Vida cotidiana
Memorias de mi pueblo »
Una vez cuando me encontraba comiendo pescado, que casi nunca veíamos. Creí que me había tragado una espina y comencé a dar gritos. Algo me había arañado la garganta y escupía sangre. Urgentemente mi mamá empezó a vociferar y alguien corrió a buscar a Molina, el del garaje. Molina en mi pueblo además de garajista, su dueño, era el que ponía las inyecciones y hacía las primeras curas de urgencia. No había ni otro lugar, ni otra persona.
Memorias de mi pueblo »
En mi pueblo, como creo que sucedía en todos los pueblos de mi Cuba, cuando alguien moría, lo tendían y velaban en el propio hogar donde vivía, casi de forma general se escogía la sala. Las velas entonces, eran grandes y de cera. No se me olvidan los ataques histéricos y los gritos de mi prima nena y su hermana, había que aguantarlas y llevarlas a la cama, darles a tomar un cocimiento de tilo.
Memorias de mi pueblo »
En este trabajo que le exponemos, ya había varios dichos incorporados, no obstante, en mi barrio se escuchaban muchos otros. Con seguridad, muchos de los que manejábamos nosotros, también tenían carácter general o nacional, otros eran locales, como los que utilizaban en tu pueblo. Cuando venía la limosnera Paraguayo a pedir limosnas en la Iglesia de mi pueblo, todos los fiñes decíamos: “Esta más loca que una Chiva”.
Especiales, Sociedad »
Esta gran y extraordinaria metrópoli se está volviendo ordinaria. El gran periodista neoyorquino Pete Hamill dice que Nueva York es la ciudad de la nostalgia, ya que todos se la pasan recordando lo que estaba en tal esquina, qué estaba en otra avenida, la cantina, el restaurante, el teatro. Lo que desapareció. De hecho, es una urbe en permanente transformación, pero ahora está por perder su carácter.
Memorias de mi pueblo »
Popó era un hombre muy fornido, de mediana estatura, espaldas anchas como las de un levantador de pesas. Sus brazos eran musculosos, sus manos grandes y sus dedos tenían el grueso de tres de los míos. Su piel estaba curtida por el sol. Popó ganaba su vida paleando arena, con esas palas grandes y cuadradas. Tenía la fuerza de un buey.
Fotorreportajes, Cultura »
“México lindo y querido”, así dice la Ranchera orgullo y tradición de ese pueblo. Hasta la Región Centro Norte del país llega una improvisada fotoreportera para con imágenes enseñarnos a gente orgullosa de sus raíces, franca, bondadosa y emprendedora con historias y costumbres que por generaciones formaron a esa nación »
Memorias de mi pueblo »
Mis padres siempre me enseñaron que pronunciar Malas palabras era un pecado o algo negativo. Desde que tuve uso de razón, siempre me he preguntado, ¿por qué son algunas palabras malas y otras no? »
Memorias de mi pueblo »
El patio de mi casa lo compartimos cinco familias, tenía una buena extensión unos 25 metros de ancho y unos 40 de fondo. Allí estaba el pozo, tenía unos 12 metros de profundidad y un brocal alto, el agua la halabamos con un carrillo, un cubo y una soga. El agua era salobre, sólo servía para limpiar los pisos y lavar la ropa. El agua para beber teníamos que comprarla, Ernesto el aguador la traía a la puerta de la casa, la lata de unos 6 litros costaba 10 ó 15 centavos. Tenía un viejo camión para prestar este servicio.
Especiales, Cultura »
En vísperas del concierto de la Gira por los barrios de Silvio Rodríguez en Mayarí –primero de tres a celebrarse en Holguín– intercambiamos con Frank Fernández, esta vez a propósito de su doble condición de anfitrión e invitado. "El buen arte supera los géneros y las divisiones socioeconómicas. Eso de culto y popular no es una división de valor estético. Eso se determina por que, según avanzó el desarrollo musical en el mundo, se crearon las grandes academias a las cuales, por los precios tan altos, nada más podían ir los ricos. Entonces los pobres, aun con talento –a veces »
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