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Mentiras asesinas

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Víctimas en IraqDesde los tiempos de Felipe  González, no he conocido una actuación política más falsa, rastrera,  pusilánime y estúpida, que la que ha presidido el primer año del  mandatario Barak Obama, jaleado hasta decir basta por incautos de mente  corta y realismo nada mágico, desde Bruce Springsteen a Zapatero, pasando  por un enorme número de inocentes yanquis, educados en los cuentos de  gnomos y hadas, de Walt Disney o George W. Bush.

En 1983, aquel  sevillano había prometido a la población un trabajo digno, que pudiera  imaginarse a sí mismo como cualquier ciudadano europeo; contar con medios  de comunicación públicos e independientes; combatir por lo público antes  que por lo privado, o esgrimir aquel falso NO de entrada a la OTAN.  Al cabo de tres meses de mandato, una vez que se postrara  de hinojos ante el Borbón, todo lo anunciado se había convertido en una  monumental mentira. Pero el rostro del ex falangista y abogado laboralista  seguía luciendo su famosa y estúpida risotada, exacta a la que exhibió el  genocida José María  Aznar, mientras veía morir a miles de iraquíes,  aniquilados por las bombas y balas del ejército de mercenarios de los EEUU  de Norteamérica.

Tras conocerse las patrañas y falsedades que urdió  todo el gobierno presidido por Bush II, cuando no se hallaba ni rastro  alguno de las mil veces mentadas armas de destrucción masiva en poder de  Sadam Hussein; tras las falacias de Condolezza Rice, la humillante  descalificación del trabajo realizado por el jefe de los inspectores  de la ONU; después de los embustes de Colin Powell, Dick Cheney, Donald  Rumsfeld, Javier Solana y Tony Blair, no ha habido hasta ahora el menor  signo de arrepentimiento o excusa pública por los crímenes cometidos. Ni  una sola palabra excusándose por las víctimas que originó la ilegal  invasión, justificada en base a aquel colosal engaño.

Lo más  increíble, es que ninguna magistratura, y aún menos la Corte  Internacional de Justicia, principal órgano judicial de  las Naciones Unidas, haya osado siquiera iniciar un proceso en toda regla  contra los citados, y menos aún sentarles en el banquillo de los acusados,  para quienes una condena a muerte sería poco. Puedo imaginar, sin temor a  equivocarme, los gritos y llantos histéricos de Solana, Bush, Aznar o  Blair ante un patíbulo, en tanto la imagen de Sadam, yendo a la muerte  segura, desprendía una dignidad insólita y admirable, que los mentados  jamás sospecharon. Todos ellos no deberían pender de una soga, como la que  descoyuntó el cuello del mandatario, por culpa de los libelos e  invenciones de aquellos delincuentes, pero sería maravilloso verles el  resto de su vida en prisión, en una similar a la que sirvió de hogar hasta  su muerte al nazi Rudolf Hess. Mas ningún juez, repito, ni uno sólo, en  esta Europa que vocifera por los derechos humanos, se ha atrevido a  iniciar un auto de procesamiento por crímenes contra la Humanidad, para  juzgar a esa intocable banda de facinerosos, que animaron a las masacres  de la antigua  Yugoslavia o Irak. Ni Garzón, tan inútil como buen actor  persiguiendo a Pinochet o los crímenes de Franco, ni sus colegas Grande  Marlaska o Del Olmo, tienen arrestos suficientes, pero muchas disculpas,  para intentar que la justicia universal (eso que dicen defender)  prevalezca por encima de la mentira y el terrorismo de Estado.

¿Con  qué autoridad moral, con qué atribución, pueden los medios de comunicación  demandar un exquisito cumplimiento de los derechos humanos, a naciones que  sufren invasiones o bloqueos, agresiones y terrorismo, mientras silencian  las violaciones de esas mismas normas en los países que, para colmo,  pisotean y arruinan los de media humanidad? ¿Con qué código ético acusan a  China, Cuba, Corea del Norte, Bolivia, Ecuador o Venezuela, aquellos que  ordenan y consienten asesinatos en masa o el genocidio de inocentes, cuyos  gobiernos reniegan con toda lógica de esa maldita democracia que preside  el primer mundo, manchado de sangre hasta el cuello?

