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Doble terrorismo imperial: de Estado y mediático

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Por Ernesto Vera

terrorismo mediático

“En la medida del crecimiento del terrorismo mediático, vivimos la paradoja de una actualidad en que casi todos los procesos electorales de los últimos años han sido victorias de los candidatos progresistas, de izquierda y revolucionarios”

 …y no hay libertad legítima, sino cuando ésta se dirige
a honrara la humanidad y perfeccionar su suerte.
Simón Bolívar

 No hay monarca como un periodista honrado.
José Martí

Sabemos que vivimos en un mundo patas arriba —como lo calificó Eduardo Galeano— porque es tan antidemocrático como el Consejo de Seguridad de la ONU; tan dominante como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; tan excluyente y genocida como la globalización neoliberal y el bloqueo de medio siglo contra Cuba, al que hay que incluirle quince años de prisión a los Cinco Héroes cubanos contra el terrorismo; tan alejado de la ética como para presentarnos un mundo de ficción como la realidad; tan distante de sus bases doctrinales como la negación del desarrollo social de la sociedad capitalista por el dinerismo imperante; tan criminal como las agresiones terroristas de Estados Unidos; tan mentiroso como los medios transnacionales y sus obedientes sucursales locales.

Es por ello que todo análisis ético debe darse sobre la base de la necesidad del combate contra la industria del engaño, presidida por la mentira que más trata de ser convertida en verdad: la llamada libertad de prensa dominante. Si la justicia es sinónimo de ética, hagamos un análisis de cómo surgen, se desarrollan y existen los mecanismos de desinformación que pretenden arrancar el alma latinoamericana. Porque no se trata, en lo esencial, que el enfrentamiento ideológico sea realizado con la decencia de no deformar y ocultar los hechos, de no difamar y mentir al exponer su política nefasta imperialista sin añadirle lo que es conocido como el terrorismo mediático, que es equivalente a la acción de los criminales de guerra en los conflictos bélicos nacionales e internacionales.

Es decir, hoy tenemos frente a los intereses de los pueblos y a toda causa justa a los criminales de la guerra militar y mediática. No hay otro término más apropiado. Como nunca, debemos actuar sobre las bases de la capacidad de engaño de los medios poderosos, de los dueños de las riquezas, aunque sepamos que no serán éstos los que determinen el curso de la historia.

Siempre debe estar muy presente que la mentira está organizada porque hay una estrategia imperialista y la verdad es dispersa porque carece de una estrategia común antiimperialista. Es más, el llamado nuevo periodismo sólo puede existir con esa cualidad y todo lo que carezca de ella es una forma más de entretener a los periodistas con algo que es una nueva burla en sus propias filas.

Lo primero de todo es tener bien claro que no existe otro argumento más válido para proclamar la verdadera libertad de prensa que reconocer, respetar y responder ante el derecho colectivo, de la sociedad, del pueblo, a recibir una información veraz. Todo lo que se aparte de ello no es más que palabrería con la libertad reiterada que parte de la falsedad de concebirla como propiedad de los medios por encima de la sociedad. ¿Dónde puede haber libertad de prensa ajena a la condición de país independiente y sin que haya Constitución que la proclame como un derecho legítimo de la sociedad? ¿Acaso esa independencia y Carta Magna se compraron con dinero y no con el heroísmo y la sangre del pueblo? ¿Es que el dinero con que el empresario compra los medios lo exime del derecho de la sociedad a ese principio y de ese modo puede privatizar lo que no está ni puede estar en venta? ¿Es que se pueden promover y organizar golpes de Estado contra gobiernos democráticos sin otro riesgo que el del derecho sólo individual de no adquirir la publicación y no ver o escuchar espacios en la radio y en la televisión? De ser así, todo quedaría reducido a la “ética” de la impunidad, como una religión de nuevo tipo con iglesias en lugar de medios. Y lo trágico es que hoy es así, y de esa forma lo proclama y respalda la Sociedad Interamericana de Prensa, desde que hace sesenta y tres años secuestraron esa libertad, mediante una maniobra de la CIA y el Departamento de Estado en el golpe organizado y dado en New York, donde la perversidad imperialista pasó de tener un voto a contar con 424, mediante la reforma estatutaria, después de impedir la asistencia de los pocos miembros progresistas que la integraban desde 1943, cuando fue fundada en La Habana.

