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“El pueblo es la meta principal”: A 59 años de “Palabras a los intelectuales”

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Fidel Castro durante el discurso conocido como "Palabras a los intelectuales", en la Biblioteca Nacional, el 30 de junio de 1961. Foto: Archivo del sitio Fidel Soldado de las Ideas.

El paso del tiempo obliga a nuevas lecturas de “Palabras a los intelectuales”. No son pocos los representantes de las nuevas hornadas de jóvenes que desconocen este memorable discurso del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, pronunciado el 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional, así como las circunstancias en que se produjo, luego de largas jornadas de intercambios los días 16 y 23 entre la dirección del país y representantes de la vanguardia artística e intelectual de la Isla.

“Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”, es la frase a la que se recurre en muchos casos como único referente de las históricas palabras.

La lectura del resto de las intervenciones –aún no publicadas–, en especial de los días 16 y 23,1 permitiría poner aún más en contexto las palabras de Fidel, que no fueron un discurso propiamente, sino una intervención construida a partir de las anotaciones que realizó en la medida en que escuchaba pacientemente al resto de los participantes, haciendo solo breves preguntas e interrupciones. No obstante, muchos testigos presenciales de aquellas reuniones dejaron a la posteridad sus memorias de aquel encuentro2 y se conserva también el audio de las palabras de Fidel, el cual nos permite captar el clima y el tono de las mismas.3

El detonante de la reunión había sido la prohibición de la exhibición del documental PM (pasado meridiano). Aunque el cortometraje de 14 minutos ya había sido estrenado en Lunes en TV en los primeros días de mayo, sería desautorizada su presentación en los cines del país, después de que Alfredo Guevara, como presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), comunicara a Edith García Buchaca, secretaria del Consejo Nacional de Cultura, el desacuerdo de la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas del Icaic con la idea de su proyección masiva.

En la película realizada por Orlando Jiménez y Sabá Cabrera Infante, y con la colaboración en la cámara de Néstor Almendros, bajo las influencias del free cinema, se mostraban las actividades nocturnas de divertimento en bares, clubes y cantinas de La Habana de una parte de la población, de manera especial en la Avenida del Puerto, Marianao y Cuatro Caminos, algo intrascendente si lo vemos a la luz de hoy, pero que en aquel contexto de 1961, cuando el país se encontraba movilizado y enfrentado masivamente a las agresiones constantes del imperialismo estadounidense, podía prestarse a otras lecturas, como de hecho ocurrió.

El documental, aunque no dejó también de recibir elogios y críticas positivas, fue cuestionado por extemporáneo y nocivo a los intereses del pueblo cubano y su Revolución.

Ante las inconformidades surgidas con la censura de PM, se convocó a una reunión con un grupo de artistas y escritores el 31 de mayo en la Casa de las Américas, pero luego de acaloradas discusiones no se llegó a conclusiones definitivas. Se propuso que el filme fuera analizado por las organizaciones de masas y que estas dieran la última palabra, pero la consulta no llegó a realizarse. El 2 de junio el periódico Hoy hizo público el acuerdo de la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas del Icaic, lo que enrareció aún más el ambiente.

Guillermo Cabrera Infante escribió una carta de protesta a Nicolás Guillén, quien presidía la Asociación de Escritores y Artistas. Fue necesario entonces aplazar el congreso de escritores y artistas en preparación y que el primer ministro, Fidel Castro, pidiera al Consejo Nacional de Cultura la convocatoria a un amplio encuentro con los artistas e intelectuales donde estuvieran presentes todas las tendencias.

Más allá de PM

Sin embargo, más allá de la censura del documental PM, que sirvió como hecho catalizador, había cuestiones más de fondo que gravitaban en el ambiente y que eran más urgentes para atender por la dirección de la Revolución, como era la cuestión de  fraguar la unidad dentro del movimiento artístico e intelectual cubano e incorporar ese proceso al que ya se venía siguiendo con otros sectores y las fuerzas principales que habían encabezado la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista: el movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario 13 de marzo y el Partido Socialista Popular.

Este sería uno de los frutos más inmediatos que se lograría a partir de las reuniones en la Biblioteca Nacional, cuando después de realizarse con éxito el primer congreso de escritores y artistas en agosto del propio año, quedara fundada la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), cuyo primer presidente sería el poeta nacional, Nicolás Guillén. Pocos meses después, desaparecerían Lunes de Revolución y Hoy Domingo como suplementos culturales, dando paso al nacimiento de la revista Unión y a La gaceta de Cuba, editadas ambas por la Uneac.

