clave en su agitada vida, tanto en aventuras que resultaron de sus increíbles viajes, como en el proceso revolucionario que le llevó al primer triunfo en Cuba. Sonreía la mayoría de las ocasiones en que alguna lente fotográfica le atrapó para siempre.
    Ché, disculpe que me extienda tanto en esta introducción a la entrevista que vine a realizarle, lo hago, espero lo comprenda, porque consideré necesario ponerlo al tanto de lo que hay aquí, en este singular museo dedicado a su figura y persona, por si usted no lo sabe ya que se marchó hace tantos años, siendo todavía bastante joven, un niño.
    ¿Cómo se encuentra ahora? Quisiera saber qué piensa acerca de todo esto que le digo. ¿Cuál es su postura ante un mundo bastante diferente al que dejó hace todo ese tiempo?

    = Mire, ché ¿Villa?

    = Si, Villa es mi apellido.

    = No he podido descansar nunca, no me han dejado, ni las obras que se quedaron inconclusas, que fueron bastantes, por cierto, ni tampoco la gente que no se detiene para destruir el destino ajeno. Aún destruyéndose así misma. Eso me ha quitado el reposo y el sueño, incesantemente. Escucháme una cosa, disculpáme que te hable de vos, que tutee, ché, pero así me da más confianza hablar, sobre todo ante un periodista. Mirá, todos tenemos algo que cumplir, vivimos sólo para ese fin y hacemos tantas locuras para realizarlo. A veces hasta tenemos que matar, eso es lo que más duele, yo lo tuve que hacer y vaya que amé y amo la vida, la respeto, por encima de todas las ideas u objetos respetables.

    = Y, dígame, ¿lo volvería a hacer?

    = Lo haría mil veces, un millón de veces, porque hay que acabar con los impulsos negativos de los malvados, los que meten bombas en los hogares de los niños. Los salvajes que no han dejado de matar inocentes. A esos es necesario aplastarlos, destruirlos, porque continúan multiplicándose por todas partes. Hasta en tu país suceden esas cosas todos los días ¿No es cierto?

    = Absolutamente cierto, señor Guevara. En mi patria sufren veinte millones de individuos por hambre. Mujeres, niños, ancianos. Millones sin esperanzas, con una existencia infame a causa de las ambiciones de unos cuantos.

    =Bueno, pues vos ya me comprendés. Vamos por buen camino. Ahora sabés, por si quedaba alguna duda, por qué Ernesto Guevara no está en paz. No lo estará nunca mientras la injusticia sea la tónica de este planeta. Como decís, por unos cuantos que lo quieren todo para ellos, sin dejar que los otros vivan su propia existencia, con lo que es indispensable, sin molestar al prójimo, sin causar daño alguno a los demás. Vos sabés ché, hay demasiada gente que vive así, personas buenas, hasta que llega el otro y le dispara un tiro en la cabeza delante de su familia, de sus hijos, para dejarlo sin vida, a él y a los suyos. Son los indefensos de este mundo quienes mueren antes de tiempo. Que no les llegaba su hora todavía, pero se metió el demonio en su casa, para dejarles nada más que polvo en las manos, con las esperanzas destrozadas. Con la muerte más dolorosa y triste que pueda haber.

    = ¿Qué se puede hacer ahora que las cosas se han puesto peores de cómo usted las vio y las dejó?