El concepto de prensa como empresa privada que está en el origen y la actualidad de la SIP es la negación del periodismo y la digna y ética función de los periodistas que son fieles en la defensa de la responsabilidad social, de los intereses populares, razón principal de una profesión, que además tratan de negar como tal mediante las más diversas formas. Esto último es así porque a los grandes propietarios les resulta incómodo estar obligados a contratar a periodistas con ética profesional. “Nada de compartir la libertad de prensa” es la máxima que pretenden tener sus dueños absolutos.

En la medida del crecimiento del terrorismo mediático, vivimos la paradoja de una actualidad en que casi todos los procesos electorales de los últimos años han sido victorias de los candidatos progresistas, de izquierda y revolucionarios. Todo indica que el deterioro de las condiciones de vida de las masas en los pueblos latinoamericanos y la creciente influencia de los medios alternativos han sido factores en la elevación de la conciencia crítica de gran parte de los electores, y de esa forma se han reducido las posibilidades tradicionales de engaño de los medios imperialistas y dominantes. Al respecto debe tenerse presente que la realidad social cada vez más injusta y la necesidad de enfrentarla se une al carácter alterativo de los medios alternativos, ya que no pueden tener otra condición que la de contribuir a los cambios positivos en la sociedad, independientemente del alcance, de los recursos y de la tecnología. Si alterativo es la función de una pequeña emisora comunitaria también lo fue ¡Aló, Presidente! y es Telesur. A ellos los identifica la lucha contra la corriente imperialista y reaccionaria de los grandes —casi siempre lo son— y pequeños que tengan similar contenido, además de la falta de ética que los caracteriza en nuestro tiempo.

Hoy se puede comprobar mejor cómo hay una voz de ordeno y mando, que existe toda una organización de la mentira al observar no sólo la oposición de terrorismo mediático a los candidatos que promueven cambios a favor de los pueblos, sino también después, cuando realizan abierta hostilidad mediante métodos desestabilizadores contra esos gobiernos. La orden que tienen del imperialismo y de su instrumento llamado SIP es no abandonar sus empresas y el país donde operan para así tratar de causar más daño a esos procesos. Si lo comprobamos cada día, en todos los países con gobiernos populares, sin la menor excepción, también debemos saber que en Cuba fue distinta la decisión de los grandes propietarios, que cumplieron la orden de la SIP cuando abandonaron sus medios y el país para organizar campañas propagandísticas regionales contra la Revolución, declarando a esos magnates héroes de la libertad de prensa y, desde Miami, los llevaban por los países latinoamericanos, después de ser condecorados como grandes campeones. Y lo que ocurrió fue que durante un corto tiempo les funcionó el plan hasta que ya no tenían qué decir, mientras las rotativas abandonadas se dedicaban a ampliar la Imprenta Nacional con una edición gigantesca de Don Quijote de la Mancha y dirigida por el eminente escritor cubano Alejo Carpentier.