En medio de un contexto minado por las desavenencias estéticas, ideológicas y personales en el campo cultural, urgía definir cuál iba a ser el camino que iba a adoptar el proceso cubano, pues aunque desde enero de 1959 había señales claras que indicaban que se abría una etapa de amplitud y libertades para la creación artística y literaria, existía un temor real en determinados círculos intelectuales de que el fantasma del “realismo socialista” se impusiera en el panorama cultural cubano. De hecho, había corrido el comentario de que el 26 de julio se anunciaría la cultura dirigida en el país.

Como se demostró posteriormente, el líder de la Revolución estaba enfocado, por sobre todas las cosas, en la búsqueda de las vías más idóneas para hacer de la cultura patrimonio vivo del pueblo. En momentos en que ocurría la campaña de alfabetización, el hecho cultural más trascendente de la Revolución, era imprescindible sumar a la vanguardia intelectual del país a la misión fundamental de lograr un cambio cultural no solo en las estructuras de poder, instituciones, organizaciones y relaciones sociales, sino incluso a nivel de individualidades, hasta construir la nueva hegemonía socialista desde una perspectiva emancipadora.

“El pueblo es la meta principal”

Fue en medio de un intenso fuego cruzado y frente a un auditorio de profundo acervo cultural, que el primer ministro, Fidel Castro, acompañado por el presidente Osvaldo Dorticós y otros compañeros de la dirección del país, pronunció sus célebres palabras, cuando aún no había cumplido los 34 años.

Fidel no cayó en la trampa de convertir aquel encuentro en una discusión sobre PM y la polémica que se había generado en torno a su prohibición. Su mirada estaba puesta en cuestiones mucho más trascendentes.

Asimismo, aunque sus palabras respondieron a un contexto, no quedaron atrapadas en él; de lo contrario, no se hubieran convertido en un referente al cual aún tenemos que seguir regresando como brújula para nuestra política cultural presente.

En medio de circunstancias caracterizadas por una fuerte confrontación con poderosos enemigos externos e internos, que comprometían el destino mismo de la existencia de Cuba como nación, Fidel le concedió la más alta prioridad a estas reuniones, y lo hizo con profunda humildad y mentalidad abierta, escuchando los criterios de todos.

Recordar, por solo mencionar algunos ejemplos, que la Isla acababa de derrotar una invasión mercenaria en abril del propio año, la existencia de bandas armadas en distintas zonas montañosas del país y la intensificación de la guerra psicológica.4

Fue en medio de ese escenario de guerra abierta y encubierta contra Cuba por parte del Gobierno de los Estados Unidos, que Fidel dedicó largas horas de su tiempo a dialogar con los artistas e intelectuales, aunque realmente desde mucho antes había deseado propiciar un encuentro como ese, pero las urgencias de otras tareas del Gobierno se lo habían impedido.

Resulta importante destacar que este discurso no fue solo un punto de partida, sino también –como ha expresado Isabel Monal, destacada intelectual y testigo presencial de aquel acontecimiento– un punto de llegada,4 pues desde mucho antes Fidel venía madurando sus ideas sobre lo que debía ser la política cultural de la Revolución. Y no solo eso, sino que la estaba en muchos sentidos institucionalizando: ya se habían fundado el Icaic, Casa de las Américas, la Imprenta Nacional, el Teatro Nacional y el movimiento de instructores de arte, y se le había ofrecido gran apoyo a la Orquesta Sinfónica, el Ballet Nacional de Cuba, el Conjunto de Danza Moderna y la Biblioteca Nacional.

No obstante, Fidel dedica una buena parte de sus palabras a despejar la duda sobre una posible variante tropical en Cuba del “realismo socialista”:

“Permítanme decirles, en primer lugar, que la Revolución defiende la libertad; que la Revolución ha traído al país una suma muy grande de libertades; que la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la preocupación de algunos es que la Revolución va a asfixiar su espíritu creador, que esa preocupación es innecesaria, que esa preocupación no tiene razón de ser”.5 Ahí estaba diciendo claramente que habría libertad total en las formas de expresión. En aquella época esa posición constituía de por sí una herejía frente a las experiencias socialistas existentes.

