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Las familias, en el “ojo” de la COVID-19

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Foto: Oilda Mon / Tribuna de La Habana.

Camila amaneció este miércoles de mayo con la mejor de las noticias posibles. La abuela, que llevaba casi 20 días ingresada tras haber resultado positiva a la COVID-19, podrá estar en casa el próximo domingo, para celebrar el Día de las Madres.

Estas semanas han sido muy difíciles para la muchacha –una de mis alumnas de tesis- y su familia. Sobre todo, porque nunca vieron venir la amenaza.

“Mi abuela es asmática; una madrugada de pronto hizo una crisis, algo que nos sorprendió mucho porque casi nunca le suelen dar en esta época del año. Siguió su tratamiento habitual, pero a los dos días no mejoraba y la llevamos al médico. El test rápido para COVID-19 fue positivo, pero en casa pensamos que el PCR sería negativo, pues no entendíamos cómo era posible algo así, si abuela no pone un pie ni en el portal”, contó Camila.

El PCR, sin embargo, fue concluyente y la abuela quedó hospitalizada con una afección respiratoria que llegó a ponerla en una situación de salud bien tensa. Nadie más en la familia tuvo diagnóstico positivo, aunque tanto Camila como su mamá, su hermano y su prima se hicieron los exámenes.

“La doctora nos dijo que cualquiera pudo pasar el virus de forma asintomática, transmitirlo y luego dar negativo en el momento del estudio. Sobre todo, porque entre los primeros síntomas de abuela y el momento en que fuimos al médico pasaron varios días”.

La experiencia de esta familia, por suerte con final feliz, confirma una sentencia repetida una y otra vez desde las autoridades, el personal sanitario y los medios de comunicación en estos meses: el comportamiento de las familias puede definir el control de una pandemia que además de agresiva, mediática y de larga data, nos ha obligado a cambiar, de golpe y porrazo, nuestras rutinas cotidianas.

Desde la Demografía, el análisis de los patrones de co-residencia y las relaciones entre generaciones aportan muchos argumentos para la comprensión de la transmisibilidad de la COVID-19, su detención y las posibles sugerencias para la toma de decisiones en su enfrentamiento.

Desde esa perspectiva científica, por ejemplo, la llamada por especialistas “tasa de ataque secundaria” podría explicar lo que sucedió a la abuela de Camila. Se trata de estudiar esa probabilidad de que ocurra una infección entre personas de un grupo específico, en este caso la familia, y esclarece cómo interacciones sociales diversas se relacionan con el riesgo de transmisión.

La pandemia ha puesto en la diana de la investigación, también, sesgos de género asociados a la presencia mayoritaria de mujeres en la primera línea de fuego contra el virus o a los efectos de la sobrecarga doméstica -que el confinamiento agudiza- y apuntan directamente a las mil y una tareas que ellas desempeñan dentro de casa, como han demostrado estudios diversos realizados en Cuba y el mundo.

Uno de esos resultados apunta a que, si bien a menudo los hombres son mayoría en las cifras totales de personas positivas al virus, son las mujeres quienes más se contagian en las familias y su red domiciliaria. Investigaciones del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), de la Universidad de La Habana, confirmaron este comportamiento al procesar las bases de datos totales de personas positivas de la capital del país en los primeros meses tras la llegada del coronavirus.

“De manera general los datos estudiados en La Habana indicaron más hombres positivos al virus que mujeres (102 por cada 100), pero fueron las mujeres, en cambio, quienes más se contagiaron en las familias (88 por cada 100)”, explicó la doctora Matilde Molina Cintra, subdirectora del CEDEM y una de las autoras del estudio.

Para ella, mirar la pandemia con lentes de género puede explicar este y otros fenómenos, pero sobre todo insistió con Cubadebate en la importancia de analizar los hogares y sus dinámicas, pues son definitorios para evaluar el curso de la enfermedad.

El tipo de familia, su tamaño y composición por edades, el hacinamiento, las condiciones socioeconómicas y las higiénico ambientales de la vivienda, entre otros elementos, son vitales a la hora de analizar las redes de transmisión del SARS-CoV-2, asevera el artículo Co-residencia familiar y COVID-19 en La Habana, publicado en la revista Novedades en Población. En él se resumen, de manera parcial, los primeros resultados de mirar con lupa a las familias, una investigación que aún está en curso en el CEDEM.

Para el equipo de demógrafas son muy importantes, además, “los comportamientos protectores de la familia, la percepción del riesgo de sus miembros y las relaciones entre generaciones”.

