En Bolivia se libra una batalla histórica cuyo desenlace señalará límites y posibilidades de la democracia en América Latina. En esa confrontación, la oligarquía que a los terratenientes, el ejército y el clero, suma los ripios de la burguesía nativa sometida al capital extranjero que huele a petróleo y exhibe títulos universitarios y conexiones internacionales, trabaja, no sólo para recuperar el gobierno que perdió por vía electoral, sino que va por más.