Más avanzada la intervención, señalaría:

“La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura cuando una de las metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un patrimonio real del pueblo”.6

Y luego reafirma: “Mas la Revolución no pide sacrificios de genios creadores. Al contrario, la Revolución dice: pongan ese espíritu creador al servicio de esta obra sin pensar que su obra salga trunca”.7

Lamentablemente, “Palabras a los intelectuales” ha sido en no pocas oportunidades  manipulado o leído de forma fragmentada. La frase que más se descontextualiza es cuando Fidel exclama: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”,8 tratando de darle a esta expresión un viso excluyente, cuando se trata de todo lo contrario. Está claro que, sin una lectura completa del discurso, puede surgir la incógnita de cómo definir, y hasta dónde, el “dentro” y “el contra”.

Mas, Fidel responde de manera magistral esa interrogante  –y me parece la frase más importante y a la vez menos citada de ese discurso–: “La Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”.9

Con esta expresión, estaba diciendo que podían existir, incluso, contrarrevolucionarios corregibles y que la Revolución debía aspirar a sumarlos al proceso. Además, que todos aquellos escritores y artistas honestos, que sin tener una actitud revolucionaria ante la vida tampoco eran contrarrevolucionarios, debían tener derecho y las oportunidades de hacer su obra dentro de la Revolución. “La Revolución debe tener la aspiración de que no solo marchen junto a ella todos los revolucionarios, todos los artistas e intelectuales revolucionarios –dice Fidel– (…) La revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario (…) La Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo”.10

Asimismo, Fidel esbozó toda una serie de ideas para beneficiar a los artistas y escritores  cubanos y estimular que su espíritu creador encontrara las mejores condiciones para desarrollarse, pero hizo énfasis en la necesidad de elevar la capacidad de apreciación del arte, así como el acceso democrático de todo el pueblo –al que llamó “el gran creador”– a la cultura:

“Vamos a llevar la oportunidad a todas esas inteligencias, vamos a crear las condiciones que permitan que todo talento artístico o literario o científico o de cualquier otro orden pueda desarrollarse (…) Vamos a echar una guerra contra la incultura; vamos a librar una batalla contra la incultura; vamos a despertar una irreconciliable querella contra la incultura, y vamos a batirnos contra ella y vamos a ensayar nuestras armas”. 11

Sin duda, esta intervención de Fidel marcó de alguna manera lo que podemos considerar los principios cardinales de la política cultural de la Revolución, no para ser interpretados de manera estrecha sino en su más alto vuelo libertario. Que en los años setenta hubo distorsiones y errores, eso nadie lo puede negar, pero luego se rectificaron muchas de aquellas prácticas y se recuperó el camino trazado por “Palabras a los intelectuales”.

Con esta intervención, Fidel inauguró a su vez un método, una concepción totalmente revolucionaria en la manera de relacionarse con los artistas e intelectuales cubanos. Su presencia sería habitual en los congresos y consejos nacionales de la Uneac, organización con la que mantuvo además diálogos muy profundos en los momentos más difíciles del Período especial. También sostendría importantes encuentros con los jóvenes artistas e intelectuales de la Asociación Hermanos Saiz (AHS) en 1988 y el 2001.12

Es decir, habría muchas otras “Palabras a los intelectuales” de Fidel, textos que enriquecieron y contextualizaron las ideas expresadas por él en junio de 1961. Aunque a Fidel, más que intelectual, le gustaba el calificativo de guerrillero, aquel 30 de junio de 1961 se confirmó una vez más en la historia de Cuba que vanguardia política y vanguardia intelectual volvían a ser la misma cosa.

Mas no debe verse solo la trascendencia de “Palabras a los intelectuales” como un discurso dirigido solo a los intelectuales, pues Fidel allí plantea ideas que trascienden al sector artístico-literario y que tienen que ver con toda la nación y el proceso revolucionario en su conjunto, desde una visión sistémica. Y es que Fidel vio siempre la cultura en su concepción antropológica más amplia.

Total vigencia conservan sus palabras sobre los principios que para él debían caracterizar la actitud de un revolucionario:

“Si a los revolucionarios nos preguntan qué es lo que más nos importa, nosotros decimos: el pueblo. Y siempre diremos: el pueblo. El pueblo en su sentido real, es decir, esa mayoría del pueblo que ha tenido que vivir en la explotación y en el olvido más cruel. Nuestra preocupación fundamental siempre serán las grandes mayorías del pueblo, es decir, las clases oprimidas y explotadas del pueblo. El prisma a través del cual nosotros lo miramos todo es ese: para nosotros será bueno lo que sea bueno para ellos; para nosotros será noble, será bello y será útil todo lo que sea noble, sea útil y sea bello para ellos.