Al analizar los 2 mil 092 casos positivos acumulados en todo el país hasta el cierre del 1ro de junio de 2020, las estudiosas del CEDEM identificaron que 787 personas positivas se encontraban asociadas a redes familiares, lo cual representaba el 38 por ciento del total de casos del país. Es decir, en ese momento, 38 personas positivas de cada 100 estaban asociadas a una red familiar, un comportamiento predominante en el occidente del país y en particular en La Habana, “lo que se corresponde con su condición de epicentro de la pandemia en Cuba en el primer período y sus altas tasas de incidencia durante los tres periodos”, explicó Molina Cintra.

De los mil 74 casos positivos de La Habana, 453 se asocian a redes familiares, lo que significa que, de cada 100 pacientes con el virus, 42 están vinculadas a una red familiar. Ello muestra la transmisibilidad del virus dentro del hogar, lo que hace aumentar los contagios”, precisa la indagación de CEDEM.

Una actualización de los cálculos hasta el 23 de enero de 2021 confirmó ese comportamiento. Las redes familiares y los casos asociados a las mismas aumentaron de un período a otro en todo el país, incluida la región oriental y central, “lo que pudiera hacer pensar que, en el primer cuatrimestre del año 2021, estos valores pueden estar multiplicándose por las altas tasas de incidencia en el presente año”, evalúa Molina Cintra.

Para la investigadora, se constata que existe “una correlación estadísticamente significativa entre casos positivos y redes familiares, con la densidad poblacional del territorio” e insiste en la necesidad de seguir estudiando el curso de la epidemia desde esta y otras perspectivas.

Una vez más, los caminos conducen a las teorías de género. Si relacionamos los grupos por edad y sexo, “el predominio de las mujeres se mantiene en todos los grupos de edad en las redes familiares y se destaca el grupo de hombres de 60 -79 años de edad, en el grupo de los casos donde la familia no ha sido transmisora del virus”, precisa el texto de Novedades…

A juicio de las expertas del CEDEM, los resultados pueden tener relación con el incremento de las mujeres en la jefatura del hogar y los roles que ellas asumen en el cuidado de niños y ancianos lo cual implica, en ambas situaciones, “una movilidad mayor para la búsqueda de alimentación y otros medios y recursos para el cuidado”.

Además, según Molina Cintra, el hecho de que en Cuba las mujeres tengan una alta participación en tareas relacionadas con los sectores imprescindibles de la vida del país, implica también mayor movilidad y mayor tiempo de contacto sistemático con situaciones de riesgo.

“Y no podemos obviar que vivimos en una sociedad matricéntrica, donde la mujer se convierte en centro de contacto familiar y eslabón importante en la cadena de transmisión del virus”, precisó la también psicóloga.

Para ella y su equipo, las dinámicas familiares, sobre todo aquellas que implican desigualdades de género, seguirán siendo un elemento de análisis para el seguimiento a la pandemia, algo que apunta directamente a la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención en las familias. Y a no confiar.

Se han publicado 2 comentarios



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  • Tere dijo:

    Muy interesante el artículo y pregunto: ¿Cuándo un psicólogo va a comentar el daño en la formación de la personalidad que están sufriendo los niños por la manera errónea en que estamos diseñando su protección a la covid?.
    Los tenemos confinados hace más de 1 año, sin juegos al aire libre e interrelación con niños de su edad, sin tomar el sol que es tan beneficioso, son que puedan bañarse en el mar y sin escuelas, las clases x tv no cuentan. Todas esas privaciones afectan si desarrollo psicosocial.
    Por demás los hemos enseñado a "esconderse en casa" en vez de evaluar y aprender estrategias de salud y a cómo eliminar riesgos de contagios, cuidarse y cuidar a la familia.
    Es hora de quitar estas prácticas y que vuelvan a la normalidad. El número de casos de hoy no depende de las personas que se contagian por la calle son fuente conocida.
    Espero se fomenten otras estrategias y medidas más inteligentes, alejadas de confinamientos y restricciones y enfocadas en lo que hoy sabemos del virus y en mejorar el sistema de detección y aislamiento temprano.

  • Planeta dijo:

    ?Por que siempre complican tanto las explicaciones y análisis en este tipo de noticias?Es como si,más que informar se quisiera dar la impresión de lo mucho que se sabe y al final tanta palabrería no lleva a ningún lado.Lo mismo sucede con algunas teleclases.

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Dixie Edith

Dixie Edith

Periodista cubana y profesora del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), de la Universidad de La Habana.
En Twitter @Dixiedith

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