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La Doctrina Hashtag

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El 24 de abril del presente año, a las 7.11 de la noche, el mundo asistió a un evento sin precedentes en la historia política de las últimas décadas: el lanzamiento, de manera casi subrepticia, de la Hashtag Doctrine, de la administración de Barack Obama.

Cada presidente de los Estados Unidos, con algo de autoestima, siempre ha intentado pasar la prueba de la posteridad acuñando una doctrina que lleve su nombre. Cuestión de marketing político: nada como una pequeña exposición, bien concreta y fácil de memorizar, de dos o tres posiciones de principios del gobierno de turno ante algún problema acuciante de la época. No importa la complejidad del asunto a encarar, basta formular un manojo de frases sentenciosas y de aparente sabiduría para pasar a la historia como el agudo y brillante promotor de una doctrina nueva y salvadora. El mundo, en consecuencia, no tiene más remedio que reverenciar la lucidez fulgurante de estas revelaciones, independientemente de si tales posiciones doctrinarias son inmorales, insostenibles o inoperantes.

En la historia del pensamiento y la práctica política, de las últimas décadas, figuran no menos de 15 doctrinas acuñadas y promovidas por presidentes norteamericanos o atribuidas a ellos, entre las que vale la pena recordar las doctrinas Monroe (1823, obra de John Quincy Adams); la del Gran Garrote (Theodore Roosevelt, 1901); la Doctrina Wilson (Woodrow Wilson, 1913); la del Buen Vecino (Franklin Delano Roosevelt, 1933); la Truman ( Harry Truman, 1947); la Eisenhower (Dwight Eisenhower, 1954); la Kennedy (John F. Kennedy, 1962); la Johnson (Lyndon B. Johnson, 1965); la Carter (Jimmy Carter, 1980); la Reagan (Ronald Reagan,1991); la Clinton (William Clinton, 1999) y la Bush (George W. Bush, 2002). Todas, de una u otra manera, siempre desde la defensa de los intereses estratégicos y geopolíticos de los Estados Unidos, han intentado probar el derecho de intervención que les asiste en los asuntos de otros Estados soberanos, para conjurar peligros tales como los poderes coloniales europeos, el ascenso del nazismo, el avance del comunismo, el triunfo de las revoluciones o la amenaza terrorista.

Todas estas doctrinas han estado “justificadas” por hechos reales y palpables de la política de la época en que fueron formuladas y preconizaban, en consecuencia, la aplicación de medidas y acciones igualmente pertenecientes al mundo real, en forma de ayuda militar a los aliados, fomento de guerrillas y movimientos subversivos anticomunistas, la contención, las guerras preventivas y las acciones encubiertas.

Pero he aquí que la administración Obama, en su estela de ejercer un poder suave e inteligente, o sea, hipócrita y veladamente militar, sin involucramiento directo de tropas norteamericanas, sin desgaste ante la opinión pública, sin ataúdes que regresen con los cadáveres de jóvenes norteamericanos muertos y sin los exhorbitantes gastos de las guerras infinitas de Iraq y Afganistán, acaba de formular, a través de Jen Psaki, vocera del Departamento de Estado, la primera doctrina virtual de la política norteamericana, la que no ha tardado en ser denominada (y ampliamente ridiculizada) como Doctrina Hashtag.

Todo comenzó cuando el pasado 24 de abril, en la cuenta oficial de Twitter del Departamento de Estado, Jen Psaki escribió:

“El mundo se levanta junto a # UnitedforUkraine. Hagamos que el Kremlin viva bajo el presagio (amenazador y justiciero) del hashtag”

Bastaron 89 caracteres, de los 140 permitidos para mensajes de Twitter, para que la administración Obama debutase en la historia política universal con una innovadora, ineficiente y ridícula doctrina, supuestamente destinada a golpear a Rusia por lo sucedido en Crimea y por su posición ante el gobierno ilegal de Ucrania, engendrado y apoyado, precisamente, por la OTAN y los Estados Unidos.

