Acordes centenarios con sonoridad vital

El Septeto Espirituano defiende el legado del guitarrista Valeriano García. (Fotos: Oscar Alfonso/ Escambray)
El corazón musical de este archipiélago: la Casa de la Trova Pepe Sánchez, en Santiago de Cuba, latió mucho más fuerte cuando a su escenario subió el Septeto Espirituano. Sucedió el pasado año. El colectivo cargó con sus instrumentos hasta la Ciudad Héroe para asistir al festival que honra al creador indiscutible del bolero latinoamericano.
“Fuimos un bicho raro —Antonio Abad Sosa Soto, Tony, director de la agrupación—. El son de Sancti Spíritus no tiene nada que ver con el de esa ciudad ni con el de La Habana. Cerramos aquella noche, después de escuchar más de un septeto como el Moneda Nacional, Familia Valera Miranda y varios santiagueros. Todos se pararon a escucharnos. En el último número subieron a descargar junto a nosotros”.
El suceso levantó el oído aguzado de Pancho Amat, el rey del tres cubano. No dudó. Incluyó en la lista de invitados a los espirituanos para que se le unieran en la clausura del LXII Festival de la Trova Pepe Sánchez.
“Interpretamos Hasta los 50, un tema del propio Pancho y con su indiscutible tres. Sin ensayar. Pero salió de arriba a abajo. Al concluir nos confesó que no le había sonado al Cabildo del Son sino a Septeto Espirituano. Aseguró que nuestro son es atípico, como mismo sucede con el punto espirituano”.
¡No puede ser diferente! Los músicos de esta tierra, capaces de arrancar más de una sorpresa en la denominada cuna del son y la trova, defienden acordes autóctonos y con una historia centenaria.
La génesis sonora
En la década de 1920, Cuba fue testigo de cómo germinó un formato musical que no necesitó de mucho para robarse ovaciones. El septeto proliferó prácticamente por todo el país y Sancti Spíritus no fue excepción.
De acuerdo con publicaciones del reconocido investigador Juan Eduardo Bernal Echemendía, Juanelo, la primera agrupación de ese tipo en esta tierra nació en 1924 con el nombre de Septeto Machado. Surgió del Coro de Clave La Yaya para apoyar la campaña presidencial de Gerardo Machado.
“Su existencia fue efímera y no consiguió el reconocimiento de su emplazamiento estético”, remarca el intelectual espirituano.
Mas, el bichito por esa sonoridad ya se había colado. Por ello, poco tiempo después, el guitarrista Valeriano García, creó otro proyecto. Tras algunos cambios de integrantes y repertorio, se bautizó y se conoce hasta hoy como Septeto Espirituano.
“Los otros integrantes fueron el tresero Pedro Rojas, el maraquero Segundo Rodríguez, Carlos Ramírez en el bongó, Felipe Valle como cantante y alternaban en la marímbula Leopoldo Campos y Ernesto Borges, quien también se desempeñaba como cantante.
“El Septeto de Valeriano García, luego Septeto Espirituano, debutó el 10 de junio de 1926, en una fiesta privada en la residencia del doctor Mario García Madrigal, lo que constituye la referencia de constitución y aprobación pública del referido grupo”, acota Juanelo.
Al unísono, en el batey con olor a caña molida de Tuinucú, saltó a animar las noches el Septeto de Gil Bernal. Algunos de sus músicos, integraron, posteriormente, el Espirituano.
“La agrupación de 1934 asumió a los barberos Alberto López, Alejandro Echemendía, hijo del director de La Yaya y Alfonso González, el zapatero Héctor Borges, el limpiabotas Mauro Marín, el obrero agrícola Carlos Oria y Dionisio Rodríguez, sin oficio definido.
“Más adelante, se incorporaron los hermanos Juan, Gabino y Fermín Bernal, cantante, bongosero y tresero, respectivamente. Todos ellos eran esencialmente trabajadores de la industria azucarera plantada en Tuinucú. Fueron reconocidos como músicos profesionales en la década del 80 del pasado siglo, a punto de concluir sus vidas. Igualmente, sucedió con Ángel Huelga, su entonces director, con el trompetista Reinaldo Castillo, Alberto López, cantante, Alberto Noroña, contrabajista y Rodolfo Marrero, una de las voces líderes más notables de los septetos de sones entonces”.
A esa hornada de músicos empíricos, pero con una fuerza sonora increíble, le han seguido otros amantes de las melodías, algunos profesionales, los menos, y otros sencillamente con el don de la musicalidad.
“Una particularidad que me ha llamado la atención es cómo las primeras generaciones se nutrían de las melodías —reflexiona, Tony con 22 años en la agrupación y siete al frente de los muchachos—. La gran mayoría llegaba desde el Oriente. Por ejemplo, contamos en el repertorio con Tu fas morena, del santiaguero Juan Limonta, quien la compuso en 1917. Pero, ha sido defendida, prácticamente desde los orígenes de nuestro septeto, el segundo más longevo del país con vida, antecedido por el Habanero”.
Uno de los mejores regalos que recibe el proyecto espirituano en su centenario es contar con su repertorio resguardado en partituras, labor minuciosa realizada por Juan Ángel Hernández Acosta, quien también lo dirigió por un buen tiempo.
“Esa música que se transmitió de oído en oído está segura. Por tanto, tenemos la responsabilidad de cuidar ese patrimonio sonoro y entregarlo a la próxima generación”, reconoce.
El Septeto de 2026