“Si no se piensa así, si no se piensa por el pueblo y para el pueblo, es decir, si no se piensa y no se actúa para esa gran masa explotada del pueblo, para esa gran masa a la que se desea redimir, entonces no se tiene una actitud revolucionaria. Al menos ese es el cristal a través del cual nosotros analizamos lo bueno y lo útil y lo bello de cada acción (…) El pueblo es la meta principal. En el pueblo hay que pensar primero que en nosotros mismos. Y esa es la única actitud que puede definirse como una actitud verdaderamente revolucionaria”. 13

“Palabras a los Intelectuales” sigue siendo un texto vivo, pero que continúe siéndolo dependerá de la savia creadora de nuestros artistas, intelectuales e instituciones, a la hora de traer al presente y proyectar hacia el futuro aquellas ideas de Fidel en medios de los nuevos desafíos culturales.  A eso llamaba el presidente de los Consejos de Estado y Ministros –hoy presidente de la República– Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en la clausura del IX Congreso de la Uneac, el 30 de junio de 2019, cuando expresó:

“Aquí se ha hablado varias veces de las ‘Palabras a los intelectuales’. No concibo a un artista, a un intelectual, a un creador cubano que no conozca aquel discurso que marcó la política cultural en Revolución. No me imagino a ningún dirigente político, a ningún funcionario o dirigente de la cultura, que prescinda de sus definiciones de principio para llevar adelante sus responsabilidades.

“Pero siempre me ha preocupado que de aquellas palabras se extraigan un par de frases y se enarbolen como consigna. Nuestro deber es leerlo conscientes de que, siendo un documento para todos los tiempos, por los principios que establece para la política cultural, también exige una interpretación contextualizada.

“Claramente Fidel planteó un punto de partida: la relación entre Revolución, la vanguardia intelectual y artística y el pueblo. Entonces, todos no tenían tan claro como Fidel lo que los artistas e intelectuales irían comprendiendo en el desarrollo de su obra: que la Revolución eran ellos, eran sus obras y era el pueblo.

“Por eso resulta reduccionista limitarse a citar su frase fundamental: ‘Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada’, soslayando que Revolución es más que Estado, más que Partido, más que Gobierno, porque Revolución somos todos los que la hacemos posible en vida y en obra.

“Y también sería contradictorio con la originalidad y fuerza de ese texto, pretender que norme de forma única e inamovible la política cultural de la Revolución. Eso sería cortarle las alas a su vuelo fundador y a su espíritu de convocatoria.

“Hoy tenemos el deber de traer sus conceptos a nuestros días y defender su indiscutible vigencia, evaluando el momento que vivimos, los nuevos escenarios, las plataformas neocolonizadoras y banalizadoras que tratan de imponernos y las necesidades, pero también las posibilidades que con los años y los avances tecnológicos se han abierto.

“Hay que hacer lecturas nuevas y enriquecedoras de aquellas palabras. Hacer crecer y fortalecer la política cultural, que no se ha escrito más allá de Palabras… y darle el contenido que los tiempos actuales nos están exigiendo”.15

 

Notas

[1] En Revolución es Lucidez, Alfredo Guevara publicó su intervención en las discusiones ocurridas en la Biblioteca Nacional, véase: Alfredo Guevara, revolución es lucidez, Ediciones ICAIC, La Habana, 1998, p.181.

2 Véase textos de Graziella Pogolotti, Armando Hart Dávalos, Roberto Fernández Retamar y Lisandro Otero en: Un texto absolutamente vigente. A 55 años de Palabras a los intelectuales, compilado por Elier Ramírez Cañedo, Ediciones Unión, 2016.

3 Las palabras de Fidel pueden encontrarse en Internet: https://www.youtube.com/watch?v=tvZHLW-UCTA

4 La conocida como Operación Peter Pan fue una de las más secretas y siniestras operaciones de guerra psicológica organizadas por el Gobierno de los EE.UU. contra la Revolución cubana, al manipular el tema de la patria potestad de los padres cubanos sobre sus hijos. Su principal ejecutor en coordinación con el Gobierno de EE.UU. fue el cura de origen irlandés Bryan O. Walsh. Por esta vía salieron de Cuba un total de 14 048 niños. Muchos de ellos nunca volvieron a encontrarse con su padres.

5 Véase Isabel Monal, “Fidel y la Cultura”, en: Hacia una cultura del debate. Espacio Dialogar, dialogar de la AHS, (compilador: Elier Ramírez Cañedo), Casa Editora Abril, La Habana, p.457.