En los primeros dos años del triunfo revolucionario se generalizó una batalla entre los medios revolucionarios que surgían y los grandes medios convencionales. En esas condiciones ocurrió el hecho histórico de que los periodistas integrantes de las redacciones de los órganos opuestos a la Revolución no compartieron las informaciones difamatorias y expresaban mediante una breve nota al final de ellas donde se agregaba la opinión de los periodistas, precisamente, en nombre de la libertad de prensa. Esas líneas fueron conocidas como “la coletilla”, aunque sólo se incluían en los textos mentirosos y nunca fue utilizada ante alguna opinión que manifestaran el propietario o los que ostentaban cargos de dirección en esos órganos. Aún así, la SIP y los empresarios consideraron que aquel movimiento representaba un ataque a la libertad de prensa, lo que sirvió de excusa para el éxodo de los magnates. Tuvo gran trascendencia el hecho de que la inmensa mayoría de los profesionales de la prensa, integrantes de esas redacciones opositoras, se sumó al proceso revolucionario y adquirió gran peso en la creación y desarrollo de la prensa revolucionaria durante los primeros lustros, además de que también trasladaban sus conocimientos técnicos a los jóvenes que comenzaban a formarse como periodistas. Esa experiencia, en cada etapa de su desarrollo, fue la muestra elocuente de cómo la única profesión a la que le está prohibido realizar sus funciones con los principios éticos derivados de la gran responsabilidad social de su ejercicio, lo que se evidencia más con alrededor de mil colegas asesinados en muchos países latinoamericanos en los últimos treinta años.

Aunque no puede negarse que hay quienes ejercen la función periodística y piensan de manera más reaccionaria y terrorista que sus empleadores, mayoritariamente han demostrado fidelidad a las causas populares y se han mantenido firmes ante las diversas formas de corrupción que se manifiestan en el sector, sobre todo, la compra de conciencias, aunque para ello deban actuar aceptando la autocensura de la supervivencia y, en ese marco, difícil y amargo, tratar de realizar algunas acciones en favor de lo justo y ético que exige la verdad.

El terrorismo mediático ha llegado a un grado de violación de los valores inherentes a la noble labor periodística que ya hoy no es imprescindible siquiera el debate sobre el antagonismo ideológico. Bastaría con exigir que se cumplan los diez Principios internacionales de la ética periodística, aprobados en el marco de la Unesco en 1983, para demostrar que los medios terroristas los incumplen en su totalidad, cada uno, cada día, de manera insultante, sobre todo, el primero de ellos, titulado “El derecho del pueblo a una información verídica”. Bastaría con crear comisiones de seguimiento para velar por su cumplimiento y así demostrar el mentir permanente de quienes dicen defender libertades. Y no se trata de que esas comisiones sean creadas por los gobiernos, sino sólo por las organizaciones de masas, sociales y profesionales.

Ellas no tendrían otra función que la denuncia sobre cada caso, en nombre de la sociedad, aunque también sería muy útil una Comisión Internacional integrada por expertos designados por la Unesco. De esa forma ganaría vitalidad lo esencial de tantos años de combate con motivo de la lucha del movimiento por el Nuevo Orden Mundiall de la Información y la Comunicación (NOMIC) cuyos acuerdos se hayan engavetados durante los últimos veinte y cinco  años a pesar de que tienen más vigencia en la actualidad.

Es conocido que se puede medir la autenticidad de un proceso revolucionario por la capacidad de defensa que demuestre de manera integral. Al respecto, el compañero Fidel Castro declaró, en 1980, lo siguiente:

“Si no se está dispuesto a desafiar los riesgos de cualquier tipo, los riesgos de agresión militar como los riesgos de su propaganda, no se puede dar respuesta adecuada al enemigo; intimidarse frente a la propaganda es como intimidarse frente a los fusiles del enemigo. No hay que tener miedo a nada; eso lo hemos aprendido perfectamente durante veintiún años”.

Así se desarrolla el combate cotidiano de la Revolución Bolivariana, en desafío permanente ante cualquier agresión. No se trata sólo de tener la voluntad de realizarlo, también es imprescindible hacerlo con la capacidad y firmeza demostradas.

Este momento debe convertirse para los periodistas en el comienzo de una etapa que se caracterice en pasar a la ofensiva en la esfera de la información y la comunicación, demostrando la carga terrorista y criminal contenida en una libertad de prensa al servicio del imperialismo y, por tanto, representada por la SIP, su secuestradora histórica y cotidiana, lo que significa una ofensa a lo que José Martí consideró la más humana y hermosa forma de patriotismo, al afirmar que “Patria es Humanidad”.