Para Antonio Abad Sosa Soto, Tony, su director, una de las fortalezas de la agrupación es considerarse como una gran familia.
En una esquina del taller de mecánica del cabaiguanense Alfredo Delgado Cabrera no falta la grabadora con la música más vieja del Septeto Espirituano y de otros formatos similares. Ajeno a los saberes academicistas, vive enamorado de esa sonoridad que interpreta con voz de oro.
“Incursioné con anterioridad en la música popular, totalmente ajena a la que defendemos. Me ha costado bastante sacrificio y me cuido como gallo fino porque casi todo el mundo mira al cantante. Estudio mucho porque, sin dudas, una gran responsabilidad cada vez que nos paramos frente al público”.
Su coterráneo Jorge Félix López Rojas es el más joven integrante del Septeto Espirituano, no solo por sus 29 años, sino por sonorizarlo con su quinto hace poco más de 12 meses.
“Para sentirme cómodo aposté por defender y hacer este instrumento con 10 cuerdas en cinco pares —relata quien domina con total destreza el tres y el laúd, tanto así que, en ese último, lo consideran entre los mejores de Cuba—. Desde jovencito tenía como referentes al Septeto Espirituano y la Parranda Típica, entonces estar hoy aquí es un sueño hecho realidad. Además, es la escuela que no cursé”.
El orgullo de celebrar el centenario del proyecto como uno de sus protagonistas no lo disimula Miguel Ángel Pentón Ulloa, su director musical y contrabajista. Su instrumento logra vincular la armonía de los instrumentos como el tres, la guitarra y la percusión.
“Por mis años de experiencia, aseguro que cada agrupación cuenta con sus públicos y nosotros lo tenemos. En nuestros espacios, como el del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas (Uneac), en pausa por ahora por el complejo contexto, siempre se nos ha acogido con mucho cariño y respeto”.

Alfredo Delgado (izquierda), Miguel Ángel Pentón Ulloa (a su lado) y Jorge Félix López Rojas siguen cada consejo del director del proyecto musical.
¿Están conscientes de la responsabilidad que defienden con cada acorde centenario?
“Paso más trabajo con la música que con los muchachos —responde sin titubeos Tony—. Vivo orgulloso de ellos. Somos familia y eso me ha dado muchísimo resultado. Sin perder la tradición y, como lo hicieron quienes nos han antecedido, hemos insertado fórmulas que funcionan, como el quinto de Jorgito.
“Actualmente, pasamos por un momento un poco difícil, tras la pérdida física de José Antonio Abreu Carrero, trompetista. Hoy nos falta ese sonido y debemos encontrarlo. Buscamos y lo formaremos. La idea es mantener los siete instrumentos que identifican la estructura de septeto.
“Nos preocupa la sucesión. Hay mucha inestabilidad de músicos. Hacemos un gran esfuerzo en Sancti Spíritus para mantener las agrupaciones porque, por distintas razones, emigran. Pero, tenemos que trabajar para que se sientan tentados de defender y conocer también lo que nosotros hicimos, como mismo nosotros sabemos lo que creó Valeriano García, en 1926”.
La responsabilidad no recae solo en esos eternos escuderos de lo más autóctono del pentagrama espirituano. Una desafinación absurda es que solo tengan un disco de larga duración con fecha de 1986. Esperan, desde 2011, por un fonograma anunciado por el sello Colibrí y jamás han regalo su música fuera de las fronteras nacionales.
Sin embargo, no precisan tocar en la casa del trompo, Santiago de Cuba, para legitimar que el Septeto Espirituano mantiene con vida y excelencia una sonoridad centenaria.
(Con información de Escambray)
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