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“El diario de René”: Una “obra literaria” que será parte de la subcultura de este gueto

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Hoy es sábado 20 de enero. Ya conversamos por teléfono esta mañana –los quince minutos más rápidos de la semana–, y estuve revisando una “obra literaria” que pasará a formar parte algún día de la subcultura de este gueto, un fenómeno de enajenación colectiva que algún día será estudiado. Pero mejor no me adelanto a los acontecimientos y regreso al tema cuando corresponda.

Sabes que te debo dos días, es decir el jueves y el viernes. Tengo la impresión de que, según lo que pasó en la Corte, estos serán los que menos espacio me ocuparán en el diario, a juzgar por lo poco que salió a relucir y lo monótono del testimonio del testigo sumarial, como fuera identificado el agente Gianotti.

Lo que te cuento del jueves transcurrió como en un sueño y te lo digo literalmente, pues nunca como antes me había echado a dormir en la sala como ese día. Sencillamente no pude mantenerme despierto ante la lectura monótona y repetitiva de lo mismo, y lo mismo, y lo mismo... Trataré de ser breve para que no te duermas sobre las páginas de este diario.

La lectura continúa girando básicamente en torno a las actividades del Faquir en Boca Chica; de sus reportes sobre la base, recapitulaciones de la actividad semanal en la instalación.

Más adelante se vuelven a tocar los vínculos de Guerrero con Ramón alrededor del trabajo en la base y algunas ideas de ambos acerca de la conveniencia de que alguien más pueda entrar a trabajar en el lugar, pues al parecer hay posibilidades de que el primero pase a trabajar al Comando Sur.

Se repasan algunas evaluaciones del trabajo de Lorient. En estas informaciones se evalúan sus reportes, algunos de los cuales son considerados como secretos por La Habana, aunque obviamente se refieren a información que no lo es para Estados Unidos. A pesar de su edición de la evidencia, la Fiscalía no puede evitar que se advierta el principal objetivo de todo este trabajo, es decir el conocer si se producirá una invasión de este país a Cuba.

Tras leer una ficha biográfica de Lorient, la Fiscalía hace una maniobra infantil y, enarbolando unas tarjetas encontradas en casa de Ramón, de esas que se venden en todas las esquinas con fotografías de aviones y sus características técnicas impresas al dorso, las enseñan una por una al jurado, mientras el testigo lee las anotaciones de la tarjeta, a la par que van mostrando, en la evidencia, las referencias a cada tipo de avión. Antes de terminar la jornada, dedican algunos párrafos a la llegada de Fernando, para vincularlo con Guerrero y establecer aún más la implicación del primero en la actividad. Así acaba, sin penas ni glorias, este día en la Corte.

Claro que no se puede subestimar todo esto, por muy infantil y aburrido que nos parezca, pues una cosa es el conocimiento que nosotros hemos adquirido de la ley, a través de dos años de análisis, y otra muy distinta el estar sentado como jurado, sin haber oído nada de espionaje fuera de las novelas televisivas y alguno que otro best seller destinado a demostrar que el resto del planeta gira alrededor de la parte USA de América del Norte.

Para ser lo más objetivo posible, yo diría que esta ha sido la semana más positiva para la Fiscalía; hay que reconocer que al fin están haciendo su caso, pues es probable que al sumar el testimonio del militar al de este oficial del FBI, haya logrado cierta impresión en el jurado, tanto con las generalizaciones del primero como con la exuberancia de datos aportada por el segundo. Es de esperar que, a esta hora, algunos miembros del panel –los menos instruidos y los más prejuiciados– estén abrumados por la prosapia de la lectura y el uniforme del militar, y ya nos consideren culpables de todos los cargos, incluyendo el del derribo de los aviones de Hermanos al Rescate, que todavía no se ha ventilado. En cuanto a los que tengan más capacidad de discernimiento, puede que se pregunten qué seriedad puede tener el que les muestren unas cuantas postalitas de aviones, encontradas en casa de Ramón, para sostener un cargo de espionaje, y estén esperando todavía por la información sobre la seguridad nacional de Estados Unidos que estos cinco personajes siniestros habríamos pasado a Cuba.

Ayer viernes 19 bajamos a la Corte a la hora acostumbrada para encontrarnos por tercera vez en una semana con Alejandro Alonso, quien al parecer no se acaba de aprender bien el libreto y sigue siendo llevado al edificio contiguo para su educación como testigo del gobierno. Tal vez cuando el primer abogado nuestro le dé los buenos días, los fiscales salten y lo acusen de estar educando al testigo.