Hace treinta y siete años, al fundarse la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), se cumplía con el llamamiento del Acta de Montevideo de 1951 redactada por los periodistas excluidos de la SIP en la Conferencia de New York en 1950, donde se denunciaba el carácter empresarial de esa maniobra que estaba orientada a privatizar y secuestrar el concepto de libertad de prensa, hecho al margen de los periodistas y contra su voluntad. Durante más de medio siglo se ha comprobado la razón de aquel pronunciamiento debido a que nunca la SIP les ha preguntado su opinión a los periodistas que integran las redacciones de los grandes empresarios para hacer sus declaraciones en nombre de esos órganos.

Es decir, primero fueron excluidos y después han sido ignorados, aunque en la práctica pretendan hablar en nombre de ellos. Es así como en la práctica las empresas comerciales al servicio del imperialismo se arrogan la función de ser representantes de los profesionales de la prensa, sin otro mandato que el de imponer sus intereses hegemónicos contra los pueblos y los periodistas dignos.

La razón fundamental de aquella convocatoria, hecha hace sesenta y dos años, precisaba muy bien el reclamo impregnado de lo mejor del sentir latinoamericano al decir:

El papel que la prensa había cumplido junto a Martí, Bolívar, Mariátegui, el cura Hidalgo o Flores Magón, con la SIP se había modificado. El periodismo que había nacido con la libertad se había convertido en un negocio, la noticia en una mercancía y el periodista en un asalariado. La prensa estaba de espaldas a los pueblos.

Así recordaba parte del pronunciamiento años después Genaro Carnero Checa, primer secretario general de la FELAP, firmante del Acta de Montevideo, y uno a los que le fue negada la visa para asistir a la conferencia del secuestro, al expresar: “Esa situación, que aún persiste, era la que había que cambiar”. Entonces no se pudo. Pero aquí estamos los seguidores de ese llamamiento de nuestros colegas, en el más alentador de los momentos, para contribuir a hacer el proceso de unidad de la Patria Grande Latinoamericana, conscientes de que la sociedad de la información verdadera sólo es posible mediante la integración de nuestras naciones y pueblos. La Alba y la FELAP tienen el mismo origen y similar objetivo. Uno de los principios fundadores de la organización regional de los periodistas lo expresa así: “La libertad de prensa la concibe como el derecho de nuestros pueblos a ser oportuna y verazmente informados y a expresar sus opiniones sin otras restricciones que las impuestas por los mismos intereses de los pueblos”. Periodismo libre en patrias libres, ideal máximo de la FELAP, nos mantiene unidos para continuar el combate, seguros de la victoria. Siempre teniendo presente a la Upec, inspiradora principal de esta batalla histórica.

(Tomado de Cubaperiodistas)

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  • Arquero dijo:

    No por gusto los medios de información se constituyen en el 5to, poder de cualquier estado, maximizado por el imperialismo para el logro de sus ambiciones expansionista, satanizado al servicio de intereses espúrios, es necesario un periodismo responsable, ético, consecuente, objetivo y realista.
    Decir la verdad cuesta, no solo por el silencio obligado a que están sometidos muchos profesionales de la información, sino por el peligro propio a que someten sus vidas a diario.
    Otro grupo, lo integran quienes llamados más por el dinero y la fama sirven como esclavos a sucios intereses y empañan el honor de tan digna profesión.

    A los periodistas y profesionales de la información dignos un abrazo.
    El Arquero

  • francisco catalan dijo:

    AMIGO VERA: Basta ya de lamentarse, Este es el segundo comentario que os dejo y por lo que veo os da miedo de ponerlo, o sino de lo que digo, Vosotros estáis muy cómodos sentados en los sillones y como dijo el “CHE” la revolución pude esperar. Yo espero que este comentario me lo dejéis de lo contrario os borrar de mi lista para los restos, y mis comentarios serán de lo mas duro que os podáis imaginar. Por otro lado, os digo que basta de lamentos, los YANKIS son vuestros y los enemigos de la clase trabajadora y diría mas asta parte de sus obreros son también enemigos de el sistema socialista y la culpa no es de los YANKIS sino vuestra que vais pregonando una cosa y hacéis lo contrario, hacéis como los curas, y no os dais cuenta de que estáis poniendo asta vosotros en peligro de muerte, y desencantando a miles de trabajadores que os dan el apoyo y que lucharían a muerte por vuestra causa. y no escribo mas esperando que este no lo quitéis.

