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Al que los niños se arrima…

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Por Jorge Fiallo. Fotos: Iván Soca

En la vida del teatrovador Augusto Blanca y su compañera Rosy Rodríguez hay muchos caminos que conducen a los espacios sensibles e iluminados de la creación inspirada en el amor a los niños. No es casual su filiación al Grupo de Teatro de Muñecos Okantomí, que dirige el Maestro Pedro Valdés Piña, ni la elocuente expresividad que despliegan allí los montajes, generalmente de Augusto con Marta Díaz Farré con su equipo técnico-artístico, enriquecidos en ambas direcciones.

La más reciente proyección en tal sentido conjugó lo musical y lo teatral escénico en el lanzamiento y la representación del disco Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol, cuya sala se quedó pequeña para acoger a un público que duplicó la cifra de lunetas disponibles y se espera su repetición, a donde habrá que llegar muy temprano, porque muchos querrán repetir la experiencia, por ellos y por sus hijos, que no se sabe cuáles vivieron las emociones más intensas.

Es curiosa la historia que tuvo este cancionístico regalo de los abuelos Augusto y Rosy, historia que se remonta a los días en que aguardaban el nacimiento de su nieta Isabella, a quien se lo dedicaran inicialmente. Pero a ocho años de distancia la musicóloga Marta Bonet, Directora de la firma disquera Colibrí, propuso convertirlo en un fonograma pidiendo permiso a la pequeña, nada egoísta, por cierto, “para que otros niños de Cuba y del mundo escucharan tus ´tarareos´”, como rezaban las notas a un programa de mano, sencillo como impreso, pero con el encanto de estas palabras y dibujos que contaban la historia del disco, muy adecuadas para hacernos traspasar el umbral hacia la fantasía del espectáculo en que el proyecto siguió derivando.

Mientras tanto llegó una nominación del registro en la Feria Internacional CUBADISCO  2013 y, andando, andando, surgió y se fue amasando la idea de presentarlo como espectáculo en vivo, con la actuación de los niños participantes en la grabación: Christian Rodríguez, Diego Santiesteban, Ernesto Maqueira y Mariana Ortega, a quienes se sumaron, para la puesta en el Teatro Nacional de Guiñol, Stephanie Suárez, Verónica Fernández, Brenda Rodríguez, mas la espectacular actuación de la pequeñita Lucía Travieso.

Fueron ellos, y otros artistas del Grupo Okantomí como Sisy Gómez, Ramona Roque, Michel Díaz Calero, Carlos Ernesto Peralta y la actuación especial de Pedro Valdés Piña, los que compartieron el escenario junto a los abuelos en medio de una operativa escenografía, atrezzo y utilería de Marta Díaz Farré con el propio Augusto, sumando

a Graciela Peña Casadeval como asistente de dirección, a Tito Sarduy en el diseño y realización de títeres digitales, con imágenes, fotos y video de Iván Soca, todos apoyados por equipo del Teatro Nacional de Guiñol, de los padres de los niños participantes en la puesta (un puntal decisivo en mucho más de lo que se imagina), el Instituto Cubano de la Música y el Instituto Cubano de Radio y Televisión, que hasta un video se estaba filmando y aunque no con la iluminación televisiva, pienso que no seremos pocos los interesados en revivir esta rica experiencia.

Hasta aquí queda descrito con bastante detalle el proyecto en sus dos aspectos esenciales: la idea inspiradora y la base que tuvo para su realización, con perdón porque siempre quedan contribuciones en el anonimato. Pero el reflejo de los resultados artísticos, humanos –valga la redundancia, que una cosa conlleva la otra–, supera cualquier exigencia en materia de productividad, para quienes piensan en los meros términos de inversión y ganancia.

Parecería un chiste, pero no lo es tanto, y para seguir la metáfora  trascendiendo lo economicista, realmente hay muchas más proyecciones e influencias inconmensurables si pensamos en ese otro capital cultural, espiritual, creativo, estético y ético tomando cuerpo: ahí está la intención enriquecedora del universo sensible no sólo para la visión y la audición infantiles, pues en los textos, la música, instrumentaciones y en la propia dramaturgia estructural del disco ya hay un verdadero espectáculo que recrea un día poblado de imágenes campestres desde antes de la salida del sol, con los primeros trinos hasta la hora de dormir, todo enmarcado en un arco donde se destacan varios personajes a los cuales va dedicado cada tarareo: pajaritos, gallo, sapo (con un timbre como de fagot “croando”), la vaquita de cadencioso y paciente paso, pollitos, la chivita con sus locuras, el puerquito, el revoloteo de la mariposa…

Es que estamos ante un fonograma capaz de poblar la imaginación hasta el punto de transportarnos, desde  la pura audición, a lo que constituye un disco-espectáulo, un reto, una oportunidad y un estímulo para desplegar la imaginación de niños y niñas entre uno a ciento y pico de años.

