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“El diario de René”: El gusto de decir en la capital del odio todas nuestras verdades

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Hoy es lunes 22 de enero y me siento a continuar mi relato. Primero te digo que cometí un error, hace unos días, al anunciarte que las sesiones del jueves y viernes pasados serían las que menos páginas iban a consumir. Por muy generoso que pueda ser con el idioma, no podría contarte la de hoy en más de una página. Así estuvo de aburrida, repetitiva y nula.

A las 9:00 a. m. el señor Gianotti está nuevamente leyendo documentos relacionados con nuestras actividades, la mayoría de ellos por segunda o tercera vez, después de haber sido leídos por testigos anteriores.

Luego siguen más reportes sobre las flotillas, algunas instrucciones que se me enviaban con respecto al incremento de las medidas de seguridad a partir del regreso de Roque, una conversación con Ana en la que me pedía consejo acerca de un trabajo de periodismo amarillo para el Canal 51 de televisión, consistente en una entrevista con ella que sería mostrada a Roque para que este diera una respuesta –ellos siempre tan dispuestos a revolverlo todo–. Para terminar conmigo, repasaron por enésima vez un grupo de medidas activas, mencionadas también antes casi en su totalidad, la mayoría consistentes en cartas para incrementar, como si esto fuera en algún grado posible, las rencillas y los dimes y diretes en que se desenvuelve, como un concurso de popularidad, la industria anticastrista.

A las 10:52 paso al olvido. Se vuelve al trabajo alrededor del Comando Sur, para mezclar otra vez frases repasadas con otras no leídas todavía, a fin de repetir al jurado la historia de la penetración de la instalación. Me doy cuenta de que no se está aportando ninguna información nueva y se convierte la audiencia en una cacofonía en la que se repite lo ya dicho mil veces acerca del dichoso Comando.

Luego se retoma el traspaso de las tareas de Ramón a Fernando, poco antes del arresto, lo que motiva una objeción de Joaquín, quien le dice a la jueza que esto era ya una pérdida de tiempo demasiado grande; pero es rechazada.

Así que Heck Miller sigue imperturbable con su sesión de hipnoterapia. Y termina con un plan de comunicaciones que ya se debe de haber leído por tercera vez, en esta ocasión disfrutándolo como si se tratara de un helado de chocolate que uno no quiere que se acabe nunca. Como comprendo que la audiencia no cambiará de tónica, aprovecho para combatir el sueño revisando unos reportes que Juan Pablo Roque le hizo al FBI, sobre las actividades terroristas de Basulto. Te prometo que dichos reportes formarán parte de este diario, en el futuro, por sus propios méritos.

Así termina la sesión a la hora acostumbrada, cuando la propia fiscal sugirió a la jueza continuar en la mañana próxima, lo cual despertó en uno de los alguaciles una exclamación de alegría que se oyó en toda la sala. Por mi parte, como ya te adelanté, no me ha tomado más de una página el contarte esta historia.

Todo esto me inspira un corto comentario: o los fiscales quieren perder el caso o tienen una fe ciega en la estupidez del jurado. No encuentro otra explicación racional a su proceder.

El día de hoy llega a su fin sin mucho más que contar excepto que, una vez de vuelta al piso, nos llegó la correspondencia de Cuba a Fernando y a mí, los últimos que faltábamos, puesto que los demás compañeros la habían recibido la semana pasada. Estos días han sido de compartir cartas, intercambiar fotografías y conocer mejor las fuentes que fortalecen nuestra moral y nuestra resistencia, quizá desde mucho antes de que siquiera pensáramos en enfrentar esta situación. Para todas nuestras familias, y sin excluir generaciones, va dedicado este diario con mucho amor y aún más orgullo.

En cuanto a las fotografías que me enviaron prefiero contarte con más tiempo el sábado, porque no quiero dejar de referirme a tantas caras nuevas que se me han revelado, todas parte de esta extendida familia que nos ha caído de pronto como una bendición del cielo.

Hoy llamé a Roberto a las seis de la tarde, mientras se presentaba el noticiero del Canal 23; lo había visto robando cámara junto a Joaquín, a la salida de la Corte, y al contárselo, me dijo que nuestro amigo Ronald de Souza lo había abordado para preguntarle quién sabe qué. Pero tu cuñado no le dejó tiempo ni para la primera pregunta y lo mandó a freír espárragos, tal y como hiciste tú aquel día en que fue a ganarse el chequecito a nuestro apartamento, tras mi arresto.

Así se quedarán aquí muchos con sus ganas, una vez que este juicio termine y nos hayamos dado el gusto de decir aquí, en la capital del odio, todas nuestras verdades. Hasta mañana.

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René González Sehwerert

René González Sehwerert

Héroe de la República de Cuba. Uno de los cinco jóvenes revolucionarios que se infiltró en grupos terroristas que desde la cuna de la mafia anticubana, Miami, organizan impunes sus ataques criminales contra el territorio cubano. Fue condenado a 15 años de prisión. Su causa contó con una enorme solidaridad internacional. Regresó a Cuba en el año 2013.

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