    Mitrione consideraba el interrogatorio un arte complejo. Primero debía ejecutarse el período de ablandamiento, con los golpes y vejámenes usuales. Nada de preguntas, sólo golpes e insultos. Después golpes en silencio exclusivamente. Sólo después de esto el interrogatorio. Aquí no debía producirse otro dolor que el causado por el instrumento que se utilizara. (…) Durante la sesión debía evitarse que el sujeto perdiera toda esperanza de vida, pues ello podría llevarlo al empecinamiento. Luego me expresaba como al recibirse un sujeto, lo primero que se hacía era determinar su estado físico, su grado de resistencia mediante un exhaustivo examen médico, porque una muerte prematura significaba el fracaso del técnico. “Siempre hay que dejarles una esperanza, una remota luz” –decía– (…) “Esta es una guerra a muerte. Esa gente es mi enemiga. Este es un trabajo duro, alguien tiene que hacerlo, es necesario. Ya que me tocó a mí, voy a hacerlo a la perfección. Si fuera boxeador, trataría de ser campeón del mundo, pero no lo soy. No obstante en esta profesión, mi profesión, soy el mejor”.

  • francisco Catalan dijo:

    La soberanía nacional está secuestrada por los grandes poderes económicos y financieros, nacionales y transnacionales y el pacto social establecido con la Constitución de 1978 ha perdido toda su validez. La clave de bóveda del Régimen de la Transición es la Monarquía, que se ha blindado a través de su conexión constitucional y de fidelidad con las FAS.

    Los grandes medios de comunicación privados y públicos han venido suministrando una información parcial y favorable a los intereses de los poderes reales: los grandes grupos económicos y financieros y los partidos políticos mayoritarios que los sostienen.

    En estas circunstancias, las fuerzas de seguridad y las fuerzas armadas se emplean o son exhibidas como amenaza para respaldar a unos poderes públicos que han perdido toda su legitimidad.

    La exigencia de un “proceso constituyente” se plantea como el inicio de la solución a los problemas de este país, que no puede provenir de los responsables del desastre.

    Sin embargo, el Régimen está tratando de resistir apoyado en los recursos institucionales y represivos de su Estado, forzando los límites de la legalidad para cercenar cualesquiera manifestaciones de protesta. Se plantea por tanto la necesidad de neutralizar la posibilidad de intervención militar cuando la revuelta popular resulte irresistible, cuando el choque social se agudice.

    Todas estas circunstancias hacen ineludible la exigencia de mantener a las fuerzas armadas alejadas de toda tentación de participar violentamente en apoyo del régimen, defendiendo la libre expresión de las soberanía popular en sus deseos de cambio radical. Al mismo tiempo, los profesionales de las Fuerzas Armadas tienen que tomar conciencia de las responsabilidades que asumirían, de plegarse a los intereses de una jerarquía desalmada o de una dirección política al servicio de los poderosos.

    La sociedad civil tiene que rearmarse moralmente, denunciando los abusos del poder por todas las vías posibles y exigiendo un proceso constituyente hacia una verdadera democracia social, participativa, transparente y fraternal, sin inhibiciones ante el mito de la fuerza represiva. Los profesionales de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas de seguridad van a entender este clamor legítimo e imparable y no van a suponer un obstáculo añadido a los innumerables ya existentes. ESTO ES LO QUE TEDRIAN QUE HACER CON LOS QUE DEFIENDEN A LOS LADRONES Y A LOS LACAYOS DE .LOS LADRONES Y OARA MI LOS LADRONES SON LOS QUE ACUMULAN EL CAPITA CON EL SUDOR DE OTRO.

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Ernesto Vera

Periodista cubano. Presidente de honor de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

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