Tamaño  ejercicio de hipocresía, de descaro universal, que Obama y sus mamporreros  (desde Berlusconi, Sarkozy y Uribe, al golpista Micheletti) tratan de  vendernos, como si éste fuera una enseña de dignidad y justicia, cuando se  sabe que no es sino otro de los mayores y bestiales trucos, bajo el que  ocultan millones de muertos, eso sí, en nombre de la libertad. De la  libertad para invadir, de la libertad para robar, de la libertad para  saquear a las naciones débiles, de la libertad de los banqueros para  endeudar a la sociedad, de la libertad de los empresarios para dejar en la  calle a millones de obreros. La mentira se ha apoderado de todos los  parlamentos del neoliberalismo. Los medios de comunicación juegan entonces  a denunciar los supuestos abusos de gobiernos que no aceptan la receta  neoliberal, jugando a la honestidad inundando sus páginas con casos de  corrupción, con el único objetivo de hacernos creer que “todos los  políticos son iguales”.

Si la constitución de Venezuela permitiera  que Hugo  Chávez pudiera delinquir, sin posibilidad de ser juzgado,  como el Jefe del Estado español según la actual Carta Magna,  los truenos de El País se escucharían en Marte.

Si Evo Morales  invitara a su colega Lula, a pasar unos días en una de sus fincas,  ofreciéndole champagne francés y putas de lujo, como hizo Berlusconi con  su amigo checo, las voces de El Mundo clamarían hasta la afonía.

Si Rafael  Correa detentara la titularidad de varias cadenas de  televisión y algunos diarios, como el Cavaliere en Italia, los  gacetilleros de La Vanguardia se cebarían en el mandatario  ecuatoriano.

Si el nombre de Daniel Ortega hubiera ocupado  el número 12 en la lista de narcotraficantes más buscados por el gobierno  de los USA, como Álvaro Uribe lo es todavía en Colombia, las editoriales  del ABC contra el nicaragüense serían apocalípticas.

Si en Cuba se  ejecutara a más de 100 personas al año, en la silla eléctrica, cámara de  gas o por inyección letal, como acontece desde hace lustros en la tierra  de Barak Obama, los habituales juntaletras de El País (Muñoz Molina,  Fernando  González, Juan José Millas, Maruja Torres, Rosa Montero,  Javier Pradera, Javier Marías, etc.) golpearían los teclados de sus  ordenadores hasta romperlos.

Si en un diario boliviano se expulsara  a un periodista, como se hace habitualmente en España, las páginas del  Correo Español encabezarían una protesta mundial.

Esta democracia,  que arruina a sus trabajadores, que les manda a la cola del INEM, que  cercena su ilusión, que castra sus horizontes, que vacía sus bolsillos,  nos ha robado también la verdad, la justicia, la libertad, y aún alza la  voz, clamando por los derechos humanos, mientras permite que ayer domingo  se celebraran unas falsas elecciones en Honduras, tras la ceremonia de la  confusión oficiada por ese personaje llamado Óscar Arias, encaramado en la  cumbre de la doblez y el disimulo, porque sabía (como Bush y Blair  conocían de antemano la inexistencia del armamento iraquí), que Obama  jamás presionaría para que Zelaya volviera a su puesto. Si Don Manuel  hubiera hecho lo propio con Micheletti, a estas alturas la cabeza del  golpista pendería de una horca. Los golpes de estado se toleran, si la  asonada la protagoniza un reconocido fascista, pero nunca se consentiría  que un revolucionario derribara un sistema democrático, expulsando del  cargo presidencial a un político totalitario. El presidente de los USA  practica ese mandamiento.

Arias, Obama, Micheletti, Berlusconi,  Uribe, son inútiles hasta para mentir. Ponen cara de seriedad y reflexión,  pero saben que nadie les cree, ya que tienen la certeza de que el mundo de  la comunicación acepta la farsa como verdad incontestable. Presuntos  demócratas como el multimillonario mexicano Carlos Slim, el australiano  Robert Murdoch o el ibérico Juan Luis Cebrián, capitanes de la  manipulación y el monopolio mediático, que detentan la titularidad de  miles de empresas de comunicación, desde las que tan sólo se defiende una  verdad, tan cierta como la inmortalidad del ser humano, blasonan de  haberse colocado del lado de la justicia y las Constituciones, cuando  hasta los ciegos, sordos y mudos saben que el sistema que les sostiene  está podrido, por el continuado abuso de las mentiras más  brutales.