6 Fidel Castro, Palabras a los Intelectuales, en: “Un texto absolutamente vigente”. A 55 años de Palabras a los intelectuales, compilado por Elier Ramírez Cañedo, Ediciones Unión, 2016, p.17.

7 Ibídem, p.23

8 Ibídem, p.44

9 Ibídem, p.22

10 Ibídem, p.21

11 Ibídem

12 Ibídem, p.40

13 Véase Fidel y la AHS, compilador Elier Ramírez, Casa Editora Abril, La Habana, 2018

14 “Un texto absolutamente vigente”…Ob.cit, p.19

15 Díaz-Canel: “Las instituciones culturales existen por y para los creadores y su obra”, discurso pronunciado por M. Díaz-Canel Bermúdez, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del IX Congreso de la Uneac, Palacio de Convenciones, el 30 de junio de 2019, Año 61 de la Revolución, en Cubadebate.

Se han publicado 6 comentarios



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  • roberto dijo:

    es muy importante conocer y desnudar palabras a los intelectuales que no se pueden resumir a una sola frase porque a las nuevas generaciones de esos sucesos les llega en esa version es necesario divulgar los encuentros y las propuestas emancipatorias y desnudar los calurosos debates.

  • David dijo:

    El Comandante siempre visionario e integral en su pensamiento. Excelente artículo.

  • @adriancamaguey dijo:

    Muy artículo. Gracias Elier.

  • Jose R Oro dijo:

    Mis mayores felicitaciones al autor, el destacado intelectual cubano Elier Ramírez Cañedo, por este bien elaborado y bien pensado articulo! Definitivamente estas "Palabras a los intelectuales" mantienen su vigencia de manera superlativa. Los intelectuales como parte de toda la vanguardia revolucionaria estan al servicio del pueblo, identifican e implementan los objetivos y anhelos del pueblo. Extraordinariamente claro!

  • Alonso Alejandro Isla dijo:

    El tema tiene mucha tela por donde cortar y la opinion del articulista es esencialmente debatible. Triste no ver comentarios de esa tan mencionada intelectualidad en este espacio, que tiende a plegarse o expandirse acorde al viento huracanado del aliento de las palabras de decisores politicos. La cultura es la medula de la Patria y es precisamente ella la que debe y tiene que estar por encima de todo porque define, es alfa y omega de la nacion, da coherencia y sus obras son el mas fiel exponente, el mas veraz relator del devenir historico. Intentar fraguarla con el martillo del voluntarismo, cercenando la libertad creativa, produce irremediablemente obras perecederas, expiraciones creativas, no suspiros. Solo lo autentico, lo sincero conceptual, espiritual y esteticamente alejado de oportunismos y complacencias pasajeras, perdura como cultura identitaria de un pueblo, al ser como un astro con luz propia que siempre encontrara la grieta por donde provocar un amanecer. No se concibe un artista que no sea libre en el mas amplio sentido de la palabra, que no sea un revolucionario en su forma de pensar, comunicar, expresar con criterios solidos una idea, un pensamiento, una vision, que nos haga reflexionar, disfrutar, vivir, que nos haga mas humanos. A los productores de arte se les puede poner limites, imponer esteticas, algunos llegan a ser. A los artistas autenticos, nada los contiene y la Historia esta llena de ejemplos.

  • Andrés dijo:

    Una excelente reseña Elier. Efectivamente, el texto conocido como "Palabras a los intelectuales" es uno meridiano a la hora de entender los derroteros de la política cultural revolucionaria. Fidel Castro habla ciertamente con notable espíritu dialéctico, honestidad, respeto y modestia. Parte de la base de que "[c]ualesquiera que hubiesen sido nuestras obras, por meritorias que puedan parecer, debemos empezar por situarnos en esa posición honrada de no presumir que sabemos más que los demás, de no presumir que hemos alcanzado todo lo que se puede aprender, de no presumir que nuestros puntos de vista son infalibles y que todos los que no piensen exactamente igual están equivocados". Esto, en mi criterio, dice mucho de la concepción democrática que animaba estos encuentros y el reconocimiento de la continua evolución de las ideas, en este caso en el ámbito estético, y la necesidad de tener derecho a exponerlas libremente y contrastarlas a través del debate participativo de calidad, cuya propia génesis debe estar en la democratización de la cultura y en el desarrollo del ojo crítico del pueblo, a través de la educación.