Eso es el disco Tarareos para Isabella. Pero a partir de ahí ya se caía por su peso el proyecto de revertirlo como espectáculo-disco, para el cual sólo faltaba concretar y ubicar sobre un escenario las imágenes ya fecundadas evolucionando en embriones desde la música y los textos (Augusto y Rosy) volcadas en figuritas y cuerpos para desarrollar una dramaturgia expresiva que también incorporaba desde la colocación y tesitura de Augusto cantando hasta los colores instrumentales tan hábilmente escogidos para caracterizar a cada personaje o situación, mérito a la cuenta de Emilio Vega y Dayron Ortega, mas los efectos percutivos de Andrés Coayo y la atmósfera radiante que logró Pancho Amat con su tres  en los “tarareos” del perrito y la mariposa.

Así tenemos también la oportuna selección de géneros y ritmos donde tanto en lo literario como en lo musical se destaca la sencillez, como nos confiesa el propio Augusto:

“Son trece cuartetas y una décima final… Me propuse trabajar en cuartetas  para homenajear sutilmente –y salvando las grandes distancias— a los Versos sencillos  de José Martí. Y, por supuesto, la décima final refleja lo campestre que plantea la estructura musical, pero no quise que tuviera un marcado ritmo cubano, sino que más bien fuera como el susurro de esa nana final…

Es así precisamente como se va estructurando expresivamente el recorrido del día que se imagina para niñas y niños poblando su imaginación y sensibilidad con imágenes de un campo en el que pueden jugar y compartir sanamente.

Esto dicho así pudiera parecer un simple deseo puesto en palabras. Pero lo maravilloso es que Augusto y Rosy tuvieron la ocasión de vivir el resultado de su obra con la pequeña Lucía Travieso, de sólo cuatro años recién cumplidos, quien ya desde los tres se había aprendido de memoria el disco completo, con los versos introductorios a sus catorce cortes, y fue capaz de hacer la conducción más espontánea del espectáculo siguiendo fielmente texto por texto las transiciones de uno al otro, antes de zambullirse ella misma en cada juego.

Esto queda dicho con independencia de que la dirección de Marta Díaz Farré desplegara en este caso, como en todos sus montajes, el inmenso don de abrir la expresividad en los actores y actrices, incluyendo a los infantes desde sus más tempranas experiencias en las tablas, porque con los Tarareos para Isabella, luego de lograr el más meticuloso engarce de todas las acciones en rigurosos ensayos, a la hora de la presentación todos se portaron como los niños que acaban de aprenderse un juego nuevo.

Eso fue precisamente el montaje para la escena de este disco-espectáculo-disco: una oportunidad de jugar y compartir sanamente recreando el ambiente más calmo y tranquilo que todos merecemos para vivir, pero más que nadie nuestros infantes.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Tarareos para Isabella en el Teatro Nacional de Guiñol. Foto: Iván Soca.

Se han publicado 5 comentarios



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  • Angelina Rojas dijo:

    Gracias amigos queridos por ayudar a crecer con mucho amor a nuestros niños, por trasladarles la belleza que guardan ustedes en sus almas, por sembrar tantas bellas cosas.
    Lástima que no supe a tiempo la noticia, me habría gustado mucho poder guardar a mi binieto de 8 meses semejante obra.
    Felicidades y gracias en su nombre y en el mío. Un abrazo, Angelina

  • Kitty dijo:

    Hermoso artículo, hermosas fotos, hermoso disco. Felicitaciones a Augusto Blanca, Rosy y al Grupo de Teatro de Muñecos Okantomí.

    Al sello COLIBRÍ, ¡por favor!, acaben de poner a la venta el CD Tarareos y otros tantos muy anunciados que brillan por su ausencia en las tiendas.

    Gracias por publicar

  • ldelafe dijo:

    felicidades por entregarle a los niñ@s ese cofre de ternura que poseen. Felicidades por ese premio que es Isabella. Ojalá la suerte nos acompañe y podamos tener pronto el CD.

  • Mirel Legrá Fleitas dijo:

    Mirel Legrá: mamá de Ernestico, uno de los niños que grabó el disco.
    Hermoso comentario, realmente a la altura de lo que sucedió aquel día en el Teatro Guiñol. Ese fue un día de grandes emociones, pues vimos materializado todo el trabajo desplegado por esos niños junto a esas personitas tan especiales que aunque adultas ya, siempre llevan un niño por dentro: ellas son: Rosy, Augusto, Rirri, Gracielita y Piña. Ellos brindan tanto amor a los niños que son capaces de convencer a los adultos de que siempre, a pesar de los avatares del dia a día, una sonrisa de un niño sigue siendo lo más importante.
    Ah, y nos vemos el 19 y el 20 de julio a las 5.00pm en el Teatro Guiñol. Lo vamos a reponer para que lo disfruten igual que nosotros lo hacemos.

  • Dahilenys Ricardo dijo:

    Uno de los disco dentro de mi Carrera que mas he disfrutado, mucha creatividad y sensibilidad de parte de todos los integrantes del proyecto. Felicidades y gracias por una oportunidad tan linda.

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Iván Soca

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