Barak Obama defiende su pretendida democracia de rebajas  como gato panza arriba, babeando en China para evitar el colapso del  dólar, y pronto, antes de lo que muchos imaginan, permitirá que otro SIDA,  otra gripe porcina, otra pandemia global, enriquezca a su industria  farmacéutica, cuyos beneficios irán a parar a las cuentas corrientes de  los colegas que se hallan al frente de las fábricas de armas, de las  factorías de la muerte, para seguir provocando males, asesinando, y  continuar creando enfermedades casi incurables, y vendernos su bondad en  una cajita de Tamiflú, con un costo de sólo 200 dólares, sabedores de que  existen ministras de sanidad, también falaces, paladines de la libertad de  actuación de la Trilateral, para que los gobiernos amigos adquieran  cuarenta millones de esas y otras dudosas vacunas, cuyo beneficio  económico se repartirán más tarde entre fabricantes y compradores. Y si  alguna voz denunciara la añagaza, ya fuere monja, periodista o alcalde, la  maquinaria de la mentira se pondrá de nuevo en marcha, sembrando denuncias  y acusaciones contra quienes no soportan más cuentos.

Los  artefactos para la salud y la muerte, en las mismas manos. Los jueces y  fiscales, en una misma persona. La democracia y la dictadura, gobernando  desde el mismo parlamento. Como híbridos de Tanatos y Esculapio, nos matan  con sus armas, nos enferman con sus bacterias, nos venden los ataúdes y  los medicamentos. Y cuando las cuentas de los poderosos se escriban en  números rojos, habremos de entregarles más dinero, para que poco después  vuelvan a dejarnos con el bolsillo tan vacío como el cerebro de un  Borbón.

Luego se quejan de que existan personas que, apostando por  la lucha armada, deciden arriesgar hasta la vida en nombre de la rabia y  la impotencia, hartos de ese infame espectáculo democrático del que la  televisión obtiene un enorme rédito, porque aunque estemos echando el  hígado por la boca, nos quedará el consuelo de poder reírnos con los  patéticos chistes de cientos de astutos profesionales de la estupidez.

Se han publicado 7 comentarios



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  • raymond dijo:

    esta es la miseria moral, que se le esta inculcando a nuestros hijos, aqui en el pais de alicia, no existe dignidad, en ninguna institucion,en ningun medio, esto es pura basura, gracias cubadebate por ser la voz de los callados, gracias a ti carlos tena por este articulo tan brillante, claro, y lleno de verdad, lo difundiremos aqui con amigos y conocidos y por fabor sigue escribiendo

  • Olimpio Rodriguez Santos dijo:

    EXCELENTE ARTICULO

  • nacho dijo:

    Estoy completamente de acuerdo con todo lo que dice el compañero Carlos Tena en su articulo “Mentiras asesinas” y pensar que todo esto y más, está pasando desde hace tanto,tanto tiempo y no hay manera de cambiarlo en practicamente todo el mundo exceptuando claro está,el extraordinario ejemplo de la Revolución cubana desde 1.959, gracias a la cual están germinando en todo el planeta movimientos de liberación de los pueblos como: Venezuela,Bolivia,Nicaragua,Ecuador y en menor medida Brasil,Argentina,Paraguay e Uruguay,solo por citar los paises latinoamericanos.
    Que la hipocresía,la mentira y el terrorismo mediatico no pueda hacernos dudar nunca.
    ¡Hasta la victoria siempre¡

  • Mirta González dijo:

    Montevideo, 4 de diciembre de 2009

    Un saludo fraterno y mis mayores felicitaciones para el artículo, brillante. ¿Cómo explicar la sensación de satisfacción al terminar de leerlo? Tal vez como cuando se tiene mucho apetito y se come abundante y rico. Esa misma sensación de haberse saciado, sólo que en este caso la saciedad es del espíritu, la razón y el corazón.
    Gracias.

  • Orlyn Alvarado dijo:

    Si quieres leer “artículos sin contaminación”, solo los encuentras aquí. Desde Ecuador Gracias!!.
    Es mio, Me lo tengo.

  • Orlyn Alvarado dijo:

    “Artículos sin contaminación”, solo los encuentras aquí.

    Es mio, Me lo tengo.

  • QuillamAma dijo:

    Gracias x toda la ensenanza , x hacernos
    concientes de la Verdad.
    Hasta la Victoria siempre.

Se han publicado 7 comentarios



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Carlos Tena

Carlos Tena

Es periodista y crítico musical español, radicado en Cuba.

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