    = Bueno, permite que te aclare una cosa; yo no he dejado lo que comencé hace mucho, mejor dicho, lo que otros comenzaron y yo solamente traté de continuar. Aquí sigo, luchando, no con el fusil que ya no puedo llevar más, sin embargo, lo hago con las armas que empuñan otros. Simplemente puse algunas ideas, unos cuantos ejemplos y mirá que dió buenos resultados pelear así, hacer combates estratégicos y eficaces. Vos me decís que se ha puesto más mala la película y yo no lo veo exactamente así. Es verdad que los malditos no acaban nunca de asesinar inocentes para robar lo poco que les queda, pero te diré algo: sus días están contados. No falta mucho para el exterminio completo de la plaga. Vamos a ver triunfar a la razón sobre la fuerza, ya existen señales inequívocas de ello y los imperios van a estar de rodillas, suplicando clemencia. Se les vendrá el mundo encima, literalmente, se acabarán entre ellos mismos. Te lo digo yo, el Ché. Por cierto en mi época más turbulenta no había muchos que me llamaran de esa manera, es otra de las cosas que me ha dado tanta curiosidad. No me cae mal que se dirijan a mi de esa forma después, lo amigos, vos sabés cómo son esas costumbres, le ponen un nombre a uno, por el modo de hablar, qué se yo. Son cuestiones muy particulares de los argentinos. ¿En México no se acostumbran estos apodos?

    = Allá muchos nos decimos compadres, aunque no lo seamos de verdad. También usamos otras expresiones como vale, valedor, compa. Todos en el buen sentido, de camaradas. Bueno, ¿En qué nos quedamos? Ha, sí, me decía usted…

    =Llamáme de tú, si no me hacés sentir mal.

    = Está bién Ché, quiero decir Ernesto…

    =Dime Ché Ernesto o Ché Guevara, como se acostumbra en los libros que cuentan estas historias nuestras, de los que intentamos hacer las revoluciones en los pueblos, hermanos de sangre, que estamos en América. Estas tierras que fueran de quienes los europeos despistados llamaron “indios”, sin saber qué clase de gente era, ni qué tierra pisaban. Ni siquiera imaginaron un poco las consecuencias de su presencia. Arrasaron con razas completas, fulminaron culturas que tenían más de tres mil años, quizá mucho más. Mataron a la mayoría con sus enfermedades, espadas y mosquetes. Al menos en tu país llegaron a sobrevivir algunos, sin embargo, en Argentina y en esta parte del sur, el exterminio fue sumario. No quedó casi nadie en millones de kilómetros cuadrados. Esa ha sido una de las atrocidades más cruentas de la historia de toda la humanidad. De ahí que los descendientes de esos asesinos se ensañaran, hasta la fecha, con los débiles. Por eso los combatimos más allá de la muerte, desde el infinito volvemos cada vez que es necesario, porque no es justo que sigan vivos siendo así.

    = Ché, me enorgullece y sorprende tu valor, aún después de haber pasado por lo que pasaste. Díme ¿Cuándo y de qué manera hemos de seguir, para que no quede en pie ninguna columna de esta especie de bárbaros, las hordas salvajes que presumen técnicas y adelantos cuando se comportan como fieras hambrientas? Hablan de progreso, democracia y quién sabe cuántas pavadas que ni siquiera entienden y mira, qué destructivos e infames son todavía. ¿Dices tú que ya no falta mucho para su derrota final?

    = Te lo aseguro que están viviendo las páginas finales de su historia de crueldad. Crearon sus propias calamidades y de eso morirán.

    = El pensamiento del Ché está más vivo que nunca, me han convencido tus palabras. No sabes cuánto agradezco que te hayas tomado la molestia de atender mi llamada para concretar esta entrevista. Me dejas con muchas esperanzas, un optimismo claro, sin duda inspirado en tu buen humor y talento. Espero tener oportunidad de volver a platicar contigo, siempre y cuando no interrumpa tanto quehacer que tienes todavía.

    = Volvé a llamarme cuando querás. Estuve muy bien platicando contigo, me recordás tantas cosas. Nadie me había puesto al día en cuanto a mi antiguo hogar y en verdad que te lo agradezco profundamente. Ahora me voy a cebar un mate y encender un puro, nada más por el gusto de haber tenido esta charla. Hasta luego, nos vemos pronto, espero, para cantar y celebrar la victoria.

    =Gracias, Ché

    =Gracias a vos, compañero.

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Eliades Acosta Matos

Eliades Acosta Matos

Filósofo y escritor cubano. Es el autor del libro “El Apocalipsis según San George”.

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