Imprimir
Inicio » Opinión  »

Fracaso de un tipo de poder mediático

| +

  Ernesto Vera, destacado periodista cubano. Fue Presidente de la UPEC y Vicepresidente de la FIP  

Nunca un gobierno ha sido tan asediado por los medios de prensa y que, al defenderse, le hayan imputado los peores calificativos. Jamás se ha llegado a realizar de manera tan grosera una campaña orientada al descrédito de alguien que ostenta la condición de Presidente legítimo de un país.

 Lo sucedido en Venezuela representa el ejemplo más claro del fenómeno actual del llamado poder mediático, calificado por algunos como superior al político. No obstante, el resultado adverso debe ser objeto de análisis profundo para conocer mejor hasta dónde es cierta esa afirmación, ya que la realidad se le opone absolutamente.

 La primera gran pregunta que nos hacemos es: ¿si el poder de los medios de prensa es superior al poder político y en el caso de Venezuela contaba también con el poder económico y la traición de algunos jefes militares y dirigentes sindicales, dónde radica la razón del fracaso?

 Asimismo, lo comprobado y demostrado indican que no hay poder mayor que el político cuando éste es expresión del sentir de un pueblo en Revolución. Es decir, la diferencia cualitativa entre cualquier forma de poder y la otra, la verdadera, la que llega a los huesos de las grandes mayorías populares, ha sido la determinante para que ese plan elaborado y ejecutado bajo la tutela imperial se haya derrumbado al nacer.

 De otra manera, histórica, ya se habían manifestado esos fracasos en Cuba durante más de cuatro décadas. Aquí también fue derrotado el poder mediático y económico en los dos primeros años, cuando los principales representantes de esos poderes, bajo la dirección del gobierno de Estados Unidos se estrellaron contra el poder político de la Revolución triunfante. Basta recordar algunos hechos y momentos como la batalla de la prensa con la coletilla, Girón, la crisis de los misiles, los sucesos en la Embajada de Perú, los balseros, la acción traidora de los llamados disidentes, las radios contrarrevolucionarias, la supuesta violación de los derechos humanos. Pero aun antes del triunfo hubo que enfrentarse y vencer la mentira de la muerte de Fidel. En todos ellos ha estado presente la jefatura legítima de un pueblo en Revolución. El prestigio creciente del pueblo revolucionario cubano y de Fidel, es la respuesta contundente al objetivo de satanizarlos mediante las más diversas campañas del poder mediático y económico imperiales.

 La segunda gran pregunta sería: ¿algún otro gobierno de país latinoamericano habría podido sobrevivir a los golpes de Estado como los que han fracasado en la patria de Bolívar?

 Es evidente que no. Sencillamente porque no saldrían a las calles centenares de miles de personas en su defensa y dispuestas a sacrificarlo todo, hasta sus propias vidas.
  La tercera gran pregunta es: ¿pueden los medios alternativos enfrentar y vencer a la desinformación de las transnacionales y los órganos reaccionarios locales?

 Sí, hubo y hay numerosos ejemplos de todo tipo.

 La prueba del papel jugado por el periodismo cubano, como medio alternativo gigantesco que irradiaba en forma creciente la verdad de los hechos, no pudo ser resistido ni por los monopolios internacionales de prensa dominante. La mentira de la supuesta renuncia del presidente Hugo Chávez y el silencio sobre la recaptura por el pueblo del Palacio de Miraflores se mantuvieron durante varias horas. Pero la presión de la realidad, sobre todo de las informaciones difundidas desde La Habana, los obligaron a ceder. Hoy es más potente esa vía.

 Cuando un pueblo sale a las calles, sea en marchas del pueblo combatiente o para exigir la entrega de un Presidente secuestrado, ni con las armas nucleares se puede impedir el triunfo. En ambos casos se trata del poder político revolucionario, cuya forma máxima de probarse es precisamente la concreción auténtica, verdadera, de esos hechos.

  Hay numerosas teorías de la comunicación, algunas con pretensiones de ser científicas, pero ninguna podrá acertar al desconocer la cualidad irreversible del poder revolucionario verdadero. Nunca el mensaje que niega la identificación con la inteligencia humana y la realidad social de las grandes mayorías, podrá lograr la verdadera comunicación con los pueblos. Y sin esa comunicación sólo quedará la propaganda y difusión engañosas que no forman conciencia colectiva convencida y dispuesta a luchar hasta el triunfo.

 Parece que los inventores del poder mediático, de su creciente dominación, se obnubilaron con las modernas tecnologías y olvidaron a los pueblos.

 El poder mediático verdadero es el revolucionario, porque reside en el derecho del pueblo a la información veraz y a los medios que son leales a ese principio, que defienden la libertad legítima, la que honra a la humanidad, como quería El Libertador.

 En Venezuela se han cumplido  esos principios en cada crisis, aunque no haya existido la ley de responsabilidad social en la radio y televisión ni se ocupara las instalaciones de los medios difamadores. La primera gran derrota del terrorismo mediático en Venezuela es la pérdida de prestigio y la consecuente elevación de la capacidad crítica del pueblo.

Haga un comentario



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Ernesto Vera

Ernesto Vera

Periodista cubano. Presidente de honor de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).