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Cuba es única

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Dicen que los cubanos tenemos cultura para enfrentar a los huracanes, o sea, que poseemos el conjunto de conocimientos requeridos para evitar, en la mayor medida posible, las afectaciones. Y tienen razón quienes así se expresan. Pero hay mucho más en ese razonamiento.

Cuba abraza el principio, por la concepción humanista de su programa político, de que ningún ciudadano, en cualquier circunstancia, debe quedar desamparado, máxime cuando se acerca un evento tan devastador como un huracán El paso de Gustav acaba de demostrarlo una vez más.

Y no escribo estas líneas desde una atalaya donde miré y observo aún lo que ocurre en derredor como un simple espectador en una sala de cine. Los muchos años en el quehacer periodístico me han permitido estar muy cerca de las acciones en no pocos meteoros cargados de destrucción.

Al menos en el área latinoamericana y caribeña no hay país que cuente con un nivel de preparación ni siquiera cercano al que tiene en sus programas a todos los niveles y ejecuta con mucha profesionalidad la Defensa Civil cubana. Primero que todo, el seguimiento minuto a minuto por los meteorológos, seguido de la información rápida y oportuna por los medios de comunicación, y conjuntamente, la aplicación de las acciones previstas en los programas y algunas que determinada situación particular imponda, con una premisa insoslayable: preservar, ante todo, la vida de los seres humanos.

Es inevitable que un huracán de las proporciones de Gustav no deje una enorme estela de desgracias a su paso: casas destruidas, cultivos arrasados, ríos crecidos, inundaciones, productos mojados…, pero lo que les resulta casi imposible a los ciclones que pasan por el archipiélago cubano es arrancar una vida, y nada es más valioso que eso.

Conocí de primera mano a Centroamérica poco después del desastre que causó el Mitch. Allí fui junto con los colaboradores cubanos de la salud. Pude ver a miles de personas viviendo a la intemperie, llorando a sus familiares desaparecidos en el mismo sitio donde el viento les arrancó la humilde vivienda, sin que nadie se les hubiese acercado, al menos, con unas palabras de aliento y con la imprescindible advertencia previa. Me contaron que en la selvática Mosquita nunca llegó la advertencia y los pobladores, principalmente indios misquitos, fueron sorprendidos. Las consecuencias resultaron abismales.

Entonces, lo afirmo con convencimiento y sin un ápice de chovinismo, Cuba, en ese sentido, no se parece a nadie, o mejor dicho, nadie se parece a Cuba. Nuestra nación es única. Sobran los ejemplos.

Cuando el Gustav estaba cerca del litoral sur de Pinar del Río, una emisora nacional informaba que desde Holguín ya había salido una brigada de trabajadores de la electricidad para contribuir a restaurar los daños que causarían los fuertes vientos y las intensas lluvias. Atrás quedaba, como otras veces, el hogar y el calor de la familia. Cuando la solidaridad llama, los pies marchan al frente sin dilación.

Al saberse que la zona occidental del país era azotada de manera intensa, autoridades del territorio cienfueguero afirmaron que la voluntad primera era contribuir a la recuperación de los daños en esos territorios, con las fuerzas laborales que hicieran falta.

En una provincia pequeña como la cienfueguera, fueron evacuados a lugares seguros cerca de 4 mil personas, la mayoría a la casa de vecinos y familiares, donde en los momentos de infortunio se comparte con gusto el pan y el café. En ese territorio, permanecieron activados 102 centros para albergar a personas en sitios con la mayor seguridad. En ellos no faltaba nada. Había atención médica; alimentos; incluyendo la leche de los niños; agua potable, camas, televisores…, y un personal voluntario con el interés de atenderlos como se merecen. Y así ocurrió a lo largo y ancho del país en la materialización de esa suerte de solidaridad profunda que nos caracteriza ante acontecimientos tales.

Por todo eso y por muchos otros aspectos, en el mundo globalizado y "patas arriba" de hoy se asombran de los partes que resumen lo ocurrido al paso de un huracán por Cuba, muy diferente a los de otros sitios, lamentablemente.

Es que, como dice un amigo de la zona oriental, "Cuba es Cuba, compay…, y es única en el universo".

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Ramón Barreras Ferrán

Ramón Barreras Ferrán

Periodista cubano, colaborador de Cubadebate.

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