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Leo Brouwer, en su cumpleaños 70: «La guitarra es una extensión de mí» (+ Audios)

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Leo Brouwer (La Habana, 1939) se define como un «romántico del siglo XXI». «Lo que equivale a continuar como un posmoderno que no escinde sino que unifica. Soy un hombre de mi entorno. He pasado más de cincuenta años trabajando con el arte sonoro: iniciando proyectos, tocando, dirigiendo. Conduje investigaciones, planes de creación, grupos sonoros. Soy dado a hacer cosas nuevas y en mis ratos libres compongo música, ahora como quehacer fundamental», se presenta Brouwer, que a los setenta años anda grabando.

Y coincidiendo con este 70º cumpleaños redondo -los 35 años dobles que dice él- se suceden los homenajes. En São Paulo se ha institucionalizado un festival con su nombre; y entre Madrid y Córdoba la SGAE celebrará seis conciertos gratuitos de guitarra, cámara, coro y sinfónico, este último con la Orquesta de Extremadura dirigida por el maestro. Además, la entidad ha editado y presenta un libro -Leo Brouwer. Caminos de la creación, de las musicólogas Marta Rodríguez Cuervo y Victoria Eli- y dos discos: un integral para piano-trío, Leo Brouwer. Pictures At another Exhibition, interpretado por el B3 Brouwer Trío, y Leo Brouwer: Integral para Cuarteto de Cuerdas, de un grupo de La Habana.

Dice componer para comunicarse con los demás de una manera integradora. «Considero la vida como una composición completa; el paisaje, la arquitectura, incluso el ritmo de la gente cuando camina y habla. Y esto lo transfiero en música. Ésta es una de mis obsesiones: la forma como complejidad universal. La guitarra será siempre mi gran pasión, dirijo orquestas y me reconforta, pero componer es la esencia que revelo y que me identifica. Es una extensión de mí».

En 1978, en la Cinemateca de Cuba, el intérprete rompió todos los esquemas con su recital De Bach a los Beatles. «Fue un reto llenar cada noche dos mil lunetas con una guitarra sola», cuenta ahora. Un solista que tocaba como toda una orquesta y sin prejuicios para llevar al escenario composiciones del genio alemán junto a temas pop. Y en esa línea ecléctica sigue este amante del flamenco, convencido de que, de tanto repetirse, las ideas estereotipadas se han convertido en «mentiras-verdades». «Al igual que se habla de la ‘España de pandereta y castañuelas’, nos referimos a la ‘Cuba de maracas y bongo’. Lo cubano hondo ha sido violado por la visión turística», sostiene Brouwer, que ha dirigido un centenar de orquestas, entre ellas la de Córdoba (1992-2001).

«Siempre he realizado programas donde el público escuchase algo nuevo y la gran tradición con enfoques distintos. Por ejemplo, las variaciones a través de la historia, los países y su música», cuenta orgulloso Brouwer, ex director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (1981-2003). También mezcla cuando es él quien compone.

Su obra La tradición se rompe… pero cuesta trabajo (1967) hace honor a su título. «Es una visión del universo sonoro de todos los tiempos, de las grandes tradiciones y las modernidades. Incluso los grandes clásicos, al simultanear sus voces, se transforman en un magma sonoro contemporáneo. Termina con un acorde medieval en reposo. No supieron cómo clasificarla», rememora.

Ya en 1955 Brouwer incluyó sus primeros guitarreos en los programas diseñados de manera cronológica por su profesor Isaac Nicola. El oído lo heredó de su madre, Mercedes, que de niño le hacía ritmos y melodías que derivaron en conciertos familiares con cuatro años, y de su padre, Juan, científico y guitarrista aficionado. «Pero siempre me atrajo una sonoridad anterior que relaciono con una cierta memoria ancestral», puntualiza.

«Mi padre me enseñó lo primero en la guitarra, desde cómo se colocan las manos hasta la interpretación de oído de repertorio de concierto, como las Danzas españolas de Granados, o las mazurcas y preludios de Tárrega. Las aprendió de oído y las tocaba sin un error», se asombra.

En unos días Brouwer ya tocaba farrucas y tanguillos, «lo que me apasionaba y me apasiona: el flamenco». Hasta que se cruzó en su vida su maestro, Nicola, que le dio una clase a través de la historia de la música. «Fue del Renacimiento hasta el siglo XX y yo comprendí de inmediato que ése era mi mundo. Desde la segunda pavana de Luis de Milán mi mentalidad cambió. Era el universo sonoro que me apasionaba. Significó método, disciplina, calidad y rigor», recuerda.

Triunfó la revolución y becado marchó a estudiar composición en la Juilliard School of Music de Nueva York, y música antigua con el laudista Joseph Iadone. Después fue a Hartford, Connecticut, donde enseñó guitarra a cambio de estudios. «Me relacioné con todo un ambiente musical, acceso a información: grandes bibliotecas, partituras, conciertos y conferencias».

Compone «pensando en la guitarra como una orquesta y en la orquesta como si fuera una guitarra». Música incluso cuando ha estado delicado de salud y no podía abrir los ojos: «Componía aun sin escribir ni una nota».

Sus planes son inagotables. Conciertos en La Habana, Holanda, París, Brasil… Y siempre sobrevolando desde hace veinte años la composición de una ópera. «Podría ser un homenaje al kitsch o en otro momento ser un homenaje a la historia, o hablar con mi propio lenguaje», deshoja la margarita. «Continúo trabajando en obras corales, una pieza para flauta sola que dedicaré a Niurka González, una de percusión, otra para arpa… Espero descansar en los aviones porque tengo que componer y mucho».

Lea la entrevista completa en El País, España

ESCUCHE

audio‘Cuarteto No. 2 «Rem tene verba sequentur’, en ‘Leo Brouwer: Integral para Cuarteto de Cuerdas’, interpretado en La Habana

audio‘El triángulo de las Bermudas’, en ‘Leo Brouwer. Pictures at Another Exhibition’, interpretado por el B3 Brouwer Trío

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