Esa mañana, al entrar en la sala de la Corte, la fiscal se ocupa de repartirnos la obra literaria a la que me refería unos párrafos antes. Es un libro de tu amiga Ana Margarita, la exesposa de Roque, potencial testigo de la Fiscalía, en el que narra su historia al lado del espía. Nos lo distribuyen por una ley conocida por Jenks que establece que se debe entregar a la otra parte cualquier declaración o material originado por un testigo, sobre el caso que dio lugar a su testimonio.

Comienza otra sesión como la anterior, con el agente Gianotti tocando el arpa bajo la dirección de Caroline Heck Miller, tan aburrida como las otras.

En los primeros quince minutos cierran el capítulo militar o de espionaje, como quiera llamársele, y presentan al jurado unos documentos hechos por Ramón, al parecer tras un monitoreo de las comunicaciones de radio de la base aérea de McDill en Tampa.

El resto de la mañana se dedica a nuestras actividades, especialmente en relación con el Movimiento Democracia y Hermanos al Rescate y se hacen referencias a mis vínculos con otras organizaciones. Haciendo malabares para evadir las partes que menos les convienen, van leyendo reportes sobre las flotillas, las ideas geniales de Ramón Saúl Sánchez y José Basulto, los planes para lanzar propaganda sobre Cuba, algunas de las discrepancias entre todos estos personajes en sus pugnas por hacerse populares y sobresalir por sobre los demás, mis supuestas gestiones para traerlas a ustedes de Cuba, las ideas estupendas de Basulto para tumbar a Fidel, barriendo las calles de La Habana durante la visita del papa, o los espejismos –valga la redundancia– de los supuestos espejitos que los cubanos esgrimirían en el malecón cuando salieran las flotillas, las felicitaciones por el nacimiento de Ivette y las alucinaciones creadas en Miami por cuanto acontecimiento real o imaginario, en La Habana, haga ver a esta gente el fin de la Revolución.

No puede faltar la novela sobre mis supuestas intenciones de infiltrar al FBI, a través de los contactos que Al Alonzo estableció infructuosamente conmigo, para reclutarme. Aquí son selectivos en extremo, para evitar que salga a relucir mi papel en el descubrimiento de actividades de drogas mutilan párrafos inmisericordemente y evaden enfocar la atención en los narcotraficantes, que tan bien han utilizado el anticastrismo. Este esfuerzo, como te dije, resulta infructuoso, pues no hay manera de que aparezca por algún lado la más mínima intención mía de infiltrar el FBI.

Y así llega a su fin otra jornada en la que todos durmieron, a excepción de Philip y quien te cuenta. Mi abogado no perdió nota de las mutilaciones de la lectura y piensa hacer buen uso de ellas en el contraexamen.

Para que tengas una idea de lo que se manejó en esa velada te reproduzco fragmentos de lo que apareció en El Nuevo Herald en español:

PRESUNTO ESPÍA INFORMABA AL FBI SOBRE ROQUE

En los días posteriores de la fuga a La Habana de Juan Pablo Roque, la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) terminó recurriendo a otro presunto agente cubano en Miami para que averiguara qué había pasado con su informante.

En uno de los mensajes enviados a la isla por René González, que junto a otros cuatro hombres está siendo juzgado en el tribunal federal acusado de espiar para Cuba, este relata cómo fue abordado por el agente Al Alonzo, del FBI, quien le pidió ayuda para reconstruir los últimos momentos de Roque en Estados Unidos.

Según el informe, incautado por las autoridades durante las investigaciones de las actividades de la Red Avispa, Alonzo “prácticamente me imploró” que le informara sobre Roque.

Su regreso a Cuba, al día siguiente del derribo de los aviones de Hermanos al Rescate, causó gran perturbación en el FBI, ya que durante años Roque fue su informante.

“Hablamos sobre Juan Pablo (Roque). Dentro de lo posible, ellos están tratando de recrear los últimos días de Juan Pablo aquí. Quieren saber quiénes fueron sus últimos contactos antes de irse”, narró González.

El descubrimiento debe haber sido doblemente impactante, porque Alonzo le había propuesto a González que también espiara a Hermanos al Rescate y el Movimiento Democracia por cuenta del FBI, pero este se excusó con el argumento de que no quería herir a los exiliados.