Los protagonistas de esta historia de vodevil son Jen Psaki y los hashtag.
Jen Psaki, de 35 años, es la vocera del Departamento de Estado, desde el 1 de febrero del 2013. Antes fue sustituta del Director de Comunicaciones de la Casa Blanca y de su Secretario de Prensa. Con ancestros griegos y polacos y un rostro que recuerda las comedias del cine mudo, ha sido protagonista de fuertes críticas al denunciar una supuesta manipulación rusa de la traducción de sus declaraciones y al negarse a responder, en rueda de prensa, sobre las llamadas “operaciones antiterroristas” del gobierno de facto de Ucrania, con el apoyo y participación directa de la CIA y militares norteamericanos.

Los hashtag, por su lado, son etiquetas o cadenas de caracteres, con una o varias palabras concatenadas y precedidas del signo #, para que puedan ser identificadas por el sistema y por los usuarios de las redes sociales, de manera inmediata. En Twitter, por ejemplo, un hashtag representa un mismo tema y permite posicionar una idea, una campaña, una denuncia o una promoción entre los usuarios del servicio. El uso masivo de un hashtag provoca la aparición de un trending topic, o tendencia. En otras palabras, se trata de un camino a recorrer para que una idea pueda ser masiva y fácilmente reconocida y en consecuencia, apoyada.

Lo que quiso demostrar con su mensaje la seráfica Jen Psaki es que los Estados Unidos mantiene suficiente liderazgo como para provocar y encabezar un repudio mundial a las posiciones rusas ante la crisis de Ucrania, que dicho sea de paso, no ha podido ser construido, a pesar del empeño y los masivos recursos empleados por el gobierno de los Estados Unidos y sus dóciles aliados.

Twitter no ha podido ser el sucedáneo ni el placebo del poder imperial fallido que la Sra Psaki intentó levantar, cuando envió su desangelado y casi kitsch mensaje. Lo que si ha logrado trascender y construir un consenso universal es que Estados Unidos, en este diferendo, en la figura de la administración Obama, ha sufrido un costoso revés, de incalculables consecuencias políticas.

La prensa neoconservadora norteamericana ha hecho su agosto humorístico con esta pifia. La lista de las caricaturas burlonas sobre la Doctrina Hashtag es infinita. La sensación imperante es que un Obama derrotado y revolcado por la firmeza de la postura rusa, que logró convertir un revés en victoria, sin disparar un tiro, intenta desfogarse, sacar pecho y ostentar unos músculos inexistentes y de forma tardía.

Parece que la historia reservará a este presidente norteamericano un sitial no tan amable, como se esperaba, cuando comenzó su mandato. De derrota en derrota, el imperio que encabeza, con la melancolía que provocan los tiempos adversos, es la triste sombra del sistema que, tras la Segunda Guerra Mundial, independientemente de los métodos aplicados, logró asegurarse una sobrevida injustificada, en su larga puja con la URSS. Hoy es, apenas, un muñecón de feria capaz del desatino de hiperbolizar el poder subversivo de las redes sociales.
Como si estas no fueran una carretera de doble vía.

Se han publicado 2 comentarios



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  • Erna dijo:

    en todo el mundo se ralentizase. No llegf3 al punto del aisbmo como ya comentamos hace meses con el Cybergedoona0(es el completo desmontaje de Internet, el mayor ataque a un estado-nacif3n, pero es poco probable

  • Michel dijo:

    Acerca del articulo sobre el presuntamente apocrifo discurso de Rafel Diaz Balart, en el anno 55, con motivo de la amnistia propuesta y luego sustanciada a favor de los moncadistas, y ya que ese escrito no admite comentarios…. opino lo siguiente: Le ha hecho Ud. un muy mal servicio al Sr. Fidel Castro, centrando su ataque contra la autenticidad del documento. Yo en su lugar lo hubiera dirigido contra la falacia misma de las acusaciones contra el Sr. Fidel, porque da a entender en su articulo que lo que merece cuestionamiento es la condicion profetica del discurso de marras, la parte adjetiva del asunto, dejando entrever que lo falsamente profetizado, no obstante es cierto. Diaz Balart es intrascendente para la Cuba de hoy. Sus hijos Republicanos cada dia tienen menos base en el electorado cubano,que ciertamente ha cambiado mucho.

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Eliades Acosta Matos

Eliades Acosta Matos

Filósofo y escritor cubano. Es el autor del libro “El Apocalipsis según San George”.

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