    Por otra parte, más allá de su merecida y necesaria trascendencia, creo que no podemos dejar de contextualizar un discurso enunciado en medio de una situación sumamente hostil. Y en este particular opino que las nociones de revolucionario y artista expuestas responden al momento concreto en que fueron expuestas y han contribuido a crear la tradición del "funcionario" cultural, que tanto nos ha perjudicado y que deberíamos haber superado, pues el momento histórico no es el mismo. Por ejemplo, Fidel Castro comprende claramente, y es parte medular de su discurso, la necesidad de respetar a la persona honesta que, sin ser revolucionaria, respeta a la revolución y quisiera expresar sus ideas. El termino "revolucionario" se define como "una actitud ante la vida [...] una actitud hacia la realidad existente. Y hay hombres que se resignan a esa realidad, hay hombres que se adaptan a esa realidad; y hay hombres que no se pueden resignar ni adaptar a esa realidad y tratan de cambiarla: por eso son revolucionarios". En esta concepción el revolucionario pone a la revolución por encima de su propio espíritu creador. "Y el artista más revolucionario sería aquel que estuviera dispuesto a sacrificar hasta su propia vocación artística por la Revolución".

    Todo esto ha sido interpretado a ratos de formas muy nocivas. En primer lugar, naturalmente, por los enemigos de la revolución, pero también dentro de la revolución. Ciertamente los 1970s fueron una etapa particularmente triste al respecto, pero yo no diría que hemos superado las nociones que la inspiraron. La idea de un artista sacrificando su vocación por la revolución fue, y a veces sigue siendo, distorsionada y usada en muchas injusticias. La idea de que en una sociedad creadora hay por necesidad muchos frentes todavía pugna por imponerse. Sin embargo, lo cierto es que si un artista revolucionario sacrifica su vocación por la revolución, puede que no esté haciendo su mayor contribución a la revolución. Imaginemos a Silvio Rodríguez no haciendo canciones. Imaginemos que Shostakovich hubiese elegido no escribir “Leningrado”

    Por otro lado, ¿que pasa si denunciar a los oportunistas que hablan en nombre de la revolución es lo que es verdaderamente revolucionario? ¿Si a un funcionario "revolucionario" le da por limitar contenidos en nombre de la revolución, no sería legítimamente revolucionario denunciar esto?

    Visto desde el contexto actual, ¿quién puede evaluar, más allá del consenso obvio en torno a los aciertos de la revolución y sin entrar en preferencias morales, lo que es verdaderamente revolucionario? Las palabras del gran Alfredo Guevara ilustran la complejidad del tema cuando dice, en una entrevista publicada en 1992 en la Gaceta de Cuba, que "convendría recordar que en esos días se esperaba ya el ataque armado y que por todas partes se emplazaban ametralladoras y antiaéreas. Que el pueblo todo se movilizaba para repeler la agresión y que el espíritu guerrillero y de combate estaba en su más alto grado de exaltación. No soy ajeno al mundo que recoge PM. Titón, Guillermo Cabrera Infante y yo, con Olga Andreu y alguna que otra vez con Billo Olivares, estuvimos en El Chori, un cabaretucho de la playa que impregna con su experiencia el hilo conductor del documental; los bajos fondos, la embriaguez (y la mariguana), la música quejumbrosa que acompaña al alcohol y el abandono de sí mismo. Pero la revolución abrió un abismo en aquel grupo de amigos; unos quedaron indiferentes ante la conmoción transformadora que se desencadenaba, para ellos no pasaba de ser un trastorno bananero que perturbaba sus vidas; para otros era la culminación potencial de la independencia nacional. Reduces el tema a PM. Tengo las de perder ante el audaz periodista. Prohibir es prohibir; y prohibimos. No entraré en los detalles pero sí diré que el film quedó en manos de sus autores, y que cuando salieron pudieron llevárselo. Lo que no estábamos dispuestos, y era un derecho, era a ser cómplices de su exhibición en medio de la movilización revolucionaria". Más tarde la misma obra fue presentada por el propio ICAIC en una exhibición internacional dedicada al cine cubano.

    El espíritu de debate es hoy mayor, pero hay una tradición en nuestro país que persiste en descontextualizar. En mi opinión, el remedio debe ser el debate abierto y constante.

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Elier Ramírez Cañedo

Elier Ramírez Cañedo

Académico cubano. Doctor en Ciencias Históricas. Coautor del libro "De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba". En Twitter: @islainsumisa

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