Aunque el agente federal dijo entender la posición de González, insistió en que pudiera ayudarlo a detectar algún tipo de plan que perjudicara a las organizaciones del exilio. “Muchos de esos planes son hechos por infiltrados cubanos aquí en Miami”, dijo Alonzo, quien ha asistido a todas las sesiones del juicio.

Hubo consenso. González dijo que lo contactaría si detectaba algo relacionado con eso, aunque “le dije que entendiera que no sería un informante sobre Hermanos al Rescate y el Movimiento Democracia, aunque no estaba de acuerdo con la cruzada de Basulto contra el gobierno actual (la administración Clinton), y creyendo que fue de algún modo irresponsable por la forma en que manejó la situación el 24 de febrero (día del derribo de las dos avionetas de la organización)”, informó González al Centro Principal.

Y con esto queda actualizado el transcurso del juicio hasta el día de ayer, viernes 19 de enero. Como te adelanté más temprano, esta mañana me dediqué a concluir la lectura del libro de Ana, que comencé ayer, al regresar de la Corte.

De esta lectura deduje que tu amiga no me tiene mucho aprecio y vendrá al juicio con un pliego de teorías conspirativas, basadas en los esfuerzos que ha realizado Basulto para quitarse de su conciencia el peso de las muertes del 24 de febrero de 1996. De cualquier manera, estas teorías tienen su principal debilidad en la evidencia del caso y en la que se ha acumulado sobre Basulto y sus sórdidas actividades bajo el manto de Hermanos al Rescate.

En cuanto al libro en sí, no vale la pena ni como literatura ni como testimonio, teñido como está por el resentimiento de Ana, el fatalismo que asoma en su vida, por la experiencia de su familia con los hombres, y su inmadurez política, debida a su llegada tardía a este campo, por estar Roque envuelto en las actividades del exilio radical cubano. Si no fuera por este tropiezo en su vida, dudo que Ana hubiera sabido distinguir entre el himno nacional cubano y un guaguancó, lo cual, después de todo, no es un delito, teniendo en cuenta su desarraigo en relación con Cuba.

En cuanto a ella, mi opinión no ha cambiado por el libro. Nunca he pensado que fuera una persona mala, sino solo superficial, criada en un medio que impone criterios materialistas excesivos y ofrece a las personas demasiadas formas de mantenerse entretenidas como para cultivar una conciencia social o un sentido de lo que se debe hacer para que el mañana sea mejor. Por otra parte, creo que ha sido una víctima más de la guerra impuesta a un pueblo por querer escoger un destino distinto, y en esta guerra se libran a veces escaramuzas que terminan hiriendo a personas inocentes.

Cuando pienso en personas que, como ella o los familiares de los pilotos de Hermanos al Rescate, han sufrido dolores legítimos, no puedo dejar de sentir una extraña mezcla de pena e incomprensión. Pena por lo legítimo de su dolor, porque hay cosas que no deberían pasar, porque no escogieron conscientemente verse en esa situación. Pena porque encima de su dolor se ven envueltas en la industria del odio, la misma que se esconde tras la historia que causa su sufrimiento y provoca hechos como el derribo de los aviones, la misma que les envuelve en sus redes para seguir alimentándose, para utilizarlos como propaganda y hacer dinero, para preparar el camino a la siguiente víctima que engrosará la lista de banderas inútiles. Incomprensión porque se dejan envolver por esa industria y porque terminan actuando de una manera en la que se acaba por confundir las fronteras, y no se llega a saber cómo se mezclan el dolor legítimo con la recién encontrada notoriedad o el reciente acceso al dinero, ya fuera a través de una demanda judicial millonaria, de un libro o de algunas apariciones en televisión.

Sea cual sea el testimonio de Ana, no creo que me haga cambiar de opinión.

Y con esta otra digresión declaro actualizado el diario. Como ves, parece que me he acostumbrado a escribirte, pues a falta de acontecimientos en la Corte, te entrego estas digresiones de las que no me arrepiento. Al fin y al cabo, las hubiéramos compartido de haber estado juntos, o en los días de visita. Eso siempre ha sido parte de nuestra vida en común y no tiene que cambiar ahora.

Un beso, y hasta la próxima semana.

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René González Sehwerert

René González Sehwerert

Héroe de la República de Cuba. Uno de los cinco jóvenes revolucionarios que se infiltró en grupos terroristas que desde la cuna de la mafia anticubana, Miami, organizan impunes sus ataques criminales contra el territorio cubano. Fue condenado a 15 años de prisión. Su causa contó con una enorme solidaridad internacional. Regresó a Cuba en el año 2013.

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