Por Eliades Acosta
Humberto Fontova es, sin dudas, un valiente. Cada cierto tiempo este abnegado escribano de la contra cubana, suele reafirmar su coraje personal. Para ello caza venados indefensos en los bosques de Misssouri y escribe libros biográficos para "destruir el mito" de Fidel Castro y el Che Guevara. Valor, evidentemente, le sobra sobre todo cuando las armas se disparan desde lejos. También arropamiento de los neoconservadores norteamericanos, que le han abierto las puertas de sus libelos más escandalosos, al estilo de Human Event y Front Page Magazine. Fontova, el paladín experto en biografías cubanas, solo escribe en inglés. Y puede que no sea muy digno verse publicado allí, pero deben pagar bien: es que, ¡están tan caros los cartuchos para los rifles!
Poco tiene ya para asombrarnos ese exilio versallesco cubano, más por el nombre del restaurant de Miami que por el fervor de aquellos monárquicos franceses, barridos por la Revolución y refugiados en aquella ciudad. Pero hay que reconocer que Fontova lo logra. Y es curioso: apenas se le menciona, ni se le publica en los sitios vocingleros de la contra nacional, muchos menos en los medianamente ilustrados. Y eso es un enigma, ¿acaso consideran que sus argumentos demasiado burdos, como ocurre con los animadores de Front Page Magazine, David Horowitz y Jamie Glazov, que se constriñen a los tabloides conservadores de la calumnia y el rumor, pero a los que por decencia no se les admite en los salones académicos o en las publicaciones acreditadas de la derecha?
Fontova tiene su propia página web, donde se presenta como "aclamado escritor y emigrado cubano". Vaya profesión. Una rápida ojeada en Amazon.com a los libros que le han ganado tal reconocimiento, nos sume en la perplejidad: un libelo contra el Che, otro contra Fidel, y dos sobre cacerías y deportes. En el rubro de los artículos, donde se muestra productivo, sus temas se reducen a despotricar contra el Che y Fidel, de vez en cuanto contra Chávez, y...pare de contar. Es como si el cazador solo supiese disparar contra el mismo venado, una y otra vez. Más enigmas.
A manera de botón de prueba, dejo a los lectores con algunas de las perlas con que el valiente Fontova describe al Che Guevara.
"Quiso destruir la ciudad de New York mediante un ataque de misiles atómicos...Promovió la quema de libros y firmó las órdenes de ejecución contra autores que discrepaban de sus criterios... Hacía declaraciones racistas contra negros e indios... Perseguía a los fanáticos del rock and roll por sus pelos largos... Y amaba las riquezas y el lujo..."
Para los cubanos, que por supuesto, no es el público que paga las cacerías del Sr Fontova, todo lo anterior moverá a risa. No juega la lista con el billete. Si por algo se caracterizó el Che fue por su irreverencia, por su barba y pelo largo bajo la boina, por su pasión por la polémica y su constante estímulo al pensamiento crítico anti-dogmático. Y por su vida espartana, rayando en lo ascético. Y qué decir de su supuesto racismo? Fue de tal magnitud que abandonó su cargo de Ministro y sus grados de Comandante, dejó a sus hijos pequeños y a un pueblo que lo adoraba, para irse a pelear al Congo, rodeado por los negros a quienes "despreciaba", y morir en Bolivia, por los indios a quienes "aborrecía".
Por estos días en que se conmemora el 49 aniversario de la victoria de Girón, la sombra de este avechucho planea sobre la efeméride. Townhall.com le abre un huequito editorial en su nómina de vociferantes contra Obama, al ladito de chancleteras rubias y trigueñas, pero lejos de Charles Krauthammer, que será neoconservador, pero es un intelectual digno y educado. Fontova dispara a mansalva de nuevo, esta vez mediante un artículo sobre Girón titulado "The Bay of Pigs:An Anniversary of Heroism and Shame". Otras perlas, como siempre, en inglés y para un público desinformado:
"Pelearon como tigres-escribió un oficial CIA ,sobre la brigada mercenaria 2506, armada y entrenada por los yanquis y desembarcada (¿o embarcada?) para tomar una cabeza de playa y pedir la invasión a la isla- Pero la lucha estaba condenada desde antes de que el primer hombre pisara la playa"
Fontova atribuye aquel destino a la vacilante actitud de un liberal como John F. Kennedy, y nos descubre que Ted Sorensen, uno de sus redactores de discursos, fue asesor de Obama, como intentando explicar la extraña repetición de una recurrente enfermedad degenerativa. Otro misterio: un exiliado "cubano", que solo escribe en Inglés para lectores norteamericanos, que intenta fabricar héroes "cubanos" de quienes atacaron su patria y derramaron sangre, entre ellos mujeres y niños inocentes, amparados por el poderío militar norteamericano y pagados con su dinero. Y vendernos como tigres de Bengala a quienes se rindieron y huyeron como ratas, o se hicieron pasar por cocineros, y terminaron siendo canjeados por compotas.
Según el Sr Fontova, en Girón, contra aquel puñado de idealistas y patriotas, combatió una abrumadora fuerza militar dirigida por oficiales soviéticos, "toda la fuerza aérea de Castro"(sic) y un escuadrón de tanques también tripulados por eslavos, no por mestizos cubanos. Y para lograr el efecto lacrimógeno deseado en los viejitos de Misssouri y las amas de, casa de Kansas, Humberto Fontova nos regala un final wagneriano, que parece salido de "Salven al soldado Ryan", de Spielberg: "¡No seremos evacuados!-gritó por la radio José San Román, jefe militar de la brigada-¡Vinimos aquí a pelear!"
Cuando Hernán Cortes desembarcó en las costas de lo que hoy es México, recibió el mejor regalo posible: la lealtad y el amor servil de una princesa local, bautizada por los conquistadores como Marina o La Malinche, que les sirvió de traductora, concejera y forjó para el invasor una alianza de pueblos enfrentados al poder azteca, que resultó decisiva para el éxito de sus planes. Fue la sumisión y la traición, más que los arcabuces y los caballos, lo que inclinó la balanza de aquella contienda. Desde entonces en aquel país, el término "malinchismo" ha quedado unido a la infamia de los canallas que sirven a quienes intentan sojuzgar a sus hermanos.
Aquí también tenemos de esa fauna, desde los feroces contra-guerrilleros al servicio del colonialismo español, hasta este patético Sr Fontova, el valiente, el milagroso...
Los cubanos, a la vista de semejante engendro, proponemos que pongamos PCM donde antes se escribía el nombre Fontova, el tránsfuga. Al menos la Malinche, se la jugó al lado de los españoles, en medio de las batallas; este Fontova dispara desde la impunidad y la lejanía, a la sombra segura de los fuertes y del dinero, sin arriesgar nada, sin despeinarse... PCM o Pocket Cuban Malinche .